ONE SHOT
La Confesión que No Se Puede Huir
Estaban en la cama king size de la habitación principal, envueltos en las sábanas negras de seda. Babe estaba encima de Charlie, con la cabeza apoyada cómodamente sobre su pecho desnudo. El corazón de Charlie latía fuerte y constante bajo su oreja. Después de la intensidad del sexo contra la pared, el silencio que los rodeaba era cómodo, cálido y lleno de esa confianza sólida que habían construido.
Charlie tenía una mano grande descansando en la espalda baja de Babe, acariciando lentamente su piel con movimientos perezosos. Todo parecía perfecto.
De repente, los ojos de Babe se llenaron de lágrimas. No eran de dolor, sino de una emoción abrumadora que no podía contener más. Parpadeó varias veces, pero una lágrima escapó y cayó sobre el pectoral de Charlie.
Babe murmuró con voz muy baja y temblorosa:
—Cachorro…
Charlie, sin ver su rostro por la posición, contestó con calma, aún acariciando su espalda.
—¿Qué pasa, mi amor?
Babe se quedó en silencio unos segundos, tragando saliva.
— No…es nada.— respondió, intentando sonar normal.
Charlie frunció ligeramente el ceño. Conocía demasiado bien ese tono.
—Babe…dime qué pasa. No me digas “nada” cuando claramente algo te está afectando.
Babe negó con la cabeza, aún escondido contra su pecho.
—De verdad, no es importante.
Charlie insistió con voz más firme, pero aún suave:
—Mi amor, si te está poniendo así, sí es importante. Háblame. Sabes que puedes contarme cualquier cosa.
Babe permaneció en silencio un poco más.
Otra lágrima cayó, y luego otra. Charlie sintió la humedad cálida en su piel. Se preocupó de inmediato y levantó la cabeza para mirarlo.
—Babe…
Babe finalmente levantó la cara. Sus ojos azul grisáceo estaban llenos de lágrimas, las mejillas húmedas. Verlo así le dolió a Charlie en el pecho de una forma que nunca había sentido.
—Babe…— susurró Charlie, la voz ronca por la preocupación.
Babe respiró hondo, la voz quebrada pero honesta:
—Te amo…Te amo mucho más de lo que te imaginas. Lo que siento por ti es cada vez más grande. ¿Y tú me amas, Cachorro?
Charlie se quedó en silencio por unos segundos, procesando la profundidad y la honestidad cruda de la confesión de Babe. No era que no sintiera lo mismo; simplemente la intensidad lo había tomado por sorpresa.
Babe malinterpretó ese silencio. Sus ojos se llenaron de más lágrimas y empezó a incorporarse rápidamente, intentando levantarse de encima de Charlie para huir de la habitación.
— Olvídalo…— murmuró con voz rota, moviéndose hacia el borde de la cama.— No debí decir nada…
Charlie reaccionó al instante. Con un movimiento dominante y posesivo, lo agarró por la cintura con ambas manos y lo volvió a tumbar sobre la cama, inmovilizándolo debajo de su cuerpo imponente. Sus piernas separaron las de Babe y su peso lo mantuvo atrapado contra el colchón.
—¿A dónde crees que vas?— preguntó Charlie con voz grave, baja y autoritaria, mirándolo directamente a los ojos.— No vas a huir de mí. Nunca.
Babe intentó girar la cara, pero Charlie tomó su mentón con firmeza y lo obligó a mirarlo.
—Mírame.— ordenó Charlie.— No te atrevas a malinterpretar mi silencio. No es que no te ame. Es que nunca nadie me había dicho algo así con tanta honestidad. Me tomaste por sorpresa.
Babe parpadeó, las lágrimas aún cayendo.
Charlie se inclinó más cerca, su nariz rozando la de Babe, su voz volviéndose más ronca y posesiva:
—Te amo, Babe. Te amo como nunca he amado a nadie. Desde el momento en que te vi luchando en esa calle, algo dentro de mí cambió. Eres mío. Mi socio, mi amante, mi todo. Y no voy a permitir que huyas porque crees que no siento lo mismo.
Babe sollozó suavemente, pero esta vez de alivio.
—¿De verdad?— preguntó con voz temblorosa.
Charlie asintió, sus ojos grises intensos y llenos de determinación.
—De verdad. Te amo tanto que me duele cuando intentas alejarte. Eres la única persona en el mundo que puede hacerme sentir vulnerable…y al mismo tiempo, la única que me hace sentir invencible. No vuelvas a dudar de eso.
Babe levantó las manos y las colocó en las mejillas de Charlie, acariciándolas con ternura.
—Te amo, Cachorro…tanto que da miedo.
Charlie sonrió con esa sonrisa rara y genuina, pero su expresión siguió siendo dominante cuando bajó la cabeza y besó a Babe con profundidad, posesión y devoción.
—Entonces quédate aquí.— murmuró contra sus labios.— Deja de huir. Eres mío, y yo soy tuyo. ¿Entendido?
Babe asintió, las lágrimas aún brillando en sus ojos, pero ahora con una sonrisa pequeña y feliz.
—Entendido…mi amor.
Charlie lo abrazó con fuerza, rodando para que Babe volviera a quedar encima de su pecho, pero esta vez sujetándolo con más posesividad, una mano en su nuca y la otra en su cintura.
—No más lágrimas por dudas.— susurró Charlie contra su cabello.— Si sientes algo, dímelo. Siempre. Porque yo también te amo…más de lo que las palabras pueden decir.
El silencio regresó, pero ahora era aún más cómodo, más profundo. Babe se acurrucó contra él, escuchando los latidos fuertes y seguros del corazón de Charlie.
—Te amo.— murmuró Babe una vez más, casi dormido.
— Yo también te amo, mi amor.— respondió Charlie, besando su frente.— Descansa. Estoy aquí.
Y así se quedaron, abrazados, con la confesión flotando entre ellos como una promesa sólida y eterna.
La Mañana de las Promesas
La luz del amanecer se filtraba suavemente a través de las cortinas oscuras de la habitación. Babe despertó primero, aún acurrucado sobre el pecho de Charlie. Sus ojos azul grisáceo se abrieron lentamente y lo primero que vio fue el rostro relajado de Charlie, que dormía profundamente con un brazo rodeando su cintura de forma posesiva.
Babe sonrió con ternura. Las lágrimas de la noche anterior ya se habían secado, pero la confesión seguía latiendo fuerte en su pecho.
Se quedó quieto unos minutos más, escuchando el ritmo constante del corazón de Charlie bajo su oreja, disfrutando de esa calidez y seguridad que solo él le daba.
Charlie despertó poco después. Sintió el peso ligero de Babe sobre él y apretó instintivamente el abrazo, atrayéndolo más cerca.
—Buenos días, mi amor.— murmuró con voz ronca por el sueño, besando la coronilla de Babe.
—Buenos días, Cachorro.— respondió Babe en voz baja, levantando la cabeza para mirarlo a los ojos.
Charlie notó que los ojos de Babe aún estaban un poco hinchados por las lágrimas de la noche anterior. Pasó el pulgar con cariño por su mejilla.
— ¿Dormiste bien?— preguntó, preocupado pero suave.
Babe asintió y se incorporó un poco, apoyándose en los codos sobre el pecho de Charlie.
— Sí…después de hablar contigo, dormí mejor que nunca. Solo…necesitaba decirlo. Necesitaba saber que no estoy solo en esto.
Charlie lo miró con intensidad, sus ojos grises llenos de esa posesividad tranquila que Babe ya conocía tan bien.
—No estás solo. Nunca más. Te amo, Babe. Te amo de una forma que no sabía que era posible. Eres la única persona que ha logrado que este corazón frío sienta algo real. No voy a dejarte ir. Jamás.
Babe sonrió, una sonrisa genuina y brillante que iluminó su rostro.
—Yo también te amo. Mucho. Tanto que a veces me asusta lo grande que se siente.
Pero me hace feliz. Muy feliz.
Charlie levantó una mano y acarició el cabello negro de Babe, enredando los dedos en él con cariño.
—Entonces déjalo crecer. Deja que sea grande. Yo estoy aquí para sostenerlo contigo. Somos un equipo, ¿recuerdas? En el trabajo, en la vida…en todo.
Se quedaron mirándose en silencio unos segundos más. Luego Babe se inclinó y besó a Charlie con lentitud, un beso lleno de amor y gratitud. Charlie respondió con la misma ternura, pero sin perder esa dominancia natural: una mano en la nuca de Babe para mantenerlo cerca.
Cuando se separaron, Babe apoyó la frente contra la de Charlie.
—Gracias por no dejarme huir anoche.— murmuró.
Charlie soltó una risa baja y lo apretó más contra su cuerpo.
—¿Crees qué te habría dejado escapar? Eres mío, Babe. Y yo soy tuyo. Si intentas correr, te atraparé cada vez. Y luego te recordaré exactamente por qué no debes huir.
Babe rio suavemente contra su cuello.
—Me gusta cuando eres así de posesivo…pero también me gusta cuando eres suave como ahora.
Charlie besó su sien.
—Tendrás ambas versiones. Siempre. La suave cuando la necesites…y la dominante cuando quieras que te recuerde a quién perteneces.
Se levantaron de la cama con calma. Charlie preparó café mientras Babe se duchaba.
Cuando Babe salió del baño con solo una toalla alrededor de la cintura, Charlie lo miró con deseo contenido y orgullo.
—Ven aquí.— dijo Charlie, extendiendo la mano.
Babe se acercó y Charlie lo atrajo contra su pecho, abrazándolo por detrás mientras ambos miraban por la ventana de la habitación hacia los jardines de la mansión.
—Hoy quiero que hagamos algo normal.— propuso Charlie.— Desayunar juntos, revisar algunos documentos en el despacho y luego entrenar un poco. Sin prisas. Solo nosotros.
Babe sonrió y giró la cabeza para besarle la mandíbula.
—Me gusta ese plan. Me gusta cuando podemos ser solo Charlie y Babe, no el jefe de la mafia y su socio.
Charlie apretó su cintura.
—Siempre seremos solo Charlie y Babe cuando estemos solos. El resto del mundo puede esperar.
Desayunaron en la terraza, hablando de cosas pequeñas: de un nuevo contrato que Babe quería revisar, de cómo Babe podía mejorar algunos entrenamientos de los hombres de Charlie, y de planes futuros para fortalecer su territorio.
En el despacho, trabajaron codo con codo.
Babe sentado en el regazo de Charlie mientras revisaban mapas y reportes, la mano de Charlie descansando posesivamente en su muslo.
—Confío en tu criterio.— dijo Charlie en un momento, besando su hombro.— Si dices que este trato es riesgoso, lo cancelamos.
Babe giró la cabeza y lo besó suavemente.
—Y yo confío en que me respaldas si decido actuar.
La tarde la pasaron entrenando en el ring, pero esta vez sin trucos. Solo técnica, risas y miradas cargadas de amor. Charlie ganó la mayoría de los combates, pero dejó que Babe lo derribara un par de veces solo para verlo sonreír.
Al final del día, cuando el sol se ponía, volvieron a la cama. Babe se acurrucó de nuevo sobre el pecho de Charlie, exactamente en la misma posición que la noche anterior.
—Te amo.— murmuró Babe contra su piel.
Charlie besó su cabello y lo abrazó con fuerza.
—Yo también te amo, mi amor. Más cada día.
El silencio regresó, cómodo y lleno de promesas. La relación entre ellos era ahora más sólida que nunca: llena de confianza, amor declarado y esa posesividad que los hacía sentir invencibles juntos.
La Sombra que se Acerca
Habían pasado varios días desde la confesión de amor en la cama. La relación entre Charlie y Babe se sentía más fuerte y sólida que nunca. Las mañanas comenzaban con besos lentos y café compartido, las tardes con trabajo en el despacho donde sus mentes se complementaban perfectamente, y las noches con esa mezcla de pasión posesiva y ternura que solo ellos conocían.
Una tarde tranquila, estaban en el despacho revisando informes de seguridad. Babe estaba sentado en el regazo de Charlie, como solía hacer ahora, con la espalda apoyada contra su pecho mientras señalaba algo en la pantalla.
—Este proveedor del sur está tardando demasiado en las entregas.— comentó Babe con voz calmada pero profesional.— Creo que alguien está presionándolo. Deberíamos enviar a Kiet a investigar antes de que se convierta en un problema.
Charlie besó su nuca y apretó suavemente su cintura.
—Estoy de acuerdo. Confío en tu instinto. Hazlo tú mismo si quieres, o dime y lo organizó. Somos un equipo, mi amor.
Babe sonrió y giró la cabeza para darle un beso corto en los labios.
—Me gusta cuando dices eso.
El momento fue interrumpido por el sonido del teléfono seguro de Charlie. Era uno de sus hombres más leales.
Charlie contestó con su tono frío habitual.
—Habla.
Escuchó en silencio durante casi un minuto.
Su expresión no cambió mucho, pero Babe sintió cómo su cuerpo se tensaba debajo de él.
—Entendido. Dobla la seguridad en el perímetro norte y envía un equipo a vigilar los muelles. No hagan nada todavía.— ordenó Charlie antes de colgar.
Babe se giró completamente en su regazo para mirarlo a los ojos.
—¿Qué pasó?
Charlie suspiró y pasó una mano por el cabello negro de Babe, acariciándolo con cariño.
—Hay rumores de que un viejo rival está moviéndose. Un chao pho del sur llamado Viroj. Tenía territorio antes de que yo tomara el control total de Bangkok. Pensábamos que estaba retirado o muerto…pero al parecer ha estado reuniendo gente en silencio. Algunos de nuestros contactos en los puertos dicen que está buscando aliados para “recuperar lo que es suyo”.
Babe frunció el ceño, pero no mostró miedo, solo esa determinación afilada que Charlie tanto admiraba.
—¿Crees que es una amenaza real?
—Podría serlo.— respondió Charlie con honestidad.— No es tan poderoso como yo, pero tiene experiencia y gente leal. Si se alía con los vietnamitas o con los restos de la gente de Alex, podría volverse molesto. No dejaré que te pongan en peligro.
Babe tomó el rostro de Charlie entre sus manos y lo miró fijamente.
—No soy de cristal, Cachorro. Si viene alguien a por nosotros, lo enfrentaremos juntos. Yo no soy solo tu pareja…soy tu socio. Puedo pelear a tu lado, infiltrarme, o planear cómo destruirlo antes de que se acerque.
Charlie lo miró con orgullo y posesividad.
Atrajo a Babe más cerca y lo besó con profundidad, un beso que hablaba de protección y amor.
—Lo sé. Por eso te amo. Pero prométeme que no harás nada solo. No quiero perderte.
Babe sonrió contra sus labios.
—Te lo prometo. Siempre y cuando tú también me prometas lo mismo.
—Prometido.— murmuró Charlie.
Esa misma noche, mientras cenaban en la terraza, la conversación volvió al tema. Babe comía con calma, pero su mente estaba trabajando.
—Si Viroj está moviéndose, deberíamos golpear primero.— sugirió Babe.— No esperar a que ataque. Enviar un mensaje claro de que este territorio es tuyo…nuestro.
Charlie asintió, observándolo con admiración.
—Mañana revisaremos toda la información que tenemos sobre él. Quiero que estés en todas las reuniones. Tu opinión vale tanto como la mía.
Babe extendió la mano sobre la mesa y Charlie la tomó, entrelazando sus dedos.
—Te amo.— dijo Babe en voz baja.
—Yo también te amo, mi amor.— respondió Charlie, apretando su mano.— Y juntos somos invencibles.
Los días siguientes fueron de preparación.
Trabajaban hasta tarde en el despacho, entrenaban juntos por las tardes para mantenerse afilados, y por las noches se perdían el uno en el otro con esa pasión que ahora venía acompañada de palabras de amor susurradas.
Una noche, después de hacer el amor, Babe estaba de nuevo con la cabeza sobre el pecho de Charlie.
—Pase lo que pase con Viroj…— murmuró Babe.— no dudes de mí. Estaré a tu lado.
Charlie besó su cabello y lo abrazó con fuerza.
— Nunca dudaré. Eres mi corazón, Babe. El único que tengo.
La amenaza estaba en el horizonte, pero su amor y su confianza los hacía más fuertes. Juntos enfrentarían lo que viniera.
La Sombra que se Acerca (Parte 2)
Los días siguientes fueron de tensión controlada en la mansión. La información sobre Viroj llegaba en fragmentos: reuniones secretas en el sur de Bangkok, contactos con antiguos aliados de Alex que aún guardaban rencor, y un cargamento de armas que intentaba entrar por los muelles sin el permiso de Charlie.
Charlie y Babe pasaban la mayor parte del tiempo en el despacho. La confianza entre ellos era absoluta; Babe ya no era solo un acompañante, sino una voz con peso real en las decisiones.
Una noche, después de una larga reunión con Kiet y otros hombres de confianza, se quedaron solos en el despacho. Charlie estaba sentado en su sillón de cuero negro, y Babe se acercó por detrás, masajeando sus hombros tensos con manos firmes.
—Estás preocupado.— murmuró Babe, inclinándose para besar su nuca.— Puedo sentirlo en tus músculos.
Charlie soltó un suspiro grave y tomó una de las manos de Babe, llevándola a sus labios para besarla.
—No es preocupación por mí. Es por ti. Viroj es un viejo zorro. Si se entera de lo importante que eres para mí, intentará usarte como debilidad.
Babe rodeó el sillón y se sentó en el regazo de Charlie, mirándolo directamente a los ojos.
—Entonces que lo intente. No soy una debilidad, Cachorro. Soy un arma. Y tú eres el único que puede empuñarme. Si viene por mí, se encontrará con el asesino que sobrevivió a un sótano y con el hombre que ahora tiene todo que perder…y todo que ganar.
Charlie lo miró con orgullo y esa posesividad que nunca desaparecía. Tomó el rostro de Babe entre sus manos grandes y lo besó con profundidad, un beso lento pero cargado de intensidad.
—Te amo.— dijo Charlie contra sus labios.— Y odio que este mundo nos obligue a estar alerta incluso cuando solo quiero estar contigo.
Babe sonrió suavemente y apoyó su frente contra la de Charlie.
—Yo también te amo. Pero este mundo es el nuestro. Lo construimos juntos. Y lo defenderemos juntos.
Al día siguiente, la amenaza se volvió más concreta.
Kiet llegó temprano con noticias frescas. Un informante había confirmado que Viroj planeaba un golpe en uno de los clubes nocturnos controlados por Charlie en el centro de Bangkok. No sería un ataque directo, sino una infiltración: hombres disfrazados de clientes, un posible incendio o tiroteo para crear caos y debilitar la imagen de Charlie como el hombre intocable.
Charlie escuchó el reporte con expresión fría, pero su mano apretaba la de Babe bajo la mesa.
—¿Cuándo?— preguntó Charlie.
—Posiblemente en tres días, durante la noche de mayor afluencia.— respondió Kiet.— Quieren que parezca un ajuste de cuentas entre pandillas menores.
Babe habló con voz calmada y letal:
—Entonces les daremos la bienvenida. Dejemos que entren. Yo me encargaré de identificar a los infiltrados desde dentro. Conozco cómo se mueven los hombres desesperados. Charlie puede coordinar la seguridad exterior. Cuando intenten actuar, los atrapamos vivos. Quiero escuchar qué sabe Viroj realmente.
Charlie lo miró, orgulloso pero preocupado.
—No irás solo.
—No iré solo — prometió Babe.— Pero necesito moverme con libertad. Confía en mí, mi amor. Sé cómo ser invisible cuando quiero.
Charlie apretó su mano con más fuerza.
—Confío en ti. Pero si algo sale mal, si alguien te toca…no quedará nadie vivo en ese club. ¿Entendido?
Babe asintió, una sonrisa peligrosa curvando sus labios.
—Entendido. Y lo mismo va para ti. Nadie toca lo que es mío.
Esa tarde, en lugar de entrenar, se prepararon juntos. Babe revisó sus cuchillos y armas pequeñas, mientras Charlie organizaba los equipos. Entre movimiento y movimiento, Charlie se acercó por detrás y abrazó a Babe por la cintura, besando su hombro.
—Prométeme que volverás a casa conmigo esta noche.— murmuró Charlie contra su piel.
Babe giró en sus brazos y lo besó con ternura.
—Siempre volveré a ti, Cachorro. Eres mi hogar ahora.
La noche del posible ataque se acercaba. La mansión estaba en alerta máxima, pero dentro de sus paredes, el amor entre Charlie y Babe seguía siendo el ancla que los mantenía firmes.
Charlie miró a Babe mientras este cargaba un arma con precisión experta.
—Te amo.— dijo Charlie en voz baja.
Babe levantó la vista y sonrió.
—Yo también te amo. Y juntos…nadie nos tocará.
La sombra de Viroj se cernía, pero la luz que habían construido el uno en el otro era más fuerte.
El Fin de la Sombra
La noche del ataque llegó cargada de tensión y expectativa. El club “Eclipse”, uno de los más exclusivos de Charlie en el centro de Bangkok, brillaba con luces neón rojas y púrpuras. La música electrónica retumbaba fuerte, pero el ambiente estaba controlado: los hombres de Charlie, vestidos de civil, ocupaban posiciones estratégicas entre los clientes.
Babe había insistido en entrar primero. Vestía un pantalón negro ajustado y una camisa oscura semiabierta que dejaba ver parte de su pecho blanco. Llevaba un auricular discreto y un cuchillo pequeño oculto en la cintura. Charlie estaba en la sala de control del club, vigilando las cámaras con Kiet a su lado, pero su mirada no se apartaba de la pantalla que mostraba a Babe moviéndose entre la multitud.
—Estoy dentro.— murmuró Babe por el auricular, su voz calmada y profesional.— Veo tres posibles infiltrados cerca de la barra. Uno lleva un bulto sospechoso bajo la chaqueta.
Charlie apretó la mandíbula, su voz grave y posesiva resonando en el oído de Babe.
—No te acerques solo, mi amor. Recuerda: observas y reportas. Si algo huele mal, salgo yo mismo.
Babe sonrió ligeramente mientras pedía un trago en la barra, fingiendo ser solo otro cliente.
—Confía en mí, Cachorro. Sé lo que hago. Pero si te necesito…vendrás corriendo, ¿verdad?
—Siempre.— respondió Charlie sin dudar.
De repente, uno de los infiltrados sacó un arma escondida y disparó al aire. El pánico estalló en la pista de baile. Gritos, gente corriendo hacia las salidas.
—¡Ahora! — ordenó Charlie por el comunicador general.
Sus hombres actuaron con precisión militar.
Dos infiltrados fueron neutralizados en segundos. Babe se movió como una sombra: esquivó a un tercero que intentaba sacar una granada y le clavó el cuchillo en el hombro con velocidad letal, desarmándolo y tirándolo al suelo.
—Tres menos.— dijo Babe, respirando con control mientras inmovilizaba al hombre con una rodilla en la espalda.— ¿Dónde está Viroj? No lo veo.
Charlie, ya bajando las escaleras hacia la pista con varios hombres armados, respondió con voz fría:
—Acaba de entrar por la puerta trasera con cuatro escoltas. Lo tengo en la cámara cuatro. Babe, no lo enfrentes solo.
Pero Babe ya se estaba moviendo. Atravesó la multitud en pánico con elegancia mortal y llegó al pasillo trasero justo cuando Viroj aparecía. El hombre era mayor, de unos cincuenta años, con cicatrices en el rostro y una expresión arrogante.
Viroj lo reconoció al instante.
—Tú…el juguete de Charlie.— escupió Viroj, sacando su pistola.— Pensé que eras solo un trofeo bonito. No esperaba que fueras el que enviará a matarme.
Babe sonrió con esa sonrisa peligrosa y letal que Charlie tanto amaba.
—Error, Viroj. No soy el juguete de nadie. Soy su socio. Su pareja. Y tú cometiste el error de venir a nuestro territorio.
Antes de que Viroj pudiera disparar, Babe se lanzó hacia adelante. Un disparo resonó, pero Babe ya había desviado el brazo del viejo mafioso con un golpe preciso. El arma cayó al suelo. Babe lo derribó con un barrido de piernas y se sentó encima de él, presionando el cuchillo contra su garganta.
En ese momento, Charlie irrumpió en el pasillo con sus hombres.
—¡Babe!— gritó Charlie, la voz llena de alivio y posesividad al verlo controlar la situación.
Viroj jadeaba debajo de Babe, con los ojos llenos de furia y miedo.
—¡Mátame si quieres!— escupió Viroj.— Pero otros vendrán. Charlie no puede controlarlo todo para siempre.
Charlie se acercó con pasos lentos y dominantes, deteniéndose al lado de Babe.
Puso una mano posesiva en el hombro de su pareja, apretándolo con cariño y orgullo.
—Nadie más vendrá.— dijo Charlie con voz grave y fría como el acero.— Porque tú eres el último de tu línea, Viroj. Y esta noche termina aquí.
Babe miró a Charlie, sus ojos azul grisáceo brillando con esa mezcla de amor y ferocidad.
—¿Lo hacemos juntos, Cachorro? — preguntó en voz baja, solo para él.
Charlie asintió, una sonrisa peligrosa curvando sus labios.
—Siempre juntos, mi amor.
Babe presionó el cuchillo un poco más, haciendo brotar una gota de sangre en la garganta de Viroj.
—Tuviste tu oportunidad de retirarte en paz.— le dijo Babe al viejo rival.— Pero elegiste venir por lo que es nuestro. Por eso, no habrá piedad.
Viroj intentó forcejear, pero Babe era más rápido y fuerte de lo que parecía.
—¡Malditos! ¡Charlie no es invencible! — gritó Viroj.
Charlie se agachó al lado de ellos, mirando a Viroj directamente a los ojos.
—No. Pero juntos sí lo somos. Y tú…ya no existes.
Con un movimiento limpio y coordinado, Babe cortó la garganta de Viroj mientras Charlie sostenía su cabeza para que no se moviera.
El viejo mafioso gorgoteó unos segundos y luego quedó inmóvil.
El silencio cayó sobre el pasillo. La música del club seguía sonando a lo lejos, pero en ese rincón solo quedaba el eco de la venganza cumplida.
Charlie ayudó a Babe a levantarse y lo atrajo contra su pecho con fuerza posesiva, besando su frente con ternura.
—Lo hiciste perfecto, mi amor — murmuró contra su cabello.— Nadie volverá a amenazarnos así.
Babe se abrazó a su cintura, respirando su olor familiar.
—Porque somos un equipo. Te amo, Cachorro. Y no dejaré que nadie nos quite esto.
Charlie levantó su mentón y lo besó con profundidad, un beso que sellaba la victoria y su amor.
—Yo también te amo. Más que ayer. Más que nunca. Vámonos a casa. Esta noche…solo tú y yo.
Los hombres de Charlie ya estaban limpiando la escena. Viroj y sus escoltas fueron sacados discretamente. El club volvería a la normalidad en menos de una hora, como si nada hubiera pasado.
Mientras salían por la puerta trasera hacia el auto blindado, Charlie mantuvo su brazo alrededor de la cintura de Babe, protector y posesivo.
—¿Estás bien? — preguntó Charlie en voz baja.
Babe sonrió y apoyó la cabeza en su hombro.
—Mejor que nunca. Porque te tengo a ti.
La sombra de Viroj había desaparecido para siempre. Solo quedaba el futuro que ellos construirían juntos.
El Ritmo que Nadie Esperaba
La noche en el club “Eclipse” ya estaba bajo control. Los cuerpos de Viroj y sus hombres habían sido retirados discretamente, la música había vuelto a sonar con normalidad y los clientes que quedaban pensaban que el breve caos había sido solo una pelea común entre borrachos. El ambiente volvía a ser eléctrico, con luces neón parpadeando y el bajo retumbando en el pecho.
Babe y Charlie caminaban hacia la salida trasera cuando, de repente, los altavoces del club cambiaron de canción. Empezó a sonar un reggaetón latino fuerte, con un beat pegajoso y sensual que llenaba todo el lugar.
Babe se detuvo en seco en medio del pasillo.
Su cuerpo se tensó ligeramente y ladeó la cabeza, escuchando con atención.
Charlie, que iba un paso por delante, se giró al notar que Babe ya no lo seguía.
—¿Sucede algo, mi amor?— preguntó con voz grave y preocupada, acercándose a él.
Babe levantó la mirada. Sus ojos azul grisáceo brillaban con una mezcla de diversión y algo más profundo, casi travieso.
—Acabo de escuchar música de la buena…— respondió con una sonrisa lenta que se extendió por sus labios.— Quiero disfrutar de ello.
Sin darle tiempo a Charlie a reaccionar, Babe dio media vuelta y entró nuevamente al club, caminando con paso decidido hacia la pista de baile principal. La multitud se había vuelto a llenar y el ritmo del reggaetón latino retumbaba con fuerza.
Charlie parpadeó, sorprendido, pero una sonrisa peligrosa apareció en su rostro. Lo siguió sin decir nada, abriéndose paso entre la gente hasta que encontró un lugar estratégico en la barra elevada que rodeaba la pista. Se sentó en uno de los taburetes altos, con los brazos cruzados sobre el pecho, y se dedicó a observar.
En el centro de la pista, Babe se había soltado por completo.
El reggaetón latino tenía un ritmo lento y sucio, perfecto para perrear. Babe empezó a moverse con una naturalidad que dejó a Charlie sin aliento. Sus caderas giraban con precisión, bajando y subiendo al ritmo del dembow, el trasero moviéndose de forma sensual y controlada. Cada movimiento era fluido, provocador, pero sin perder esa elegancia letal que lo caracterizaba. Sus manos subían por su propio torso, la camisa oscura se abría un poco más con el movimiento, dejando ver la piel blanca de su pecho y abdomen.
Babe bailaba como si el mundo no existiera. Cerraba los ojos de vez en cuando, dejando que el ritmo lo llevara, moviendo los hombros y la cintura con una sincronía perfecta. Su trasero trazaba círculos lentos y profundos, bajando casi hasta el suelo y volviendo a subir con un rebote que hacía que más de una persona en la pista lo mirara.
Charlie, desde la barra, no podía apartar la vista. Sus ojos grises se oscurecieron, fijos en cada movimiento de esas caderas y ese trasero que conocía tan bien. Su mandíbula se tensó ligeramente y una mano apretó el borde de la barra.
Un hombre se acercó a Babe intentando bailar cerca, pero Babe, sin abrir los ojos, hizo un movimiento sutil con la mano que lo alejó sin palabras. Seguía bailando solo, entregado al ritmo.
Charlie sacó su teléfono y le envió un mensaje rápido al auricular que Babe aún llevaba puesto:
Charlie:
Estás matándome aquí, mi amor.
Ese movimiento de cadera debería ser ilegal.
Babe abrió los ojos, miró directamente hacia donde estaba Charlie y sonrió con picardía.
Sin dejar de bailar, le respondió moviendo los labios de forma exagerada para que Charlie pudiera leer:
—Ven a bailar conmigo, Cachorro.
Charlie negó lentamente con la cabeza, pero su sonrisa se volvió más oscura. Se quedó sentado, disfrutando del espectáculo privado que Babe le estaba dando. Cada vez que Babe bajaba y subía las caderas con ese ritmo sensual, Charlie sentía un calor subir por su cuerpo.
La canción cambió a otra aún más explícita y Babe intensificó sus movimientos. Giró sobre sí mismo, dándole la espalda a Charlie, y perreó con precisión, moviendo el trasero de forma circular y provocadora, bajando tanto que casi tocaba el suelo antes de subir con un rebote perfecto.
Charlie soltó un gruñido bajo que nadie más escuchó y se inclinó hacia adelante en la barra, sin apartar la mirada ni un segundo.
Cuando la canción llegó a su clímax, Babe giró de nuevo hacia Charlie, lo miró directamente a los ojos y le hizo un gesto con el dedo índice para que se acercara.
Charlie se levantó finalmente, caminó con paso dominante entre la gente y llegó hasta Babe en el centro de la pista. Lo agarró por la cintura con ambas manos grandes y posesivas, atrayéndolo contra su cuerpo.
—¿Disfrutando de la música, mi amor? — murmuró Charlie cerca de su oído, su voz ronca y cargada de deseo.
Babe rodeó su cuello con los brazos y siguió moviendo las caderas contra él, rozando sus cuerpos al ritmo del reggaetón.
—Mucho.— respondió Babe con una sonrisa coqueta.— Pero se pone mejor cuando tú estás aquí.
Charlie apretó su cintura y bajó una mano hasta su trasero, sujetándolo con firmeza mientras se movían juntos.
—Eres un peligro bailando así…— gruñó Charlie contra su cuello.— Me estás volviendo loco delante de toda esta gente.
Babe rio suavemente y mordisqueó el lóbulo de su oreja.
—Entonces llévame a casa, Cachorro…o quédate y baila conmigo hasta que no puedas más.
Charlie sonrió con esa sonrisa peligrosa y posesiva que solo Babe veía.
—Vamos a casa. Pero esta noche…vas a bailar solo para mí.
Babe lo miró con ojos brillantes y asintió, sin dejar de moverse contra él.
—Como quieras, mi amor.
Salieron del club juntos, con la mano de Charlie firmemente en la cintura de Babe. La música de reggaetón seguía sonando a sus espaldas, pero ahora la noche les pertenecía solo a ellos.
El Baile que Terminó en la Pared
El auto blindado apenas se detuvo frente a la mansión cuando Babe ya estaba bajando con una sonrisa traviesa. Charlie lo siguió de cerca, la mano posesiva en su cintura, pero no dijo nada. Apenas cruzaron la puerta principal, Babe se soltó y caminó hacia el centro del amplio salón principal, donde la luz era tenue y el silencio perfecto.
Sin pedir permiso, Babe empezó a bailar.
El mismo reggaetón latino que había sonado en el club ahora salía de su teléfono, conectado al sistema de sonido de la casa.
Babe movía las caderas con esa precisión peligrosa y sensual que Charlie había visto en la pista. Bajaba lento, subía con un rebote perfecto, el trasero trazando círculos profundos y provocadores. La camisa oscura se abría con cada movimiento, dejando ver la piel blanca de su pecho y abdomen. Sus manos subían por su propio torso, los ojos azul grisáceo fijos en Charlie.
Charlie se quedó de pie a unos metros, observándolo con la mandíbula tensa y los ojos grises oscurecidos de deseo. No se movió. Solo disfrutaba del espectáculo privado.
Babe giró, dándole la espalda, y perreó con más intensidad, bajando casi hasta el suelo y subiendo con un movimiento que hizo que su trasero se marcara perfectamente contra la tela del pantalón. Duró varios minutos así, bailando solo para él, provocándolo con cada rebote y cada giro de cadera.
De repente, Charlie perdió la paciencia.
Con dos pasos largos y dominantes, lo agarró de la cintura con fuerza y lo atrajo contra su cuerpo. Devoró su boca con hambre brutal, besándolo como si quisiera tragárselo entero.
Babe respondió con el mismo gusto, abriendo los labios y enredando su lengua con la de Charlie, gimiendo bajo contra su boca.
—Joder, Babe…bailas así solo para volverme loco.— gruñó Charlie entre besos, mordiendo su labio inferior.
Sin romper el beso, Charlie le bajó el pantalón y la ropa interior de un tirón brusco, dejando a Babe desnudo de cintura para abajo. Lo levantó sin esfuerzo y Babe enredó las piernas alrededor de su cintura al instante.
Charlie lo llevó contra la pared más cercana con un golpe seco, inmovilizándolo allí.
Sacó su miembro grueso y duro de un movimiento rápido y, sin ningún preámbulo, lo alineó y lo embistió con brutalidad, entrando de un solo golpe profundo y violento hasta el fondo.
—¡Ahhh! ¡Charlie!— gritó Babe, la cabeza golpeando contra la pared, los ojos llenándose de lágrimas de placer inmediato.
Charlie empezó a follarlo con fuerza salvaje, embestidas bruscas y profundas que hacían que el cuerpo de Babe rebotara contra la pared. Cada golpe era duro, posesivo, sin piedad.
—Tan apretado…tan caliente y mojado para mí.— jadeó Charlie contra su boca, mordiendo sus labios mientras seguía follándolo con rudeza.— Tu culo me traga entero cada vez, mi amor. Mírate…abierto y goteando para mi polla.
Abrió un poco más la camisa de Babe con una mano, exponiendo sus pezones, y bajó la cabeza para chuparlos con fuerza. Los succionaba con avidez, mordiendo y tirando de ellos con los dientes mientras sus caderas no dejaban de embestir con brutalidad.
Babe sujetó con fuerza el cabello negro de Charlie, tirando de él.
—Cachorro…estás chupando demasiado fuerte…— gimió Babe, la voz entrecortada y llena de placer.
Charlie sonrió contra su piel y chupó aún más fuerte, dejando los pezones rojos e hinchados.
—Me encanta cómo se ponen para mí.— gruñó, mordiendo uno y luego el otro.— Tan sensibles…tan míos. Quiero que te duela mañana cuando te mires al espejo.
Sus embestidas se volvieron más violentas, más rápidas, golpeando ese punto dentro de Babe con precisión salvaje. La mano libre de Charlie subió al cuello de Babe, sujetándolo contra la pared con posesión dominante, sin apretar demasiado pero controlando cada movimiento.
—Toma toda mi polla, mi amor.— dijo Charlie con voz ronca y obscena, mirándolo a los ojos.— Tu culo está hecho para esto…tan perfecto, tan caliente. Voy a follarte hasta que solo puedas sentirme dentro de ti, hasta que llores más fuerte porque no puedes parar de correrte.
Babe gemía alto, las lágrimas corriendo por sus mejillas, las piernas temblando alrededor de la cintura de Charlie.
—¡Sí…! ¡Más fuerte, Cachorro…! ¡Fóllame más duro…! — suplicaba Babe, tirando más del cabello de Charlie.— Me estás destrozando…y me encanta…¡Ahhh…!
Charlie capturó su boca de nuevo, besándolo con violencia, mordiendo su lengua y sus labios mientras seguía embistiendo sin descanso. El sonido húmedo y carnal de piel contra piel llenaba el salón.
—Eso es…gime para mí.— jadeó Charlie contra su boca.— Tan bonito cuando lloras de placer. Tu culo aprieta mi polla como si no quisiera dejarme salir nunca. Voy a llenarte hasta que mi semen te corra por las piernas, mi amor.
Babe se tensó de repente, gritando contra la boca de Charlie, y se corrió con fuerza entre sus cuerpos, sollozando de placer. Sus músculos internos apretaron la polla de Charlie como un vicio.
Charlie gruñó profundamente y lo embistió unas cuantas veces más con brutalidad antes de enterrarse hasta el fondo y correrse con un gemido gutural, llenándolo con semen caliente y abundante.
—Mío…— jadeó Charlie contra su cuello, mordiendo la piel mientras seguía moviéndose lentamente dentro de él para prolongar el orgasmo.— Completamente mío, mi amor.
Babe temblaba entre sus brazos, aún sujeto contra la pared, con las piernas alrededor de su cintura.
—Y tú eres mío, Cachorro…— murmuró Babe con voz rota y satisfecha, besando su mandíbula.— Solo mío.
Charlie lo besó con más suavidad ahora, aún dentro de él, y lo sostuvo con fuerza posesiva.
—Siempre.
La música de reggaetón seguía sonando de fondo, pero ahora solo eran ellos dos, pegados contra la pared, respirando agitadamente en la penumbra de la mansión.
Después del Ritmo
Charlie permaneció dentro de Babe varios minutos más, respirando contra su cuello mientras los últimos espasmos de placer los recorrían a ambos. El cuerpo de Babe temblaba ligeramente, aún sujeto contra la pared, con las piernas enredadas en la cintura de Charlie y la camisa completamente abierta y arrugada.
—Joder…— murmuró Charlie con voz ronca, besando suavemente la piel enrojecida del cuello de Babe.— Bailas así y esperas que me controle…Eres peligroso, mi amor.
Babe soltó una risa baja y entrecortada, aún recuperando el aliento. Sus dedos seguían enredados en el cabello negro de Charlie.
—Quería que me miraras…quería que perdieras el control.— confesó Babe, la voz suave pero satisfecha.— Y lo logré.
Charlie sonrió contra su piel y, con cuidado, salió de él. Un hilo de semen escapó de la entrada de Babe y bajó por su muslo. Charlie lo observó un segundo con satisfacción posesiva antes de bajar a Babe al suelo con suavidad, sosteniéndolo porque sus piernas aún temblaban.
—Ven aquí.— dijo Charlie, tomándolo en brazos como si no pesara nada.
Lo llevó hasta el sofá grande del salón y se sentó con Babe en su regazo, acurrucándolo contra su pecho. Babe se dejó caer, escondiendo el rostro en el cuello de Charlie, respirando su olor familiar.
—¿Estás bien? — preguntó Charlie en voz baja, acariciando su espalda por debajo de la camisa abierta con movimientos lentos y cariñosos.— Fui muy brusco.
Babe negó con la cabeza y besó su cuello.
—Estoy perfecto…me encanta cuando eres así de intenso. Me hace sentir tuyo.
Charlie apretó el abrazo y besó su sien.
— Eres mío. Pero también eres mi amor. No quiero lastimarte de verdad.
Babe levantó la cabeza y lo miró a los ojos, aún con las mejillas sonrojadas y los labios hinchados por los besos.
—No me lastimas. Me haces sentir vivo. Te amo, Cachorro.
Charlie lo miró con esa intensidad gris que siempre hacía que Babe se derritiera. Tomó su rostro entre las manos y lo besó con ternura, un beso lento y profundo, sin la urgencia de antes.
—Yo también te amo.— murmuró contra sus labios.— Más de lo que puedo explicar. Verte bailar esta noche…verte moverte solo para mí…casi me vuelve loco en ese club. Y luego aquí…joder, Babe.
Babe sonrió con picardía y se acomodó mejor en su regazo, rodeando su cuello con los brazos.
—Entonces la próxima vez bailó más lento… para que sufras un poco más.
Charlie soltó una risa grave y le dio un mordisco suave en el hombro.
—Cuidado con lo que deseas, mi amor. Porque si bailas así otra vez, no voy a esperar a llegar a casa.
Se quedaron un rato en silencio, solo abrazados. Charlie seguía acariciando la espalda de Babe por debajo de la camisa, trazando con los dedos las marcas leves que había dejado antes. Babe jugaba con el cabello de Charlie, enredando mechones entre sus dedos.
—¿Sabes qué me gusta más de todo esto?— preguntó Babe en voz baja.
—Dime.
—Que después de todo…después de la mafia, de la sangre, de los enemigos…puedo volver a casa y ser solo tuyo. Y tú solo mío. Sin máscaras.
Charlie lo abrazó más fuerte y besó su frente.
—Eso es exactamente lo que quiero para nosotros. El mundo afuera puede ser cruel y peligroso…pero aquí, contigo, soy solo Charlie. Y tú eres mi Babe.
Babe cerró los ojos, feliz, y se acurrucó más contra su pecho.
—Te amo, Cachorro.
—Te amo, mi amor.— respondió Charlie, besando su cabello.— Descansa ahora. Mañana seguiremos siendo invencibles juntos.
La música de reggaetón ya se había detenido hacía rato. Solo quedaba el sonido suave de sus respiraciones y el latido de sus corazones, sincronizados en la penumbra del salón.
La noche había empezado con venganza y terminó con amor.
Y así era como siempre querían que fuera.
La Mañana de las Marcas
La mañana siguiente llegó tranquila y luminosa a la mansión. Babe ya se había duchado y vestía una camisa negra de botones bien ajustada y pantalones oscuros que le quedaban perfectos. Estaba de pie frente al espejo grande del vestidor, terminando de arreglarse.
Sus dedos rozaron accidentalmente uno de sus pezones por encima de la tela y un quejido suave, mezclado con satisfacción, escapó de sus labios. Charlie lo había chupado y mordido con mucha fuerza la noche anterior; estaban sensibles, hinchados y de un rojo oscuro que se notaba incluso a través de la camisa.
—Mmm…— murmuró Babe para sí mismo, tocándolos con cuidado, casi disfrutando del leve dolor.
De repente, la voz grave y divertida de Charlie sonó desde la puerta.
—¿Tan temprano y te andas tocando, mi amor?
Babe se sobresaltó visiblemente y retiró la mano como si lo hubieran pillado robando.
Giró la cabeza con rapidez, las mejillas ya empezando a teñirse de rojo.
—¡Por supuesto que no!— respondió rápidamente, intentando sonar natural.— Solo me acomodaba los botones de la camisa.
Charlie se apoyó en el marco de la puerta con los brazos cruzados, una sonrisa lenta y peligrosa curvando sus labios. Sus ojos grises recorrían el cuerpo de Babe con evidente diversión y deseo.
Babe se sonrojó aún más al ver esa sonrisa.
Intentó girarse de nuevo hacia el espejo, pero Charlie ya se estaba acercando con pasos lentos y deliberados.
Charlie se detuvo justo detrás de él, rodeó su cintura con un brazo fuerte y posesivo y acercó la boca a su oreja.
—Los botones están en la camisa, mi amor…— murmuró con voz ronca y baja, el aliento cálido rozando la piel sensible de Babe.— No en tu piel.
Babe tragó saliva y quiso alejarse un paso, pero el brazo de Charlie lo mantuvo firme contra su cuerpo.
—Charlie…— protestó débilmente.
No llegó más lejos. La mano libre de Charlie subió por su pecho y, con precisión, desabrochó dos botones de la camisa. Sus dedos rozaron uno de los pezones hinchados y luego lo descubrió por completo, exponiendo la piel enrojecida.
Babe jadeó cuando Charlie inclinó la cabeza y tomó el pezón entre sus labios, chupándolo con lentitud pero con fuerza controlada.
— Ah…— gimió Babe agudamente, el sonido salió más alto y desesperado de lo que pretendía.
Charlie sonrió contra su piel, claramente satisfecho con la reacción. Siguió chupando, tirando suavemente con los dientes y luego calmando con la lengua, mientras su otra mano mantenía a Babe pegado a él por la cintura.
—Mira cómo reaccionas…— murmuró Charlie sin soltar el pezón, su voz vibrando contra la piel sensible.— Ese sonido que haces…me vuelve loco, Babe. Tan agudo, tan bonito. ¿Te duele un poco todavía?
Babe asintió, respirando entrecortado, una mano subiendo para sujetar el cabello de Charlie.
—Sí…los chupaste muy fuerte anoche… están sensibles…— confesó con voz temblorosa.
Charlie levantó la cabeza solo un segundo para mirarlo a través del espejo, los ojos oscuros de deseo.
—Me encanta que estén así por mí.— dijo antes de volver a bajar y chupar el otro pezón con la misma intensidad, mordiendo suavemente y tirando de él.
Babe gimió de nuevo, más agudo esta vez, arqueando la espalda contra el pecho de Charlie.
—Cachorro…— jadeó Babe, las rodillas casi fallándole.— Vas a volverme loco tan temprano…
Charlie sonrió con satisfacción y levantó la cabeza, dejando los pezones brillantes y aún más rojos. Besó el cuello de Babe desde atrás, mordiendo la piel justo debajo de la oreja.
—Ese es el plan, mi amor.— susurró con voz ronca y posesiva.— Quiero que sientas mis marcas todo el día. Cada vez que te muevas, cada vez que te sientes…quiero que recuerdes cómo te chupé y te follé anoche.
Babe se mordió el labio inferior, aún sonrojado, pero sus ojos brillaban con la misma mezcla de vergüenza y excitación.
—Eres imposible…— murmuró, aunque su cuerpo se inclinaba más hacia Charlie.
Charlie lo giró entre sus brazos para mirarlo de frente y volvió a besarlo, esta vez con más hambre, mordiendo su labio inferior.
—Y tú eres irresistible.— respondió contra su boca.— Ahora termina de vestirte…o no respondo de lo que pase si sigues gimiendo así.
Babe soltó una risa suave y nerviosa, apoyando la frente contra el pecho de Charlie.
—Vas a matarme un día de estos, Cachorro.
Charlie besó su cabello y lo abrazó con fuerza.
—Solo un poco…para que nunca olvides a quién perteneces.
Se quedaron así unos segundos más, abrazados frente al espejo, con la camisa de Babe aún abierta y las marcas de la noche anterior bien visibles.
La mañana apenas empezaba, y ya prometía ser intensa.
Desayuno y Rutina
Después del momento frente al espejo, Babe terminó de abotonarse la camisa con las mejillas aún ligeramente sonrojadas. Charlie lo observaba desde la puerta con una sonrisa satisfecha, pero no insistió más…por el momento.
Bajaron juntos al comedor principal. La mesa ya estaba preparada con un desayuno completo: café negro fuerte para Charlie, jugo de naranja fresco, huevos revueltos con verduras, tostadas, fruta cortada y arroz con pollo ligero para Babe.
Charlie se sentó a la cabecera, como siempre, y Babe ocupó el asiento a su derecha, muy cerca. Apenas se sentaron, Charlie estiró la mano y la colocó sobre el muslo de Babe por debajo de la mesa, un toque posesivo y cálido.
—¿Cómo te sientes hoy?— preguntó Charlie con voz grave, pero con un tono de genuina preocupación debajo de su habitual frialdad.
Babe tomó un sorbo de jugo y sonrió con picardía.
—Adolorido en los lugares correctos…y con los pezones bastante sensibles, gracias a cierto alguien que no sabe controlarse.
Charlie soltó una risa baja y apretó suavemente su muslo.
—No me arrepiento. Me gusta verte marcado por mí. Cada vez que te muevas hoy, vas a recordar quién te dejó así.
Babe se sonrojó de nuevo, pero no apartó la mano de Charlie. En cambio, pinchó un trozo de fruta con el tenedor y se lo acercó a la boca de Charlie.
—Abre.— ordenó Babe con tono juguetón.
Charlie obedeció y mordió la fruta, mirándolo a los ojos mientras masticaba.
—¿Vas a alimentarme todo el desayuno? — preguntó Charlie después de tragar.
—Solo un poco.— respondió Babe, encogiéndose de hombros con inocencia fingida.— Para compensar que anoche casi no me dejaste dormir.
Comieron con calma, intercambiando miradas y pequeños roces. Charlie no quitaba la mano de su muslo en ningún momento. En un punto, Babe se inclinó hacia él y murmuró cerca de su oído:
—Me gusta esta rutina…desayunar contigo, trabajar juntos, saber que al final del día vuelvo a tus brazos.
Charlie giró la cabeza y besó su sien con ternura.
—Esta es nuestra rutina ahora. Y no pienso cambiarla por nada.
Terminaron el desayuno y se dirigieron al despacho. Como cada mañana, se sentaron juntos: Babe en el regazo de Charlie, con la espalda apoyada contra su pecho, mientras revisaban informes y contratos en la gran pantalla.
Charlie tenía un brazo rodeando la cintura de Babe y la otra mano moviéndose sobre el mouse. Babe señalaba detalles en los documentos.
—Este acuerdo con los camboyanos…— dijo Babe, señalando una cláusula.— Siguen insistiendo en el control de la logística. Creo que deberíamos rechazarla y proponer una nueva condición: nosotros manejamos el transporte y ellos pagan un 15 % extra por seguridad.
Charlie besó su nuca y asintió.
—Me gusta esa idea. Escríbela tú. Tu redacción es más afilada que la mía.
Babe sonrió, complacido por el cumplido, y empezó a redactar la contraoferta. Mientras escribía, Charlie deslizaba los dedos lentamente por su costado, por encima de la camisa.
—¿Todavía te duelen? — preguntó Charlie en voz baja, rozando con cuidado la zona donde estaban los pezones.
Babe se removió ligeramente en su regazo y soltó un pequeño jadeo.
—Un poco…pero no dejes de tocarlos si quieres.— murmuró, fingiendo concentrarse en la pantalla.
Charlie rio bajito y besó su hombro.
—Eres imposible. Estamos trabajando y sigues provocándome.
—Tú empezaste.— respondió Babe, girando la cabeza para darle un beso rápido en los labios.— Además, me gusta cuando me tocas mientras trabajamos. Me hace sentir…tuyo.
Charlie apretó la cintura de Babe con más fuerza y apoyó la barbilla en su hombro, mirando la pantalla junto a él.
—Eres mío. En la cama, en el despacho, en todas partes. Y yo soy tuyo.
Trabajaron así durante casi dos horas: revisando números, planeando movimientos de mercancía, y tomando decisiones importantes. Babe aportaba su experiencia como asesino de élite en temas de seguridad y estrategia, mientras Charlie aportaba su visión amplia del imperio.
En un momento de pausa, Babe se giró completamente en el regazo de Charlie y lo abrazó por el cuello.
—Me encanta esto.— confesó en voz baja.— Trabajar contigo, sentir que somos un verdadero equipo. No solo en la cama…sino en todo.
Charlie lo miró con ojos suaves y posesivos al mismo tiempo.
—Yo también lo amo. Antes de ti, todo era solo poder y cálculo. Ahora tengo un motivo real para proteger todo esto…y alguien con quien compartirlo.
Se besaron lentamente, un beso calmado pero lleno de cariño. Cuando se separaron, Babe apoyó la frente contra la de Charlie.
—¿Seguimos? — preguntó Babe.
—Sigamos.— respondió Charlie, besando su nariz.— Pero esta tarde quiero entrenar contigo. Y después…tal vez te haga bailar de nuevo para mí.
Babe rio suavemente y volvió a girarse hacia la pantalla.
—Trato hecho, Cachorro.
La mañana transcurrió así: trabajo serio mezclado con roces cariñosos, besos robados y palabras de amor susurradas. La rutina cotidiana de Charlie y Babe era exactamente como ambos querían que fuera: sólida, confiada y profundamente suya.
El Entrenamiento que Despertó Fantasmas
La tarde era calurosa en el gimnasio privado de la mansión. El ring central estaba iluminado por la luz que entraba desde los ventanales altos. Charlie y Babe entrenaban con intensidad, un combate feroz pero amistoso. Ambos eran excelentes peleadores: Charlie con su fuerza imponente y precisión brutal, Babe con su velocidad letal y capacidad para anticipar movimientos.
Golpes, bloqueos, derribos. El sudor corría por sus torsos desnudos. Babe esquivaba con agilidad y contraatacaba con golpes rápidos y precisos. Charlie lo presionaba con poder, pero siempre controlando la fuerza para que fuera un entrenamiento real y no una pelea de verdad.
En un momento, Babe se detuvo de repente. Su respiración era agitada, pero no por el esfuerzo físico. Se quedó quieto en el centro del ring, los ojos azul grisáceo ligeramente desenfocados.
Charlie frunció el ceño y bajó los puños. Se acercó con paso cauteloso.
—Babe…— llamó con voz preocupada.
Al sentir a Charlie acercarse, Babe reaccionó de forma instintiva. Se encogió ligeramente, los hombros subiendo y la cabeza bajando un poco, como si intentara protegerse de un golpe inminente. Su cuerpo se tensó, preparándose para el impacto. Fue un gesto pequeño, casi imperceptible para cualquiera, pero para Charlie fue como un puñetazo en el estómago.
El corazón de Charlie se apretó con fuerza.
Dolor puro cruzó su expresión.
Se detuvo a un metro de distancia y preguntó con voz baja, pero peligrosa y cargada de emoción:
—¿En serio piensas qué te pondría una mano encima, Babe?
Babe levantó la mirada. El dolor en la pregunta de Charlie lo golpeó directamente.
Se sintió culpable al instante, los ojos llenándose de arrepentimiento.
—No, joder…Lo siento.— murmuró Babe, la voz quebrada.— No es por ti…es que…
No pudo terminar. Los recuerdos lo invadieron de golpe: su padre golpeándolo cada vez que se equivocaba en un entrenamiento, cada vez que mostraba “debilidad”, cada vez que no era lo suficientemente perfecto. Su cuerpo había reaccionado por instinto, un reflejo condicionado de años de abuso. No era miedo a Charlie. Era su mente y su cuerpo recordando viejos traumas.
Babe dio un paso atrás, sintiéndose mal, avergonzado. Quiso irse del ring.
—Necesito…aire.— dijo en voz baja, girándose.
Charlie no lo dejó. Con un movimiento rápido pero suave, lo agarró de la cintura con ambas manos grandes y lo atrajo contra su cuerpo.
Lo levantó sin esfuerzo y obligó a Babe a enredar las piernas alrededor de su cadera, sosteniéndolo en el aire como si fuera lo más frágil y valioso del mundo.
—No.— dijo Charlie con voz firme, pero llena de cariño y posesividad.— No vas a huir de esto. Mírame.
Babe levantó la mirada, los ojos brillantes por las lágrimas que intentaba contener.
Charlie lo sostuvo con fuerza contra su pecho, una mano en su espalda baja y la otra en su nuca, manteniéndolo cerca.
—Escúchame bien, mi amor.— continuó Charlie, su voz grave y seria.— Eres lo más valioso que tengo. Lo más importante en mi vida. Jamás, escúchame, jamás te pondría una mano encima con rabia o para hacerte daño. Esto.— señaló el ring con la cabeza.— es solo entrenamiento. Amistoso. Diversión. Si alguna vez te golpeo de verdad, será porque tú me lo pidas en la cama…y ni siquiera entonces será para lastimarte.
Babe soltó una risa temblorosa, aún con los ojos húmedos.
Charlie sonrió con ternura y continuó:
—Si voy a destrozarte, será en la cama, Babe. Donde pueda oírte gemir mi nombre y verte llorar de placer, no de miedo. ¿Entendido?
Babe rio más fuerte esta vez, una risa genuina que aligeró el peso en su pecho. Se inclinó y besó a Charlie con suavidad, un beso lleno de amor y gratitud.
—Te amo, Cachorro.— murmuró contra sus labios.— Lo siento…mi cuerpo recordó cosas que no quería recordar. No era por ti. Nunca sería por ti.
Charlie lo abrazó más fuerte, besando su frente, sus mejillas y luego su boca con devoción.
—Lo sé. Y no tienes que disculparte por tus traumas. Solo prométeme que cuando algo así pase, me lo dirás. No te alejes. Déjame abrazarte hasta que pase.
Babe asintió, apoyando la frente contra la de Charlie.
—Te lo prometo. Te amo tanto…gracias por no enfadarte.
Charlie negó con la cabeza y lo besó de nuevo, más profundo esta vez.
—Nunca podría enfadarme contigo por algo así. Eres mi corazón, Babe. Mi todo. Vamos a seguir entrenando solo cuando tú quieras. Y si necesitas parar, paramos. Sin preguntas.
Babe sonrió, aún en sus brazos, las piernas enredadas en su cadera.
—Sigamos un poco más…pero esta vez sin trucos. Solo tú y yo.
Charlie lo bajó con cuidado al suelo, pero mantuvo una mano en su cintura, protector.
—Solo tú y yo.— repitió Charlie.— Siempre.
El entrenamiento continuó, pero ahora con más cuidado, más risas y miradas llenas de amor. Los fantasmas del pasado de Babe habían aparecido, pero Charlie estaba allí para ahuyentarlos. Juntos, paso a paso, iban sanando lo que el pasado había roto.
Una Cita para disfrutar
Dos días después del incidente en el entrenamiento, Charlie decidió que era momento de algo diferente. Nada de mafia, nada de despachos, nada de riesgos. Solo ellos dos.
Esa noche, preparó una cita sorpresa. No le dijo a Babe a dónde iban, solo le pidió que se vistiera elegante pero cómodo. Babe apareció con un pantalón negro ajustado y una camisa gris oscura que se ceñía perfectamente a su torso. Charlie, como siempre imponente, llevaba una camisa negra abierta en los primeros botones y pantalones oscuros que marcaban su excelente físico.
El auto blindado los llevó a las afueras de Bangkok, a un restaurante privado ubicado en una terraza elevada con vistas impresionantes al río Chao Phraya. El lugar estaba completamente reservado solo para ellos: luces suaves, velas encendidas, música instrumental baja y una mesa para dos justo al borde de la terraza, con la ciudad brillando a sus pies.
Cuando llegaron y Babe vio el escenario, se detuvo un segundo, sorprendido.
—¿Esto es…una cita? — preguntó Babe, girándose hacia Charlie con una sonrisa incrédula.
Charlie colocó una mano en su espalda baja y lo guió hacia la mesa.
—Sí, mi amor. Una cita de verdad. Sin guardaespaldas cerca, sin reuniones, sin emergencias. Solo tú y yo.
Se sentaron. Un mesero discreto les sirvió vino tinto y se retiró rápidamente, dejándolos solos.
Babe tomó su copa y miró a Charlie por encima del borde.
—No recuerdo la última vez que tuve una cita normal…o que alguien me llevara a un lugar así solo porque quería estar conmigo.
Charlie levantó su copa y brindó suavemente con la de Babe.
—Entonces empecemos a crear nuevos recuerdos. Por nosotros. Por todo lo que hemos construido.
Bebieron. La cena fue sencilla pero exquisita: mariscos frescos, filete de res con salsa de vino, ensalada de hierbas y postre de mango con sticky rice.
Mientras comían, la conversación fluyó con naturalidad.
—¿Sabes qué me gusta de ti?— dijo Babe de repente, pinchando un trozo de mango.
Charlie arqueó una ceja, divertido.
—Sorpréndeme.
—Que siendo el hombre más temido de Tailandia…todavía te tomas el tiempo de planear algo como esto para mí. Me hace sentir especial. No solo como tu socio o tu pareja en la cama…sino como alguien a quien realmente quieres cuidar.
Charlie dejó los cubiertos y extendió la mano sobre la mesa. Babe la tomó sin dudar.
—Eres especial, Babe. Más que eso. Eres lo único que me hace querer ser mejor. Antes de ti, mi vida era solo poder y control. Ahora…quiero darte momentos como este. Quiero que sientas que puedes bajar la guardia conmigo.
Babe entrelazó sus dedos y apretó suavemente.
— Contigo ya bajó la guardia. Incluso cuando mis demonios salen, como en el entrenamiento…tú no te asustas. Me abrazas. Eso significa todo para mí.
Charlie levantó sus manos unidas y besó los nudillos de Babe.
—Y yo quiero seguir abrazándote cada vez que esos demonios aparezcan. No tienes que pelear solo contra ellos nunca más.
El silencio que siguió fue cómodo. La brisa del río movía suavemente el cabello de Babe.
Charlie lo observaba con esa mirada intensa y posesiva que siempre tenía, pero ahora mezclada con una ternura profunda.
—¿Puedo preguntarte algo? — dijo Babe en voz baja.
—Lo que quieras.
—¿Alguna vez imaginaste qué terminarías aquí? ¿Con alguien como yo? Un ex asesino con un pasado roto, sentado en una cita romántica con el jefe de la mafia tailandesa.
Charlie sonrió, esa sonrisa rara y genuina que Babe adoraba.
—Nunca. Pensaba que mi vida sería solo soledad y poder. Pero entonces apareciste tú, luchando en esa calle con ojos llenos de fuego a pesar de todo. Y algo dentro de mí supo que ya no quería estar solo. Te amo, Babe. Con tus cicatrices, con tu fuerza, con tu pasado. Todo.
Babe sintió un nudo en la garganta. Se inclinó sobre la mesa y besó a Charlie con suavidad, un beso lento y lleno de emoción.
—Te amo, Cachorro.— murmuró contra sus labios.— Gracias por esta noche. Por hacerme sentir normal…y al mismo tiempo, el hombre más afortunado del mundo.
Charlie acarició su mejilla con el pulgar.
—Tú me haces sentir vivo. Y esta noche es solo el comienzo. Quiero más citas como esta. Quiero viajes, quiero despertar contigo todos los días, quiero construir algo real contigo fuera de todo el peligro.
Babe sonrió, los ojos brillando.
—Entonces hagámoslo. Paso a paso. Juntos.
Terminaron el postre entre risas y anécdotas ligeras. Charlie le contó cómo era él de joven, antes de convertirse en “El Fantasma Gris”.
Babe compartió algunos recuerdos buenos de su infancia, antes de que todo se volviera oscuro.
Cuando la noche avanzó y la ciudad brillaba aún más abajo de ellos, Charlie se levantó y extendió la mano.
—¿Bailas conmigo?
Babe tomó su mano y se levantó. No había música fuerte, solo la suave melodía de fondo. Charlie lo atrajo contra su pecho y bailaron lento, balanceándose suavemente bajo las luces tenues.
—No sé bailar lento.— confesó Babe riendo bajito.
—No importa.— respondió Charlie, besando su sien.— Solo abrázame.
Se quedaron así, abrazados, moviéndose despacio. La ciudad de Bangkok era testigo silencioso de su momento.
—Te amo.— susurró Babe contra su cuello.
—Yo te amo más, mi amor.— respondió Charlie, apretándolo con fuerza posesiva pero llena de cariño.
Esa noche, la cita fue simple, romántica y perfecta.
Un recordatorio de que, entre toda la oscuridad de su mundo, ellos habían encontrado su propia luz.
La Envidia que Despierta el Juego
Una semana después, la mansión seguía siendo el refugio de paz y rutina entre Charlie y Babe. Esa tarde, Charlie estaba en el despacho principal revisando contratos cuando recibió a una vieja socia y amiga de negocios: Sira, una mujer de unos 32 años, elegante, con cabello negro largo y una reputación de ser implacable en el mundo del contrabando de lujo.
Estaban sentados uno frente al otro, hablando con profesionalismo sobre una posible alianza en rutas de exportación.
—Los márgenes siguen siendo buenos.— decía Charlie con su voz grave y calmada.— pero necesito garantías de que tus contactos en Hong Kong no van a interferir con mis territorios del norte.
Sira sonrió con confianza, cruzando las piernas.
—Siempre he sido leal contigo, Charlie. Sabes que…
La puerta del despacho se abrió sin ruido y Babe entró. Vestía una camisa negra ajustada que marcaba su torso esbelto y pantalones oscuros que se ceñían a sus piernas. El cabello negro le caía ligeramente sobre la frente y sus ojos azul grisáceo brillaban con esa mezcla natural de determinación y seducción inconsciente.
Charlie levantó la vista y su expresión se suavizó al instante.
—Babe, ven. Quiero presentarte a alguien.
Babe se acercó con paso tranquilo y una sonrisa educada. Charlie se levantó y colocó una mano posesiva en la parte baja de su espalda.
—Sira, él es Babe. Mi socio y mi pareja.
Sira extendió la mano automáticamente, pero en cuanto sus ojos se posaron en Babe, su rostro cambió por completo. La sonrisa profesional se congeló. Sus ojos se entrecerraron ligeramente mientras recorrían la belleza descomunal del hombre frente a ella: la piel blanca perfecta, los labios bien definidos, la estructura delicada pero masculina del rostro…y sobre todo, esos ojos azul grisáceo que parecían mirar directamente al alma sin esfuerzo, con esa mirada filosa y coqueta que Babe ni siquiera intentaba.
La envidia fue inmediata y visceral. Sira sintió un nudo de enojo en el estómago. Ella, que siempre había sido considerada hermosa y poderosa, se sintió opacada en cuestión de segundos.
—Un placer.— dijo Sira, forzando una sonrisa tensa mientras estrechaba su mano.— No sabía que Charlie tenía…compañía tan cercana.
Babe notó el cambio en su expresión, pero no dijo nada. Solo sonrió con cortesía y respondió con voz suave:
—El placer es mío. Charlie me ha hablado muy bien de ti y de tus negocios.
Sira soltó la mano un poco más rápido de lo necesario y volvió a sentarse, cruzando los brazos. Babe se quedó de pie al lado de Charlie, quien seguía con la mano en su espalda.
La reunión continuó unos minutos más, pero el ambiente se había vuelto incómodo. Sira hablaba con más brusquedad, lanzando miradas rápidas y cargadas de resentimiento hacia Babe cada vez que este intervenía con alguna observación inteligente.
Cuando la reunión terminó y Sira se levantó para irse, Babe se limitó a inclinar la cabeza educadamente.
—Que tengas buena tarde.— dijo simplemente.
Sira salió del despacho sin responder, la espalda rígida y la mandíbula apretada.
Una vez que la puerta se cerró, Babe se quedó mirando el espacio vacío con una sonrisa pequeña y peligrosa. Murmuró casi para sí mismo:
—Parece que voy a volver a divertirme…
Charlie, que estaba recogiendo unos papeles, levantó la vista.
—¿Qué dijiste, mi amor?
Babe giró hacia él con una sonrisa inocente que no engañaba a nadie. Se acercó lentamente y rodeó el cuello de Charlie con los brazos.
—Nada importante, Cachorro…— respondió con voz dulce, pero sus ojos brillaban con ese brillo letal y juguetón.— Solo que se vienen cosas interesantes.
Luego, lentamente, se lamió el labio inferior con la punta de la lengua, un gesto deliberado y provocador.
Charlie entrecerró los ojos, estudiándolo.
Conocía demasiado bien esa expresión.
—Babe…— advirtió con tono grave, aunque una sonrisa empezaba a formarse en sus labios.— ¿Qué estás planeando?
Babe se encogió de hombros con fingida inocencia, pero su sonrisa se volvió más amplia y peligrosa.
—¿Yo? Nada. Solo observé que tu “vieja amiga” no parecía muy feliz de verme. Sus ojos decían muchas cosas…especialmente cuando me miró. Creo que le molestó bastante que el hombre más poderoso del país tenga a alguien como yo a su lado.
Charlie soltó una risa baja y lo atrajo más cerca por la cintura.
—¿Y eso te divierte?
—Mucho.— admitió Babe, mordiéndose el labio inferior.— Me gusta cuando la gente se da cuenta de que no soy solo un bonito adorno. Y si ella quiere jugar a la envidia…yo sé jugar muy bien a ese juego.
Charlie lo miró con una mezcla de diversión y advertencia posesiva.
—No quiero problemas innecesarios, mi amor. Sira es útil para los negocios.
Babe se inclinó y besó la comisura de su boca.
—No voy a causar problemas…solo voy a recordarle amablemente cuál es su lugar. Y el mío.
Charlie suspiró, pero no pudo evitar sonreír.
Tomó el mentón de Babe y lo besó con lentitud, mordiendo suavemente su labio inferior.
—Eres un peligro, Babe. Un peligro hermoso y letal.
Babe rio contra su boca y respondió el beso con la misma intensidad.
—Y tú eres el único que puede controlarme, Cachorro. Pero admite que te gusta cuando soy un poco malo.
Charlie apretó su cintura con fuerza posesiva.
—Me encanta. Pero si vas a “divertirte”, quiero saberlo todo. No me dejes fuera del juego.
Babe se separó solo lo suficiente para mirarlo a los ojos, esa sonrisa peligrosa aún en sus labios.
—Nunca te dejaría fuera. Somos un equipo, ¿recuerdas?
Charlie lo besó de nuevo, esta vez más profundo y posesivo.
—Recuérdalo siempre, mi amor. Porque si alguien intenta lastimarte, aunque sea con miradas…yo seré el primero en recordarle por qué nadie toca lo que es mío.
Babe sonrió, feliz y excitado por la promesa.
—Lo sé. Y eso es exactamente lo que más me gusta de ti.
La tarde continuó con esa energía cargada entre ellos: Babe ya planeando en silencio cómo manejar la envidia de Sira, y Charlie disfrutando de la versión más peligrosa y seductora de su pareja.
La Envidia que Se Envenena
Los días siguientes, la molestia de Sira se volvió cada vez más evidente. Cada vez que visitaba la mansión para tratar negocios, su mirada se endurecía al ver a Babe. Soltaba comentarios de doble sentido dirigidos a Charlie, intentando recuperar terreno que nunca había tenido.
Durante una reunión en el despacho, Sira se inclinó hacia Charlie con una sonrisa demasiado dulce.
—Recuerdo cuando solo éramos tú y yo hablando de negocios hasta altas horas de la noche…sin distracciones. Era mucho más…íntimo.
Charlie ni siquiera levantó la vista de los documentos.
—Los tiempos cambian, Sira. Ahora tengo un socio que vale más que cualquier distracción.
Sira apretó los labios, pero no dijo nada más.
Sus ojos, sin embargo, lanzaban dagas hacia Babe cada vez que este hablaba.
Un día, mientras Charlie atendía una llamada importante en su despacho, Sira encontró a Babe solo en el jardín trasero. Babe estaba sentado en un banco de piedra, mirando las flores con tranquilidad. Sira se acercó con paso elegante, fingiendo casualidad.
—Qué bonito lugar.— comentó, sentándose a su lado sin ser invitada.— Tienes suerte de vivir aquí.
Babe levantó la mirada y sonrió con cortesía, siguiendo el juego.
—Sí, es un lugar muy tranquilo. ¿Querías algo, Sira?
Ella sonrió con falsedad y se inclinó un poco hacia él.
—Solo charlar. Entre nosotros. Sin Charlie de por medio.
Babe asintió, manteniendo su expresión neutral pero atenta.
—Claro. Dime.
Sira bajó la voz, como si compartiera un secreto jugoso.
—¿Sabías que Charlie y yo éramos compañeros de cama?
Babe parpadeó una sola vez, sin mostrar sorpresa.
—No, no lo sabía.
Sira continuó, claramente disfrutando del momento:
—Incluso se metía siempre conmigo cuando se aburría de sus conquistas. Ya sabes…cuando necesitaba algo fácil y sin complicaciones.
Babe la miró fijamente unos segundos y luego respondió con voz calmada, casi amable:
—Eso es de esperarse si te tiene de segunda opción.
El golpe fue directo. La cara de Sira se contrajo de rabia y humillación. Babe se levantó con elegancia, sin esperar respuesta, y se alejó caminando tranquilamente por el jardín, disfrutando en silencio de la molestia evidente en la mujer.
Más tarde esa misma noche, Babe estaba en el comedor privado, sentado en la mesa con solo una camisa larga de dormir que apenas le cubría los muslos. Charlie estaba frente a él, revisando unos papeles antes de cenar.
Babe levantó un pie descalzo con lentitud y lo deslizó por la entrepierna de Charlie, presionando suavemente contra su miembro por encima del pantalón.
Charlie levantó una ceja, dejando los papeles a un lado.
—¿Qué estás haciendo, mi amor?
Babe sonrió con inocencia fingida mientras seguía moviendo el pie con lentitud provocadora.
—Solo te cuento algo que pasó hoy.— dijo con voz suave.— Sira me encontró en el jardín. Me dijo que tú y ella eran compañeros de cama. Que te metías con ella cuando te aburrías de tus conquistas.
Charlie soltó una risa baja y burlona, agarrando el tobillo de Babe para detener el movimiento de su pie, pero sin apartarlo.
—Jamás estuve con ella.— respondió con total tranquilidad.— Ni una sola vez. Sira siempre quiso algo que nunca le di. Se inventa historias para sentirse importante.
Babe sonrió más ampliamente, satisfecho con la respuesta.
—Lo supuse. Pero fue divertido ver cómo se le descompuso la cara cuando le dije que era de esperarse si solo era segunda opción.
Charlie apretó suavemente el tobillo de Babe y lo miró con ojos oscuros.
—Eres cruel cuando quieres, ¿lo sabías?
—Solo cuando alguien intenta jugar sucio conmigo.— respondió Babe, moviendo de nuevo el pie con más intención.— ¿Te molesta qué me divierta un poco con ella?
Charlie soltó el tobillo y se levantó lentamente, rodeando la mesa hasta quedar detrás de Babe. Se inclinó y habló cerca de su oreja, la voz ronca y posesiva:
—No me molesta. Me encanta verte así… peligroso y seguro de lo que eres para mí. Pero recuerda que eres mío. Y yo soy tuyo. Nadie más importa.
Babe giró la cabeza y lo besó en la comisura de los labios.
—Lo sé, Cachorro. Solo me gusta recordarle a la gente cuál es su lugar.
Charlie deslizó una mano por debajo de la camisa de Babe, acariciando su muslo desnudo.
—Y tu lugar es aquí. Conmigo. Siempre.
Babe se mordió el labio inferior y sonrió.
—Entonces ven y recuérdamelo mejor.
Charlie soltó una risa baja y oscura, y lo levantó de la silla sin esfuerzo, llevándolo en brazos hacia las escaleras.
—Con mucho gusto, mi amor.
La noche prometía ser larga, y la envidia de Sira solo había conseguido hacer que la conexión entre Charlie y Babe se volviera aún más fuerte.
La Humillación que Merecía
Al día siguiente, la tensión en la mansión era palpable. Charlie estaba en el despacho con Sira, revisando los últimos detalles de un contrato de exportación. Babe había salido un momento al jardín, pero regresó antes de lo esperado y se quedó en silencio junto a la puerta entreabierta, escuchando sin ser visto.
Sira, claramente frustrada por los rechazos anteriores, decidió ir más allá.
—Creo que deberías terminar tu relación con Babe.— soltó de repente, con voz cargada de veneno disfrazado de preocupación.
Charlie levantó una ceja, su expresión fría como el hielo.
—¿Razones?
Sira se inclinó hacia adelante, intentando sonar razonable.
—No es un hombre para ti, Charlie. No es lo correcto. Es…inestable. Con un pasado oscuro. Alguien como tú necesita una pareja que esté a tu nivel, no alguien que arrastre problemas.
Charlie soltó una risa baja y peligrosa, recostándose en su sillón.
—Eso lo decido yo, no tú. Así que cierra la boca cuando se trata de mi vida personal. No es asunto tuyo.
Sira no se rindió. Se levantó y rodeó el escritorio con movimientos seductores, acercándose demasiado a Charlie.
—Piénsalo…podríamos comenzar algo que no hicimos en su momento. Yo te entiendo. Yo sé lo que necesitas.
Intentó besarlo, inclinándose rápidamente hacia su boca.
Charlie reaccionó con velocidad. La tomó del brazo con fuerza y la empujó lejos de él. Sira tropezó hacia atrás y su espalda chocó directamente contra el pecho de Babe, quien había entrado en silencio al despacho.
Babe la sujetó por los hombros para estabilizarla, pero su voz salió fría y letal:
—¿A qué te refieres con que no soy un buen hombre para él?
Sira se giró bruscamente, pálida. Babe no le dio tiempo a reaccionar. Con un movimiento fluido y brutal, la agarró del cuello y la estampó contra la pared más cercana. Su espalda golpeó con fuerza, arrancándole un jadeo de dolor.
—¡Suéltame!— gritó Sira, intentando forcejear.
Babe apretó lo justo para inmovilizarla, sus ojos azul grisáceo brillando con esa mirada filosa y peligrosa.
—No peleo por hombres.— dijo Babe con voz baja, clara y controlada.— Pero no permito que hablen de mí como si me conocieran de toda la vida. Esta es mi casa. Mi territorio. Y Charlie es mi pareja. Así que no permito ofensas hacia nosotros.
Sira intentó hablar, pero Babe apretó un poco más el agarre en su cuello.
—Tú no eres nadie para opinar sobre lo que merece o no. Eres solo una socia de negocios que se cree con derecho a meterse donde no la llaman. Me envidias porque ves lo que nunca tendrás: un hombre que me mira como si fuera su mundo entero. Y tú…solo eres una segunda opción que nunca llegó a ser primera.
Charlie se quedó de pie a un lado, sin intervenir, observando con orgullo y una leve sonrisa.
Babe continuó, su voz elegante pero cortante como un cuchillo:
—No voy a matarte. Sería demasiado fácil. Prefiero que vivas con esto: sabiendo que nunca serás suficiente. Que cada vez que mires a Charlie, recordarás que él me eligió a mí. Y que yo estoy aquí, en su casa, en su cama, en su vida…mientras tú solo eres un recuerdo incómodo.
Sira temblaba de rabia y humillación. Babe la soltó lentamente, dando un paso atrás.
—Ahora vete. Y la próxima vez que vengas por negocios, mantén la boca cerrada sobre mi relación. ¿Quedó claro?
Sira asintió con la cabeza, respirando agitada.
Recogió su bolso con manos temblorosas y salió del despacho sin mirar atrás, la espalda rígida por la vergüenza.
Cuando la puerta se cerró, Babe se dio la vuelta para encarar a Charlie. Su expresión seguía dura.
—No vuelvas a decirme que no sea tan brusco con ella.— dijo Babe con firmeza. —Ya que lo merece.
Charlie había intentado detenerlo antes con un “Babe, suéltala”, pero ahora solo lo miraba con una mezcla de diversión y orgullo.
Babe cruzó los brazos.
—¿Quedó claro?
Charlie asintió, intentando contener una sonrisa. Era casi gracioso: el hombre más temido de Tailandia siendo regañado por su pareja como si fuera un niño.
—Quedó claro, mi amor.
Babe quiso girarse e irse, aún molesto, pero Charlie fue más rápido. Lo tomó de la cintura con ambas manos y lo empujó contra la pared, besándolo con hambre posesiva.
Babe jadeó contra su boca y empezó a golpearlo en el pecho con los puños, intentando apartarlo.
—Charlie…
Charlie gruñó contra sus labios, profundizando el beso.
—Deja de luchar y déjate querer, mi amor.
Babe sintió un escalofrío recorrerle la espalda al escuchar la risa baja y oscura de Charlie.
—Oblígame.— respondió Babe, desafiante, aunque su cuerpo ya se estaba rindiendo.
Charlie sonrió contra su boca, una sonrisa
peligrosa y satisfecha, y lo presionó más fuerte contra la pared.
—Con mucho gusto.
El beso se volvió más intenso, las manos de Charlie bajando por la cintura de Babe con clara intención de recordarle exactamente a quién pertenecía.
El Desayuno que se Volvió Hambre
Al día siguiente, la mansión amaneció tranquila y soleada. El desayuno estaba servido en el comedor privado: café negro fuerte, jugo fresco, frutas, huevos y tostadas.
Charlie ya estaba sentado a la cabecera de la mesa cuando Babe bajó, vestido solo con una camisa larga de dormir que apenas le cubría los muslos.
Se saludaron con un beso suave en los labios antes de sentarse. Al principio hablaron de cosas normales: el clima, un contrato pendiente y una broma sobre cómo Sira probablemente no volvería pronto después de la humillación del día anterior.
Babe comía una fresa con lentitud, mirándolo con esa sonrisa coqueta que siempre ponía a Charlie en alerta.
De repente, Babe se levantó de su silla y, sin decir nada, se sentó directamente encima del regazo de Charlie, a horcajadas. Sus muslos desnudos quedaron expuestos por completo cuando la camisa se subió.
Charlie soltó un gruñido bajo de aprobación y sus manos grandes subieron inmediatamente a acariciar los muslos de Babe con lentitud posesiva, los pulgares trazando círculos en la piel suave y sensible.
—Buenos días de nuevo.— murmuró Charlie con voz ronca, apretando suavemente la carne bajo sus palmas.
Babe se mordió el labio inferior, disfrutando del contacto. Sus ojos azul grisáceo se oscurecieron un poco.
—Tengo ganas de comer algo…— dijo Babe con voz suave y provocadora.
Charlie levantó una ceja, una sonrisa peligrosa curvando sus labios mientras seguía acariciando sus muslos.
—¿Qué cosa, mi amor?
Babe no respondió con palabras. Se levantó ligeramente, deslizándose hacia abajo entre las piernas abiertas de Charlie. Se arrodilló en el suelo frente a él, con las manos subiendo por los muslos del mayor hasta llegar al botón de su pantalón.
Charlie lo miró desde arriba, respirando más profundo.
—Babe…
Babe desabrochó el pantalón con dedos hábiles y sacó el miembro de Charlie, que ya empezaba a endurecerse en su mano. Lo acarició lentamente de arriba abajo, sintiendo cómo se ponía completamente duro bajo su toque.
—Esto— respondió Babe finalmente, mirándolo a los ojos con una sonrisa seductora.— Tengo ganas de comerme esto.
Charlie soltó un gruñido bajo y una mano bajó para enredarse en el cabello negro de Babe.
—Joder…eres insaciable.
Babe se lamió los labios y se inclinó hacia adelante. Primero besó la punta, luego sacó la lengua y lamió lentamente desde la base hasta la cabeza, saboreándolo con deliberada lentitud.
—Mmm…me encanta cómo sabes.— murmuró Babe antes de abrir la boca y tomar la cabeza dentro, chupando con suavidad al principio.
Charlie echó la cabeza hacia atrás con un gemido grave.
—Así…justo así, mi amor. Tu boca es perfecta.
Babe empezó a bajar más, tomando más longitud en su boca, moviendo la cabeza con ritmo lento pero profundo. Sus mejillas se hundían cada vez que chupaba con fuerza.
Una mano acariciaba lo que no alcanzaba con la boca, mientras la otra se apoyaba en el muslo de Charlie para mantener el equilibrio.
—Tan caliente y húmeda…— jadeó Charlie, los dedos apretando el cabello de Babe.— Me vuelves loco cuando me miras así mientras me chupas.
Babe levantó la mirada hacia él, los ojos azul grisáceo brillantes y llenos de deseo. Sacó el miembro de su boca solo un segundo para hablar, con la voz ronca y provocadora:
—Quiero que te corras en mi boca, Cachorro. Quiero tragármelo todo.
Charlie gruñó y empujó suavemente la cabeza de Babe hacia abajo.
—Entonces no pares…chúpame más fuerte.
Babe obedeció. Aceleró el ritmo, chupando con más intensidad, la lengua girando alrededor de la cabeza cada vez que subía.
Los sonidos húmedos y obscenos llenaban el comedor silencioso.Charlie jadeaba, los músculos de sus muslos tensos bajo las manos de Babe.
—Eso es…tan bueno…tu boca es jodidamente perfecta, mi amor. Me estás llevando al límite.
Babe gimió alrededor de su miembro, el sonido vibrando contra la piel sensible de Charlie. Siguió moviendo la cabeza con rapidez, tomando todo lo que podía, hasta que Charlie no aguantó más.
—Babe…me voy a correr.— advirtió Charlie con voz ronca.
Babe no se apartó. Chupó con más fuerza, mirándolo a los ojos, y Charlie se corrió con un gruñido profundo, derramando su semen caliente en la boca de Babe.
Babe tragó todo sin derramar una gota, lamiendo después con cuidado para limpiarlo.
Luego se levantó lentamente, limpiándose la comisura de los labios con el dedo y sonriendo con satisfacción.
—Delicioso.— murmuró Babe, volviendo a sentarse en el regazo de Charlie.
Charlie lo abrazó con fuerza posesiva y lo besó profundamente, probando su propio sabor en la boca de Babe.
—Eres un peligro, mi amor.— jadeó Charlie contra sus labios.— Un peligro delicioso.
Babe rio suavemente y se acurrucó contra su pecho.
—Y tú eres mi desayuno favorito.
Charlie besó su frente, aún recuperando el aliento.
—Entonces quédate aquí todo el día. No tengo ganas de trabajar después de esto.
Babe sonrió y mordisqueó su mandíbula.
—Trato hecho, Cachorro.
El desayuno quedó olvidado sobre la mesa.
La mañana acababa de volverse mucho más interesante.
El Viaje que Mezcló Negocios y Placer
Dos semanas después de la humillación de Sira, Charlie decidió combinar negocios con placer. Había una reunión importante en Phuket con un grupo de inversores tailandeses y extranjeros que controlaban rutas marítimas clave. Charlie podía haber enviado a alguien, pero eligió ir personalmente…y llevar a Babe con él.
—No es solo trabajo.— le dijo Charlie mientras empacaban.— Vamos a quedarnos unos días más. Solo tú y yo. Playa, sol y nada de interrupciones.
Babe sonrió con esa mezcla de emoción y picardía que siempre ponía a Charlie en alerta.
—¿Negocios de día y tú de noche? Me gusta el plan, Cachorro.
Llegaron a Phuket en el jet privado de Charlie. El hotel era uno de los más exclusivos: una villa privada sobre el acantilado con piscina infinita que daba directamente al mar de Andamán. La vista era espectacular: agua turquesa, palmeras y cielo despejado.
El primer día fue puro negocios.
La reunión se celebró en una sala privada del hotel. Charlie, imponente como siempre con camisa negra y pantalones oscuros, hablaba con autoridad. Babe estaba a su lado, vestido con elegancia casual: camisa blanca ajustada y pantalones claros. Participaba cuando era necesario, con comentarios precisos y estratégicos que sorprendían a los inversores.
Uno de los hombres, un empresario chino, miró a Babe con curiosidad.
—No sabía que tenías un socio tan joven yo…atractivo, Charlie.
Charlie colocó una mano posesiva en la parte baja de la espalda de Babe y respondió con voz fría:
—No es solo mi socio. Es mi pareja. Y su opinión vale tanto como la mía.
Babe sonrió con cortesía, pero sus ojos azul grisáceo brillaron con esa mirada filosa que Charlie adoraba.
—Gracias. Y sí, recomiendo que revisen la cláusula de seguridad. Si no controlamos las rutas, los piratas modernos se llevarán su mercancía antes de que llegue a puerto.
La reunión terminó con un acuerdo favorable.
Cuando salieron de la sala, Charlie tomó a Babe de la mano y lo llevó directamente a la villa.
—Negocios terminados.— murmuró Charlie contra su oreja mientras cerraban la puerta.— Ahora te tengo solo para mí.
Babe rio y lo empujó suavemente contra la pared.
—¿Ya? Pensé que íbamos a disfrutar la playa primero.
Charlie lo atrapó por la cintura y lo besó con hambre.
—La playa puede esperar. Tú no.
Esa tarde bajaron a la playa privada de la villa. Babe llevaba solo un bañador negro ajustado que marcaba sus piernas y su trasero de forma pecaminosa. Charlie no podía quitarle los ojos de encima.
Se tumbaron en las tumbonas bajo una sombrilla. Charlie untó protector solar en la espalda de Babe con movimientos lentos y posesivos, sus manos recorriendo cada centímetro de piel.
—Me encanta tenerte así.— murmuró Charlie, besando su nuca.— Lejos de todo. Solo nosotros.
Babe giró la cabeza y lo miró con una sonrisa coqueta.
—¿Sabes qué me gusta de este viaje? Que nadie nos mira como si fuéramos el jefe de la mafia y su asesino. Solo somos dos hombres de vacaciones.
Charlie lo volteó y se colocó encima de él, besándolo con lentitud bajo el sol.
—Dos hombres muy enamorados.— corrigió Charlie contra sus labios.— Y muy posesivos.
Babe enredó los dedos en el cabello de Charlie y tiró suavemente.
—Muy posesivos.— repitió, mordiendo su labio inferior.— No me dejas ni un segundo sin tocarme.
—No quiero dejarte.— confesó Charlie, bajando la mano para apretar su trasero por encima del bañador.— Eres adictivo.
Pasaron la tarde entre besos, risas y conversaciones ligeras. Babe le contó anécdotas de cuando era más joven y entrenaba en secreto, y Charlie compartió historias de cómo había construido su imperio paso a paso.
Por la noche, cenaron en la terraza de la villa: mariscos frescos, vino blanco frío y velas. El mar se oía de fondo.
Babe levantó su copa y brindó.
—Por nosotros. Por poder mezclar negocios y placer sin que el mundo se derrumbe.
Charlie chocó su copa y lo miró con intensidad.
—Por ti, mi amor. Por ser la mejor decisión que he tomado en mi vida.
Babe se levantó, rodeó la mesa y se sentó en el regazo de Charlie, rodeando su cuello con los brazos.
—¿Sabes qué quiero ahora?— susurró contra su boca.
—Dime.
—Quiero que me folles mirando al mar. Quiero oír las olas mientras me haces tuyo.
Charlie gruñó y lo levantó en brazos sin esfuerzo.
—Tus deseos son órdenes, mi amor.
Lo llevó hasta la barandilla de la terraza, lo puso de espaldas al mar y lo besó con pasión mientras sus manos bajaban el bañador de Babe.
La noche en Phuket apenas comenzaba, y prometía ser inolvidable.
La Reunión que Terminó en Sangre y Deseo
Unos días después del viaje a Phuket, Babe y Charlie fueron solicitados para una reunión de negocios en un hotel de lujo en el centro de Bangkok. El hombre que los había contactado se llamaba Willy, un empresario local que se había enterado de su presencia en la ciudad y quería negociar una posible alianza en el tráfico de mercancía de lujo.
Charlie tenía otros asuntos urgentes que atender esa misma tarde, así que le pidió a Babe que fuera solo.
—Cuídate, mi amor.— dijo Charlie antes de que Babe saliera, tomándolo por la cintura y besándolo con fuerza.— Cualquier cosa rara, me llamas. No importa qué.
Babe sonrió y le acarició la mejilla.
—No te preocupes, Cachorro. Sé defenderme. Pero entiendo tu preocupación. Te llamo si pasa algo.
La reunión empezó bien. Willy era un hombre de unos veintitantos años, bien vestido y con una sonrisa calculadora. Hablaron de cifras, rutas y porcentajes. Babe se mostró profesional, inteligente y directo.
Hasta que todo cambió.
Willy se levantó de repente, rodeó la mesa y se acercó demasiado a Babe.
—Quisiera tener una cita contigo.— dijo sin rodeos, mirándolo de arriba abajo.— Me has llamado totalmente la atención. Eres…impresionante.
Babe mantuvo la calma, aunque su expresión se enfrió.
—Agradezco el gesto, pero lo lamento. No estoy interesado.
Se dio la vuelta para irse, pero Willy lo tomó del brazo con fuerza, deteniéndolo.
—Dudo mucho que quieras irte sin darme alguna otra respuesta que no sea negativa.
Babe sintió la presión en su brazo y su mirada cambió por completo: de cortés a letal en un segundo.
—Mi respuesta sigue siendo la misma..— dijo con voz baja y peligrosa.
Willy insistió, apretando más el brazo.
—Vamos, no seas así. Solo una cena. Te puedo dar lo que quieras.
Babe sintió la amenaza en todo su cuerpo. Su instinto de asesino se activó. Su mano ya se movía hacia el cuchillo oculto cuando, de repente, una mano tomó a Willy por el cuello desde atrás y lo estampó violentamente contra la pared.
Babe se sorprendió al ver a Charlie.
—No vuelvas a ponerle la mano encima, hijo de puta.— gruñó Charlie con voz mortalmente baja, sus ojos grises convertidos en hielo puro.
Willy jadeó, intentando respirar.
Babe intervino rápidamente, aunque su voz aún estaba cargada de adrenalina.
—¿En serio vas a matarlo?
Charlie ni siquiera lo miró. Rompió el cuello de Willy con un movimiento seco y brutal. El sonido fue claro y definitivo. Soltó el cuerpo, que cayó al suelo como un saco.
Charlie ordenó a sus hombres, que ya habían entrado al salón:
—Llévenselo. Desháganse del cadáver. Que parezca un accidente.
Los hombres asintieron y sacaron el cuerpo rápidamente.
Cuando se quedaron solos, Charlie se giró hacia Babe. Su expresión seguía oscura.
—¿Te preocupaba su miserable vida, mi amor?
Babe negó con la cabeza, retrocediendo un paso al ver cómo Charlie se acercaba con esa mirada posesiva y peligrosa.
—No…pero…
Charlie siguió avanzando.
—Pues no se nota.
Babe levantó la mano para golpearlo en el pecho por la estupidez que acababa de decir, pero Charlie fue más rápido. Lo tomó de la cintura con fuerza y lo atrajo contra su cuerpo.
Babe jadeó ante el contacto brusco.
—Eres un animal.— murmuró Babe, intentando apartarse.
Charlie sonrió con esa sonrisa oscura y satisfecha que siempre hacía que Babe se derritiera.
—El animal que te hace llorar con su polla.
Babe soltó un “Cabrón” entre dientes y volvió a intentar golpearlo. Charlie lo besó con brusquedad, devorando su boca con hambre posesiva. Babe gimió en medio del beso, las manos empujando su pecho sin verdadera fuerza.
—Mi amor…espera…— jadeó Babe contra sus labios, intentando recuperar el aliento.
Charlie no esperó. Lo empujó contra la pared más cercana, inmovilizándolo con su cuerpo imponente. Una mano bajó rápidamente al pantalón de Babe, desabrochándolo con impaciencia mientras la otra sujetaba su nuca.
—No voy a esperar.— gruñó Charlie contra su boca, mordiendo su labio inferior.— Ese hijo de puta te tocó. Te puso las manos encima. Y yo necesito recordarte a quién perteneces.
Babe jadeó cuando Charlie sacó su miembro ya duro y lo acarició con fuerza.
—Charlie…aquí no…— protestó débilmente, aunque su cuerpo ya respondía.
—Aquí sí.— respondió Charlie, bajándole los pantalones de un tirón.— Nadie va a interrumpirnos. Y tú vas a tomar todo lo que te dé.
Charlie lo giró bruscamente, presionando su pecho contra la pared. Babe apoyó las manos en la superficie fría, respirando agitado.
Charlie escupió en su mano y preparó su entrada con dedos rápidos y posesivos.
—Tan apretado todavía…— murmuró Charlie, mordiendo su nuca.— Vas a sentirme todo el día, mi amor.
Sin más preámbulos, Charlie lo penetró con una embestida brutal y profunda.
—¡Ahhh!— gritó Babe, la frente golpeando contra la pared.
Charlie empezó a follarlo con fuerza salvaje, embestidas rápidas y violentas que hacían que el cuerpo de Babe rebotara contra la pared.
—Eso es…toma mi polla.— gruñó Charlie contra su oreja, una mano en su cadera y la otra en su cuello.— Este culo es mío. Nadie más lo toca. Nadie más te mira. ¿Entendido?
Babe gimió alto, las lágrimas de placer escapando de sus ojos.
—Sí…sí, Cachorro…solo tuyo…¡Ahhh…más fuerte!
Charlie mordió su hombro con fuerza, acelerando el ritmo.
—Dilo otra vez.
—Solo tuyo…— sollozó Babe de placer.— Te amo…cabrón…no pares…
Charlie sonrió contra su piel y siguió follándolo sin piedad, recordándole con cada embestida brutal a quién pertenecía su cuerpo, su corazón y su vida.
La reunión de negocios había terminado de la peor manera posible para Willy…y de la mejor para Charlie y Babe.
Sin Respiro
Charlie siguió embistiendo con fuerza brutal contra la pared, el sonido húmedo de piel contra piel llenando el lugar. Sus caderas chocaban con violencia contra el trasero de Babe, cada golpe profundo y sin piedad.
—¡Ahhh…Charlie! — gritó Babe, las uñas clavadas en la pared, el cuerpo temblando.
Charlie gruñó contra su nuca y aceleró el ritmo, follándolo con más violencia.
—Eso es…apriétame así.— jadeó Charlie, mordiendo su hombro.— Tu culo está hecho para tragarme entero, mi amor. Tan caliente, tan apretado…me vuelves loco.
Con un último gruñido gutural, Charlie se enterró hasta el fondo y se corrió con fuerza dentro de Babe, llenándolo con semen caliente y abundante. Babe gimió alto, sintiendo cada pulsación, y se corrió casi al mismo tiempo, su semen salpicando la pared frente a él.
Ambos respiraban agitadamente. Charlie salió lentamente de Babe, un hilo espeso de semen escapando de su entrada enrojecida.
Babe intentaba recuperar el aliento, la frente apoyada contra la pared, las piernas temblando. Charlie lo giró con cuidado pero firmeza, enfrentándolo.
Babe jadeaba, el pecho subiendo y bajando rápido. Charlie se masturbó lentamente frente a él, su miembro aún duro y brillante por el semen y los fluidos de Babe.
Babe notó las intenciones y negó con la cabeza, aún intentando recuperar el aliento.
—Dame un respiro, Cachorro…— suplicó con voz ronca.
Charlie rio, una risa baja y oscura, y negó con la cabeza.
—No.
Lo tomó de la cintura con ambas manos, lo levantó sin esfuerzo y lo obligó a enredar las piernas alrededor de su cadera. Babe jadeó cuando sintió la cabeza gruesa de la polla de Charlie presionando de nuevo contra su entrada sensible y llena.
—Charlie…espera…— intentó decir Babe, pero Charlie ya había alineado su miembro y lo embistió con una estocada violenta y profunda, entrando hasta el fondo de golpe.
—¡Ahhh!— gritó Babe, la cabeza cayendo hacia atrás contra la pared, los ojos llenándose de lágrimas de placer y sobrecarga.
Charlie empezó a follarlo con sexo violento y brutal, embestidas fuertes, rápidas y profundas que hacían que el cuerpo de Babe rebotara contra la pared con cada golpe.
—No hay respiro para ti hoy, mi amor.— gruñó Charlie contra su boca, mordiendo su labio inferior con fuerza.— Este culo es mío y lo voy a usar hasta que no puedas caminar. ¿Lo entiendes?
Babe sollozó de placer, las piernas temblando alrededor de su cintura.
—Sí…sí, Cachorro…¡Ahhh…me estás partiendo…!
Charlie bajó la cabeza y capturó uno de sus pezones con la boca, chupándolo con avidez y mordiendo con los dientes mientras seguía embistiendo sin piedad.
Babe lloriqueó agudamente, tirando del cabello de Charlie.
—Cachorro…estás chupando demasiado fuerte…duele…pero no pares…¡Ahhh!
Charlie sonrió contra su piel y pasó al otro pezón, chupándolo con la misma intensidad brutal, tirando de él con los dientes.
—Me encanta cómo lloriqueas cuando te chupo los pezones.— murmuró Charlie, la voz ronca y obscena.— Tan sensibles, tan bonitos…se ponen tan duros para mí. Quiero que te duelan mañana cada vez que te roces la camisa.
Babe jadeaba y gemía sin control, las manos enredadas en el cabello de Charlie, tirando con fuerza.
—¡Sí…! ¡Muerde más…! Me encanta cuando me usas así…tan violento…¡Ahhh…más profundo!
Charlie capturó su boca en un beso salvaje, mordiendo su lengua y sus labios mientras sus caderas seguían golpeando con brutalidad.
—Tu boca también es mía.— gruñó contra sus labios.— Tan caliente, tan húmeda…me vuelve loco cuando gimes dentro de ella.
Babe respondió con la misma intensidad: chupaba la lengua de Charlie, besaba su boca con desesperación y mordía su mandíbula y su cuello, dejando marcas rojas.
—Eres un animal…— jadeó Babe entre besos.— Un animal hermoso…fóllame más fuerte…quiero sentirte hasta el fondo…
Charlie aceleró las embestidas, follándolo con violencia pura contra la pared, el sonido de sus cuerpos chocando resonando en el despacho.
—Eso es…toma toda mi polla, mi amor.— dijo Charlie con voz oscura y posesiva.— Tan perfecto…tan mío. Voy a llenarte otra vez hasta que mi semen te corra por las piernas. Quiero que sientas cómo te marco por dentro.
Babe lloriqueaba y gemía, el placer casi insoportable.
—¡Sí…! ¡Lléname…! ¡Quiero todo tu semen…! ¡Cachorro…me voy a correr otra vez…!
Charlie mordió su cuello con fuerza, chupando la piel hasta dejar una marca morada profunda.
—Córrete para mí.— ordenó contra su oreja.—.Quiero sentir cómo te corres mientras te destrozo.
Babe gritó, el cuerpo convulsionando, y se corrió por segunda vez, su semen salpicando entre sus cuerpos. Sus músculos internos apretaron la polla de Charlie con fuerza.
Charlie gruñó profundamente y lo embistió unas cuantas veces más con brutalidad antes de enterrarse hasta el fondo y correrse con un gemido ronco, llenándolo de nuevo con semen caliente.
—Mío…— jadeó Charlie contra su cuello, aún moviéndose lentamente dentro de él.— Completamente mío, Babe.
Babe temblaba entre sus brazos, exhausto y satisfecho, la cabeza apoyada en el hombro de Charlie.
—Tuyo…— murmuró Babe con voz rota.— Siempre tuyo, Cachorro.
Charlie lo sostuvo contra la pared unos segundos más, besando su cuello con más suavidad ahora, mientras ambos recuperaban el aliento.
La reunión de negocios había terminado de la forma más violenta y posesiva posible.
¡FIN!
Dedicado a @Edith992 la 2 parte que habías pedido…Q lo disfrutes y disculpa la demora….









Un 💯 como siempre 🥰 gracias, me encantó
wow! Estuvo genial, ya te extrañaba me encanta tus historias sigue así 🫶 escribiendo historias interesantes y emocionantes