Chapter 1
El día estaba más fome que de costumbre. Afuera, el gris de Santiago parecía pegarse a las ventanas, y yo, como siempre, me sentía como la mierda. Mi mirada se perdió en una foto de ig: Damián sonriendo con su polola.
(Pensamiento): ¿Por qué sigo mirando esto? Soy un masoquista.
—Ya se me hace tarde —murmuré para nadie, mientras echaba las cosas a la mochila. A veces siento que soy el protagonista de una película fome que nadie quiere ver.
El viaje en micro fue el mismo de siempre: olor a encierro, frenazos bruscos y el ruido de la ciudad golpeándome la cabeza, los conductores tocando la bocina gritando y diciendo puros garabatos. Solo cuando llegué a la cocina del local pude respirar un poco.
—Hasta que llegái, ¿te fuiste a ordeñar la vaca o qué weá? —me recibió el jefe, secándose las manos con un paño sucio.
—No, me quedé como weón pegado en la cama nomá —respondí sin ganas, poniéndome el delantal.
—Ya, al tiro a la cocina entonces. Suerte.
El turno fue una rutina de ruidos blancos: el aceite hirviendo, el sonido de los platos, ver a la gente tragar sin mirarme. Necesitaba que pasara algo, lo que fuera, para sentirme vivo. De pronto, el “prin” del celular me cortó la respiración. Un mensaje de un viejo compañero de clases.
-Oye Abel, nos vamos a juntar hoy en el bar de siempre. Vienen casi todos los del segundo medio: el Mati, el Juan, el Jack, el Samuel, el Rena... y viene Damián.-
Al leer ese nombre, el mundo se me dio vuelta. El celular casi se me resbala de las manos. Me fui corriendo al baño y me encerré. Me mojé la cara con agua helada, intentando detener el temblor de mis dedos. Me miré al espejo; estaba rojo, pero no era de vergüenza. Era rabia, era miedo, era ese calor sofocante que te da cuando el pasado te encuentra de frente.
(Pensamiento): ¿Por qué estoy así? No puedo volver a verlo. No después de lo que paso en el salon... no puedo.