Deep Dark Waters by Georgina Milkovich at Inkitt
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Deep Dark Waters

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Summary

Después de años, Mark Russo, ahora detective, continúa siguiendo los pasos de Evan “Star” Morningstar, el antiguo compañero que se convirtió en un asesino a sueldo, y en su mayor error. Cuando por fin lo encuentra, la línea entre justicia y castigo se distorsiona, y Mark empieza a usarlo de formas que ni él mismo entiende. Con la aparición de Fred Kovac, un mercenario marcado por el mismo pasado, los tres quedan atrapados en una dinámica violenta, íntima y peligrosa, donde el control cambia de manos constantemente y nadie sale intacto. Porque algunas guerras no se pelean para ganar… sino para no perderse en lo que uno es capaz de hacer.

Status
Ongoing
Chapters
8
Rating
4.0 1 review
Age Rating
18+

I

Tendido en el suelo, ya no parece una gran amenaza. Es más grande que él —sólo un poco— y más fuerte —apenas—, pero ahora parece casi débil, con esa sonrisa diabólica desapareciendo de sus labios tan rápido como respira. Rodeado de oscuridad, la única luz además de la de la luna, es el resplandor rojizo que cae con gracia sobre su rostro, producto de una luz de la ciudad.

Sus rasgos apuestos se ven maltratados, por los propios puños de Mark. Morningstar provocó la pelea; cayó directamente en su trampa.

Es como si quisiera esto.

Ahí yace, Star, a merced del Diablo; los apodos del ejército nunca se deslavan del todo. El imbécil mató a su mejor amiga y no parece arrepentido. Daniela Sandoval, fiscal de distrito. Limpia, firme creyente de la efectividad del sistema, demasiado buena para este mundo. Mark la conoció hace doce años, cuando se unió al cuerpo de policía después de dejar el ejército, y se convirtieron en amigos, y en algo más a lo que nunca le pusieron nombre.

En un momento de vulnerabilidad, Mark llegó a pensar que ella sería su única oportunidad de tener una vida normal, pero esa posibilidad se esfumó tan pronto su corazón dejó de latir. Morningstar arrebató a Danny de un mundo que la necesitaba, y estuvo en prisión durante meses por ese crimen, pero eventualmente su empleador logró sacarlo bajo sobornos y chantajes.

Morningstar se llevó varias otras vidas en sus arrebatos desquiciados; es un psicópata, es un animal salvaje de esos que es imposible domesticar; un depredador, un tigre. La historia compartida data desde hace mucho, pero a pesar de estar en sitios opuestos de la balanza, Mark nunca ha podido aprehenderlo; no por falta de esfuerzo, sino porque legalmente no ha podido capturarlo. Lo conoce, o al menos lo conoció durante el paso de ambos por el ejército, pero nunca pudo haber dicho que eran amigos.

Evan Morningstar, o “Star” como es conocido en el bajo mundo, es un sicario profesional. Lo ha sido desde el ejército, en el cual se desempeñaba como francotirador de élite; joder, siempre fue un asesino. Dado de baja sin pensión porque encontró divertido matar civiles inocentes, tanto Fred como él intentaron cubrirlo cobijados bajo la falsa noción de hermandad, pero eventualmente fue descubierto y ahí se acabó todo para él. Salió del ejército en desgracia, y después fue contactado por una misteriosa agencia que levita entre lo criminal y lo legal; desde entonces, Star es precisamente la estrella de esta asociación, ejecutando asesinatos de alto perfil por una paga, y también por placer.

Mark ha seguido su carrera criminal de lejos y sin poder detenerlo, porque el sistema no parece funcionar en escoria como él. Danny y él discutían al respecto: ella le recriminaba su falta de fe en el sistema judicial, él cada vez se sentía más cínico respecto a la vida, o más amargado, como ella decía. Morningstar es sigiloso y extremadamente profesional, y se ha salido con la suya durante años, aunque vive entre las sombras: no puede ser un ser humano normal, pero parece cómodo en su propia piel.

Sin embargo, está roto más allá de toda reparación y Mark sabe, que bajo la mirada omnipresente de Dios, debe morir. Pero aunque es la voluntad de Dios la que pretende obedecer, son los apetitos del diablo a los que se somete.

Ha estado pensando en ello durante días; enloquecido por el duelo mal llevado, quizás. O tal vez por algo más profundo que no se atreve a explorar.

Se ha topado con él en muchas ocasiones después de la muerte de Danny, hace un año. Duerme poco, por lo que suele patrullar las calles por la noche; no es parte de su trabajo y no es remunerado por ello, pero casi se siente como una responsabilidad. Se han topado frente a frente, quedan con los puños y las bocas ensangrentados. Tienen esta extraña relación a la que no puede ponerle nombre; no puede matarlo, por más que quiera, y Morningstar no busca eso tampoco.

Pero sí parece que odiarse es el pasatiempo favorito de ambos.

Meses antes, Mark se dio cuenta de que Star iba tras él, pero su intención no es matarlo; podría haberlo hecho, si hubiera querido. Juega con él, se entretiene; lo estudia, curioso y furtivo como un gato callejero observando a un ratón. Busca su atención, y curiosamente, sus instintos asesinos parecen estar en reposo durante su pequeño juego, en el que Mark es un participante involuntario. Siempre está ahí, observando. Desde una azotea cercana, desde un callejón; una sombra siempre discreta, sus grandes ojos color verde siempre están sobre Mark, incluso cuando la noche no los cobije.

Al principio pensó que Star estaba planeando algún ataque excéntrico en su contra, pero luego se dio cuenta… él no funciona así.

Es como si se estuviera divirtiendo. Quizá sólo quiere provocar a Mark hasta quebrarlo, hasta hacerlo matar de nuevo, matarlo a él. No puede entenderlo, pero ¿cómo podría? Evan Morningstar no es una persona cuerda y tampoco lo son sus acciones. ¿Qué quiere de él? Atención, claro, pero ¿qué obtiene con eso? ¿Qué está sacando de todo esto?

Y entonces, una epifanía le golpeó como un rayo atravesándole el cráneo. Recordó aquella información que obtuvo de él tan pronto pudo hacer una investigación. Mentalmente inestable desde niño, huérfano y un psicópata en crecimiento, su terapeuta pensó que, de alguna manera, era salvable. Pensó, estúpidamente por supuesto, que el pobre Evan sólo necesitaba una guía para que dejara de matar gatitos y pajaritos por diversión; una Estrella del Norte, como ella lo llamaba, alguien que salvara al pequeño psicópata de sí mismo, alguien que lo mantuviera en un camino recto y estrecho de control.

Desafortunadamente para Morningstar, parece que ninguna estrella del norte le ha funcionado hasta ahora. Y, por supuesto, perdió su carrera en el ejército y ahora es un asesino que ronda libre por las calles.

¿Es eso lo que buscas? pregunta, sólo en su cabeza. En el presente, mirándolo desde arriba, tan golpeado y ensangrentado, una leve sonrisa en su rostro. Es ridículo. El hijo de puta que mató a Daniela ahora lo mira hacia arriba, anhelando guía en el inmenso abismo de su vida vacía. ¿Es eso? No puede evitar dudar. Sí, podría ser sólo una elaborada farsa para confundirlo, pero Morningstar no es tan brillante y, después de todo, está jodidamente enfermo de la cabeza.

Así que usará eso.

Lo agarra por la chaqueta, levantándolo y arrojándolo contra la pared de ladrillo rojo. Evan no lucha contra él, consiguió lo que quería: su atención. Sólo jadea, su respiración un poco superficial por la paliza; Mark está seguro de que estuvo cerca de romperle las costillas con la última patada, la que finalmente lo detuvo de lanzarse contra él.

Morningstar está consciente de su atractivo, el cual siempre usa como una trampa. Es rubio, de ojos color verde apagado con un toque de avellana en el centro. Es alto y fornido, pero estilizado: músculos bien trabajados por una rutina rigurosa y consistente. Tiene los dientes parejos, grandes, y una sonrisa de esas que invitan a sonreír de vuelta; la usa como un señuelo. Su voz es grave pero suave, y a veces un poco vacilante. Suele oler a sangre, pólvora y ropa recién lavada.

Hace un año, Mark escuchó a alguien hablar de él después de la muerte de Danny; una chica, viendo las noticias sobre el asesinato en un televisor de escaparate.

“Es tan guapo, quizás lo están incriminando”. Claro, porque el mal no puede ser hermoso.

—¿Qué quieres? —pregunta, con dureza, tirando de él y luego empujándolo contra la pared otra vez. Fuerte.

La voz de Morningstar, un poco áspera, sale como un gruñido bajo.

—Cualquier cosa. Nada —dice, y luego se ríe un poco.

Eso hace hervir la sangre de Mark.

—Tal vez debería matarte ahora mismo. Salvar las vidas que estás dispuesto a tomar —lo empuja contra la pared otra vez, más fuerte, haciéndolo gemir suavemente.

—Creo que deberías hacer eso —Morningstar está de acuerdo, su voz más suave ahora. Aunque hay una risa escondida ahí, en algún lugar—. Pero soy el único amigo que te queda, así que…

—¡Ni se te ocurra! —Mark le grita, empujándolo con más violencia contra la pared. Morningstar gime de dolor, pero no se defiende.

Mark no va a hablar de eso, ni siquiera va a pensar en la última vez que escuchó la voz de Daniela, diciéndole “no te pierdas sin mí”. La rabia lo llena hasta sentir que se ahoga en su propio cuerpo, y esa es la razón por la que está aquí, en este callejón oscuro, jugando con su peor enemigo como un depredador con su presa, en lugar de simplemente matarlo de una vez. Por Danny, pero también por todas las personas que asesinó y asesinará.

Aunque…

—No he matado a nadie —olvida el “últimamente”, pero Mark no dice nada. Está perdido en su mirada, en la enorme pupila negra que casi se traga el color de su iris.

Tenía razón: Star no está buscando matarlo.

Sólo quiere ser parte de algo.

—¿Qué quieres, cariño? ¿Una medalla? ¿Un trofeo anunciando que ya no eres un maldito psicópata? —dice, burlonamente.

—No sé lo que quiero.

—Claro que no…

—¿Qué quieres tú, Mark? —pregunta Evan, su voz ahora firme, señal de que su mente nublada se está asentando.

—No me llames así. No somos amigos.

—Sé que quieres matarme, pero ¿por qué no lo has hecho ya? —insiste el rubio—. ¿Estás tan solo como yo, Diablo? ¿Es eso? Te lo dije, soy el único amigo que tienes.

Sonríe, el maldito. Debería matarlo, claro que quiere hacerlo. Debería acabar con él ahora mismo, estrangularlo hasta la muerte; seguramente se iría con una sonrisa en el rostro.

Debería detener la oscuridad que crece dentro de él cada vez que está en presencia de Evan Morningstar.

Pero al mismo tiempo, sólo quiere que su venganza sea tan cruel y retorcida como la mente de ese hombre.

Y aunque eso va en contra de todo en lo que cree y de lo que Danny habría querido, él se lo merece.

Se merece cada gota de su perversión.

Así que se suelta. Flotando en ese océano de resentimiento, comenzando a hundirse en sus aguas oscuras y profundas. Se acerca y no se siente tan asqueado como debería: está ansioso por verlo desmoronarse bajo la presión de su mano implacable.

Ha besado a hombres antes, pero esto es diferente. Nunca ha habido estos sentimientos repulsivos en medio, ni siquiera con su culpa católica, siempre flotando sobre sus gustos poco convencionales. Ha besado los labios de Fred, salados por la sangre. Barba áspera, piel dura, boca hambrienta. Se ha perdido en el placer violento del cuerpo de otro hombre contra el suyo, la lengua de otro hombre dentro de su boca, pero nunca ha sido así.

Porque Fred no tiembla bajo su toque de esta manera: vergonzosamente ansioso, peligrosamente vulnerable. Fred no gime como una puta dentro de un beso así, descuidado y mecánico, y nunca cede la ventaja. Morningstar simplemente… se derrite. Su boca abierta de par en par, sus grandes manos cerrándose nerviosamente sobre los bíceps de Mark con algo más que timidez; quiere esto, lo ha querido desde hace mucho tiempo. Mark profundiza el beso, invadiendo la boca del otro hombre con su lengua, y Evan gime otra vez, sin ninguna vergüenza.

Está tan falto de contacto que Mark sabe que puede llegar tan lejos como quiera ahora mismo.

Pero se detiene, y se aparta, y por un segundo observa los grandes ojos de su enemigo, vidriosos de placer y anhelo, sus labios rosados abiertos y aún acogedores, esperando otro beso.

Mark no dice nada. En cambio, golpea la caja torácica de Morningstar, escuchando el perfectamente satisfactorio “crack” de una de las costillas rompiéndose. El rubio grita de dolor, se dobla cubriéndose el abdomen y comienza a toser, mientras Mark abandona rápidamente la escena.

Es el comienzo, pero no están ni cerca del final.

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Good Writing

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Compelling Plot

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Strong Dialog

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