Lo que no se dice

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Summary

En un pequeño pueblo, seis niños despiertan cada mañana con una realidad distinta. Lo que viven... nadie lo ve. Y lo que sienten... nadie lo dice. (Advertencia de contenido Esta historia aborda temas sensibles como violencia familiar, presión psicológica y salud mental en menores. Algunas escenas pueden resultar incómodas o perturbadoras para ciertos lectores. Se recomienda discreción.) (Soy un escritor [creo] desde cero y es uno de mis primeros proyectos sus sugerencias e ideas ayudarán mucho a la creación de la historia)

Status
Ongoing
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
16+

Capitulo 1 : Las alarmas

El sonido del río llenaba la mañana en el pequeño pueblo.


Era constante. Tranquilo.


A lo lejos, algunos autos pasaban por la calle.


Hikari abrió los ojos lentamente.


-Todavía es algo temprano para ir al colegio...


Se levantó de la cama y se estiró, soltando un ligero quejido.


-Muy bien...


Bajó la mirada.


-Hora de fingir ser yo...


El sonido de algo quebrándose llenó la casa.


-¿¡Por qué carajos todavía no está mi desayuno!?


Era la alarma de todos los días para Amaya.


Amaya abrió los ojos de golpe.


Se levantó y salió rápidamente de su habitación.


-¡¿Me escuchas?!


Bajó las escaleras casi corriendo.


Lo encontró en la sala.


-¡Padre, déjala en paz...!


Apretó los puños.


Las lágrimas comenzaron a salir.


-¿Por qué siempre atormentas nuestras vidas...?


El pitido de una alarma rompió el silencio.


Sayo estiró el brazo y la apagó.


Se quedó mirando el techo.


-Tengo que vestirme rápido... antes de que papá se vaya a trabajar...

Se incorporó lentamente.


Antes de que pudiera abrir la puerta, alguien entró.


-Buenos días...


Sayo se quedó paralizada unos segundos.


-Bu... buenos días...


Su voz apenas fue un susurro.


Apretó los puños.


Su madrastra la observó.


Sonrió.


-Tu desayuno está en la mesa.


-Apúrate.


La puerta se cerró.


Sayo no se movió.


El sonido de su propio corazón llenaba la habitación.


-Vete...


Sus manos temblaban.


-¿Por qué tenías que aparecer en mi vida...?


Se rascó los brazos con fuerza.


-Me da miedo estar aquí...


Miró sus manos.


-Quiero desaparecer...


Se dejó caer al suelo, abrazándose a sí misma.


-Ayúdenme...


El sonido de un lápiz cayendo rompió el silencio.


Kizu lo miró en el suelo.


-Está mal...


Se agachó y lo recogió.


Borró la respuesta.


-Mi madre tiene que estar orgullosa de mí...


Su mano se tensó.


Cerró los ojos.


-Recuerda que tienes que ser la mejor...


La voz resonó en su mente.


-No seas la decepción de la familia.


Kizu abrió los ojos de golpe.


Sus manos temblaban.


Arrancó la hoja de su cuaderno.


-Tranquila, madre...


Se levantó y caminó hacia el espejo

.

Se miró fijamente.


-No voy a decepcionarte.


El sonido de los clics del teclado llenaba la habitación.


Fuyu sonreía frente a la computadora.


-¡Mami! ¡Mira esto...!


La puerta se abrió.


-¿Qué pasó, cariño?


Su madre se acercó a él.


-Estoy ganando un torneo, mami.


Se movía emocionado en la silla.


-Si gano... podré conseguir mucho dinero.


Bajó la voz.


-Y podremos irnos a otro lugar... juntos.


Su madre sonrió.


Lo abrazó.


-Muy bien, cariño...


-Estoy orgullosa de ti.


Besó su frente.


-Te a...


El sonido de una alarma rompió el momento.


Fuyu abrió los ojos.


La habitación estaba en silencio.


No había nadie.


-Ma...¿Mami?


Se sentó en la cama y miro toda la habitación


Baja la mirada


-Te extraño...


-Mama...


El canto de los pájaros rompía el silencio de la mañana.


Zero abrió los ojos lentamente.


-¿Por qué tienen que ser tan ruidosos...?


Se incorporó, frotándose los ojos.


Bostezó.


-Buenos días...


Se estiró.


-Papá...


-Mamá...


No hubo respuesta.


El silencio volvió a llenar la casa.


Zero se quedó quieto unos segundos.


Luego bajó las escaleras.


Sus pasos eran lo único que se escuchaba.


Miró la cocina.


Vacía.


Suspiró.


-Ahora...


Miró la estufa.


-¿Cómo se cocinaba la carne...?


Si bien...


Tal vez no todos tienen la misma alarma pero...


Tal vez el día puede mejorar...


...


¿Verdad?