El derrame de un Café
Su nombre no se puede pronunciar, no porque no lo sepamos, sino por las consecuencias que tiene el nombrarlo.
En esa tranquila tarde de otoño me encontraba sirviendo un simple café a un señor muy elegante que usaba traje, tenía a sus acompañantes ocupando las otras mesas. Evidente yo ya sabía de que clase de persona se trataba, por lo cual siempre fui cuidadoso al hablarle y al servirle.
Recuerdo muy bien como un joven que pasaba por allí con su novia se veía muy reluciente demostrando su fuerza y energía, pero por un tropezón terminó ocasionando el derramamiento de el café de ese hombre tan temido por todos en el lugar.
Sorprendentemente el hombre no se enojo y le sonrió, pero el joven actuó con indiferencia diciendo que era la culpa de ese viejo por estar en el camino. Ese tal viejo que menciono simplemente se levanto y lo fusilo en el lugar ante la mirada de todos, los cuales no dijimos nada al respecto.
Su nombre era Rose, la cual ahora se quedó sola, la cual lloraba y pedía justicia ante el público, ella evidente quedó loca con el tiempo. Esto provocó una ganancia para mi ya que siempre volvía al lugar con ese sentimiento de nostalgia en su ser.
No hubo policías, no hubieron declaraciones, nunca hay nada en este pueblo silencioso, todo queda entre rumores y mentes sin nada.