001. FINLANDIA
⚠️ADVERTENCIAS:
Diferencia de edad/poder:Dinámica de “Papi/Baby” (Daddy kink), que implica una asimetría de autoridad y roles de cuidado/control.
Dominación y Sumisión (D/s):Relación basada en el control, el castigo y la obediencia.
Infantilización parcial:Uso de lenguaje y comportamientos que imitan berrinches o actitudes infantiles por parte de Argentina para obtener lo que desea.
Sexualmente explícito:Descripciones detalladas de actos sexuales, incluyendo sexo oral y anal.
Dub-con (Consentimiento dudoso):Aunque hay un acuerdo previo, el uso de la intimidación, el “pagar deudas” y el forcejeo físico leve como juego previo puede ser sensible para algunos.
Kink/Fetichismo:Mención de juguetes eróticos y juegos de roles (rol de “buen chico”).
Lenguaje vulgar:Uso de palabras fuertes y lenguaje soez durante el acto sexual.
Manipulación emocional:Argentina utiliza tácticas como el llanto fingido o el fingir malestar para manipular a Finlandia.
Posesividad extrema:Finlandia muestra actitudes de propiedad y control sobre la voluntad del otro.
Resumen:
Smut • Daddy Kink • Dominación/Sumisión • Manipulación • Lenguaje vulgar • Poder y Control. • Diferencias de edad • Posesividad
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-Papi, por favor, mira este. ¿No es hermoso?- Argentina arrastraba las palabras, su voz empalagosa, con un puchero que curvaba sus labios rosados. Sus ojos, grandes y suplicantes, se fijaban en la vitrina de la tienda erótica, en un vibrador de cristal, largo y torneado, que brillaba bajo las luces fluorescentes. Se aferraba al brazo de Finlandia, su pequeño cuerpo casi desapareciendo bajo la sombra imponente del nórdico.
Finlandia apenas giró la cabeza, su mirada fría barriendo el objeto antes de regresar a la calle bulliciosa. -No.-
-¡Pero papi!-Argentina se apretó más contra él, su aliento cálido en la manga del abrigo grueso de Finlandia. -Sería un regalo para ti también. Piensa en lo bien que nos sentiriamos. Lo usaríamos juntos.-
-Tenemos suficientes juguetes en casa.- La voz de Finlandia era un gruñido bajo, sin emoción aparente, mientras tiraba suavemente de su brazo para seguir caminando. No le gustaba el ruido de la calle, el murmullo constante de la gente.
Argentina se detuvo en seco, anclando sus pies al suelo. Un pequeño gemido de frustración escapó de su garganta. -Pero este es diferente. Es transparente, brilloso. Es elegante.-
Finlandia se detuvo, su paciencia ya tensa. Se giró para encarar al más pequeño, sus ojos azules tan helados como los glaciares de su tierra natal. -¿Qué cojones te pasa? ¿No me escuchas?-
Argentina alzó su barbilla, una chispa de desafío encendiéndose en sus ojos. -No te escucho. Tú tampoco me escuchas. Solo quieres lo que tú quieres.-
-Yo quiero que te portes bien.- Finlandia lo miró fijamente, su voz bajando un tono, volviéndose más profunda, más amenazante. -Y que dejes de hacer un escándalo en la calle.-
-No estoy haciendo un escándalo. -Argentina infló sus mejillas, sus brazos cruzados sobre su pecho. -Solo estoy pidiendo algo que quiero. Algo que quiero mucho.-
Finlandia suspiró, un sonido áspero que parecía salir de lo más profundo de su pecho. -No. Fin de la discusión.-
Argentina dio un pisotón, sus ojos brillando con lágrimas fingidas. -¡Eres malo! ¡Eres el papi más malo del mundo!-
El nórdico se inclinó ligeramente, su sombra envolviendo por completo al pequeño. -No me provoques, Argentina.-
-¿O qué?- El argentino levantó una ceja, su voz ahora un susurro desafiante, coqueto. -Me vas a castigar, ¿papi?-
La mandíbula de Finlandia se tensó. Su mano grande se posó en la nuca de Argentina, sus dedos largos y fuertes apretando suavemente, pero con una advertencia implícita. -No juegues con fuego, pequeño.-
-A mí me gusta el fuego. -Argentina sonrió, una sonrisa pícara que no llegaba a sus ojos, que seguían fijos en los de Finlandia con una mezcla de desafío y anhelo. -Me gusta mucho.-
Finlandia lo arrastró lejos de la tienda, su agarre firme. -Vamos a casa.-
-¡No!- Argentina forcejeó, sus piernas cortas pataleando suavemente. -Quiero mi juguete. Quiero el transparente. Papi, no seas así.-
-Cállate.- La voz de Finlandia era un gruñido, y los transeúntes se apartaron discretamente, sintiendo la tensión entre la pareja.
Argentina dejó de forcejear, su cuerpo de repente flácido en las manos de Finlandia. Se aferró a la camisa del nórdico, su rostro escondido en su pecho. -Me duele la cabeza. Me siento mal. Creo que me voy a desmayar.-
Finlandia se detuvo, su expresión endurecida. Conocía bien esas tácticas. -No me jodas, Argentina.-
-No te jodo, papi. De verdad.- Su voz sonaba ahogada contra el pecho de Finlandia. -Estoy mareado. Necesito sentarme. O un besito. Un besito de mi papi para que se me pase.-
Finlandia suspiró de nuevo, esta vez con un matiz de exasperación. Miró a su alrededor. No había ningún lugar para sentarse cerca. No podía dejarlo allí tirado en la calle. Se inclinó, su aliento helado rozando la oreja de Argentina. -Si te beso, ¿vas a dejar de quejarte?-
Argentina levantó su cabeza, sus ojos brillando. -Solo si es un besito de los buenos. De los que me gustan.-
Finlandia negó con la cabeza, una pequeña sonrisa casi imperceptible curvando una de sus comisuras. Se inclinó y sus labios fríos y firmes se posaron sobre los de Argentina. El beso fue corto, pero dulce, un roce que buscaba apaciguar.
Argentina se separó, un puchero de desaprobación en sus labios. -Eso no fue un besito de los buenos. Eso fue un besito de los apurados.-
-Es lo que hay.- Finlandia lo tomó de la mano, arrastrándolo de nuevo. -Ahora, ¿podemos irnos?-
-No.- Argentina se detuvo de nuevo, sus ojos fijos en la tienda. -Necesito ese juguete. Lo necesito para ti, para que lo uses conmigo.-
Finlandia se detuvo. Se giró lentamente, su mirada recorriendo el rostro de Argentina, deteniéndose en sus labios, en sus ojos. -Si te lo compro, ¿qué me vas a dar a cambio?-
Argentina sonrió, una sonrisa de triunfo. -Todo lo que quieras, papi. Todo.-
Finlandia entrecerró los ojos. -Todo, ¿eh?-
-Todo.- Argentina asintió con vehemencia, su pequeña mano buscando la de Finlandia y entrelazando sus dedos. -Y más.-
El nórdico lo miró por un momento más, la batalla interna visible en sus ojos. Finalmente, cedió. -Joder. Está bien. Pero si me arrepiento, te juro que te voy a hacer pagar.-
Argentina soltó un grito de alegría, abrazando a Finlandia con fuerza, su rostro restregándose contra el abrigo. -¡Gracias, papi! ¡Eres el mejor! ¡Te amo!-
Finlandia gruñó, pero no apartó al más pequeño. Entraron en la tienda. El aire estaba cargado con el dulce olor a látex, a lubricante y a algo más, algo eléctrico y excitante. La música baja, casi un murmullo, acentuaba la intimidad del lugar.
Argentina se soltó de la mano de Finlandia y corrió hacia el expositor de cristal. -¡Es este! ¡Mira, papi! ¡Qué lindo!-
Finlandia se acercó, su imponente figura desentonando con el ambiente de la tienda. Se inclinó para observar el vibrador transparente. Era largo, con una punta afilada y una base ancha, con pequeños relieves que prometían sensaciones intensas.
-¿Estás seguro de que quieres esto? -Su voz era baja, apenas audible, solo para Argentina.
-Sí, papi. -Argentina asintió con entusiasmo, sus ojos brillando con una excitación infantil. -Me encanta. Lo quiero.-
Finlandia suspiró, sacó su billetera y pagó el objeto. La dependienta, una mujer de expresión aburrida, envolvió el vibrador en una bolsa discreta.
Salieron de la tienda. El sol ya empezaba a ponerse, tiñendo el cielo de tonos anaranjados y morados.
-¿Contento?- Finlandia preguntó, su voz sin rastro de la exasperación anterior.
-Muy contento, papi.- Argentina se aferró a la bolsa, como si fuera el tesoro más grande del mundo. -Ahora sí que vamos a tener una noche divertida.-
Finlandia lo miró, una chispa de algo más, algo oscuro y posesivo, encendiéndose en sus ojos. -Oh, sí. Muy divertida.-
El trayecto a casa fue silencioso, la tensión entre ellos palpable, aunque de una naturaleza diferente. Ya no era la frustración de Finlandia, sino una anticipación, un deseo que crecía con cada paso.
Al llegar al departamento, Argentina corrió directamente al dormitorio, dejando la bolsa en la cama. Finlandia lo siguió, cerrando la puerta detrás de él con un suave clic que resonó en el silencio.
-¿Quieres que lo abramos, papi? -Argentina le ofreció la bolsa, sus ojos llenos de una mezcla de inocencia y picardía.
Finlandia no tomó la bolsa. En cambio, se acercó a Argentina, su gran cuerpo proyectando una sombra sobre el pequeño. -Primero, vamos a hablar de lo que me prometiste.-
Argentina tragó saliva, sus ojos un poco más grandes. -Te prometí todo lo que quieras, papi.-
-Exacto.- Finlandia se inclinó, su aliento cálido en la oreja de Argentina. -Y yo quiero que recuerdes quién manda aquí.-
La mano de Finlandia se deslizó por la espalda de Argentina, sus dedos fuertes rozando la tela de su camisa, haciendo que la piel del pequeño se erizara. Argentina tembló ligeramente.
-Yo sé quién manda, papi.- Su voz era un susurro apenas audible.
-¿Ah, sí?- Finlandia lo volteó, sus manos agarrando las caderas de Argentina, atrayéndolo contra su cuerpo. Podía sentir la dureza de su erección a través de la ropa. -Pues no lo parece, pequeño. Me hiciste rogar por algo que yo no quería.-
-Solo un poquito.- Argentina se encogió, pero no se apartó. Sus manos se posaron en el pecho de Finlandia, sus dedos jugando con los botones de la camisa.
-Un poquito que me costó la paciencia.-Finlandia gruñó, su voz profunda y ronca. -Y ahora, vas a pagarlo.-
Se inclinó y atrapó los labios de Argentina en un beso profundo, posesivo. No era el beso suave de la calle. Este era un beso que reclamaba, que exigía. Sus lenguas se encontraron, la de Finlandia explorando, dominando, succionando la de Argentina. El beso se intensificó, volviéndose más húmedo, más salvaje, sus bocas chocando, sus dientes rozándose. El sabor de Finlandia, a menta y a algo más, algo masculino y embriagador, llenó la boca de Argentina.
Argentina gimió, sus manos aferrándose al cuello de Finlandia, sus dedos enterrándose en su cabello rubio. Sus piernas temblaron, y si Finlandia no lo hubiera estado sosteniendo, se habría derrumbado. Los labios de Finlandia se movían con una urgencia que no permitía escape, sus dientes mordisqueando el labio inferior de Argentina, luego succionándolo con avidez. El sonido húmedo de sus bocas entrelazadas llenaba la habitación.
Finlandia se separó, dejando a Argentina jadeando, sus labios hinchados y rojos. -Esto es solo el principio.-
Sus manos se deslizaron por la espalda de Argentina, desabrochando su camisa con una habilidad sorprendente. Los botones saltaron uno a uno, revelando la piel suave y pálida del argentino. La camisa cayó al suelo, y Finlandia la pateó a un lado.
-Papi...- Argentina susurró, sus ojos fijos en los de Finlandia, una mezcla de miedo y excitación en su mirada.
Finlandia no respondió con palabras. Sus labios se posaron en el cuello de Argentina, sus dientes mordisqueando suavemente, dejando una marca roja. Luego, su lengua lamió la piel sensible, enviando escalofríos por la espalda del más pequeño. Bajó por su clavícula, por su hombro, mientras sus manos desabrochaban el cinturón de Argentina, el sonido del metal resonando en el silencio.
El pantalón cayó al suelo, seguido de los bóxers, dejando a Argentina completamente expuesto. Finlandia lo observó, su mirada intensa, recorriendo cada curva, cada centímetro de su piel.
-Eres hermoso.- La voz de Finlandia era un susurro ronco, apenas audible.
Argentina se sonrojó, pero no desvió la mirada. Su erección ya estaba palpitando, dura y ansiosa.
Finlandia se arrodilló lentamente, sus ojos fijos en la entrepierna de Argentina. Su mano se cerró alrededor de la polla de Argentina, su pulgar acariciando la punta, haciendo que el pequeño gimiera.
-Papi...- La voz de Argentina era un quejido, sus caderas impulsándose hacia adelante, buscando más contacto.
Finlandia sonrió, una sonrisa predadora. Se inclinó y su boca se cerró sobre la polla de Argentina, succionándola con fuerza. La sensación del calor, la humedad y la presión era abrumadora. Argentina arqueó la espalda, sus dedos enterrándose en el cabello de Finlandia, tirando suavemente.
Finlandia lamió la cabeza de la polla, luego la bajó por el eje, su lengua trazando un camino húmedo y caliente. Sus labios se abrieron más, abarcando tanto como pudo, su garganta trabajando para tragar la longitud. El sonido de su succión, el “shlick” húmedo y resbaladizo, llenaba la habitación, haciendo que la excitación de Argentina se disparara.
Argentina jadeó, sus piernas temblando. -¡Oh, papi! ¡Más!-
Finlandia obedeció, su boca trabajando con un ritmo constante, succionando y lamiendo, sus mejillas hundiéndose con cada succión. La polla de Argentina se sentía increíblemente bien en su boca, el roce de sus dientes, la presión de su lengua, todo combinado para llevarlo al borde.
Los gemidos de Argentina se volvieron más fuertes, más urgentes. -¡Me voy a venir, papi! ¡Me voy a venir!-
Finlandia intensificó el ritmo, su boca trabajando más rápido, más profundo. La polla de Argentina se contrajo y una ola de placer barrió su cuerpo. Se corrió en la boca de Finlandia, el semen caliente y espeso llenando su garganta. Finlandia lo tragó todo, sin perder el ritmo, y luego se separó, lamiendo los restos de la polla de Argentina.
-Eso fue delicioso.- Finlandia se levantó, sus ojos azules brillando con un deseo insaciable.
Argentina estaba jadeando, sus rodillas débiles, su cuerpo tembloroso. -Papi...-
Finlandia lo empujó suavemente hacia la cama. Argentina cayó sobre las sábanas, su cuerpo desnudo contra la seda fría. Finlandia lo siguió, subiéndose a la cama, arrastrándose sobre él. Su peso era considerable, pero no aplastante, más bien una manta cálida y opresiva.
-Ahora, es mi turno.- La voz de Finlandia era grave, resonando en el pecho de Argentina.
Sus labios se encontraron de nuevo, este beso más lento, más sensual, explorando cada rincón de la boca de Argentina. La lengua de Finlandia se movía con una lentitud deliberada, saboreando, acariciando. Sus manos se movían por el cuerpo de Argentina, acariciando su piel, sus dedos trazando patrones en su abdomen, en sus muslos.
Finlandia se separó para besar el cuello de Argentina, la clavícula, los pezones. Su lengua lamió el pezón derecho, luego el izquierdo, succionándolos suavemente, haciendo que se endurecieran. Argentina arqueó la espalda, sus gemidos llenando la habitación.
-Papi... me estás volviendo loco.-
Finlandia sonrió contra su piel. -Esa es la idea, pequeño.- Sus manos se deslizaron hacia abajo, por el abdomen de Argentina, por sus muslos, abriendo sus piernas. La mano grande de Finlandia se posó en la entrada de Argentina, sus dedos fuertes y largos acariciando el borde de su ano.
Argentina jadeó, su cuerpo tensándose. -Papi, no...-
-Sí. -Finlandia lo miró, sus ojos intensos. -Dijiste que me darías todo. Y yo quiero esto.- Finlandia bajó su cabeza, su lengua lamiendo el ano de Argentina, haciendo que el pequeño se estremeciera. El sabor, el olor, la sensación, todo era nuevo, excitante, aterrador. La lengua de Finlandia se movía con una lentitud deliberada, explorando, provocando.
Argentina gimió, sus manos aferrándose a las sábanas. -¡Papi!-
Finlandia ignoró sus protestas. Su lengua se adentró un poco más, un movimiento lento y suave que hizo que Argentina se arqueara contra él. El nórdico sonrió, satisfecho. Sabía exactamente cómo llevar a su pequeño al límite.
Sacó un pequeño frasco de lubricante de la mesita de noche. El gel frío se sintió extraño en la piel de Argentina. Finlandia extendió el lubricante por el ano de Argentina, luego por su dedo, y lo insertó lentamente.
Argentina gritó, un sonido agudo y ahogado. -¡Duele, papi!-
-Relájate, pequeño.- La voz de Finlandia era suave, pero firme. -Pronto se sentirá bien.- Empujó otro dedo, luego un tercero. Argentina se aferró a las sábanas, sus uñas clavándose en la tela, sus músculos tensos. Finlandia se movía con paciencia, estirando, preparando.
-Ya está bien, papi.- Argentina suplicó, las lágrimas asomando a sus ojos.
Finlandia retiró sus dedos, y Argentina sintió un vacío, una sensación extraña de anhelo. Finlandia se levantó un poco, su erección dura y pulsante frente a la entrada de Argentina. Era enorme, mucho más grande que la pequeña polla de Argentina. -¿Estás listo para tu papi?- Finlandia preguntó, su voz ronca de deseo.
Argentina asintió, las lágrimas rodando por sus mejillas. -Sí, papi.-
Finlandia se inclinó y besó suavemente los labios de Argentina, luego se alineó. Empujó lentamente, su punta entrando en el ano de Argentina.
Argentina gritó de nuevo, una mezcla de dolor y placer. El ano de Argentina se apretó alrededor de la punta, los músculos resistiendo el asalto. Finlandia se detuvo, esperando que Argentina se relajara. -Respira, pequeño.- La voz de Finlandia era un gruñido.
Argentina respiró hondo, tratando de relajarse, tratando de aceptar el tamaño de Finlandia. Finlandia empujó de nuevo, un poco más. Argentina gimió, sus caderas levantándose para encontrarse con la embestida. El dolor disminuyó, reemplazado por una presión intensa, una plenitud que nunca había sentido.
Finlandia continuó empujando, centímetro a centímetro, hasta que su polla estuvo completamente dentro de Argentina. El cuerpo de Argentina se contrajo a su alrededor, caliente y apretado.
-¡Oh, papi!- Argentina jadeó, sus ojos cerrados, su cabeza echada hacia atrás. -¡Es mucho!-
-Es todo tuyo. -Finlandia se movió un poco, un movimiento lento que hizo que Argentina se estremeciera. -Y te voy a llenar, pequeño. Te voy a llenar hasta que no puedas más.- Comenzó a moverse, un ritmo lento y profundo al principio, luego más rápido, más fuerte. El sonido de su carne chocando, el “squelch” húmedo y el “thwack” de sus caderas, llenaba la habitación. Los gemidos de Argentina se mezclaban con los gruñidos de Finlandia.
Finlandia se movía con una fuerza implacable, su polla golpeando el interior de Argentina, estirando sus paredes, tocando su próstata. Argentina gritaba, a veces de placer, a veces de un dolor exquisito. Sus piernas se envolvieron alrededor de la cintura de Finlandia, tirándolo más cerca, buscando más.
El ritmo de Finlandia se aceleró, sus embestidas se volvieron más profundas, más salvajes. El cuerpo de Argentina se sacudía bajo él, sus nalgas rebotando con cada golpe. La cama crujía bajo el impacto de sus movimientos.
-¡Papi! ¡Más! ¡Más!- Argentina gritó, sus uñas arañando la espalda de Finlandia, dejando marcas rojas.
Finlandia gruñó, su voz ronca. -¡Vas a ser mío, Argentina! ¡Completamente mío!- Las embestidas de Finlandia se volvieron frenéticas, su cuerpo tenso, sus músculos tensos. Podía sentir la inminente llegada del clímax. Argentina se convulsionaba bajo él, su cuerpo tembloroso, su voz un gemido constante.
Finlandia sintió el orgasmo burbujear en su interior, una oleada de placer que lo consumía. Empujó una última vez, con toda su fuerza, y se corrió dentro de Argentina, el semen caliente llenando el interior del pequeño.
Argentina gritó, un grito agudo y prolongado, su propio orgasmo estallando en una ola de placer que lo dejó sin aliento, tembloroso y exhausto. Su cuerpo se sacudió, y se aferró a Finlandia, su rostro enterrado en su hombro.
Finlandia se quedó dentro de él, jadeando, su peso sobre Argentina. Su respiración era pesada, sus músculos tensos. Poco a poco, su respiración se normalizó. -¿Te duele? -Finlandia preguntó, su voz más suave ahora, una nota de preocupación en ella.
Argentina negó con la cabeza, su voz un susurro. -No. Me siento... lleno.-
Finlandia se movió ligeramente, su polla todavía dentro de Argentina. -Bien.- Se apartó lentamente, sacando su polla del cuerpo de Argentina. El pequeño gimió, sintiendo el vacío. Finlandia se acostó a su lado, abrazándolo, su brazo fuerte rodeando la cintura de Argentina. -Ahora, ¿quién manda aquí? -Finlandia preguntó, su voz baja y posesiva.
Argentina se acurrucó contra él, su rostro escondido en el cuello de Finlandia. -Tú, papi. Siempre tú.-
Finlandia sonrió, satisfecho. Besó la parte superior de la cabeza de Argentina. -Buen chico.-
Se quedaron en silencio por un momento, solo el sonido de sus respiraciones llenaba la habitación. Argentina se sentía agotado, pero feliz, completamente satisfecho.
-¿Qué pasa con el juguete transparente? -Argentina preguntó, su voz somnolienta.
Finlandia gruñó. -Lo tiramos. No lo necesitas. Me tienes a mí.-
Argentina sonrió, un pequeño sonido de satisfacción escapando de su garganta. -Sí, papi. Te tengo a ti. Y eso es mucho mejor.-
Finlandia apretó más fuerte a Argentina contra él, una posesividad que se sentía como amor. Se quedó dormido, el pequeño cuerpo de Argentina acurrucado contra el suyo, el olor a sexo y sudor llenando el aire, un recordatorio de la noche de dominio y sumisión, y de un pequeño juguete de cristal olvidado en el fondo de la bolsa.