Recuerdos que Sangran

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Summary

Cada mañana, ella despierta sin recordar a la persona que más ama. Cada noche, olvida todo lo que han vivido. Él tiene una misión imposible: hacer que se enamore de nuevo… todos los días. Pero entre las pistas, los encuentros y los recuerdos que se escapan,empiezan a descubrir que no solo está olvidando su amor… Hay algo mucho más oscuro que alguien intenta mantener enterrado. Y recordarlo podría destruirlos a ambos.

Status
Ongoing
Chapters
8
Rating
n/a
Age Rating
16+

Misterio en el diario

No recuerdo cómo empezó todo esto… pero sí sé que nunca había sentido tanto miedo.

Desperté como cada mañana, con los rayos de sol entrando por la ventana de mi habitación. Todo parecía normal, demasiado normal incluso, como si el mundo no supiera lo que estaba a punto de descubrir.

Me incorporé lentamente, aún con esa sensación rara en el pecho que no sabía explicar. Miré hacia la mesita de noche, donde siempre dejaba mi diario. Era parte de mi rutina, algo casi automático: despertarme, cogerlo y escribir.

Pero esta vez… algo no encajaba.

Lo cogí entre mis manos.

Y entonces lo vi.

La última página ya tenía algo escrito.

Me quedé inmóvil.

No era mi letra.

La tinta era distinta, más firme, más segura… como si quien hubiera escrito allí no hubiera dudado ni un segundo. Como si supiera exactamente lo que estaba haciendo.

Tragué saliva.

Me acerqué más, intentando entender lo que estaba viendo. Mis dedos rozaron la página con cuidado, como si al tocarla pudiera encontrar una explicación.

Pero no había ninguna.

Y al final del texto, como si fuera una firma… había una sola inicial.

T.

Sentí un escalofrío recorrerme la espalda.

—¿Quién ha cogido mi diario? —susurré, sin darme cuenta de que había hablado en voz alta.

Mi corazón empezó a latir más rápido.

Me levanté de la cama de golpe. Miré alrededor de la habitación, como si esperara encontrar a alguien escondido. Pero estaba sola.

Totalmente sola.

Y aun así… tenía la sensación de que no lo estaba.

Me vestí rápido, casi sin pensar. Cogí lo primero que encontré: unos pantalones anchos de chándal gris y una sudadera negra con capucha. Me puse las gafas, mis deportivas blancas favoritas, y antes de salir miré otra vez el diario.

Por un momento dudé en dejarlo.

Pero no podía.

Lo apreté contra mi pecho.

—Necesito contárselo a Alicia —murmuré.

Salí de la habitación casi corriendo.

El pasillo parecía más largo de lo normal. Cada paso que daba hacía que mi mente intentara encontrar una explicación lógica. Quizás alguien había entrado. Quizás era una broma. Quizás… me estaba volviendo loca.

Pero ninguna de esas ideas encajaba del todo.

Porque había algo en esa letra… algo que me resultaba inquietantemente familiar, aunque no sabía por qué.

Bajé las escaleras con el corazón acelerado.

El campus empezaba a despertarse lentamente fuera, con voces lejanas, pasos, vida normal. Todo seguía su curso.

Menos yo.

Yo sentía como si algo se hubiera detenido dentro de mí.

Llegué a la habitación de Alicia sin pensar demasiado y abrí la puerta de golpe.

—¡Alicia! —exclamé, agitada.

Ella estaba sentada en su cama, mirando el móvil. Levantó la vista, sorprendida por mi entrada brusca.

—¿Qué pasa? —preguntó, frunciendo el ceño.

Me acerqué rápidamente y abrí el diario delante de ella.

—Mira esto.

Alicia dejó el teléfono a un lado y se inclinó hacia adelante. Sus ojos recorrieron la página en silencio.

El ambiente se volvió pesado.

Demasiado silencioso.

—¿Lo has escrito tú? —preguntó al fin.

Negué con la cabeza de inmediato.

—No. No es mi letra.

—¿Estás segura?

—Claro que estoy segura —respondí, más nerviosa de lo que quería admitir—. Yo no he escrito eso… no lo recuerdo.

Alicia volvió a mirar la página.

—Está firmado —dijo—. T.

Tragué saliva.

—Lo sé.

Hubo un silencio incómodo entre las dos.

—¿Conoces a alguien con esa inicial? —preguntó ella.

Me quedé callada unos segundos.

—No… creo que no —respondí, aunque mi voz no sonó del todo firme.

Alicia me miró con atención, como si intentara leerme.

—Sara… ¿estás segura de que nadie entró en tu habitación?

La pregunta me hizo tensarme.

—No lo sé —admití—. Pero eso es lo peor… no recuerdo nada extraño.

Y al decirlo en voz alta, sentí algo aún más inquietante.

No recordar nada.

Como si mi mente tuviera huecos.

Me senté a su lado, mirando de nuevo el diario.

Las palabras seguían allí, quietas, como si me estuvieran esperando.

—Es raro… —murmuró Alicia.

—No es solo raro —dije en voz baja—. Es como si… alguien supiera cosas de mí que yo no sé.

Alicia no respondió enseguida.

Se limitó a observarme.

Yo volví a mirar por la ventana. El campus estaba lleno de estudiantes, risas lejanas, normalidad.

Pero dentro de mí no había nada normal.

Era como si viviera en una versión del mundo que estaba ligeramente rota.

—Cada día es igual… —susurré— pero algo cambia. Algo pequeño. Algo que no sé explicar.

Alicia se acercó un poco más.

—No tienes que enfrentarte a esto sola.

Asentí, aunque no estaba segura de creerlo.

Me levanté y volví a mirar el diario.

La inicial seguía allí.

T.

Y entonces lo sentí otra vez.

Ese miedo.

Pero no era un miedo puro.

Era algo mezclado.

Miedo… y curiosidad.

Como si una parte de mí quisiera saber quién era esa persona.

Como si una parte de mí ya lo supiera.

Y mientras sostenía el diario entre mis manos, un pensamiento cruzó mi mente, silencioso pero imposible de ignorar:

No sabía quién era T…pero había algo en mí que sentía que no era la primera vez que ese nombre aparecía en mi vida.