PRÓLOGO
No soy un hombre alegre que le guste compartir con los demás.
Y mucho menos compartir a mi familia con tanta gente aun así sea nuestra propia familia.
Mientras veo dormir a mi esposo, me pregunto lo siguiente:
¿Podría ser más feliz?
Pensé que ésta clase de gloria no existía, o que yo era una persona que estaba muy lejos de serla.
Lo único que sé es que cada día soy feliz con él y mi hijo.
Son míos, es mi imperio, por lo que respiro cada día.
Muy pronto será noche buena y sé cuál es el regalo perfecto, mi esposo me ha estado insistiendo sobre una cosa desde que nuestro hijo cumplió tres.
Eso fue hace dos años, pero es porque he estado evadiendo el tema porque me rehúso a negociar sobre ello.
Hablando de regalos…
¿Qué le regalarían a alguien que lo tiene todo?
Creo que mi esposo y yo estamos metidos en un grave problema.
Lo amo y quiero hacerlo feliz siempre; como lo soy yo desde que lo escuché cantar y me atrapó con su valentía y belleza de hombre.
Es una promesa que le hice a él y a la vida misma:
Toda una vida.
En todas las posiciones posibles.