DOS AÑOS, UNA APUESTA Y UN DESASTRE
Hablar del amor es complicado, porque incluso quienes parecen tener respuestas terminan dudando. Poco después de esa reflexión, viví un viaje que, aunque debía ser sencillo, se convirtió en una experiencia agotadora e inesperada.
El trayecto comenzó con retrasos debido a un accidente, lo que obligó a posponer la salida y alterar todos los planes. Ya en camino, lo que parecía un viaje normal se volvió lento y problemático: paradas innecesarias, fallas en el vehículo y comentarios de otros pasajeros que confirmaban que algo no estaba bien. Aun así, traté de distraerme con mi teléfono y música.
El tiempo se alargó más de lo esperado, con nuevas interrupciones y un ambiente cada vez más incómodo entre los pasajeros. Mientras algunos pensaban en quejarse, yo solo quería escribir lo que estaba sintiendo en ese momento.
Finalmente, después de muchas horas, llegué a mi destino. Me sentía fuera de lugar, como un extraño, pero al llegar a casa encontré alivio y descanso tras un viaje que terminó siendo mucho más pesado de lo que imaginé.
Una noche, mi hermano y su enamorada me invitan para que los acompañe en la procesión. En un principio no quería, pero mi mamá insistió que fuera, por lo que no tuve más remedio que abrigarme nuevamente para el frío e ir con ellos dos. Cabe recalcar que ellos son adultos y tienen experiencia en la Universidad de la Vida. Se suponía que debíamos ir por pizza, pero yo quería Lasaña, o, mejor dicho, quería degustar por primera vez la Lasaña.
Como la espera de las comidas se hacía muy larga y silenciosa, mi hermano decidió fastidiarme con una ex que tenía, traté de responder y negarme, pero sin darme cuenta, caí en su juego, porque cuando escuché las palabras: “Hermano ¿Estás enamorado?” no sabía que decir. Estaba entre dos opciones, hablar con la verdad, o mentir afirmando que no siento nada por alguien. No obstante, por alguna extraña razón, decidí decirle la verdad, que mi cuñada aprovechó para entrar en la conversación. Les explique que me gusta mucho una chica, y que, al parecer, esa persona ya sabía sobre mis sentimientos hacia ella.
—Creo que ella ya sabe que me gusta…
—¿Cómo puedes afirmar eso? —dice mi hermano— No creo que seas tan gil como para que lo descubra
—Exacto —apoya mi cuñada—
—Porque para evitándome, ni siquiera me mira cuando nos juntamos en grupos de amigos
—Espera… ¿No te mira? —Pregunta cuñada— Puede que le gustes. No te mira, ni te habla, eso no haría alguien que no está enamorada.
—No creo —respondo— Cada mujer es diferente, y tiene su manera de rechazar a la gente.
Les conté acerca de ella y poco a poco se sentían más confundidos. “Arriésgate” o “Mejor no actúes”, y a todo esto pensé: ¿Cómo llegué a este punto? ¿Cómo se creó tanta incomodidad entre nosotros? La respuesta, el día que cumplí la apuesta.
Sip, quien diría que unos de los mayores errores de los cuales me arrepentiría demasiado fue esa apuesta, para colmo tonta. Para que tengan contexto, estudio en un internando, donde tenemos: Salones de clases, sala de profesores, biblioteca, talleres, polideportivo, comedor, lavandería y residencia. Resulta que hace dos años, hice una apuesta con mi antiguo compañero de habitación, Tueros. Quien perdía se declaraba a una chica (pero que, en términos de él, esté pasable). Por motivos privados, no puedo decir cómo se llevó a cabo esa apuesta, pero inesperadamente terminó en mi derrota. Ahora tenía que declararme a alguien, y fue… Fanen, quien, según mi compañero, es alguien rara y distinta del resto.
No cumplí el castigo por un largo tiempo, hasta que se acordó y me obligó a hacerlo (también estaría vigilado por él). No tenía más opción, ese miércoles por la noche me dirigí a la plazuela, que es el centro de toda la institución por ubicarse cerca de todos los lugares ya mencionados. Yo aparentaba recoger mis prendas personales, debido a que muchos estudiantes después de recoger su ropa limpia de lavandería dejaban sus bolsas en los asientos de la plazuela para ir a comer o hacer otras actividades. Y fue ahí cuando la vi. No me hice problemas, me encaminé rápidamente hacia donde se encontraba, para terminar este asunto de una vez por todas, aparte, no sentía nada ¿Qué perdía?
—Fanen —dije mientras me posicionaba frente a ella—
—¿Que? —Pregunta mientras escribe con la ayuda del asiento aún el formato para que entregue su ropa—
—Te quiero mucho —digo en seco—
Hasta ahí todo bien, sin embargo, después de mis palabras, si mal no me fallaba el oído en ese entonces, escuché un: “Aya, yo también”. Me quede helado sin saber que responder, porque de todos los escenarios que me esperaba, no hallaba la posibilidad de que me corresponda a la declaración. Además… ¿Quién diablos se confiesa diciendo “te quiero mucho”? Hay que ser tontos para decir eso.
Lo que hice fue retirarme con la duda, y discutir con mis dos compañeros de habitación sobre su respuesta (todo concluyó en un 90% no, y un 10% de talvez). Tuve que esperar hasta el viernes, que era salida masiva, (salida de todos los estudiantes del internado) para preguntarle sobre lo que quiso decir ese día, que no le comprendí. Su respuesta: “Es que me gusta otro chico”. O bueno, eso es el resumen y lo que recuerdo. Sinceramente, no me sentía impresionado que diga eso, porque estaba ocurriendo una guerra civil en mi salón (3° C): El “Pardismo” y el “Guerrismo” ¿Quién de ellos dos ganaba la capital Fanen? Curiosamente, terminó en la derrota del Guerrismo (rechazaron su declaración) y una “victoria” del Pardismo (en realidad, solo quería ser su amigo de confianza para ella, no había sentimientos de por medio).
Si lo tomamos como Historia, mi confesión se consideraría una causa a largo plazo que repercute aún en el presente. Esa primera interacción entre ella y yo dio paso a la gran incomodidad que se ha ido construyendo entre nosotros. No es la Guerra Fría, es la “Incomodidad Palpitante” entre dos estudiantes que se encuentran estudiando diferentes ciencias y tienen distintas percepciones de ese “evento histórico” si se podría considerar evento e histórico una declaración tan torpe como la que acabo de hacer. Sin embargo, en lugar de la supremacía ideológica en el mundo, es solo un telón de incomodidad que nos separa a los dos. Y ahora me pregunto: ¿Cómo nació mi amor por Fanen? Porque creo que se debió a una serie de hechos que me llevaron a interpretar que mis ojos eran distintas cuando veía a esa chica. Por cierto, la mayoría de la gente que conozco me recomendó lo siguiente: “No te arriesgues”.