Prólogo
Los golpes en la puerta de su departamento la hicieron gruñir. Se removió entre sus sábanas con pereza y, con su mano derecha, tanteó la mesita de noche buscando su celular.
¿Quién tocaba a las doce de la mañana? Acababa de acostarse hacía apenas media hora; había tenido muchísimo trabajo y exámenes que revisar. Sin embargo, fuera quien fuera, esa persona la estaba fastidiando.
—¡Ya voy! —gritó Jisoo, levantándose y metiendo sus pies en sus pantuflas de conejito, sintiendo al instante lo calientito que estaban.
—¡Kim Jisoo, abre rápido! ¡Jisoo! —La voz que venía del pasillo era suave, pero cargada de una urgencia que la alfa, aún adormilada, no logró reconocer de inmediato.
Los toques en la puerta seguían con insistencia, colmándole la paciencia y logrando que ella caminara más lento a propósito, solo por fastidiar de vuelta. Se acomodó los cabellos oscuros que cubrían parte de sus ojos y se limpió el rastro de sueño en su mejilla.
De pronto, los golpes cesaron. Jisoo respiró tranquila, girándose para volver a su habitación e ignorar lo ocurrido. Pero algo hizo click en su cabeza: no sabía si era alguien que necesitaba ayuda o algún extraño intentando sacarle información sobre sus alumnos. Suspiró, caminó de vuelta y se arriesgó a abrir.
Afuera se encontraba su mejor amiga. Tenía la mano en un puño, elevada para volver a tocar, con las mejillas sonrojadas y lágrimas en los ojos. Se veía tan vulnerable que hizo que el instinto de Jisoo se estremeciera.
—¿Jennie? —llamó con suavidad. Odiaba ver a la omega en esas condiciones. Aunque prefería no meterse en los problemas de la castaña porque siempre terminaba con dudas y nunca con el "chisme" completo, verla así la desarmaba.
Jennie extendió sus brazos, invitando a la alfa a que la rodeara.
—No preguntes nada, solo abrázame.
Jisoo asintió, rodeando la cintura de su amiga con firmeza y guiándola hacia el interior del departamento; la noche era fría y la omega podría enfermarse.
Los débiles brazos de Jennie reposaron en los hombros de Jisoo. El aroma que desprendía la alfa, por más extraño que pareciera, tranquilizaba al omega de Jennie, quien nunca quería despegarse y solía hacer pequeños berrinches cuando tenían que separarse. Amaba cómo Jisoo la calmaba sin siquiera pedir explicaciones.
—¿Quieres cariñitos? —Jisoo sonrió cuando sintió que las feromonas de su amiga cambiaban, indicando que era exactamente lo que necesitaba.
Como era costumbre, caminó el pequeño espacio hacia el sofá. Pero, cuando intentó sentarse para acomodar a la omega en su regazo, unas manos temblorosas en su pecho la detuvieron.
—¿Todo bien? —preguntó la alfa.
La castaña negó con una sonrisa apenada.
—Algo así... —Hizo una pausa, sintiéndose pequeña bajo la mirada de Jisoo—. Dejamos mi maleta afuera y pueden robársela.
—¿Maleta? ¿Cuál maleta? —Jisoo se sentía desorientada—. No vi ninguna maleta.
—La escondí para que no la vieras, no me preguntaras nada y me dejaras pasar.
—¿Y por qué una maleta, Jennie? —La alfa relajó su agarre, sin percatarse de que Jennie se entristeció por la distancia física.
—Viviré contigo. Porque somos mejores amigas y las mejores amigas se apoyan en todo, ¿no es así? —dijo Jennie, demostrando lo buena que era manipulando la situación.
—¡¿Qué?! ¡Por Dios, Jennie, este departamento es para una sola persona!
—¡Pues buscaremos uno para tres! —Jennie se cubrió la boca de inmediato. La había cagado.
Jisoo parpadeó, más confundida que antes.
—¿Tres? ¿A quién más trajiste?
—Estoy embarazada.
—Oh.
Jisoo no sabía si alegrarse o gritar.
Después de todo, su mejor amiga acababa de despertarla para darle una noticia impactante, sobre todo porque ella ni siquiera sabía que Jennie estuviera saliendo con alguien.








