Recuerdos
Nadie advertía a los viajeros sobre los espejos del Bosque de Erlindra. Tal vez porque nadie regresaba para contarlo.
Mara conoció a Theron en uno de esos espejos. Era medianoche cuando su carruaje volcó en el camino lodoso, y ella despertó frente a un espejo vertical suspendido entre dos robles antiguos.
El marco era de hueso blanco, y dentro del cristal, en lugar de su reflejo, había un hombre de ojos color ámbar que la miraba con desesperación."Ayúdame", suplicó él, su voz como eco distante. "Estoy atrapado entre mundos."Durante tres noches, Mara acampó allí.
Theron le contó que era un cazador de sombras que persiguió a una criatura maldita hasta ese espejo. La bestia lo arrastró dentro, y ahora estaba condenado a observar el mundo sin poder tocarlo. Cada palabra que intercambiaban tejía hilos invisibles entre sus almas. Mara sintió cómo el amor florecía en su pecho como flores venenosas: hermoso pero letal."Puedo liberarte", susurró ella la cuarta noche, tocando el cristal frío. "Los pergaminos antiguos hablan de un intercambio.""No", rogó Theron, presionando su mano contra la de ella desde el otro lado. "El precio es tu vida."Pero el amor verdadero siempre exige sacrificios que la razón no puede comprender.Cuando Mara pronunció las palabras prohibidas en lengua muerta, el espejo tembló. El mundo se invirtió como un reloj de arena. Ella sintió cómo la gravedad la succionaba hacia dentro mientras Theron era expulsado hacia afuera. Sus dedos se rozaron un instante en el umbral entre realidades.Theron cayó sobre la hierba húmeda, respirando aire real por primera vez en años. Se giró hacia el espejo, pero ya solo reflejaba la noche estrellada. Entonces vio la verdad grabada en el marco: cada espejo contenía no un prisionero, sino dos almas separadas por el destino. Solo mediante el amor podían intercambiarse.Y la criatura que él había perseguido... nunca existió.Theron tocó el cristal, sollozando el nombre de Mara. Dentro del espejo, ella sonrió con tristeza, colocando su palma contra la de él. Ahora le tocaba a ella esperar, observar el mundo sin poder vivirlo, hasta que otro viajero perdido llegara y el ciclo de amor y sacrificio se repitiera.El Bosque de Erlindra guardaba sus secretos. Y los espejos, hambrientos de amor, esperaban pacientes.