Balas Perdidas: Crimen de Amor

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Summary

―Si amarte es un crimen... entonces, me declaró culpable. Han pasado años desde que la mafia surcoreana se dividió en dos facciones rivales que luchan por la supremacía. Los hijos de los actuales líderes han sido entrenados para odiarse mutuamente, sin embargo, cuando a uno de ellos le es encomendada la tarea de secuestrar a la hija del líder contrario, sus vidas darán un giro inesperado y ambos tendrán que decidir donde se quedan sus corazones.

Status
Ongoing
Chapters
3
Rating
n/a
Age Rating
16+

Capítulo 1

En la noche, los motores de los autos se escuchaban a la distancia. El grupo de lujosos vehículos negros avanzaban por las calles nevadas en dirección a la base oculta. En el primer auto, una chica de no más de dieciocho años con el rostro cubierto y un largo cabello teñido de un tono violeta guiaba a los demás hacia el lugar de destino. Dentro de la base, los hombres se alarmaron al escuchar los motores aproximándose, pues solo podía significar una cosa: la mafia surcoreana.

—¿Qué hacemos, Señor? —preguntó un científico a su dirigente.

—Vienen por las armas, así que úsenlas en su contra —respondió este otro.

—Pero, Señor... no están probadas todavía —repuso el científico.

—Pues es el momento de probarlas, ¿no cree?

Al científico no le quedó más opción que obedecer a su superior, pero en cuanto estaba a punto de indicar que se utilizaran las armas contra los mafiosos, una mediana explosión derribó la puerta de la entrada y la silueta de una mujer fue visible antes de revelar a la joven de la mafia.

—¡Es ella! ¡Mátenla! —exclamó el científico.

Con pistolas, los hombres que se encontraban ahí comenzaron a dispararle a ella y a sus acompañantes, quienes hábilmente esquivaron las balas. Con grandes rifles, dispararon a los científicos y guardias de la base. Al poco rato, no quedó ni uno.

—Abran las compuertas y llévense las armas. Yo registraré el sótano —la chica de cabello violeta indicó a los suyos.

A continuación, le disparó a un panel de control que se encontraba junto al elevador para que este se abriera. La joven llegó a la parte del sótano, un lugar oscuro, iluminado solamente por las pantallas de las computadoras y el brillo de las muestras líquidas de diferentes sustancias. Esto llamó la atención de ella, así que tomó una muestra para observarla. Luego la puso en su cinturón junto con algunas otras, para llevarse por lo menos una de cada una. Después escuchó un ruido, como su fueran pasos y creyó ver la sombra de alguien que pasaba de pronto, pero a continuación solo hubo silencio, un silencio inquietante y que daba la sensación de que alguien la estaba observando. Pocos segundos después, ella supuso que no era nada, así que continuó buscando la compuerta donde se supone que estaría la reserva más grande de armas químicas que buscaba. Finalmente logró encontrarla casi al final del sótano. Esta vez no le disparó al panel de control, sino que con ayuda de su cuchillo lo desarmó para ver su interior lleno de cables cruzados

—Agh, odio esto —murmuró para sí misma —Vamos, ábrete.

Movió los cables tratando de abrir la puerta, pero tomó un buen rato antes de que pudiera ver el interior de la bóveda.

—Perfecto —añadió y observó por unos momentos su cargamento.

El brillante líquido azul dentro de las armas era muy parecido a las muestras que había tomado anteriormente. En eso, la compuerta se cerró detrás de ella, quien se dio la vuelta inmediatamente, solo para encontrarse con un chico pelinegro de su misma edad que llevaba también el rostro cubierto. Él tenía una pistola en cada mano, listo para disparar si era necesario.

—¡Vaya, vaya! ¡Miren quien decidió aparecer! Llegas tarde a la fiesta —dijo ella colocando una mano atrás, cerca de su pistola.

—De hecho, llegué justo a tiempo —contestó él en un tono altanero —Gracias por librar el camino por mí.

—Debiste quedarte en casa.

—¡Ja! Claro. Vamos, no lo hagas difícil, apártate y deja que me lleve lo que es mío.

—Hmmm, déjame pensar... nah.

Y ella disparó. El chico se movió justo a tiempo para que la bala pasara solo a milímetros de distancia de su cabeza. Pero ella no perdió tiempo, se lanzó contra él, empujándolo hacia la puerta. Él cayó, pero inmediatamente se levantó del suelo y le disparó a su contrincante, cuidando no darles a las armas químicas. Una bala apenas le rozó el brazo a ella, ocasionando que se distrajera un poco y así él pudiera arrojarla suelo y apuntarle con la pistola a la cabeza. Luego de tomar un respiro la de cabello violeta le lanzó una patada con la que le torció el brazo y la pistola cayó lejos de ambos. Ella lo arrojó al suelo y se puso sobre él con cuchillo en mano. Este se lo arrebató y la jaló del cabello, arrojándola contra el bloque de armas que estaba a centro de la bóveda. Ella se quejó por el golpe en la espalda. Vio que él estaba yendo hacia su pistola y aprovechó para aferrarse a su pierna y hacerlo caer de nuevo. Inmediatamente agarró una de las pistolas con líquido azul y le apuntó a la cabeza.

—¿Enserio quieres usar eso? —le dijo él.

—Hmm, no lo sé. Tengo curiosidad de saber qué es lo que hace —ella le pegó el arma a la cabeza.

Un escalofrío recorrió el cuerpo del joven, pero no iba a dejar que sus amenazas lo intimidaran. Estaba a punto de hacer un movimiento, pero antes de eso, el escuadrón de la chica apareció en la puerta. Ella hizo una sonrisa victoriosa debajo de su máscara.

—Nos vemos pronto, Yeong-Guk —murmuró y le golpeó la cabeza con la pistola para dejarlo inconsciente.

La joven y su escuadrón se llevaron en resto de armas químicas, dejando la bóveda vacía. Las subieron a un camión y este y los lujosos autos negros arrancaron, alejándose de la base en medio de la nieve. Sobándose la cabeza por el golpe, Yeong-Guk, consciente de nuevo los vio alejarse. Se quitó la máscara y gruñó molesto.

—Te voy a matar Hyun-Jae, te lo juro —masculló entre dientes.

—¿Qué hacemos ahora, Señor? —preguntó uno de sus guardaespaldas.

—Vámonos de aquí. Hay que volver con mi padre —indicó el joven.

Y él y su escuadrón también se fueron, sabiendo que ahora ya no podrían quitarles las armas robadas a sus contrincantes.

Seguida de los suyos, Hyun-Jae llegó a la enorme mansión para informar a sus padres que había cumplido exitosamente con su misión. Se bajó del auto en la gran puerta de la mansión, dejando el vehículo a uno de sus guardaespaldas para que lo llevara a estacionar. Otros dos guardaespaldas le abrieron la puerta. Ella fue hasta el salón más grande, donde se encontraba su padre tumbado en un sofá junto a su madre. Él era un hombre elegante siempre bien peinado y portando lentes oscuros. Su madre era una mujer muy hermosa de apariencia joven y un largo cabello castaño que le pasaba de la cintura, el cual normalmente llevaba recogido en una coleta.

—Padre, he vuelto —anunció Hyun-Jae entrando en el salón.

—Como siempre eres más rápida que una bala —habló el hombre.

—Gracias, padre, Por cierto, encontré esto —añadió la joven y le entregó las muestras brillantes que había recogido.

—Interesante... —balbuceó su padre.

—¿Qué es, Gyeong-Suk? —inquirió la hermosa mujer.

—Es lo que han estado experimentando aquí, lo que llevan en su interior estas nuevas armas. Estos rusos se han dedicado a crear sustancias químicas que puedan meter dentro de armas. Un nuevo método para las guerras. Según lo que sabemos, un solo disparo de estas cosas puede matar a más de diez personas instantáneamente si se usa de la manera correcta.

—Pero, padre... —Hyun-Jae interrumpió —Las armas que encontramos solo tenían la sustancia azul. ¿Qué hay de las otras?

—Supongo que estaban todavía en fase de experimentación, aún no incorporadas a las armas. Pero también existe la posibilidad de que esta base no sea la única y aquí solo tuviera almacenamiento de un tipo de sustancia. No es fácil localizarlos, tenemos que seguir buscando, no sabemos exactamente que encontraremos en otras bases —respondió el líder de la mafia —Pero ahora, debemos prepararnos para regresar. Kyung-Soon, avisa a nuestros espías que regresaremos a Corea mañana —añadió para su esposa.

—Por supuesto —ella le hizo una caricia en la mano y le dio un beso en la mejilla antes de levantarse e irse.

—En cuanto a ti, hija —dijo el líder en cuanto Kyung-Soon se hubo ido —Descansa, tienes libre lo que queda de la noche.

—Gracias, padre —la chica hizo una inclinación respetuosa a su padre y se retiró también.

Caminó por los pasillos de la enorme mansión con dirección a su habitación. Estando ahí, dejó todas sus armas, pistolas y cuchillos sobre la cama. De un cajón sacó una venda y algunos aditamentos para curarse la pequeña herida en su brazo que Yeong-Guk le había hecho con una bala durante su pelea en la base. Sonrió un poco al recordar que había salido victoriosa como en incontables ocasiones. Cuando terminó de curarse y vendarse la herida, escuchó como alguien tocaba la puerta de su habitación, supuso que era su madre.

—Adelante, está abierto —dijo terminando de ajustar la venda.

—¡Hey, Hyun-Jae! ¿Cómo está la Princesa de la Mafia? ¿Eh?

La persona que entró era Ji-Yeon, su mejor amiga, a la cual conocía prácticamente de toda la vida. Los padres de Ji-Yeon había muerto cuando ella era muy pequeña, así que Gyeon-Suk, el líder de esa facción de la mafia, la había adoptado junto con su esposa, y ahora, ella y Hyun-Jae eran como hermanas.

—¿Qué hay, Ji-Yeon? —respondió la de cabello violeta sonriendo a su amiga.

—Peleaste con Yeong-Guk, ¿no es cierto?

—Ah, sí. Nada fuera de lo común, salí ganando como siempre.

—¿Tu padre lo sabe?

—Seguramente. Los espías ya le han de haber dicho. Nuestra plática fue más sobre las armas.

—¿Te dijo para qué las utilizaremos? Digo, no creo que vayamos a venderlas, son extremadamente peligrosas.

—No lo sé. Nos darán prestigio supongo.

—Tiene sentido —Ji-Yeon se sentó en la cama junto a su amiga —¿Qué harás esta noche? Conociéndote no te quedarás aquí a dormir todo el rato.

—No, voy a salir. Hay un pueblo pequeño cerca de aquí, quiero verlo. Y, además, hay un bar, debo aprovechar mi mayoría de edad, ¿no te parece?

—No voy a negarlo, nuestro triunfo se merece una celebración. Te acompañaré.

—¿Nuestro triunfo dijiste? Yo soy la cabeza de esto, de no ser por mí no habríamos robado esas armas con éxito —Hyun-Jae bromeó.

—Está bien, próxima líder, celebremos nuestro triunfo contigo como la pieza principal. ¿Mejor?

—Hmm, le hace más justicia.

Al poco rato ambas tomaron un auto y salieron camino al pequeño pueblo de Rusia. Pronto llegaron y dejaron el auto cerca de la entrada, procurando que no fuera muy visible para evitar llamar la atención. Cuando estuvieron en el bar, notaron que había muchas personas en comparación con lo pequeño que era el lugar, pero no les importó y se acercaron a la barra para pedir unos tragos y brindar. Cerca de ahí, un grupo de unos seis o siete chicos llamaban su atención, ya que también eran asiáticos. Se divertían y reían mientras chocaban sus copas. Sin embargo, uno de ellos estaba algo cabizbajo, con expresión decepcionada. Sus amigos intentaban animarlo y él sonreía de vez en cuando, pero mantenía la cabeza baja recargada sobre su mano.

Ji-Yeon le tocó el hombro a Hyun-Jae cuando el barista trajo las copas. La de cabello violeta dejó de prestar atención a los chicos y se concentró más en celebrar su victoria junto a su amiga. Chocaron sus copas y tomaron un buen trago. En cuanto al grupo de chicos, el que estaba cabizbajo reparó en la presencia de ellas dos.

—Ahí están... celebrando, claro —dijo.

—Vamos, Yeong, no es tan malo —otro de cabello teñido de rubio intentaba animarlo.

—¿No es tan malo? Ji-Myeong, fracasé otra vez. Mi padre está furioso, aunque no me lo demuestre completamente —Yeong-Guk contestó alzando un poco la voz.

—Tal vez esté algo molesto, pero no furioso, eres su hijo —Ji-Myeong le puso una mano en el hombro.

—Con más razón está decepcionado...

—Venga, brindemos una vez más —dijo otro chico un poco mayor que ellos y de cabello oscuro ondulado.

Todos levantaron sus copas y las chocaron una vez más. Yeong-Guk se tomó todo lo que quedaba en su copa de un solo sorbo y de nuevo miró a Hyun-Jae, pero no lograba ver su cara, pues estaba volteada de espaldas, en cambio, si podía ver a su amiga. Era sorprendente que después de tantos encuentros y peleas jamás la había visto el rostro descubierto, ni ella a él tampoco. En ese momento, Hyun-Jae ni siquiera había reparado en que aquel chico era Yeong-Guk.

—¿Y por qué brindamos exactamente? Todo fue un fracaso —preguntó este de mala gana.

—No lo sé, no tiene que haber un motivo. ¿Salir con tus amigos no es suficiente? —Ji-Myeong contestó.

—Está bien, solo quiero quedarme aquí un rato más. No tengo ganas de volver a casa ahora —Yeong-Guk trató de sonar más animado, pero su decepción y vergüenza se notaban, aun así.

El chico volvió a llenar su copa y una vez más todos alzaron sus copas para brindar.

—Lo que si es que voy a matar a esa mujer. Ya me tiene harto —añadió después.

De reojo miró a Hyun-Jae con su largo cabello violeta pasando su cintura. Todo era su culpa, pensó que, de no ser por ella, habría logrado cumplir con la misión encomendada de su padre. Sin embargo, las cosas no iban a terminar ahí. Estaba dispuesto a hacer todo lo necesario para bajar a Hyun-Jae de ese pedestal tan alto en el que se había colocado.