🤐Keep Me⛓️2||Kookmin||

Summary

Secuestrado a los 18 y cautivo por 15 meses.   Se lee como uno de esos titulares.   Y sí, lo hice.   Yo lo robé.   Jimin, con su pelo oscuro y piel sedosa.   Él es mi debilidad, mi obsesión.   No soy un buen hombre.   Nunca pretendí ser uno.   Él me puede amar, pero no me puede cambiar. Puedo, sin embargo, cambiarlo a él.   Mi nombre es Jeon Jungkook, y Jimin es mío.   Adaptación No copias ni adaptaciones Que la disfruten 😌💜

Status
Complete
Chapters
31
Rating
n/a
Age Rating
18+

PRÓLOGO

Hay días en los que esa necesidad de hacer daño, de matar, es demasiado fuerte para negarla.

Días en los que la fina capa de civilización amenaza con desaparecer ante la menor provocación, dejando salir el monstruo interior.

Hoy no es uno de esos días.

Hoy lo tengo conmigo.

Vamos en el coche camino al aeropuerto.

Está sentado a mi lado y me rodea con sus brazos delgados y la cara apoyada en el hueco de mi cuello.

Mientras lo abrazo, le acaricio el cabello oscuro, disfrutando de su textura sedosa.

Ahora lo lleva un poco largo; no se lo ha cortado en diecinueve meses.

No desde que lo secuestré la primera vez.

Inhalo y huelo su esencia: es fresco, floral y exquisito.

Es una mezcla de champú y de la química única de su cuerpo; se me hace la boca agua.

Quiero desnudarlo entero, seguir ese aroma por todas partes y así explorar cada curva y cada recoveco de su cuerpo.

Me palpita el miembro y recuerdo de que acabo de tirármelo.

Sin embargo, eso no importa.

El deseo que siento por él es constante.

Me he acostumbrado a este deseo obsesivo, cosa que antes solía molestarme.

He aceptado mi propia locura.

Parece tranquilo, satisfecho, incluso, y eso me gusta.

Me gustar notarlo acurrucado a mi lado, cariñoso y confiado.

Sabe cómo soy yo en realidad y, aun así, se siente seguro conmigo; lo he enseñado para que sea así.

He hecho que me quiera.

Al cabo de un par de minutos, se mueve entre mis brazos, y levanta la cabeza para mirarme.

—¿Adónde vamos? —pregunta mientras mueve esas largas pestañas negras como si fueran un abanico.

Tiene ese tipo de mirada que desarmaría a cualquier hombre; unos ojos dulces y oscuros que me hacen pensar en sábanas enredadas y piel desnuda.

Hago un esfuerzo por centrarme, pero esos ojos me desconcentran como nada.

—Vamos a mi casa de Colombia —digo respondiendo a su pregunta—. El lugar donde me crie.

No he estado allí desde hace años, desde que asesinaron a mis padres.

Sin embargo, la finca de mi padre es una fortaleza y eso es precisamente lo que necesitamos ahora mismo.

Estas últimas semanas he instalado nuevas medidas de seguridad para que la propiedad quede prácticamente inexpugnable.

Nadie volverá a quitarme a Jimin, de eso me he asegurado.

—Pero, ¿te quedarás conmigo? —lo oigo preguntar en un tonoesperanzador y yo asiento, sonriendo.

—Sí, mi gatito, me quedaré contigo. —Ahora que lo he recuperado, las ganas de tenerlo cerca son demasiado fuertes; no puedo negarlo.

Antaño la isla era el lugar más seguro para él, pero ya no lo es.

Ahora ellos saben que existe y que es mi talón de Aquiles.

Por eso debo tenerlo a mi lado para poder protegerlo.

Se lame los labios y sigo con la mirada el camino de su delicada lengua rosada.

Quiero cogerlo por la nuca y acercarme su cabeza al regazo, pero consigo reprimir el deseo.

Ya habrá tiempo de sobra para eso después, cuando estemos en un lugar más seguro y menos público.

—¿Enviarás a mis padres otro millón de dólares? —Me mira con unos ojos grandes e ingenuos, pero capto un deje desafiante en su voz.

Me está poniendo a prueba, tanteando los límites de esta nueva etapa de nuestra relación.

Se me agranda la sonrisa y me estiro para ponerle un mechón de pelo detrás de la oreja.

—¿Quieres que les envíe dinero, mi gatito?

Me mira fijamente sin parpadear.

—En realidad no —contesta en voz baja—. Pero sí me gustaría llamarlos.

Le sostengo la mirada.

—De acuerdo, puedes llamarlos al llegar.

Abre mucho los ojos y veo que lo he sorprendido.

Esperaba que lo mantuviera cautivo otra vez, aislado del mundo exterior.

No se da cuenta de que eso ya no hace falta.

He conseguido lo que quería: lo he hecho completamente mío.