Capítulo 1. El brillo de tu soledad
A veces me pregunto en qué momento empezó todo.
Aquella esquina junto a la ventana en la que una gran luz te iluminaba. Esos ojos tan profundos que transmitían soledad, aquellos mechones mecidos por el viento que entraba por las tardes, los pocos gestos o expresiones que apenas se alcanzaban a notar.
A simple vista era un ser misterioso, no era muy comunicativo, parecía ser cauteloso y reservado, no llamaba la atención. Había tantas características que lograba ver a lo lejos que a su vez eran difíciles de ver para los demás. Incluso sin darme cuenta, me quedaba observándote durante largos minutos.
El tiempo a mi alrededor parecía desaparecer mientras mis ojos seguían cada pequeño movimiento tuyo. La forma en la que pasabas las páginas de tu cuaderno, la ligera inclinación de tu cabeza al concentrarte y sobre todo, aquel gesto de tu mano sobre tu cabello.
Era extraño. No hablábamos, incluso podría asegurar que no notabas mi existencia... y, aun así, algo en ti hacía imposible apartar la mirada.
— ¿Otra vez mirando hacia allá?
La voz de una de mis amigas me hizo volver a la realidad.
— ¿Qué no ves que es su único pasatiempo?, debería hablarle por lo menos.
Exclamó otra amiga, haciendo que soltara un pequeño suspiro mientras me recargaba en la mesa en la que estábamos, escondiendo mi rostro entre mis brazos.
— No puedo, incluso es imposible tener que pasar al lado suyo. Seguro que al instante pensaría que soy algún tipo de acosadora.¿Y si lo llego a incomodar y me empieza a ver como bicho raro y se cambia de escuela por una cucaracha como yo?, ¡sería el fin del mundo! — Exclamaba entre leves llantos y dramas mientras agarraba mi sándwich dispuesta a devorarlo. Era la hora del almuerzo.
— El día en el que Layan deje de ser tan dramática suponiendo cosas que no pasarán, lloverán Mochis del cielo. — Expresó en un suspiro con los brazos estirados a los lados.
— Puf, y la dramática es otra...
Hice un pequeño gesto de disgusto ante la conversación de mis dos queridísimas amigas.
Miya, quien me ha estado acompañando desde inicios de la secundaria, podría decir que es la albóndiga de mi arroz. A veces es tan directa que duelen sus palabras.
Y Narumi, una de mis primeras amigas en la preparatoria, a veces nuestra manera de actuar confunde nuestra amistad con algún tipo de relación amorosa...
Flashback
— Ven mi amorcito, yo sí te abrazo. — Hablaba Narumi con los brazos abiertos después de que Miya volviera a ser tan fría e insensible conmigo.
Rápidamente abracé a Narumi sentándome arriba suyo mientras me quejaba y me daba pequeñas caricias en el cabello.
— Ni me miren, par de lesbianas.
Exclamó Miya fríamente con una cara de disgusto después de ver cómo captábamos la atención rápidamente de quienes nos rodeaban, empezando ciertos rumores sobre nosotras y una supuesta relación.
Al inicio era simple juego, después quedó algo formalizado por muchos ya que no era la primera vez, lo cual hizo que nos arrepintiéramos.
Fin del flashback
Me cubrí la cabeza mientras negaba repetidas veces después del recuerdo.
— Solo espero que él no se percate de mí por una relación falsa y piense lo peor de mí...
Hablaba entre susurros mientras mis queridas amigas seguían discutiendo por cosas incoherentes. Alcé un poco la mirada para dirigirla a aquella aula en la que usualmente permanecía, percatándome que ya no se encontraba ahí, lo cual hizo levantarme de golpe.
— ¡Cambió de lugar!
Agarré mi mochila y almuerzo rápidamente para salir de ahí, sin embargo, una mano me detuvo de golpe, haciendo que mi rostro expresara sufrimiento.
— Si lo haces, se percatará de un posible acoso no deseado. ¿Acaso quieres que te vea como un ser tan impuro y te rechace hasta con su oxígeno?
Miya habló sin pelos en la lengua, haciendo que la mirara con un puchero como cachorro castigado.
— Esta vez Miya tiene razón. Además, ahora nosotras tenemos clases, es hora de irnos.
— Está bien... ya escuché...
No tenía escapatoria, tenía casi a dos madres estrictas a un lado mío obligándome a dejar ir el amor.
Las horas pasaban terriblemente lentas, era época de verano y el calor nos hacía sudar lluvias. Quería terminar rápido las clases para salir y tomar aire fresco, por desgracia aún faltaban horas.
Pero para mi suerte, el profesor de la clase me mandó a dejar algunos documentos a dirección, por lo que salí corriendo del salón para tomar aire.
Después de la entrega, decidí ir a tomar algo de aire libre, podría decir cualquier excusa de deshidratación o alguna otra cosa.
Me escabullí a la fuente principal de la escuela, agarrando un poco de agua para mojar mi rostro y recuperar energías.
— ¡Puaa, estoy volviendo a la vida!
Exclamé mirando al cielo estirando mi cuerpo con el rostro y un poco de mi cabello mojado, realmente quería bañarme ahí mismo.
Antes de volver a decir una sola palabra, me percaté de una presencia al otro lado de la fuente, era una figura alta que no podía distinguir bien debido al agua que caía de la fuente.
Tenía la sensación de que no sería algún profesor, así que decidí acercarme al árbol que estaba a un lado.
— Uno de sus lugares cotidianos...
Murmuré con una pequeña sonrisa, entendía muy bien la razón por la que él recurría a ese árbol, la brisa del aire era demasiado relajante y te hacía sentir alivio.
Me recosté sobre este, lo cual me hizo sentir algo de sueño por lo que mis ojos se cerraron, sin percatarme de nada más. Después de unos pocos minutos, sentí la presencia de alguien al lado mío, por un momento pensé que sería alguna de mis amigas.
Mi sueño era cada vez más grande por lo que no pensaba correctamente.
— Quisiera ser un árbol..., sentir la brisa del aire y no preocuparme por nada más..., ¿no crees?
Hablé sin pensar, estaba en un momento relajante en el cual me soltaba más emocionalmente. No obtuve respuesta, empezaba a sospechar al fin de la situación
“Espera... si fuera alguna de esas dos, ya me hubieran gritoneado al no ir a clases...”
Sin más abrí los ojos de golpe mirando a un lado. Ahí estaban. Unos ojos oscuros que ya estaban sobre mí.
— Sí...
Obtuve como respuesta, sintiendo como sus ojos conectaron inmediatamente con los míos.
Era él. Esos ojos tan solitarios estaban mirándome. Incluso de cerca, reflejaban un brillo melancólico que parecía hipnotizarme.
Mi corazón latía como nunca, eran nervios o tal vez la emoción... realmente no lo sabía, lo que sí, era que debía salir corriendo.
— ¡L-lo siento mucho!
Exclamé con fuerza y nervios, levantándome de golpe para irme corriendo del lugar para ir al baño. Lavé una y otra vez mi cara tratando de tranquilizar aquel sentimiento.
“La primera vez que me dirige la palabra...”
Pensé mirándome al espejo. Tal vez sonaba loco, pero siempre mis sentimientos me hacían actuar antes que pensar.
Volví atontada a clases, estaba por recibir un gran regaño, aunque al ver lo mojada que estaba, el salón entero solo se preocupó.
— Una disculpa profesor, tuve un ataque de calor...
Dije para salvarme de problemas, lo cual así fue y continuó la clase mientras se percataban de mí. Sin embargo, mi mente estaba en otro lado, pensando una y otra vez en aquel “Sí“. En aquella mirada.
Después de esas largas horas de total sufrimiento, las clases por fin habían terminado.
Solo quería llegar a casa, esconderme bajo mis sábanas y desaparecer del mundo por el resto del día.
Me despedí de mis amigas y tomé rumbo a la estación. Esta vez cambiaría la ruta para llegar más rápido a casa, aunque eso significara caminar un poco más. Aunque ir a ese lugar me traería grandes recuerdos.
Cuando llegué, me senté en una de las bancas de espera. El lugar estaba más tranquilo de lo normal.
Apoyé los codos en mis rodillas, dejando que mi mente divagara en cualquier cosa que no fuera lo que había pasado en la fuente.
Aunque por más que lo intentara... solo podía recordar ese “sí“. Suspiré profundamente y levanté la mirada.
Ahí estaba, una vez más sin que me diera cuenta. Al otro lado de la estación, aquella silueta que logré reconocer al instante. Parecía estar atento a su teléfono.
Me quedé fijamente observándolo, coloqué mi mentón sobre mis manos mientras recargaba aún los codos en mis rodillas, con una expresión de tristeza.
— ¿Por qué de lejos tengo el valor de mirarlo y de cerca no puedo hacer nada?
Hablé en un murmuro sin apartar la mirada, escuchando el sonido de mi corazón al no atreverme a hacer nada, sintiendo una tristeza profunda, pero tranquilidad al poder observarlo, aunque fuera de lejos.
Era un sentimiento totalmente extraño.
Sin embargo, una fuerza en mí hizo que compusiera mi postura, apretando mis manos mientras tomaba un largo respiro.
Ya no más. Basta de tonterías. Mi mente y mi corazón pedían a gritos soltar todo de golpe, sin importar qué.
Soy demasiado insegura. ¿Qué podré lograr siendo así? Me repetía una y otra vez, hasta que una nueva sensación surgió en mí. Valentía.
Rápidamente me levanté y corrí hacia las orillas de las vías, tomando todo el aire posible.
— ¡Oye tú!... ¡El único chico que está ahí!, ¡Me gustas demasiado!
Lo grité sin pensarlo, viendo cómo levantaba la mirada. Sentí sus ojos sobre mí. Mi rostro ardía y pequeñas lágrimas escapaban mientras finalmente lograba decir lo que sentía.
De repente, el sonido del tren acercándose me hizo volver a la realidad.
— Si tan solo fuera tan fácil... — Susurré, sin apartar la mirada de él.
El tren llegó y en cuestión de minutos, su figura desapareció de mi vista.