FLORES DE PAPEL

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Summary

Llegué a casa con el ramo bajo el brazo. Era un gesto ridículo, lo sabía, pero me las han mandado; pensé que, tal vez, podrían darle algo de vida a esa habitación oscura donde el tiempo parece haberse detenido. Allí, lo único que tiene color son los rayos de sol que, a media tarde, atraviesan las cortinas como intrusos amarillentos.

Genre
Drama
Author
Almendra :3
Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
16+

Cha 1

Llegué a casa con el ramo bajo el brazo. Era un gesto ridículo, lo sabía, pero me las han mandado; pensé que, tal vez, podrían darle algo de vida a esa habitación oscura donde el tiempo parece haberse detenido. Allí, lo único que tiene color son los rayos de sol que, a media tarde, atraviesan las cortinas como intrusos amarillentos.

Dejé las flores cerca de la ventana. Recuerdo haber pensado que las pondría en agua en cuanto me quitara el abrigo, pero me quedé allí, de pie, observando cómo la penumbra de las esquinas devoraba la viveza de los pétalos. Al final, no hice nada. Me di cuenta de que, en realidad, ni me importaba en lo más mínimo; no creo que las rosas vayan conmigo. Pero supongo que debería ser agradecido con esa alma solitaria que se atrevió a regalármelas, aunque esa alma, por ahora, solo exista en el papel.

Me senté en el escritorio, frente a la ventana. El orden de los hechos dictaba que el silencio le pertenecía a ella; ella había actuado último, ella había dado el paso. Pero la espera es una forma de servidumbre que no estoy dispuesto a aceptar. Escribir, para mí, siempre ha sido un acto de defensa propia.

Hace tiempo que intercambio cartas con ella. Es una mujer bastante directa; no tiene miedo a preguntar las cosas con una franqueza que es sorprendente y no es común ver. Tomé la pluma y, con una caligrafía que se sentía ajena, escribí:

“He pasado el rato observando las rosas que me enviaste. Las dejé marchitarse en la ventana y ahora mismo voy a tirarlas. Si te soy sincero, no me gustan; no entiendo por qué elegiste algo que muere tan rápido para intentar decir algo que pretendes que sea eterno.

No malinterpretes mis palabras. Agradezco el gesto de las rosas y el hecho de que me escribas, de la misma forma en que se agradece un atardecer tranquilo y que da paz: como algo hermoso que solo existe para anunciar que el día se ha terminado. Dejando eso de lado mañana parece que lloverá. Dicen que la lluvia es melancolía, pero yo amo ese clima; el cielo gris no te pide explicaciones ni finge alegrías.

Solo una pregunta, ya que eres tan directa: ¿Qué pretendes encontrar en un hombre que prefiere la belleza de la soledad y el silencio a cualquier palabra que puedas dedicarle?”

Al tirar las flores muertas a la papelera, el sonido de los tallos secos contra el fondo del cesto fue lo único que rompió el silencio. No era un adiós, era una invitación a un juego que, posiblemente, ninguno de los dos sabía cómo ganar.