Capítulo 1
Ya pasó el 27 de octubre y no has regresado. Tal vez porque tu día es el 2 de noviembre.
A pesar de haber estado solo 3 días en mi vida, la marcaste por completo. Mi mamá llegó preocupada, diciendo que había un gato llorando en la parada de camiones y pese a que sé que no tengo la costumbre de rescatar más gatos porque los que ya tengo no aceptan a nadie más, decidí ir.
Caminé pensando en que haría si te encontraba, no tenía esperanza alguna en encontrar algo. Pensé que si eras uno pequeño alguien más ya te habría recogido, también llegué a pensar que tal vez solo estabas atorado y ocupabas ayuda para salir.
Al llegar al lugar no encontré nada, busqué por varias partes y prendí mi linterna hasta que escuché un pequeño maullido, que no sabía de dónde venía y continué buscado. Una mujer me dijo que había un gato pequeño asomándose detrás de un sillón tirado al frente de una casa, en el lugar donde estaba, solo que corría hacia dentro del patio de aquella casa por miedo.
Decidí acercarme y te vi ahí, con tu ojo derecho con lagañas, eras muy pequeño. Un mes, dos cuando mucho. Completamente naranja con rayas de un naranja todavía más fuerte.
Volviste a maullar. Antes de meter mi mano por el espacio toque la puerta de la casa, no quería robarme un gato que tal vez tenía familia. Un señor salió, le pregunté sobre el gato y se sorprendió. El no sabía de un gato, acaba de llegar a la casa y que se había percatado de un gato llorando desde ayer pero no sabía en donde.
Lo empezamos a buscar y justamente cuando ya pensaba irme y decirle que vendría mañana a buscarlo si seguía, el señor te encontró y te tomó en sus manos. Después te pasó a las mías. Peleaste un poco para que no te agarrara, pero en cuanto te acaricie te calmaste y te dejaste llevar. Le di las gracias al señor y me fui a mi casa.
Pensaba en que hacer ahora, no eras el primer gato que rescataba y daba en adopción, pero aún así tenía que planear.
Llegamos a mi casa y como era de esperarse mi papá solo suspiro porque sabía que había llegado alguien mas a la casa, mi mamá lo vio y se conmovió. Por otro lado mis gatos te rechazaron, una corrió y la otra se escondió en el cuarto de mis papás.
Fuimos al patio y te limpié, me percaté que los ruidos te asustaban y también noté que tenías miedo de mi mano, como si alguien más te hubiera lastimado. Intentabas correr a un lugar donde arrinconarte, noté que estabas muy delgado e intenté alimentarte. Me di cuenta que no comías croquetas y tuve que darte fórmula, comiste un poco. Y dejaste de llorar, fue ahí cuando me viste directamente. Con tus ojos claros, no decían nada, pero me expresaban todo.
Podía entender lo que habías pasado, no pude evitar sentirme conmovido y solté unas cuantas lágrimas. Te tomé en mis brazos y te abracé.
Te metí en una caja, que llene de ropa que ya no usaba y te veías con más energía. Estabas caminado, ya sin la cola entre tus patas. Te levantabas y con tu cabecita te acercabas para que te acariciara hasta que quedaras dormido. Si por algún momento dejaba de acariciarte, llorabas hasta que volviera hacerlo. Así fue nuestra relación por dos días, yo te cuidaba y te alimentaba, cambiaba tus trapos para que estuvieras limpio y calientito.
Pero no sería para siempre…
Al tercer día, el viernes 24 de octubre. Comenzaste a llorar y no podía consolarte, hasta que vomitaste. Y noté que había pedazos de hojas y plástico en el vómito, le pedí a mi papá que nos llevara al veterinario. No tenía mucho dinero, pero no podía dejarte así.
Llegamos y el veterinario me preguntó sobre ti, le conté cómo fue que te encontré y lo que hice después de que te lleve a casa. El veterano dijo que no debía de haberte bañado, pero yo no sabía.
Te comenzó a examinar y dijo que estabas delicado, te medicó y peleaste, fueron muchas inyecciones. El también se vio conmovido y te intentó consolar después de la quinta. Me dijo lo que tenía que hacer, el medicamento que tenía que conseguir y tus cuidados.
En el regreso a casa, mi papá no paraba de verte con preocupación. Yo no entendía porque, te veía moviéndote y maullabas, por hambre yo creía y buscabas la forma de salir de tu caja. Me encontraba lleno de esperanza, pensaba en cómo jugaríamos una vez que te sintieras mejor.
Llegamos a casa y te dejé en mi cuarto, prendí el abanico del techo pasa que circulará el aire. En el nivel más bajo, y abrí un poco la ventana por el calor que hacía ese día. Mi papá se fue a trabajar y fui a la farmacia a buscar los medicamentos que te faltaban.
Para llegar a la farmacia, tenía que atravesar un mercado. Había un puesto de tacos al que suelo comprar de vez en cuando, decidí pasar y dejar mi orden para llevar en lo que regresaba a al farmacia. Pedí mi almuerzo y continué en mí camino.
Me tardé un poco eligiendo que electrólito y papilla debías de comer. Elegí el pediatra de uva, y la papilla de res, pagué e iba de regreso. Me daba risa como llevaba comida para lo que sería un hijo mío, pero no era el caso. Al llegar al puesto de tacos, no tenían mi orden lista, la habían olvidado. No me enojé, decidí esperar un poco.
Me entregaron mi comida y seguí mi camino a mi casa. Al entrar noté que no había ruido, decidí lavar una jeringa para poderte dar de comer y fue cuanto te vi ahí. En la caja respirando rápido, jadeabas. Te intenté dar de comer pero tu cuerpo ya no respondía. Me asusté demasiado y solo decía -No. No te vayas, no por favor. Mis manos habían comenzado a temblar. Mis ojos ya estaban llorando. Mi voz se estaba quebrantando. Intente concentrarme e intenté darte electrolitos y fue ahí, cuando me volviste a mirar con la misma mirada que me diste aquella vez y dije -No lo hagas.
Y dejaste ir tu último suspiro.
Tus ojos estaban abiertos, pero tu cuerpo ya no se movía.
Intenté reanimarte -Por favor regresa. Decía con desesperación mientras mi rostro estaba bañado en lágrimas. Ya no reaccionabas. -¡Esto no es justo! Grite y continue, seguí intentado reanimarte. Te acerqué a mi oído y buscaba alguna señal. Nada, no había nada.
Te dejé en la caja, por la forma en que te acomodaste parecía que estabas dormido. Nunca me había pasado algo así, había perdido familiares anteriormente, parejas, etc. No entendía porque me dolía tanto.
Solo lloraba tirado en el suelo, pensando en lo injusto que había sido todo esto. Como era mi culpa, si no hubiera pedido de comer. Si tan solo no hubiera tardado tanto en la farmacia, seguirás vivo. Era mi culpa.
Paso una hora y seguía donde mismo. Te veía ahí. Pensé por un momento que te vi respirar y te volví a levantar. Vaya cruel broma.
Volví a llorar. Cerré la caja, te arrope bien para que no tuvieras más frío y te puse una nota que decía “Lo siento”. Continuaron las lágrimas. Le marqué a mi novia, para preguntarle sobre qué se hacía cuando una “mascota” moría, ella me dijo que podía enterrarla, cremarla o dejar que se lo lleve la basura aunque con este último no le agrada. Dijo que me ayudaría a buscar una opción.
-No la quiero tirar. Le dije -No puedo hacerle eso.
-Amor no quería hacerte molestar, pero es algo que hizo mi mamá en alguna ocasión. Sé que no es la única que lo hace, pero no comparto esa idea.
-¿Estas bien como para ir a la boda? Ella me preguntó.
-La verdad es que no quiero salir de mi casa, me arden mis ojos, pero ya había dicho que si iría.
Tuvimos que terminar la llamada porque tenía que volver a trabajar. Busqué opciones, pero me mentía. Estaba quebrado, no tenía ni un peso o forma de enterrarlo y continué llorando porque sabía cuál era mi única opción. Selle la caja con una bolsa bastante bien y la deja fuera a esperar que pasara la basura.
Comencé a lavar mi carro para ir a la boda de mi amigo, no podía hacer ninguna actividad sin llorar, pero tenía que seguir mi día. Me arreglé y fuimos a la boda, Erika solo me abrazó en cuanto nos vimos y me dijo que mis ojos me delataban. Yo asentí, pero no podía hacer mucho.
Aunque la boda estuvo bien. No podía quitarme la imagen tuya, en mis manos. Me despedí y volví a contarle a mi novia la historia con mayor detalle, lloré una vez más. Ella me dijo -Se que no es bueno que mueran, pero ve el lado bueno. Murió querido, no murió solo. Incluso creo que te estaba esperando para poder despedirse.
Me contó sobre cómo las mascotas suelen ser tan fuertes que nos esperar para poder despedirse, me contó sus historias. Su voz se quebró un par de veces, pero creo que se mantuvo fuerte por mi. Al final agregó -Es curioso como el destino hace cosas. Pese a que te gustan mucho los gatos y hemos visto otros en situaciones de calle, es el primero que yo veo que recoges en mucho tiempo. Parece que estaban destinados.
Mis hermanos y mi mamá, me dijeron algo similar. Aún así esas palabras no me consolaban.
Un amigo me dijo que una compañera de su trabajo hace algo similar. Ella dijo que a pesar de todo nunca era seguro que seguirían con vida, incluso si recibían tratamiento.
Ya en el departamento de mi novia después de la boda, me quedé a dormir. No quería estar solo, justo cuando me acosté; una tristeza enorme me volvió a invadir. Vi las únicas 4 fotos que te tomé.
¿Pude haber hecho algo más?
Quiero que sepas que si hubiera algo que pude haber hecho mejor, lo habría hecho. Aunque creo que ya sabes que di mi mejor, no fue suficiente. Solo espero que tú estés bien con eso. Que a pesar de que falle, me perdones por no haberte dado algo mejor.
Juro que di mi mejor intento.
Ni si quiera tengo dinero para poderme mover al trabajo o comer algo estos días en lo que llega la quincena.
Y estoy aquí esperando que sea 2 de noviembre, esperanzado a verte o escucharte. Tomarte en mis brazos una vez más y esperar que me perdones.
Si tengo que esperar hasta el final de mis días, lo haré. Pero juro que nos volveremos a ver.