Prologo
Proyecto Génesis
El laboratorio subterráneo estaba en silencio.
A más de cien metros bajo tierra, era indetectable, enormes pasillos metálicos iluminados por luces blancas conectaban decenas de salas selladas con puertas de seguridad.
En el centro del complejo, dentro de una cámara de investigación restringida, se alineaban doce cápsulas verticales llenas de un líquido azulado.
Dentro de cada una flotaba un cuerpo humano conectados a un respirador y a electrodos que median sus signos vitales.
Aunque mirándolo mejor lo que quedaba de ellos era humano...
Monitores médicos parpadeaban constantemente mientras científicos observaban detrás de un cristal reforzado las pruebas que se estaban realizando con los espécimen.
—El sujeto nueve no resistió —dijo uno de los técnicos, sin apartar la mirada de la pantalla, realizó una marca en una planilla y prosiguió a tomar otra.
Una línea plana cruzó el monitor mostrando un deceso.
Otro fracaso.
—El sujeto diez está perdiendo actividad cerebral, si sigue así...morirá también.
El jefe del proyecto, el doctor Elías Varela, suspiró con cansancio.
—Erzen quiere resultados, así que no queda otra opción, aumenten la dosis del suero —ordenó.
Los técnicos dudaron.
—Doctor… ya está al límite, una sobredosis sería letal para todos.
Varela apretó los dientes y miro las cápsulas restantes, algunos adultos, otros jóvenes adolescentes entre hombres y mujeres que no habían vivido sus vidas...
—Hágalo.
La aguja del monitor subió.
El cuerpo dentro de la cápsula tembló violentamente, daba sacudones contra las paredes de cristal reforzado, se trizo el vidrio, el rostro del sujeto mostraba un absoluto terror.
Luego…
Silencio.
La mano del sujeto se deslizó por el vidrio y cayo.
Otra línea plana.
Uno de los científicos apagó el monitor.
—Muerto tambien...esto va mal...
El doctor Varela miró las cápsulas restantes con frustración.
Años de investigación.
Millones invertidos.
Y todavía no lograban estabilizar el proceso.
Entonces uno de los técnicos habló.
—Doctor… revise la cápsula número once.
Varela se acercó al vidrio.
Dentro de la cápsula once flotaba en un líquido azul una joven, desnuda, de no más de diesciciete años, estaba dormida, su rostro era bonito.
Cabello castaño flotando en el líquido, sin generar ningún inconveniente.
—Once siempre estuvo dormida ¿Que sucede?
Su cuerpo parecía completamente tranquilo.
Demasiado tranquilo.
—Actividad cerebral estable, valores vitales en parámetros normales—dijo el técnico.
—Bien...muy bien...sabía desde el inicio jovencita que había potencial en ti, por algo tus padres se opusieron a que formarás parte...la joya de Erzen, siempre tuve curiosidad en saber por qué se te cuido tanto...por qué no se te hicieron experimentos como a los demás...
—Me he hecho la misma pregunta...por qué a ella se le dio un trato especial...mira a los demás... pobres infelices...viviendo con asistencia artificial algunos...seria mejor estar muerto que vivir así...
Los monitores comenzaron a sonar.
Bip…
Bip…
Bip…
El pulso aumentó de pronto.
—Sus niveles neuronales están disparándose —añadió otro científico.
Varela frunció el ceño.
—Eso no es posible…¿Está despertando? ¿Cómo es posible? Debería estar en sueño profundo.
De pronto, uno de los objetos metálicos sobre una mesa comenzó a vibrar.
Luego otro.
Un vaso de vidrio se deslizó lentamente hacia el borde.
Los científicos se miraron confundidos.
—¿Qué demonios…?
Las pantallas de las computadoras tuvieron interferencias hasta que se apagaron todas...
Los tubos fluorescentes comenzaron a titilar encima de ellos.
El vaso salió disparado contra la pared y se hizo añicos.
En la cápsula once, los ojos de la chica se abrieron de golpe.
Negros.
Intensos.
Conscientes.
Burbujas de aire salieron de su boca.
Las alarmas comenzaron a sonar.
—¡Doctor, está despertando!
El monitor registró una actividad cerebral jamás vista.
—No puede ser… —susurró Varela.
La cápsula comenzó a agrietarse, por todas partes.
El líquido se agitó violentamente dentro del interior.
Los instrumentos en la sala empezaron a elevarse lentamente en el aire.
—¡Está manipulando la materia! —gritó un técnico.
Las luces explotaron.
Las pantallas se rompieron.
Los objetos metálicos comenzaron a girar en el aire como si fueran arrastrados por una tormenta invisible.
La chica dentro de la cápsula abrió completamente los ojos.
Y en ese instante…
La cápsula explotó.
El vidrio blindado salió disparado en todas direcciones.
El líquido azul inundó el suelo.
La joven cayó de rodillas, tosiendo, apoyando ambas manos en el suelo, respirando por primera vez, estaba sintiendo el exterior.
Los científicos retrocedieron horrorizados.
—¡Contención! ¡Activen contención! —gritó alguien.
Pero ya era tarde.
La chica levantó lentamente la cabeza.
Confusión.
Miedo.
Y algo más.
Furia.
Sin tocar nada, una mesa metálica se levantó en el aire.
Luego otra.
Luego todas.
Los científicos comenzaron a correr.
—¡Dispárenle!
Los guardias levantaron sus armas.
Pero antes de que pudieran disparar…
Las armas se doblaron como si fueran de plástico.
La chica extendió su mano.
Los soldados salieron despedidos hacia atrás.
Y el laboratorio empezó a destruirse.
El doctor Varela la observó con una mezcla de terror y fascinación.
—Increíble… —susurró.
La chica dio su primer paso fuera de la cápsula, fue como un pájaro que sale de su jaula y emprende el camino hacia la libertad, miro sus manos, y sus pies y luego levanto la vista hacia el lugar tratando de comprender su entorno
El proyecto más importante de la historia acababa de despertar...
Y el mundo aún no estaba preparado.
Para Rubí.