PRESO DEL AMOR

Summary

Una historia de amor que lleva el peso de tradiciones antiguas de antepasados. ¿acaso no dicen que cada uno carga su cruz?. Entonces por que el tiene que cargar con el pecado de otro, fue engañado por quienes decían ser su familia, fue humillado y lastimado. ¿Entonces a quien hay que culpar? si en aquel lugar no existe ley alguna que pueda condenar . -Enserio creíste que te dejaría ir fácilmente - susurro. -Enserio crees que puedes dejarme y abandonarme como lo hiciste antes!! - grito. _ El culpable de todo esto, eres tu , no yo, tu fuiste el creador de todo esto -culpo. _ ¿Quien es verdugo de quien? - pensó .

Genre
Romance
Author
Rosa
Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Chapter 1

Pov Normal

—¡AIDEN, baja en este mismo instante! —gritó mi madre desde la planta baja.

—¡Ya voy! —respondí de mala gana, soltando un suspiro pesado.

—¡Apresúrate! —volvió a gritar, esta vez con más impaciencia.

Bajé las escaleras arrastrando los pies. Mi madre me esperaba en el sillón, con una rigidez que me puso alerta.

—¿Qué pasó? —pregunté, deteniéndome frente a ella.

—Quiero que te pongas este traje inmediatamente —dijo mientras se levantaba de un salto y me extendía una caja elegante.

—Pero, madre, ya te dije que no tengo ganas de ir a ningún lado —repliqué con un deje de amargura.

—Y yo te dije que vas a ir quieras o no —sentenció, clavando su mirada en la mía.

—Me recuerdas a Rasputia... —susurré entre dientes, recordando aquel personaje autoritario.

—¿Qué dijiste? —preguntó ella, arqueando una ceja con peligro.

—Nada, nada —respondí rápido, subiendo las escaleras de dos en dos para refugiarme en mi habitación y ponerme el bendito traje

termine de colocarme hasta el último accesorio, me observé en el espejo. El corte era impecable, pero me sentía extraño, como si el traje no fuera para una simple fiesta.

—Nada mal, hermanito —dijo Fabián, apoyado en el marco de la puerta.

Di un brinco del susto

—¿Cuándo entraste a mi habitación? —grité enojado. Siempre odié que invadieran mi privacidad.

—Recién —respondió él, con una calma que me dio escalofríos

__ ¿que quieres ?__ Pregunté

—. De ti no quiero nada, solo pasaba a advertirte que te comportes bien.

—Descuida, no haré nada que te avergüence frente a tu flamante familia política —respondí con sarcasmo.

—Aiden... —Fabián intentó decir algo, pero nuestra madre entró y nos empujó hacia el pasillo.

—Se nos hace tarde y ustedes están aquí perdiendo el tiempo —siseó molesta.

Quise replicar, pero la mirada sombría de mi hermano me mandó a callar. Salimos al auto donde mi padre ya esperaba con las puertas abiertas. Nos dirigíamos al matrimonio de Fabián; no me pregunten por la novia, porque ni siquiera sabía su nombre.

Treinta minutos después, nos detuvimos frente a una mansión imponente a las afueras de la ciudad. La música retumbaba contra las paredes de piedra.

__Al fin llegaron! ¡Al fin llegaron! —gritó la multitud como si hubieran estado esperando un milagro.

Intenté abrir la puerta para bajar, pero Fabián me bloqueó el paso.

—¿Qué pasa ahora? —pregunté, confundido.

—Tú te quedas aquí hasta que venga el hermano de mi prometida —ordenó secamente antes de bajar con mis padres. Me dejaron allí solo, encerrado en el auto.

—Pero qué porquería... —susurré, cruzándome de brazos.

A los pocos minutos, la puerta se abrió. Un hombre de facciones marcadas y mirada intensa me observó.

—¿Aiden? —preguntó.

—Sí —respondí cortante.

—Un gusto. Me llamo Frank, hermano mayor de Narin —dijo con una amabilidad que no me terminaba de convencer. Me tendió la mano para ayudarme a bajar, pero lo ignoré y bajé por mi cuenta.

—Tienes que entrelazar tu brazo con el mío —dijo Frank, deteniéndome.

—¿Para qué? —pregunté con fastidio.

—Es una tradición —respondió, volviendo a sujetar mi brazo con firmeza.

Antes de que pudiera protestar, apareció mi madre. Traía un velo blanco y translúcido en las manos. "Esto parece más mi boda que la de mi hermano", pensé con ironía.

__Aiden, te olvidaste de esto —me dijo ella. Su voz era tranquila, pero sus ojos destellaban una furia contenida.

Quise negarme, quise gritar que aquello era ridículo, pero vi a Fabián a lo lejos mirándome fijamente, como si su vida dependiera de mi obediencia. Resignado, dejé que mi madre me colocara el velo.

Caminé junto a Frank hacia el banquete central. El velo me estorbaba la vista, pero llegamos a una mesa frente a mis padres. El silencio entre nosotros era incómodo.

—¿Cuál es tu nombre completo? —preguntó Frank, rompiendo el hielo.

—Aiden Sáenz —respondí sin mirarlo.

—¿Deseas comer uvas, Aiden? —preguntó con suavidad.

Iba a decir que no, pero mi estómago rugió delatándome. Frank, sin decir nada, colocó un plato de uvas frente a mi.

Por orgullo intenté resistir, pero al final terminé comiéndolas todas. Eran dulces, casi embriagadoras.

—¿Deseas más? —preguntó él.

Negué con la cabeza e intenté levantarme para ir con mis padres, pero Frank me tomó de la mano.

—Baila conmigo.

—No sé bailar esto —dije, intentando soltarme de su agarre.

—Solo sígueme —susurró en mi oído.

Me guio al centro de la pista mientras la multitud aplaudía al ritmo de una canción extraña y coral. Me dejé llevar, tratando de no quedar en ridículo. Al terminar, quedamos en una posición demasiado íntima: su brazo rodeaba mi cintura y nuestras caras estaban a escasos centímetros.

Aturdido, me separé de él justo cuando Fabián apareció.

—Señor, ¿me permitiría conversar con mi hermano? —dijo Fabián, dirigiéndose a Frank y tratándolo con un respeto excesivo. Frank asintió y se retiró tras lanzarme una última mirada.

—¿Qué quieres? —le pregunté a mi hermano mientras me arrastraba a un rincón apartado.

—Necesito que seas el testigo de mi boda —soltó sin más.

—¿Por qué ahora? Dijiste que ya tenías a los testigos listos.

—Mi mejor amigo no pudo venir y me falta uno. Eres el único que puede ayudarme ahora, Aiden —dijo con desesperación fingida.

—Está bien, está bien... ¿dónde firmo?

Me llevó a una habitación donde estaban mis padres y dos hombres de aspecto legal. Me entregaron un bolígrafo y, con total desgano, estampé mi firma en el papel.

—Eso es todo, ya pueden retirarse. Felicidades —dijo uno de los hombres.

Al salir, nos cruzamos con Frank, que entraba a la misma habitación. Supuse que él firmaría por su hermana.

—Aiden, acompáñame a un lugar más —pidió Fabián.

Caminamos por los pasillos de esa mansión que se sentía interminable, mucho más grande que la de mis padres adoptivos. De pronto, se detuvo ante una puerta.

—Ingresa aquí y espera hasta que venga a recogerte —ordenó.

—¿Por qué tengo que entrar en una habitación ajena?

—Solo serán unas horas, Aiden, por favor —rogó.

Entré y me senté en la cama, confundido. Cuando intenté quitarme el velo, Fabián me detuvo desde el umbral.

—No te lo quites por nada del mundo —advirtió antes de cerrar la puerta con llave.

Esperé lo que parecieron horas. El silencio de la habitación empezaba a ponerme nervioso. Finalmente, escuché la cerradura. Me puse en pie esperando ver a Fabián, pero quien entró fue Frank.

—Te hice esperar demasiado, Aiden —dijo con una voz suave que me erizó la piel.

—¿Qué haces aquí? —pregunté bruscamente—. ¿Dónde está Fabián?

Frank cerró la puerta a sus espaldas y me miró con una posesividad aterradora.

—Vine a ver a mi novia.

Continuará..