Episodio 1 estrés
*Episodio 1: Estrés*
El taller de Gabriel es un campo de batalla. Bocetos rotos tapizan el suelo como nieve sucia. Una copa de vino tinto mancha la seda blanca de un maniquí.
"¡Otra vez! ¡Otra maldita vez se me escapan!" ruge Gabriel. Su voz rebota contra los ventanales de la mansión Agreste. Con un grito ahogado, lanza el portafolio contra la pared. Las tijeras de diseño vuelan. Un jarrón de porcelana explota contra el suelo.
Está bebiendo directo de la botella. Las lágrimas le bajan sin permiso, mezclándose con la rabia. "Ladybug... Cat Noir... Malditos mocosos ya no puedo no puedo-"
La puerta se abre sin ruido. Nathalie. No dice nada. Solo camina entre los cristales rotos con esos tacones que nunca la traicionan. Le quita la botella de la mano con firmeza. Él intenta zafarse, pero está agotado.
"Ya, Gabriel", susurra ella. Y lo abraza. No es un abrazo de secretaria. Es un abrazo que lo sostiene cuando él ya no puede sostenerse solo. Él se tensa... y luego se rompe. Esconde la cara en su hombro y llora como un niño. En segundos, el llanto se vuelve respiración pesada. Se duerme ahí derrotado en sus brazos
Nathalie lo carga hasta la habitación. Lo conoce de memoria: el peso, el orgullo, las derrotas. Lo acuesta con un cuidado que nadie más vería en ella. Antes de irse, se queda en el marco de la puerta viéndolo con un poco de enojo y frustración luego Suspira es un suspiro largo, denso, que huele a años de amor callado. Frustración de quien ama y no es vista.
Horas después, Gabriel despierta con una jaqueca. La luz le apuñala los ojos.
"tome le aliviará el dolor", dice Nathalie, apareciendo con un vaso de agua y la pastilla en la mano.
Él se la toma de golpe, un seco y suave. "Gracias", escupe, frío como su corazón herido. Se levanta, se pone el saco como si fuera armadura y se va sin mirarla. Ella aprieta el vaso con muchas tristeza en su interior
Gabriel baja a su guarida, su santuario donde iba cada vez que se sentía mal este se acerca a el ataúd de su querida y hermosa esposa emilie
Gabriel cae de rodillas. Las manos le tiemblan.
"Mi amor... otra vez te fallé", solloza, la voz rota. "Como siempre. Siempre es lo mismo. Te prometí que te traería de vuelta y solo colecciono fracasos."
La furia le gana. Cierra el puño y lo estrella contra la tapa del ataúd.
El sonido es obsceno en el silencio. Una grieta negra serpentea por la superficie lisa. Gabriel se queda helado. El horror le borra la rabia de la cara. Retrocede arrastrándose, jadeando, y tropieza.
Cae de espaldas. Algo metálico tintinea al rodar por el suelo.
Los Anillos Gemelos Graham de Vanily. Habían estado ocultos en un compartimento del ataúd. Ahora lo miran desde el piso.
Con manos temblorosas, los recoge. "los guardare hasta que arregle la cápsula de emilie", murmura. Se los pone uno en la misma mano, solo para no perderlos.
Al momento de que los anillos se tocan algo muy sorprendente pasa
Un zumbido. Grave. Antiguo. El aire del sótano se vuelve espeso, eléctrico. De la unión de los anillos brota una luz que no debería existir. No es blanca ni dorada. Es un color que duele mirar.
Y de esa luz, algo empieza a tomar forma