Demasiado para no ser nada

All Rights Reserved ©

Summary

No fue planeado. Ni correcto. Pero tampoco fue algo que pudiera evitar. Hades no era el tipo de persona que se acercaba a cualquiera. Era serio, distante... difícil de leer. Excepto conmigo. O al menos eso parecía. Todo empezó con una mirada. Después vinieron las conversaciones interminables, las llamadas a cualquier hora, las coincidencias que ya no parecían casualidad. Y cuando menos lo esperaba... ya estaba dentro de su mundo. Uno donde nada era simple. Donde cada gesto decía más de lo que debía. Y donde cada momento se sentía demasiado intenso para ser pasajero. Porque hay historias que no empiezan con un "para siempre"... empiezan con algo mucho más peligroso: con la sensación de que puede ser real.

Genre
Romance
Author
HalyMar
Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
16+

El inicio de todo

Todo comenzó un 31 de diciembre.

La ciudad estaba encendida.

Las luces colgaban de los balcones, las calles vibraban entre risas, música y copas alzadas, y el aire frío de invierno parecía cargar algo más que celebración… como si anunciara que algo estaba a punto de cambiar.

Siempre he pensado que hay años que terminan… y otros que te terminan a ti.

Y yo venía de uno de esos.

Llevaba meses viviendo lejos de casa, construyendo una vida que, en teoría, era exactamente lo que quería: independencia, estabilidad, rutina. Trabajo, gimnasio, silencio. Todo en orden. Todo bajo control.

O al menos eso intentaba creer.

Porque la verdad era otra.

Había salido de una relación que me dejó más dudas que recuerdos bonitos. Aprendí a cerrar puertas rápido, a no confiar demasiado y, sobre todo, a no sentir más de lo necesario.

Ser fuerte se volvió costumbre.Ser fría… una forma de sobrevivir.

Esa noche regresé por Navidad.

No por tradición.No por nostalgia.

Sino porque, en el fondo, necesitaba detenerme… aunque fuera solo por unos días.

A las once y cincuenta y ocho todavía no sabía qué ponerme.

Terminé eligiendo algo improvisado, pero cuando me miré al espejo, algo se sintió distinto.

No era la ropa.

Era yo.

Mi piel trigueña contrastaba con mi cabello negro, largo, cayendo libre sobre mi espalda. Mi cuerpo, delgado, se veía más firme de lo que recordaba, y mis ojos oscuros, ligeramente achinados, parecían esconder más de lo que mostraban.

Siempre había sido difícil de leer.

Tal vez porque yo misma no me entendía del todo.

Mis tatuajes asomaban sutilmente, como pequeños recordatorios de etapas que no pensaba explicar.

No era alguien que buscara atención.

Pero esa noche… algo en mí no quería esconderse.

El reloj marcó la medianoche entre abrazos, risas y brindis. Me acerqué a mi madre, sintiendo un nudo en la garganta que no supe explicar.

—Feliz año… —susurré.

Ella me abrazó fuerte, como si supiera todo lo que no estaba diciendo.

Después de eso, la casa se llenó de ruido, de fotos, de momentos que parecían ligeros… pero yo seguía sintiéndome como una espectadora dentro de mi propia vida.

Hasta que mi tío el menor Louis apareció, con esa energía que siempre arrastra a todos.

—Vamos, están en el callejón —dijo Fer, haciendo un gesto con la cabeza.

—Vamos, Hal. No seas aburrida —añadió mi prima Val, sonriendo con picardía.

Rodé los ojos, pero terminé sonriendo.

Ese tipo de planes nunca eran lo mío. Demasiada gente, demasiada energía, demasiado todo.

—Está bien —respondí finalmente, cediendo más por impulso que por convicción.

Caminamos hasta el lugar.

La música se escuchaba antes de llegar. Risas, voces mezcladas, luces tenues. Era uno de esos sitios donde todos parecen conocerse… menos tú.

Me senté, saludé, intenté encajar.

Y entonces lo vi.

No era la primera vez.

Pero sí fue la primera vez que lo sentí.

Hades.

Estaba de pie, ligeramente apartado del grupo, como si no necesitara formar parte para estar presente.

Alto. Moreno. Con un cuerpo que dejaba claro que entrenaba, pero sin exageraciones. Natural. Firme.

Su postura era relajada, pero su presencia… todo menos eso.

Sus cejas pobladas le daban una expresión seria incluso en silencio. Sus ojos, más grandes de lo normal, profundos, parecían observar sin perder detalle.

No eran solo bonitos.

Eran incómodamente intensos.

Como si vieran más de lo que deberían.

Y luego estaba su sonrisa.

Escasa.

Pero cuando aparecía, dejaba ver esos hoyuelos en sus mejillas que rompían completamente con la imagen fría que proyectaba.

Era un contraste peligroso.

No destacaba por hacer ruido. No era el centro de atención, ni parecía querer serlo.

Pero había algo en él… algo que no se podía ignorar.

Era de esos que no buscan miradas… pero las retienen.

Cuando nuestras miradas se cruzaron, no apartó la suya.

Yo sí.

Error.

Porque cuando volví a levantar la vista, él seguía ahí.

Observándome.

Sin prisa.Sin incomodidad.Como si ya hubiera decidido algo.

No me miró como si le gustara…

me miró como si ya lo hubiera decidido

—Te está mirando —susurró mi prima Val, dándome un leve codazo.

—No —respondí rápido, evitando mirarlo

—Sí. Y no es mirada normal. —insistió ella.

—¿Y cuál es mirada normal?— pregunté, intentando sonar indiferente.

—La que no termina en problemas. —respondió Val con una media sonrisa.

No dije nada.

Pero algo en mí se tensó.

Porque hay advertencias que no llegan para evitar el daño…sino para que no puedas decir que no lo viste venir.

—¡Karaoke! —gritó una voz entre la multitud.Y el ambiente cambió. Risas, gritos, personas cantando sin pena. Todo se volvió más ligero.

Hades riendo.Cantando sin vergüenza junto a otros.

Y algo no encajó.

Porque no era la misma persona que había visto segundos antes.

Había algo en su sonrisa… algo real. Humano. Cercano.

Y eso lo hacía aún más peligroso.

Porque no era completamente frío.

Solo sabía cuándo serlo.

No pude evitar mirarlo más de lo necesario.

Ni entender por qué lo hacía.

Hasta que se acercó.

—¿Bailas?—preguntó Hades, mirándome directamente.

No sonó como una pregunta.

Sonó como algo que ya estaba decidido.

Sentí los nervios subir sin permiso.

—Sí… claro —respondí, sintiendo cómo los nervios subían sin permiso.

Nos movimos al ritmo de la música, pero no fue el baile lo que importó.

Fue la cercanía.

El silencio.

Esa sensación extraña de estar cómoda… con alguien que no conocía.

No hablamos.

Y aun así, parecía suficiente.

Porque a veces, el problema no es lo que alguien dice…sino lo que te hace sentir sin decir nada.

Cuando la canción terminó, volví a mi lugar intentando recuperar la calma.

No lo logré.

—Te está mirando mucho —susurró Val prima, con una sonrisa que decía más de lo que sus palabras querían ocultar.

Intenté restarle importancia.

—No creo— respondí

Pero ella insistió.

Y luego dijo algo que se me quedó grabado más de lo que me gustaría admitir.

—Ten cuidado… no es de fiar.

Fruncí el ceño.

—¿Por qué?—pregunté, mirándola con duda.

—Porque es de esos que no se quedan—respondió ella sin rodeos.—. Porque nunca sabe lo que quiere.

Tragué saliva.

No respondí.

Pero algo dentro de mí se tensó.

Porque hay advertencias que no llegan para evitar el daño…sino para que no puedas decir que no lo viste venir.

Y justo en ese momento, volvió.

—¿Bailamos esta?—preguntó Hades nuevamente.

Miré la música. Era más lenta. Más cercana.

Negué suavemente.

—Ese ritmo no lo bailo con personas que no conozco—respondí, manteniendo la calma.

Él sostuvo mi mirada un segundo más.

Y luego asintió.

—Está bien—respondió con tranquilidad.

Sin insistir.Sin presión.Sin cambiar su expresión.

Y eso… lo hizo aún más difícil de entender.

Porque no era insistente.

Pero tampoco indiferente.

Era ese punto intermedio donde todo se vuelve confuso.

El resto de la noche pasó entre risas, música y momentos que intenté disfrutar.

Pero mi mente volvía a él.

A su forma de mirar.

A su forma de acercarse… y luego alejarse.

A lo poco que decía… y a todo lo que hacía sentir.

Cuando todo terminó y el cielo empezó a aclarar, me quedé en silencio observando cómo la noche desaparecía lentamente.

Y, por primera vez en mucho tiempo, alguien había logrado romper mi calma.

No sabía su historia.No entendía sus silencios.

Pero algo en mí ya había empezado a quedarse… donde no debía.

Y lo peor es que, en el fondo, lo sabía.