01 - FIESTA
La mรบsica vibraba con fuerza en las paredes de mรกrmol de la lujosa villa en la costa mediterrรกnea, una propiedad neutral cedida por Suiza para lo que, en teorรญa, era una โreuniรณn informal de descompresiรณnโ tras meses de tensas negociaciones climรกticas. Pero todos sabรญan que las fiestas entre naciones nunca eran simplemente fiestas; eran campos de batalla de ego, poder y, sobre todo, un deseo crudo y animal que flotaba en el aire como humo denso.
En el centro del salรณn principal, rodeado de potencias que le doblaban el tamaรฑo y la influencia econรณmica, se encontraba Argentina.
No habรญa llegado tarde por accidente. Le gustaba que el ambiente ya estuviera caldeado, que el alcohol hubiera empezado a aflojar las corbatas, las lenguas y las pollas debajo de los pantalones caros. Cuando cruzรณ el umbral, la conversaciรณn de un grupo cercano โliderado por un prepotente USA y un estoico Rusiaโ se detuvo por un microsegundo casi imperceptible. Argentina lo notรณ. Siempre lo notaba.
Su apariencia era, por decir poco, obscena. Con apenas 1,50 metros de altura, parecรญa una puta de porcelana perdida entre gigantes de acero. Su piel era de un blanco casi lunar, acentuada por ese cabello corto y nรญveo que enmarcaba un rostro de facciones finas y ojos de un celeste tan brillante que parecรญan emitir luz propia. Pero no era su rostro lo que mantenรญa las mandรญbulas tensas y las vergas endureciรฉndose. Era su ropa.
Llevaba una falda amarilla tan corta y elรกstica que se pegaba como una segunda piel a sus caderas medianamente anchas y descendรญa apenas lo justo para cubrir la mitad de su culo redondo y jugoso. Cada vez que daba un paso, la prenda se subรญa peligrosamente, dejando al descubierto el inicio de sus muslos regordetes y suaves, esa carne firme y pรกlida que invitaba a ser apretada, mordida y abierta. Arriba, una camisa blanca de seda, demasiado grande para su torso de cintura estrecha y abdomen plano, caรญa de uno de sus hombros, revelando la clavรญcula marcada y la curva suave de su pecho casi plano.
โยฟQuรฉ pasa? ยฟParece que vieron una puta en minifalda? โsoltรณ Argentina con una sonrisa ladeada, su voz era una mezcla de dulzura infantil y veneno puro.
Caminรณ hacia la barra de tragos con un contoneo exagerado, moviendo el culo de forma descarada bajo la tela amarilla, consciente de que el movimiento de sus nalgas redondas estaba siendo follado con la mirada por al menos veinte pares de ojos. Se sentรณ en un taburete alto, una tarea que requiriรณ que levantara bastante la pierna, haciendo que la falda se deslizara hacia arriba hasta casi mostrar el borde de sus bragas blancas y ajustadas, revelando una cantidad pecaminosa de piel clara y el suave pliegue donde el muslo se unรญa con la ingle.
โUn Malbec. Del mejor que tengan, no me traigan porquerรญas โle dijo al barman, mientras sentรญa una presencia pesada y caliente a su lado.
Era USA. El estadounidense lo miraba desde arriba, con esa mezcla de superioridad y hambre salvaje que Argentina conocรญa tan bien. Sus ojos bajaban sin disimulo hacia la entrepierna del argentino, donde la falda apenas cubrรญa el bulto suave de su polla pequeรฑa pero ya medio dura por la excitaciรณn del juego.
โPequeรฑo, creo que te equivocaste de secciรณn. La fiesta de putas baratas es en el piso de abajo โdijo USA, aunque sus ojos no se movรญan de los labios carnosos de Argentina ni del trozo de muslo expuesto.
Argentina se girรณ en el taburete, quedando de frente a รฉl. Abriรณ las piernas lentamente, lo suficiente para que la tensiรณn de la falda amarilla marcara todo su contorno: el monte suave de su pubis, la forma de su miembro semierecto y el borde de encaje de las bragas blancas que apenas contenรญan sus huevos tersos.
โยฟTe molesta mi ropa, Gringo? โArgentina alargรณ la mano y, con una lentitud tortuosa, acomodรณ el cuello de la chaqueta de USA. Se inclinรณ hacia adelante, dejando que su pecho rozara el brazo del otro y que su aliento caliente le diera en el cuelloโ. Pensรฉ que te gustaba lo... llamativo. O mejor dicho, lo fรกcil de follar.
Argentina bajรณ la mirada โsin quererโ hacia la entrepierna del estadounidense. Sus ojos celestes se dilataron con placer al notar el bulto grueso y grande que empezaba a tensar el pantalรณn de vestir, la forma evidente de una polla gruesa y venosa que ya palpitaba. Sintiรณ esa chispa de calor hรบmedo en su propio estรณmago y cรณmo su agujerito se contraรญa de anticipaciรณn, pero rรกpidamente la frialdad de su juego regresรณ. รl no estaba allรญ para entregarse como una perra en celo. Estaba allรญ para volverlos locos.
โTienes algo de pelusa aquรญ โsusurrรณ Argentina, pasando sus dedos con descaro por el abdomen de USA y rozando intencionalmente el borde del bulto caliente antes de alejarse con una risita burlona, dejรกndolo con la polla latiendo dolorosamente y la respiraciรณn agitada.
Se moviรณ por la fiesta como una puta en minifalda disfrazada de presa. Se acercรณ a Brasil, quien estaba riendo a carcajadas hasta que sintiรณ la mano de Argentina apoyarse en su hombro. Argentina se puso de puntillas para susurrarle algo al oรญdo, permitiendo que su cuerpo pequeรฑo se presionara contra el torso musculoso del brasileรฑo. Al bajar, โtropezรณโ ligeramente, agarrรกndose del brazo de Brasil y dejando que su falda se subiera hasta casi enseรฑar el culo entero, mostrando el inicio de sus nalgas pรกlidas y el hilo delgado de las bragas desapareciendo entre ellas.
โAy, quรฉ torpe soyโฆ debe ser el vino โmintiรณ, mirando a Brasil con esos ojos celestes brillantes, llenos de falsa inocencia mientras su culo rozaba el muslo del otro.
Brasil tragรณ saliva, sus manos grandes temblaron con el deseo brutal de bajar y apretar esos muslos regordetes, abrirlos y meterle los dedos hasta el fondo. Podรญa oler el perfume dulce mezclado con el leve aroma a excitaciรณn que emanaba del argentino.
โArgentinaโฆ no juegues con fuego, caralho โle advirtiรณ Brasil con la voz rota por el deseo.
โA mรญ me encanta el fuego. Lo que pasa es que a ustedes les falta polla dura para mantenerme lleno y gimiendo โrespondiรณ Argentina, dรกndose la vuelta y alejรกndose hacia una de las zonas de sofรกs mรกs apartadas, moviendo el culo con cada paso para que la falda siguiera subiendo.
Se sentรณ en un sofรก de terciopelo oscuro, cruzando las piernas de manera que la pierna de arriba quedara peligrosamente expuesta, casi mostrando todo el muslo hasta la ingle. El contraste de su piel blanca contra el amarillo chillรณn de la falda era casi hipnรณtico. Vio a lo lejos a UK observรกndolo con una mezcla de desprecio y una lujuria salvaje que intentaba ocultar tras su mรกscara de flema britรกnica. Argentina le dedicรณ un saludo con dos dedos y se lamiรณ el labio inferior con lentitud, dejando que su lengua rosada brillara, disfrutando de cรณmo el britรกnico desviaba la mirada, furioso por su propia verga endurecida.
A su alrededor, el ambiente se habรญa vuelto elรฉctrico y cargado de olor a testosterona. Otros paรญses lo miraban, algunos con rabia, otros con absoluta desesperaciรณn. Argentina veรญa los bultos gruesos marcando los pantalones, escuchaba los susurros sucios sobre cรณmo querรญan doblarlo sobre una mesa y cogรฉrselo hasta que llorara, y sentรญa un รฉxtasis casi embriagador entre las piernas. Le encantaba verlos sufrir, ver cรณmo se morรญan por bajarle esa falda amarilla, arrancarle las bragas y follarle ese culito apretado y virgen que tanto presumรญa.
โSigan mirando, hijos de putaโ, pensรณ Argentina, bebiendo su Malbec con elegancia mientras apretaba los muslos para sentir la humedad que empezaba a mojar sus bragas. โMiren todo lo que quieran, porque es lo รบnico que van a conseguirโฆ por ahora.โ
De repente, la mรบsica cambiรณ a un ritmo mรกs lento y pesado. Las luces se atenuaron aรบn mรกs. Argentina sintiรณ un escalofrรญo que le recorriรณ la espalda y le puso la piel de gallina. Una mano enguantada y frรญa se posรณ sobre el respaldo del sofรก, justo detrรกs de su cabeza.
โParece que te estรกs divirtiendo mucho, Argentina โdijo una voz profunda y con un marcado acento que no logrรณ identificar de inmediato, pero que le erizรณ los pelos de la nuca y le hizo contraer el agujeroโ. Pero jugar a la provocaciรณn en una habitaciรณn llena de lobos hambrientosโฆ es una estrategia peligrosa para alguien tanโฆ pequeรฑo y con el culo tan expuesto.
Argentina girรณ la cabeza, manteniendo su expresiรณn de suficiencia, pero sus ojos se abrieron un poco mรกs al ver quiรฉn estaba detrรกs de รฉl. No era uno de los sospechosos habituales. Era alguien que no solรญa participar en estas fiestas, alguien que lo miraba no con desesperaciรณn, sino con una determinaciรณn calculadora y oscura que Argentina no pudo leer del todo.
โยฟY quiรฉn dijo que yo soy la oveja? โretรณ Argentina, aunque por dentro, por primera vez en la noche, sintiรณ que el control de la situaciรณn empezaba a escapรกrsele de las manos y que su polla pequeรฑa palpitaba de miedo y excitaciรณn mezclados.
El desconocido se inclinรณ, su rostro quedando a milรญmetros del de Argentina. El olor a tabaco caro y algo metรกlico inundรณ los sentidos del argentino, junto con un calor que le llegaba directamente a la entrepierna.
โLas ovejas no usan faldas amarillas tan cortas para que les miren los muslos y se les vea el borde de las bragas mojadas. Pero los lobosโฆ los lobos a veces dejan que la presa crea que estรก ganando, solo para que la caรญda sea mรกs estrepitosaโฆ y para que el culo quede mรกs abierto cuando por fin lo partan en dos.
Antes de que Argentina pudiera responder con alguna frase mordaz, el desconocido dejรณ un pequeรฑo sobre negro sobre el regazo del argentino, justo sobre la tela amarilla de su falda, presionando ligeramente contra su miembro semierecto.
โTe espero en la habitaciรณn 404 en diez minutos. Si no vienes, le contarรฉ a todos el pequeรฑo secreto que guardas sobre por quรฉ realmente no dejas que nadie te toqueโฆ y lo que realmente quieres que te hagan.
El hombre se retirรณ entre las sombras antes de que Argentina pudiera siquiera verle bien la cara bajo la luz tenue. Argentina se quedรณ helado, con el sobre negro quemรกndole la piel de los muslos, el corazรณn martilleando contra sus costillas y un calor traicionero mojando cada vez mรกs sus bragas blancas. Mirรณ a su alrededor; USA lo vigilaba desde la barra con la polla todavรญa marcada, Brasil lo buscaba con la mirada hambrienta y UK parecรญa a punto de acercarse para reclamar lo que creรญa suyo.
Pero el juego acababa de cambiar de reglas. Argentina apretรณ el sobre con fuerza, sintiendo cรณmo su seguridad y su fachada de provocador intocable se tambaleaban por primera vez, mientras su culito apretado latรญa de anticipaciรณn y terror.








