“En Donde Si Te Pude Proteger”

Summary

“Pensé que tenía que protegerte del mundo, pero te tenía que proteger de ti mismo. Pero que iba a saber yo de qué algún día ibas a preferir salvar al mundo antes que a ti? ¿ANTES QUE A MÍ? Bakugo nunca pensó que alejarse sería peor que enfrentar el problema. Deku nunca pensó que Bakugo tenía alguna culpa. Al final, lo que necesitaban, era hablar. Hablar de verdad, sin gritos ni llantos. Solo una conversación normal. [Esta historia se sitúa en el pasado de mi “General AU” de Mha, así que aquí se encuentran información y algunos conflictos que vendrán en el futuro de este mismo AU.] •Los personajes no me pertenecen, son de Kohei Horikoshi. • Omegaverse. •Au •Bakudeku Nota: Una historia Bakudeku escrita con mucho amor por una escritora novata. 💗

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
16+

Un Quirkless

—Lamento decirle que su hijo no tendrá un quirk— Comentó un viejo doctor con un tono frío, como si fuese desprecio.

Inko miraba a su niño que estaba jugando con una figura de All Might en otra sala. Miraba como sus ojos brillaban de emoción y alegría, cuales no quería ser ella quien las dañara.

—Si usted desea, puedo ser yo quien se lo diga— Añadió el doctor sin perder su seriedad.

—No, encontraré la forma de decirle…— Hizo una pausa mientras miraba como su hijo le sonreía desde la otra sala. —O eso espero.— Terminó la oración sintiendo su corazón partirse, ella misma había hecho que su hijo siguiera con su sueño de ser un héroe,

¿Para que ahora lo tuviese que destruir?

Una hora más tarde, ya habían llegado a su casa. Izuku corrió directo al sofá para ver por milésima vez un video de All Might salvando a personas de un edificio en llamas. Mientras que Inko se dirigió a la cocina, arrastrando consigo el peso de tener que decirle a Izuku sobre su quirk.

—Tesoro, podrías ayudarme con la mesa?— Pidió dulcemente con una sonrisa igual de dulce, mientras un aroma a flores aunque marchitas recorría la cocina.

—Voy ahora mami— Respondió con una sonrisa y se dirigió a ayudar aunque le parecía extraño el aroma.

Izuku comenzó a preparar la mesa mientras que Inko cocinaba un rico katsudon que olía delicioso, aunque su aroma se perdiera en sus feromonas angustiadas. La tele seguía prendida, se escuchaba la risa de All Might de fondo.

Casi una hora después, llegarían los Bakugo’s a la casa.

—Inko-San!— Gritó una emocionada Mitsuki dirigiéndose hacia su mejor amiga para abrazarla, mientras que nuevas feromonas con olor a jengibre se apoderaban del lugar.

—Hola Mitsuki-San…— Contestó Inko con una sonrisa, pero no engañaba a Mitsuki.

Mientras que Masaru saludó desde lejos, se dirigió hacia Izuku y se agachó con los brazos abiertos. Izuku completó el abrazo alegre, Masaru era casi una figura paterna para el.

—Hace tiempo que no te veía, como has estado?— Preguntó sonriendo amablemente mientras le despeinaba el pelo a Izuku.

—Bien!— Respondió con alegría y una sonrisa tierna, un aroma de vainilla con miel y manzanilla se liberaba de ellos dos.

Un tercero se asomaría detrás de Masaru, era Katsuki, quien también esperaba su abrazo. Izuku lo vio y de tan solo verlo salió corriendo hasta él para darle un dulce abrazo. Un abrazo que enterneció a Mitsuki y Masaru, pero entristeció a Inko. Quien todavía era la única de ahí que sabía sobre el quirk de Izuku.

—La comida está casi lista, si quieren vayan al cuarto de Izuku y yo los llamo si?— Comentó Inko aunque la respuesta fue más que obvia cuando los dos niños salieron corriendo hasta el cuarto.

—NO QUIERO QUE ROMPAS NADA KATSUKI!— Gritó Mitsuki antes de que Katsuki pudiera entrar al cuarto.

—Tch— Chasqueo la lengua notoriamente irritado. —Pinche vieja…— Susurró desde lo bajo un Katsuki a punto de cerrar la puerta.Las feromonas a canela se comenzaban a oler frustradas.

—QUE DIJISTE CHAMACO?!— Exigió Mitsuki enojada, liberando feromonas de jengibre bastante potentes mientras que Masaru trataba de calmarla junto a sus feromonas de Manzanilla.

Mientras que en la habitación ya se encontraban Katsuki e Izuku. Katsuki apenas dejó sus cosas en un rincón e Izuku ya le había saltado encima con dos figuritas de All Might para jugar los dos.

Katsuki agarró una con una sonrisa torpe, Izuku lo desarmaba, y de inmediato se pusieron a interpretar un video que habían visto juntos de All Might salvando a más personas.

Su risa se escuchaba hasta la cocina, donde Inko ya estaba sirviendo la comida. Masaru estaba sentado mientras que Mitsuki ayudaba a Inko con las bebidas.

—Y que te dijo el doctor?— Interrogó Mitsuki, ya algo preocupada por su amiga. Esas feromonas de flores marchitas no era común en ella.

—Nada importante…— Respondió en apenas un susurro, nerviosa por la pregunta a tal punto que casi ponía el katsudon en un vaso en lugar del plato.

Mitsuki resistió de preguntar más, pues no iba a obligarla a decirle algo si ella no quería. Incluso si era obvio que algo no andaba bien.

Luego de unos minutos, Inko llamó a los niños para que fueran a la mesa. Cuando Katsuki e Izuku llegaron, se encontraron con una mesa servida de delicioso katsudon.

—YO PRIMERO!— Exigió el rubio para de inmediato correr hasta su silla con una sonrisa en la cara.

—Espera k-Kacchan!— Reclamó Izuku tratando de seguirle el paso a Katsuki. Luego, se sentó justo al lado del rubio.

Katsuki pudo haber llegado primero a la mesa, pero eso no lo salvó del regaño de su madre.

Cuando todos se sentaron, fue evidente que sobraba una silla. Eran cinco en una mesa lista para seis. Los niños juntos, los Bakugo’s al frente y Inko a un extremo.

—Tampoco vino hoy?— Preguntó Mitsuki al oído de Inko.

—Esta vez prometió que llegaría a tiempo…— Respondió Inko aún manteniendo las esperanzas de que su esposo sí llegaría.

—Está es la décima vez que hace esto. No puedes dejarte engañar tan fácil a Inko-San.— Habló seriamente Mitsuki, ya cansada de que jugaran con su amiga.

Al final, comenzaron a comer sin la sexta persona. Inko era extremadamente detallista con su comida. El katsudon de Katsuki tenía un ligero sabor picante mientras que el de Izuku llegaba a tener un toque dulce que le fascinaba. Ella sonriera al mirar las expresiones de felicidad de los demás al probar su comida.

—Enserio nunca pensaste en ser cocinera?— Cuestionó Masaru mientras tomaba otro bocado de su katsudon agridulce, liberando feromonas dulces de manzanilla.

—La verdad si… pero nunca pude terminar de estudiar.— Contestó con una sonrisa incómoda. Pues, aunque ese alguna vez fue su sueño, ella prefirió cuidar de Izuku. Pero igual ese aroma a flores marchitas, cual ya traían estresada a Mitsuki, la delató.

Ella sí quiso estudiar.

Pero su esposo nunca la apoyó.

En cambio, los niños totalmente ajenos a los temas adultos, hablaban entre ellos en murmullos suaves para que no los escucharan. Izuku sonreía tiernamente mientras Katsuki le susurraba al oído un secreto, su secreto. Un aroma de vainilla con miel y de canela con caramelo se hacía notar entre ellos.

Los minutos pasaron, y todos terminaron de comer. Inko les dijo a los chicos que volvieran a jugar mientras ella se encargaba de los trastes. Los niños no lo dudaron, dejando a los adultos en el comedor.

—Inko-San…— Suspiró Mitsuki acercándose a Inko para ayudarla. —Dime, que te dijo el doctor sobre el don de Izuku?— Terminó la pregunta mientras ayudaba a Inko con los trastes mientras sus feromonas de jengibre se liberaban, preocupadas.

—Me conoces tan bien…— Inko sonríe torpemente, con una mirada cansada enfocada en lavar. —E-Es… es un Quirkless.— Respondió con un tono de voz bajo y calmado, aunque a sus adentros su mundo colapsaba.

Por otro lado, Izuku dormía tranquilamente en el hombro de Katsuki, ajeno a todo a toda la conversación de las madres. Ambos estaban sentados contra la pared, haciendo que la conversación se escuchase como un murmuro, un murmuro que Katsuki había escuchado.

—K-Kacchan?…— Preguntaría Izuku con un tono adormilado, mientras se rascaba los ojos despertándose por las feromonas de canela de Katsuki.