PARENTELA GANG (La Cobra Y La Rosa)

All Rights Reserved ©

Summary

Ryan Ray huye del pasado en la moto, pero pronto descubrirá que sus demonios siempre la alcanzarán, y que vaya donde vaya, es un imán de problemas. Golpean a los que ella quiere justo en el momento más feliz, sin embargo, hará de todo para impedir que a Dylan le ocurra lo mismo. Sus mundos girarán en torno contrario una vez sus miradas hallen a la otra. Sus barrios se prenderán en candela y el desierto será aún más caluroso. La Cobra se arrastra sinuosamente hasta escupir su veneno. La Rosa mantiene sus espinas ocultas bajo sus hojas y tallo. Una historia que te hará temblar. Un romance que te hará desear más. Y dos chicas que difieren en todos los aspectos. O bueno, en todos no... 2021 / 2026

Status
Ongoing
Chapters
11
Rating
n/a
Age Rating
16+

PRÓLOGO

SEPTIEMBRE DE 2021.

HACE DOS NOCHES.

—¿Quién habla?

La voz del criminal más respetado de Santa Mirella respondió al teléfono público. Una desconocida del pueblo vecino había hecho la llamada, el teléfono temblaba entre sus manos, cuestionando su valor por unos segundos, flaqueando en medio de la noche fría bajo la lluvia.

—¿Eres Dexter Carrera?

—¿Con quién hablo? —repitió la pregunta con notoria desconfianza.

—Me llamo Ryan Ray. Necesito tu ayuda.

—No te conozco —responde tajante, dispuesto a ignorar a la desconocida—. Sea lo que sea no es mi problema.

—No, no es verdad. —Se apresura a contradecirlo, temiendo que le cuelgue, porque no carga muchas monedas en el bolsillo para darse el lujo de hacer otra—. Elián Galera no es quien dice ser.

—¿Cómo sabes eso?

Bien. El criminal está mostrando cierto interés, ahora la chica debe mantenerlo para conseguir lo que quiere.

—Porque él y yo crecimos en el mismo barrio.

—¿Por qué me quieres ayudar?

—Porque necesito algo de ti. —Ry no se anda con rodeos—. Que me respaldes. Ya no estoy segura en San Lucrecio, aunque de hecho, nunca lo estuve...

—¿Por qué crees que aceptaría?

—Porque estás desesperado. Mi instinto me dice que sentirte amenazado no te pasa muy seguido.

—Exactamente qué es lo que esperas de mí.

Tal vez el criminal quiera saber un poco más acerca de los intereses de esta desconocida y no lo culpa, está en su derecho. Además, no tiene nada que ocultar.

O al menos eso no.

—Quiero vivir en Santa Mirella, con la garantía de que la pandilla que me acosa no me perseguirá más.

—¿Hiciste enojar a alguien? —inquiere de nuevo el criminal.

—No exactamente... —No piensa entrar en detalles, además, no le queda mucho tiempo antes de que la llamada se corte—. Es complicado.

—¿Qué me asegura que lo que me dices es cierto?

Lo entiende. Si ella fuera alguien con el mismo nivel en el mundo del crimen y tuviera la cantidad de enemigos que ha ganado en pocos años, tampoco se fiaría de sí misma.

—Mira tu correo.

—¿Cómo conseguiste mi correo electrónico? —masculla al otro lado de la línea.

—Del mismo modo en que conseguí tu número. —La desconocida roza la punta de la lengua contra los dientes superiores—. Así como tengo enemigos, también aliados.

Aguarda unos momentos en completo silencio. Lo más seguro es que esté revisando el archivo que la desconocida le envió minutos antes de salir de la casa de su madre.

—No me digas... —murmura el criminal. Su voz se oye lejana, lo más probable es que lo haya dicho para sí mismo.

—¿Ahora me crees? —replica ella, llamando nuevamente la atención del criminal.

—Si corres tanto riesgo como dices, deberías tener cuidado con las llamadas que haces. —Le sugiere y la desconocida se llena de alivio con lo último que le comunica el criminal—. Ven a verme, te enviaré la dirección. Que no te sigan.