Nuestra noches de verano

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Summary

Isabela y Brenda creen saberlo todo sobre el amor, hasta que una noche de verano lo cambia todo. Entre enredos, besos y un secreto peligroso, nada volverá a ser igual.

Status
Ongoing
Chapters
21
Rating
n/a
Age Rating
16+

Capitulo 1

– ¡Izzie, – escuché a mi madre gritar – llegó Brenda!

Tan pronto como abrí la puerta de mi habitación sentí como se me tiraba algo encima, o más bien, alguien.

–Isabela, prométeme nunca más desaparecerte así de mi vida, no sabes el sufrimiento que me has hecho vivir esta semana, –me dice al romper temporalmente el abrazo -gracias a Dios, necesitaba respirar- para proceder a mirarme a los ojos y exponer con su mirada la seriedad de sus acusaciones, demostrando como estas no son en lo más mínimo una exageración. Aunque yo, su mayor aliada y mejor amiga, sé que puede que haya algo de dramatismo en todo este pequeño show.

–Brenda, –le digo mirándola a los ojos –te prometo que la próxima vez que mi abuela me llame para ir a visitarla a su pueblo para hacerle compañía por su cumpleaños, el cual iba a pasar sola, le diré que se vaya al infierno y que mi prioridad número uno eres tú. ¿Estás de acuerdo? –le pregunto en un tono relajado y simpático, el cual esconde un sarcasmo muy obvio. Pero Brenda nunca fue particularmente buena entendiendo el sarcasmo.

Por lo tanto, dice, un poco más relajada y segura de que los sucesos no volverán a repetirse:

–Sí, estoy de acuerdo.

Me adentró a mi habitación haciendo un gesto de que pase, y cierro la puerta tras ella. Me siento en mi escritorio frente a mi laptop para apagarla, y al cerrarla volteó a mirar a Brenda, veo como sus ojos están dejando entrar la culpa lentamente. Y luego de unos pares de segundos en los que llega a absorber mis palabras, pregunta:

–Espera, ¿Lo decías en serio?

–Por supuesto...–comienzo a responderle, dando todo de mi para fingir seriedad. Ella se muerde el labio, obviamente sobre pensándolo de forma maníaca, algo rutinario en ella, y es allí cuando decido terminar mi oración –que no.

Mientras su cara recupera la alegría a la que está acostumbrada, comienzo a reír.

–Deberías haber visto tu cara, te juro que parecía que estabas a punto de llorar, –digo entre risas. Siento como mi pecho se llena de esa felicidad, esa que sólo Brenda es capaz de darme.

–Ja ja ja, eres tan graciosa, –finge con sarcasmo. Una pequeña contradicción en cómo su mente funciona, sabe usarlo pero no reconocerlo. Raro ¿verdad? –Cambiando de tema, ¿cómo estuvieron las mini vacaciones? ¿extrañaste nuestra aburrida ciudad? ¿me extrañaste? No trates de mentir porque sé que, mejor dicho, tú y yo sabemos que lo hiciste. Vamos, comienza a hablar, ¿Conociste a algún chico? Espera, ¿hiciste alguna otra amiga? –pregunta de forma amenazante.

La miró, analizándola tanto a ella como a la situación, pongo el dedo índice en mi pera para acentuar que estoy debatiéndolo. Camino de un lado al otro de la habitación mientras Brenda me mira aterrada por la idea de que alguien pueda reemplazarla, ja, como si eso fuera posible. Brenda y yo somos amigas desde el inicio de secundaria, cualquier vida o círculo social que hayamos tenido antes fue abandonado al conocernos. Nunca antes me había sentido tan cercana y comprendida por una persona como con ella, la amé desde el momento en que la conocí, y la amaré hasta el último de mis días. Sabemos que nos tenemos para cualquier situación en la que necesitemos compañía, consejo, consuelo o lo que fuese realmente, no importa lo ridículo que sea, estaremos ahí para la otra. Fue un pacto que hicimos al mes de conocernos, Brenda había perdido a su padre y recuerdo como entre sollozos me decía "Promételo, por favor" mientras me extendía su dedo meñique para cerrar la promesa. "Lo prometo" le dije mientras le daba el mío. Quedamos a dormir en la casa de la otra durante un mes, y nuestra amistad nunca cambió.

–Claro que no, tonta. Nadie podría reemplazarte. Y no, –la detengo subiendo mi dedo a la altura de su cara, porque la conozco y sé lo que está a punto de preguntar– no conocí a ningún chico. A menos que cuente Álvaro, el hijo de la vecina de mi abuela, el cual acaba de cumplir cuatro años.

–No, supongo que no cuenta –dice decepcionada.

–¿Supones? –exclamé entre risas. Ella sonríe a la vez que sus ojos brillan, y después de un buen tiempo de hablar incoherencias y reír hasta llorar, procedo a contarle cómo fueron mis mini vacaciones.

La verdad es que no hay mucho que contar, sin embargo, Brenda me escucha con mucha atención, recordándome porque la amo tanto. Podría estarle contando la anécdota más aburrida de la historia y me escucharía de la misma forma. Me mira como si le estuviera contando que soy la princesa perdida de un reino lejano. Sé que gané la lotería con una amistad como la suya. Tengo que admitir que al principio, cuando la conocí, no me imaginaba ni por un segundo que ella y yo terminaríamos siendo tan cercanas. Alguien como ella, tan alegre y radiante, cabello castaño y ojos color esmeralda, los cuales brillan cada vez que algo la sorprende o emociona, y se apagan cuando algo la apena, entristece o frustra. Mide un metro setenta, pero les prometo que cuando le gana la impotencia, es como tratar de consolar a una niña pequeña. Lo he vivido en carne propia y es una de las cosas más dolorosas que experimenté, ver a alguien que amas sufrir y no poder hacer nada al respecto, bajo ninguna norma es algo fácil de vivir.

Mi yo de 13 años nunca imaginó que alguien como ella podría estar experimentando sentimientos igual de profundos que los míos. Mi problema principal con ella en ese entonces era su "portada", la cual juzgué ineptamente. Conocía el dicho y lo ignoré. Pero tienen que entender lo que ve una chica de trece años como yo, en una chica de trece años como ella. Ella es la niña que todos los ojos voltean a ver y yo soy la que trata de pasar desapercibida. Tengo éxito siempre. Supongo que nuestras diferencias en cierto sentido nos unieron.

–... y eso es todo, Brenda. Como ves, nada muy entretenido. –Concluí al terminar de relatar mis aventuras esta semana.

–¿Eso es todo? –dice indignada. –Tal vez si me hubieras llevado, no tendrías que haber escuchado a la vecina de tu abuela hablar de cómo su cuñada no le quiso compartir su receta de budín de mandarina.

–Ugh, odio como haces sonar lo más interesante de mi semana como la cosa más aburrida. Aunque tienes razón, es deprimente. Pero por lo menos pude pasar tiempo con mi abuela, y tu sabes cuanto la extrañaba –le digo mientras me acomodo a su lado en mi cama y la acompañó en su tarea de mirar al techo. –Cambiando de tema, ¿puedes actualizarme con los planes de esta noche?

Siento cómo su sonrisa crece y cierro los ojos preparándome para lo que se viene. Comienza a chillar de la emoción. –Estuve esperando que me preguntes eso desde el momento en que supe que volviste– Tararea con emoción. –Hay una fiesta en casa de Diana... –comienza a explicarme con mucha gentileza. No soy la mayor fanática de las fiestas y ella lo sabe. –Antes de que digas no y empieces con tu berrinche, quiero que escuches atentamente lo que estoy por decirte, –se aclara la garganta, preparándose para darme la más reciente modificación del mismo discurso que cita cada vez que quiere que hagamos algo a su manera. –Tenemos diecisiete años...

–Todo es verdad por el momento, –la interrumpo, me mira de mala manera, me empuja en broma y vuelve a empezar.

–Como decía, tenemos diecisiete años y hemos ido a tan solo cinco fiestas a lo largo de estos casi cuatro años de amistad...

–Lo cual agradezco, –la vuelvo a interrumpir. Y repite lo que hizo al haberla interrumpido la primera vez.

–Siguiendo... creo que deberíamos ir a está ya que, dicen que va a ser la "FMEA" –dice moviendo su mano como si eso hiciera que las letras se plasmarán en el aire. –Nunca salimos, pero creo que este tipo de fiesta amerita nuestra presencia en ella. Y juro que pasaremos un buen rato. Tú y yo. Y si en cualquier momento decides que esta celebración no es la apropiada para tu regreso nos iremos de inmediato, y nos encerraremos en mi casa a comer doritos y mirar cuantas películas de Destino Final podamos.

–Primero que nada, ¿qué significa "FMEA"? –Le pregunto confundida. Ella exhala, rendida, como si hubiera esperado que el discurso funcionara en mí.

–Vas a pensar que es estúpido, pero significa "Fiesta Más Épica del Año" –dice mitad avergonzada, mitad emocionada.

–¿Y tú quieres ir?

–Por supuesto

–¿Y en serio esperas que yo vaya contigo?

–Izzie, por favor, nunca te pido nada. O al menos nada exclusivamente horrible e impensable. Así que, te suplico que me acompañes a esta fiesta.

–¿Tú y yo? –le preguntó, mis ojos dejan de mirar al techo y permanecen fijos en ella.

–Tú y yo. –Me responde firmemente, sus ojos fijos en los míos. Y entonces me dio esa mirada, la que siempre hace que termine aceptando planes tan ridículos como este. Y así fue cómo acepté.