Ese día no llore por la mordida

All Rights Reserved ©

Summary

No lloré por la mordida. O al menos eso creí. A veces, lo que más duele no es lo que pasa… sino todo lo que ya venías cargando.

Genre
Drama
Author
Joel
Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
13+

Capítulo 1

Lo que dolió no fue la mordida

O al menos eso creí al inicio.

La sangre bajaba por mi pierna, mi mamá intentaba limpiarla y mi papá... mi papá estaba acariciando al perro como si nada hubiera pasado.

Y fue en ese momento cuando entendí algo que me costó años aceptar.

Nunca fue solo esa herida. Nunca lo fue.

Porque antes de eso... hay un contexto. Me dio uno de esos ataques que no me daban hace tiempo, y es difícil de explicar porque no soy alguien que hable mucho de lo que siente.

La relación con mi papá nunca fue la mejor. Desde pequeño crecí con padres que estaban más ocupados trabajando que estando conmigo, así que aprendí a criarme solo, por decirlo así. Sí, estaban mis hermanas, pero no es lo mismo.

Nunca supieron que sufrí bullying, ni que no tenía amigos. Y no se los decía. ¿Para qué? A veces incluso me metía en problemas solo para llamar su atención... suena tonto, pero era un niño.

Mi papá no era un hombre cariñoso. Muchas veces se desquitaba conmigo, tanto con palabras como con golpes. No quiero hacerme la víctima, solo estoy contando cómo fue. Hubo días en los que ni siquiera iba a la escuela para que no vieran mi cara golpeada.

Con el tiempo, las cosas cambiaron... o al menos un poco. Mi mamá dejó de trabajar y se volvió mi lugar seguro. Con ella aprendí cosas simples, como cocinar o ayudar en la casa.

Pero incluso eso era motivo de críticas. Mi papá siempre decía que eso era “de hombres débiles”, que parecía “gay” por ayudar. Y aunque ahora suene absurdo, en ese momento te marca.

Crecí sintiendo que nunca encajaba. En el colegio tampoco tenía amigos reales, solo personas que venían y se iban. Así que me acostumbré a eso: a que la gente se aleje.

Ya en bachillerato hice algunos amigos, y aunque ya no hablamos mucho, los considero reales. También tuve una etapa rebelde: discutía, peleaba... supongo que era todo lo que llevaba dentro saliendo de alguna forma.

Mi papá cambió de trabajo, y empecé a verlo más. Ya no había golpes, pero los insultos seguían. Nunca fue un papá emocional. Nunca un “estoy orgulloso”, nunca un abrazo.

Luego nacieron mis sobrinas, y algo en él cambió. No del todo, pero sí un poco. Se volvió más suave... aunque no conmigo.

Y ahí entra el perro.

Un perro de la casa. Un perro que solo quiere a mi papá. Un perro que él sobreprotege demasiado.

La primera vez que me mordió fue sin razón. Estábamos comiendo, me acerqué a la cocina y de la nada me atacó. Sangre, gritos... mi mamá se enojó, pero mi papá solo lo calmaba.

Pasó más veces. Incluso mordió a mis sobrinas. Eso causó muchas discusiones. Yo llegué a insultar a mi papá por eso, y sí, sé que está mal... pero me molestaba que defendiera más al perro que a nosotros.

Hasta que llegó ese día.

Hace un mes.

Me acerqué a la cocina... y el perro se lanzó. Se prendió de mi pierna como si quisiera arrancarla. Yo sin hacerle nada.

Mi mamá reaccionó. Yo estaba sangrando. Y mi papá... solo lo amarró y me dijo que si quería, le pegara.

No lo hice.

Aprendí que no todo se arregla con golpes.

Pero lo que vino después... eso fue lo que me rompió.

Porque mientras yo estaba herido, sentado, con la pierna abierta... lo vi.

Lo estaba acariciando.

Como si nada hubiera pasado.

Y a mí ni siquiera me preguntó cómo estaba.

Ahí fue cuando lloré.

Pero no por la herida.

Lloré por todo lo acumulado. Por la frustración. Por la rabia. Por la tristeza de sentir que no le importo lo suficiente.

Él pensó que lloraba por el dolor físico. Me decía que para qué lloraba si no había hecho nada.

Pero no entendía nada.

Nunca entendió...y creo que nunca lo hará.

Me fui a mi cuarto, y empecé a recordar todo.

Las veces que quise abrazarlo y me rechazó. Las veces que quise afecto y recibí burlas. Las veces que simplemente necesitaba un papá... y no lo tuve de esa forma.

Y lo peor es que ahora él se queja de que yo no soy expresivo con él.

¿Cómo iba a serlo?

Ese día abracé a mi mamá como nunca antes. Lloré con ella. Le dije todo.

Y entendí que no solo era yo.

Ella también había vivido cosas similares.

A veces me guardo todo porque siento que nadie entendería. Porque hay gente que ni siquiera tiene papá, y dirán que debería agradecer.

Pero... ¿Qué es peor?

¿No tenerlo?¿O tenerlo y sentirlo lejos?

No lo odio.

Lo quiero.

Y mucho.

Pero eso no quita que duela.

Porque sí, él estuvo. Nos dio todo lo material. Nunca nos abandonó.

Pero a veces... eso no es todo.

Y entendí algo ese día...que hay heridas que sangran por fuera, y otras que llevan años abiertas por dentro.

Yo no lloré por la mordida.

Lloré por todo lo que nunca se dijo, por todo lo que nunca fue, y por todo lo que, tal vez, nunca va a ser.

Aun así... lo quiero.

Y quizás eso es lo que más duele.

Querer a alguien que nunca supo cómo quererte.