Destinos entrelazados

All Rights Reserved ©

Summary

No es solo lo que pasó… es lo que están evitando enfrentar. Matt, Kath y Edd siguen juntos, aunque probablemente ya no deberían estarlo. Hay cosas que no se dicen, decisiones que se tomaron demasiado rápido y momentos que cambiaron todo sin que nadie lo notara a tiempo. Aquí no hay historias perfectas. Hay amor que se complica, amistades que se desgastan y silencios que pesan más que cualquier explicación. Cada historia es un punto de quiebre: una elección mal hecha, una verdad a medias o algo que simplemente se salió de control. Y aunque intenten seguir como si nada… hay cosas que ya no se pueden ignorar. Esto ya está en tu tono: Más directo, menos “poético bonito” Sin frases motivacionales Con tensión constante Y deja claro que hay drama real sin explicar de más Si quieres, puedo hacer una versión todavía más cruda (más incómoda, tipo “esto se va a poner feo”) o una un poco más caótica tipo tus vibes iniciales.

Genre
Drama/Humor
Author
Carol
Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Los franceses perdidos


Matt suspiró pesadamente mientras miraba a las dos personas a su derecha e izquierda. La chica castaña se acomodaba en su lugar y se quitaba dos rodajas de pepino de los ojos; a su izquierda, un chico de ojos verdes esmeralda se concentraba en lo que parecía un partido de hockey. Matt volvió a suspirar, mirando hacia otro lado y tocando su mejilla con un dedo; tanto su rostro como el de los chicos a su lado lucían cubiertos con una mascarilla de avena para la piel.

El lugar era lindo. Miró las tres camillas frente a ellos. Las paredes pintadas de un color azul pastel daban cierta tranquilidad. Los cuadros pequeños de chicas coreanas con piel perfecta colgaban por todas partes. Además, el olor a incienso y aceites aromáticos le daba un estilo único.

—¡No puedo creer esto! —le interrumpió Kath mientras extendía la revista. Él rápidamente la tomó para ver de qué hablaba su hermana—. Más libros —suspiró pesadamente, haciendo una pausa para después continuar—. No sé cómo escribe tan rápido. Ni siquiera he terminado de leer el último, aunque claro no me quejo; entre más para leer, mejor.

—Vamos, no te quejes. De seguro lo terminarás más pronto de lo pensado —el chico de cabellos rubios dorados se acomodó en su asiento, fingiendo prestar atención al partido de la televisión.

—Tenemos que irnos pronto, necesitamos ir a la universidad —les avisó Edd.

—Estás loco, hoy es sábado, no tenemos clases. Además, quedamos en que hoy sería nuestro día de spa y no pienso moverme de aquí hasta tener un buen masaje —le contestó Matt.

—Tenemos que ir, somos parte del consejo estudiantil, debemos representar a nuestra carrera. Monse y Jackson irán en representación de los de abogacía, y James y Luna de los de medicina —explicó Edd.

—¿Reunión de qué? ¿Para qué quieren a los representantes de todo el campus? —le cuestionó Kath.

—¿Cómo que reunión de qué? —los miró exasperado—. Los chicos llevan diciéndonos una semana de la reunión de hoy. Quedamos en organizar el viaje de fin de año, debe ser algo increíble; lo prometimos en nuestra campaña.

—Es verdad —le dio la razón Matt, recordando todas las veces en las cuales sus amigos le dijeron de no olvidar la reunión—. ¿Y por qué no nos lo dijiste en la mañana? Kath y yo organizamos todo el día en el spa.

El pelinegro se quedó en silencio por un momento, pero Kath y Matt lo miraban insistentemente esperando una respuesta.

—Está bien, yo también lo olvidé —terminó por admitir Edd—. Solo me acordé porque James me envió un mensaje preguntando si pronto llegaríamos.

Kath suspiró mientras empezaba a quitar su mascarilla.

—Entonces hay que darnos prisa —dijo la chica, algo resignada.

***

Los chicos no dijeron nada más y pidieron les retiraran las mascarillas. En cuestión de minutos estaban en el auto. Había muy pocos vehículos en el estacionamiento; solo venían a clases los alumnos extracurriculares. Se dirigieron a la sala de profesores, donde los esperaban Monse, Jackson, Luna y James. La directora Heather los invitó a tomar asiento; era una persona muy amable y agradable, lo cual les permitía mantener una excelente relación con ella. La reunión no fue muy larga; todos estaban a favor de realizar el viaje a Porto de Galinhas, una playa hermosa, y acordaron hacer una reserva en una de las zonas altas del lugar.

—Ese viaje suena increíble, tendremos muchas cosas por organizar —la chica pelirroja de ojos castaños veía a los tres chicos algo emocionada.

—Tendremos mucho trabajo —dijo una voz masculina detrás de los cuatro chicos, pasando la mano por sus rizos castaños.

—Pero valdrá la pena, Jackson. Además, Monse tiene razón, será divertido ir de viaje juntos —sonrió Matt y siguieron caminando por el pasillo.

—Debe ser algo espectacular —añadió James caminando junto a ellos.

—Lo será —aseguró Luna con una sonrisa, viéndose emocionada por empezar a planear todo.

***

—¡Kath, date prisa, se nos hace tarde! —Kath bajó rápidamente y casi perdió el equilibrio en el último escalón por llevar tantas cosas, pero con buenos reflejos, Matt la alcanzó para evitar la caída.

—Kath, ten cuidado —le regañó el rubio—. No es necesario morir antes de tus vacaciones —dijo ayudándole con las maletas—. ¿Por qué llevas tantas cosas?

—Uno nunca sabe cuándo necesitará un increíble outfit —respondió Kath—. Tú más que nadie debería saberlo —los ojos castaños de la chica miraron las maletas en la entrada de la casa—. ¿En serio, Matthew? Te quejas de mí cuando parece que te irás de vacaciones por seis meses.

—Uno nunca sabe cuándo necesita un increíble outfit —le respondió con sus propias palabras—. Sabemos que el único con una cantidad razonable de ropa será Edd.

—No puedo argumentar nada ante eso —terminó cediendo la castaña.

***

Los rayos del sol les molestaban. Se giraron en su lugar, abriendo los ojos, y en ese momento, un horrible dolor de cabeza se hizo presente. El rubio soltó un quejido; le dolía todo el cuerpo y sentía unas horribles ganas de vomitar. Trató de levantarse apoyando las palmas de sus manos en... ¿arena? ¿Dónde diablos estaba? Iba a levantarse hasta que sintió un peso en sus muslos. Arqueó la ceja y miró lo que impedía su movimiento. Trató de enfocar bien y se dio cuenta de que era una cabellera castaña con rizos reconocibles de inmediato. Quitó la cabeza de Jackson tratando de no despertarlo y se levantó tambaleándose un poco. Miró a su alrededor viendo a Kath y Edd recostados en la arena, donde había ¿sombra? Miró hacia arriba y se percató de que estaban en una especie de media cueva y alrededor solo había mar.

—¡¿Cómo vamos a salir de aquí?! —Matt fue donde estaba Monse y la movió para despertarla. La chica se movió algo atontada; seguramente tendría el mismo dolor de cabeza. Los demás no tardaron en despertar, todos confundidos sin saber dónde estaban, además de la horrible resaca.

—¡Perfecto, ahora estamos secuestrados! —dijo Matt con mucho dramatismo, pero debía admitir cierto miedo; no tenía idea de dónde estaban ni cómo habían llegado ahí y, aún más importante, ¿cómo se supone saldrían? Si estaban en medio de la nada y no había señal como para hacer una llamada o al menos publicar que moriría.

—No creo que estemos secuestrados, alguien nos tendría que estar cuidando —Jackson suspiró pesado y se recargó en una roca; parecía como si su cabeza fuera a caerse.

—Necesitamos salir de aquí —Monserrat arregló su cabello muy despeinado e hizo un moño con su propio cabello.

—Bueno, creo sería importante recordar qué hacemos aquí, así sabríamos cómo volver —opinó Kath.

Todos se quedaron en silencio por unos minutos, pensando y tratando de hacer su mayor esfuerzo por recordar cómo habían llegado ahí. Entonces, a la mente de Matt vino un recuerdo...

***

Las horas en avión habían sido algo largas, pero todos esos días en esa hermosa playa habían sido increíbles... bueno, casi perfectos. En los dos días allí, no habían podido beber ni una gota de alcohol; los profesores les tenían prohibido organizar fiestas con sustancias embriagantes, temiendo dañar la imagen de la universidad. Aun así, no era nada que este trío no pudiera solucionar.

—Ya me encargué del alcohol, solo hay que pasar a recogerlo. Monse y Jackson ya les dijeron a los chicos más confiables para que vayan a la fiesta —el de ojos azules sonrió algo victorioso por su perfecto plan.

Kath entró a la habitación, cerrando rápidamente la puerta detrás de ella.

—Listo, me encargué de las profesoras. Puse algunas gotitas en sus bebidas para que duerman profundamente —en un ágil movimiento recogió su cabello en una cola alta no muy derecha.

—Lo del transporte, el lugar y la música también está listo. Nos iremos en un camión esperándonos a dos cuadras de aquí, para que no se vea sospechoso que varios chicos caminen en la calle —informó Edd.

—¡Pues a ponernos guapos! —Matt tomó una de las toallas en la cama—. ¡Yo me baño primero! —y antes de que pudieran decir algo, se había adentrado al baño.

***

—Recuerdo lo de la fiesta y todo el plan, además de haber subido a ese avión del viaje organizado —hizo una ligera pausa; en realidad recordaba muy poco y esos pocos recuerdos eran algo confusos.

Era extraño no recordar tres días de sus vidas. Resultaba inusual no recordar la noche anterior debido al exceso de alcohol consumido, pero lo más desconcertante era olvidar un período completo de tres días. Lo curioso era que, de entre los cinco, al menos uno debería recordar algo; sin embargo, ninguno parecía tener ningún recuerdo de ese lapso de tiempo.

—¡Perfecto, ahora son los aliens los que nos secuestraron y nos borraron la memoria! —exclamó Edd, algo fastidiado por la conversación, y se sentó junto a Jackson.

—Bueno, tenemos que hacer un esfuerzo por recordar. Ahora sabemos que estamos aquí por la fiesta organizada —los ojos marrones de Monse miraron a Edd con interés—. Tú eres el que nos trajo aquí; debes de saber algo más.

—Recuerdo que nos subimos al camión y nadie nos descubrió. Como no había nadie, usamos una soga atada a una palmera. Así, todos fuimos bajando y, con ayuda de bolsas, bajamos las botellas con cuidado, al igual que las bocinas —se quedó un momento pensando.

—Ya sabemos cómo llegamos aquí —Kath observó cuidadosamente todo alrededor—. Pero no hay rastro de botellas, comida o las bocinas. Además, somos los únicos que nos quedamos varados aquí y sin recordar mucho.

***

—Hasta hoy te recuerdo escuchando a una misma triste canción, sigo yo... lentamente ahogándome solo en mi habitación, día con día camino en las calles sin una esperanza, imaginando pensando si tú todavía me recuerdas... —En ese momento, los tres tomaron su micrófono para cantar al unísono.

«(Uoh, uoh)

(Uoh, uoh)

(Uoh, uoh)

Y no quiero olvidarte, tal vez tú regreses

Y aquí yo estaré, esperándote, amor

No lo puedes llegar a negar

Tú y yo somos uno mismo (uoh)»

La gente aplaudía, soltaba algunos gritos de “wuuu”, y también algunos chiflaban, como si se tratara de una banda famosa y ellos los mayores fans. Matt no sabía si era agradecimiento por la gran fiesta organizada o por lo alcoholizados que estaban, porque no podía creer fuera porque cantaran muy bien.

***

Ahora entendía por qué le dolía tanto la garganta, y esa no era la única canción cantada.

***

El mariachi se escuchaba de fondo, y los cinco amigos estaban preparados para empezar a cantar. Definitivamente estaban mucho más alcoholizados desde que habían cantado la otra canción.

Monserrat fue la primera en cantar: “Para que me haces llorar, que no ves cómo te quiero”.

Kath siguió con la canción: “Para que me haces sufrir, que no ves que más no puedo”.

—“Yo nunca, nunca había llorado y menos de dolor ni nunca, nunca había tomado y menos por un amor” —el chico de rizos castaños cantaba con mucha inspiración.

Matt aclaró la garganta para cerrar por unos segundos los ojos, sintiendo como si se la estuviera dedicando a alguien: “Porque me haces llorar, y te burlas de mí, si sabes tú muy bien que yo no sé sufrir”.

Los ojos color esmeralda del chico de cabello negro azabache se concentraron en el público para empezar a cantar: “Yo me voy a emborrachar, al no saber de ti, que sepan que hoy tomé, que hoy me emborraché, por ti”.

Después de terminar de cantar la canción, los amigos se habían separado, y cada uno estaba ocupado en lo suyo. Matt estaba tomando con Jackson, y tenían una conversación interesante. Poco tiempo después, Monse se acercó a ambos, apoyándose en Jackson para dejar de tambalearse. Matt buscó a sus amigos con la mirada: Kath tenía una conversación con uno de los chicos de la universidad, y él parecía muy atento a cada palabra saliendo de la chica.

Pasaron la mayor parte de la noche divirtiéndose. Matt estaba tomando un buen trago de tequila cuando casi lo escupió, sintiendo un golpe en el estómago. Se giró para ver qué había pasado y vio a Kath, quien se reía a carcajadas mientras sostenía una pistola de juguete disparando pintura. Edd le hizo una señal a Matt para que atrapara la pistola, y con un ágil movimiento, lo logró. Entonces, todo se convirtió en una gran pelea para evitar mancharse con pintura.

Matt recordaba haber terminado en el agua porque tropezó con Edd, lo que causó que ambos cayeran al mar. Sus amigos y algunas personas bailando se unieron a ellos, lanzándose al agua. La fiesta había comenzado con música animada para bailar en la arena, canciones conocidas por todos, y luego pasaron a canciones más melancólicas. Finalmente, terminaron jugando en el mar.

***

Un tirón en el brazo hizo que Matt volviera al presente. Miró a Kath, quien le hizo una señal para que guardara silencio y se pusiera de pie. Un tanto confundido, le hizo caso. Ella señaló con el dedo a una persona mirando hacia la cueva, tratando de encontrar algo y llevaba un uniforme azul, lo cual le hizo suponer era un policía. Matt prefirió adentrarse más en la cueva para reunirse con los demás.

—Es un policía, debemos hacer ruido para salir de aquí —opinó Matt, informándoles a todos.

—Pero es ilegal estar aquí, más cuando es de noche y con toda la fiesta hecha ni decir —explicó Jackson.

—Bueno, si no hacemos nada, no vamos a poder salir. Conforme vayan pasando las cosas, veremos qué hacer —dijo el rubio, sin esperar a que ninguno de sus amigos pudiera responder.

Matt se puso los pantalones sobre el short y se colocó la camiseta antes de salir a pedir ayuda. Al parecer, todos los turistas subían y bajaban por una especie de escalera con forma de lazos, y los cinco subieron, sabiendo lo que les esperaba.

—No pueden estar aquí y menos quedarse ahí, me temo tendrán que acompañarme a la comisaría.

Matt miró a sus amigos sonriendo en su interior; se le había ocurrido un plan: “Me paenitet sed non potest intelligere, quia ego sum, et ego hinc amissa” —dijo eso con un francés muy fluido y fingiendo no haber entendido lo dicho, esperando que el plan funcionara. Miró con atención al policía, esperando su reacción y se sintió victorioso cuando hizo una mueca y suspiró pesado; no había entendido nada de lo dicho. Sabía perfectamente que la ley decía que no podían arrestarlos sin que una persona llegara para poder traducir. Debía agradecer a las extensas pláticas escuchadas de Monse y Jackson hablando de leyes.

Puso sus manos atrás de su espalda haciendo una seña: “Je vous distrait, vous allez à l’hôtel et je vous y rencontre, ne les voyez pas”. Sabía que Kath hablaba perfectamente francés al igual que él, así que ella entendería lo dicho.

Siguió hablando en francés para distraerlo; se veía tan confundido que solo se concentraba en entender alguna palabra saliendo de la boca del rubio. Los demás con cuidado fueron alejándose. Los ojos azules miraron cómo el policía se dio la vuelta para hacer una llamada, así que sin pensarlo dos veces, salió corriendo. Se escuchó como el policía gritaba “¡Hey!“; sin embargo, en ningún momento pararon de correr. Habían corrido tanto y tan rápido que sentía como si su corazón se le fuera a salir del pecho.

El rubio entró a un centro comercial; así sería mucho más fácil perder al policía. Se fue al área de ropa, donde se puso un gorro de lana para que no le pudieran reconocer tan fácilmente y también unas gafas negras. Siguió caminando por el centro comercial, pensando cuándo sería preciso salir de ahí. Estaba tan metido en sus pensamientos que se asustó cuando alguien lo jaló del brazo, pero se tranquilizó al ver eran Kath y Monse.

—Qué bueno que estás bien, estábamos preocupadas y estábamos pensando en volver por ti —se acomodó la peluca de color rosa fosforescente.

—¿De dónde sacaron eso? Se ven terribles —se rió suavemente y miró la peluca verde fosforescente de Monse.

—Ya sé, son horribles, pero son lo único que encontramos —Monse definitivamente no se veía muy conforme con su peluca verde.

—¿Dónde están Jackson y Edd? —Matt preguntó al mirar que alrededor no había nadie más que algunas señoras comprando su despensa.

—Nos separamos cuando entramos; irían a buscar algo para que no los reconocieran, y Monse y yo nos fuimos a donde las pelucas.

—Bueno, yo no los vi cuando fui por el gorro y los lentes.

—Voy a marcarle a Edd para saber dónde están, y tú llama a alguien del hotel para que venga por nosotros en algún auto —Kath sacó su teléfono de su bolsa, y Matt buscó el suyo. Metió la mano en su bolsillo trasero y sintió un gran alivio al encontrarlo. Buscó en sus contactos pensando a quién llamar, hasta que encontró el número de James; sería la opción más viable.

—¿Hola? Sí, James, estamos dentro de lo que cabe bien, pero necesitamos un favor —hizo una pausa esperando su respuesta hasta que dijo que sí—. Estamos en un centro comercial, uhmm... —miró a su alrededor tratando de encontrar cómo se llamaba este lugar— “Moreka”. Necesitamos que traigas un auto y te esperaremos en la salida, vale, gracias, me tengo que ir —colgó el teléfono, jalando de los brazos de Monse y Kath para que se metieran a un pasillo y voltearan; por estar distraídos no se habían dado cuenta de que el policía pasaba por allí. Pero al parecer, gracias a sus disfraces, no se había dado cuenta, y solo cuando se había alejado lo suficiente, Matt habló.

—Kath, ¿qué te dijo Jackson?

—Me dijo que nos viéramos en la salida; al parecer, cuando le marqué, el policía estaba cerca. Entonces, quiere decir que no estamos tan lejos de ellos, porque apareció muy rápido aquí —guardó su teléfono en su bolso.

—Perfecto, le marqué a James para que viniera por nosotros, así que deberíamos irnos yendo a la salida, pero hay que ser muy cautelosos por donde caminamos —caminaron por todo el centro comercial; estaban de extremo a extremo, sintiendo su corazón latir rápido y cierta adrenalina porque el poder ser descubiertos traería drásticas consecuencias que ni siquiera quería imaginar. Su corazón se tranquilizó al ver a Jackson y Edd. Jackson llevaba una peluca negra de cabello muy largo, dando hasta la cintura, y Edd se había puesto una gorra y unas gafas de sol rosas.

—Vaya, y pensé que Monse y Kath se veían ridículas —rió fuerte; vaya que se veían ridículos. Pero antes de que alguno de ellos se pudiera quejar, vieron que el policía se aproximaba. Por impulso, salieron de la tienda corriendo, lo cual había sido una mala decisión; las alarmas habían sonado porque no se habían quitado las pelucas, gafas y gorros. —¡Corran! —todos salieron corriendo, y en ese mismo momento había llegado James. Abrieron las puertas del auto y subieron lo más rápido posible. Monse había subido a la parte del copiloto, y los demás subieron atrás.

—¡James, arranca rápido! —había gritado Edd. James, al ver la situación, arrancó rápido, perdiéndose entre los autos y las calles—. ¿Qué demonios les pasó? Luna y yo los llevamos buscando toda la mañana. Faltan unos minutos para que el autobús nos lleve al aeropuerto y volver a California.

—¿De dónde sacaste este auto? ¿Lo robaste? —respondió Edd, ignorando todo lo dicho por el chico de ojos azules y cabello castaño despeinado.

—Robé las llaves del auto de uno de los huéspedes del hotel. Me hice pasar por el que acomoda los autos trabajando para el hotel —siguió conduciendo. Rápidamente habían llegado al hotel. Entraron al estacionamiento y dejaron las llaves en la recepción. Luna y James habían llevado el equipaje de todos al autobús al darse cuenta de que no aparecían, así que los chicos se dirigieron directamente al autobús, donde los esperaba una maestra muy molesta.

—¿Dónde estaban? Los estuvimos buscando por todas partes.

—Siempre hemos estado aquí, profesora, solo que nos fuimos al salón del hotel a agradecer a los dueños por el hospedaje y la cortesía de bocadillos hechos. Ya se lo habíamos comentado. De hecho, la estuvimos esperando y usted nunca llegó —Matt se sintió feliz por lo convincente que había sido Kath con lo dicho; había sonado muy segura de sí misma.

La maestra se sonrojó un poco y se disculpó, diciendo que había tomado una larga siesta más de lo pensado. Tomaron asiento hasta atrás, cerca de Luna, quien los esperaba. Le agradecieron por guardar su equipaje y empezaron a contar la historia de todo lo sucedido entre risas; vaya que habían tenido una gran aventura. Seguramente no podrían volver a aquella playa en un muy largo tiempo, y tampoco sabrían que su pérdida de memoria se debió a un pequeño accidente de Jackson con las bebidas.