Fall Into You || Tk || by Tetera at Inkitt
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fall into you || TK ||

Summary

Kim Taehyung es un alfa que ha tomado la decisión más difícil de su vida, el dejar de fumar, y lleva semanas luchando contra el impulso de encender un cigarrillo, pero el destino tiene un sentido del humor retorcido y cruel, porque justo cuando el síndrome de abstinencia está en su punto más crítico, conoce a su destinado. Jeon Jungkook es un omega encantador, pero tiene una peculiaridad devastadora para el alfa, su aroma natural es una mezcla embriagadora de vainilla y nicotina pura.

Genre
Romance
Author
Tetera
Status
1mo ago
Chapters
3
Rating
n/a
Age Rating
18+

Líneas de humo

Kim Taehyung había cedido a regañadientes a esa cita médica, más por el asfixiante instinto protector de su mejor amigo que por voluntad propia. Park Jimin no había dejado de asediarlo hasta que lo vio sentado en la limosina. La preocupación del rubio no era infundada, porque Taehyung desde hace días tenía una molesta tos seca que parecía rasgarle la garganta y el pecho, lo cual empeoraba más y más con cada día que pasaba. El rubio se preocupó porque no creía que eso fuera algo normal, y menos en un hombre que rozaba los cuarenta años.

Lo más alarmante, sin embargo, era la ausencia del aroma del alfa, porque su esencia a vino tinto y chocolate amargo, ese perfume natural que podría poner de rodillas a cualquier omega, se había desvanecido. En su lugar, podía sentirse una capa rancia de humo de cigarrillo que estaba impregnando su ropa, el cuero italiano de los sofás de su oficina y el aire de cada rincón de su mansión.

No era para menos, Kim Taehyung estaba bajo muchísima presión; porque el prototipo para el Primer Ministro - el cual era uno de sus proyectos más ambiciosos hasta la fecha- demandaba no sólo perfección sino también un límite de tiempo, por lo que los nervios y el estrés eran algo que solo el tabaco parecía ayudarle a controlar.

El alfa se había hundido tanto en su mundo de negocios, que se olvidó de respirar un poco de aire fresco. Como forma de distraerse, había salido con omegas, por supuesto, pero ninguno había logrado conectar con su lobo, porque al igual que el humano, el animal era necio y obstinado, prefiriendo la soledad al compromiso mediocre.

Para Taehyung, encajar piezas por la fuerza no era una opción, por eso mismo no se forzó a mantener ninguna de esas relaciones y se mantuvo alejado de formar vínculos afectivos solamente para evitar la soledad, la cual no le molestaba en absoluto.

Taehyung soltó un suspiro escandaloso, provocando que Jimin pusiera los ojos en blanco desde el asiento frente a él.

—Ya, Taehyung. Es por tu bien —regañó Jimin escuchandose totalmente serio, sosteniéndole la mirada sin dejarse intimidar por el alfa.

—Solo fue una tos, Jimin. No hagas un drama por esa mierda —bufó el alfa, acomodándose el ajuste de su traje.

—Claro. Pensé que ibas a colapsar en la última reunión y tú dices “una simple tos” —Jimin lo miró con reproche—. Además estás pálido y luces terrible con esas ojeras.

—¿Dejaste a tu esposo cuidando de tu cachorro para venir a escoltarme? Vaya omega estás hecho —soltó Taehyung con una sonrisa cínica.

Jimin se recostó contra la ventana, ignorando el comentario de su amigo y suspiró antes de hablar.

—Cuando tengas cachorros, me voy a reír tanto de ti como tú te ríes de Yoongi. Mi alfa solo ejerce su paternidad; él es inmensamente feliz cuidando de Somi mientras yo me encargo de que su estúpido hermano no muera por su necedad e irresponsabilidad.

—Nunca creí que tú y Min fueran a llegar tan lejos —admitió Taehyung, suavizando un poco el tono de su voz —. Eran un par de estúpidos cuando jóvenes.

Jimin se giró, riendo con ganas esta vez ante el comentario de Taehyung.

—Kim Taehyung, no sabes cómo añoro el día en que te enamores para que te tragues cada una de tus palabras.

Taehyung soltó una carcajada seca que terminó en un amago de tos que logró reprimir para evitar más regaños y carraspeó cambiando su expresión a una totalmente seria.

—Buena suerte con eso. — el alfa respondió — No hay ni un solo omega que logre que tenga una puta erección, Jimin. Ni uno solo. Así que me seguiré burlando de ustedes desde mi jet privado cuando me vaya de nuevo de gira.

—Dale otra carriola de veinte mil dólares a Somi y dejaré de quejarme —negoció el rubio.

—Trato hecho.


Jimin se rió con ganas, porque Kim Taehyung pecaba de sincero y de inocente cuando bromeaban sobre dinero.




Al llegar a la clínica, los guardaespaldas abrieron las puertas para ellos mientras los seguían de cerca. Taehyung se ajustó una mascarilla negra, ocultando su rostro pero no la mirada seria que mantenía atentos a los curiosos que lo reconocieron.

Entraron directamente al consultorio privado, donde el doctor Park Hyungsik ya los estaba esperando con el expediente digital que Jimin se había encargado de enviar con anterioridad.

—Señor Kim, un gusto poder conocerlo por fin, aunque preferiría que fuera en otras circunstancias —habló el alfa, indicándole que se sentara en la camilla—. El señor Min me adelantó algo por teléfono, pero quiero escucharlo de usted. Así que por favor, dígame, ¿Cómo se ha sentido últimamente?

Taehyung se bajó la mascarilla, revelando unas ojeras sutiles que causaron impresión en el médico. Antes de hablar, una tos ronca y profunda lo interrumpió, sacudiendo sus hombros sin que pudiera evitarlo. Jimin se inclinó hacia adelante, interviniendo de inmediato.

—No le crea si le dice que son solo carraspeos, doctor —explicó Jimin con una expresión de severidad —. Son ataques de tos persistentes, especialmente en las madrugadas. A veces se queda sin aliento y he notado que su resistencia física ha caído en picado, porque se fatiga si sube un par de escalones. Además, el aroma de su lobo está... apago, si es que puedo decirlo así, porque solo puedo percibir el aroma del tabaco.

Hyungsik asintió, tomando notas sobre lo que el omega decía.

—Me he sentido... bastante bien, doctor —articuló el magnate, su voz aunque intentaba carraspear, seguía saliendo con una carraspera áspera—. Si acaso tengo un poco de tos ocasional, pero Jimin exagera todo.

El omega rubio, sentado a su lado, se llevó una mano al pecho y dejó ir un jadeo de pura indignación, mirándolo con los ojos abiertos de par en par.

—¡Ja! ¿Que yo exagero? ¡Tú, maldito malagradecido! —protestó Jimin, dándole un golpe en el hombro—. Di la puta verdad. Dices ser un hombre de palabra y estás haciéndome quedar como un mentiroso frente al médico.

Taehyung soltó una carcajada baja y seca, disfrutando por un segundo de la rabieta de su amigo antes de ceder.

—Bien... He tenido ataques de tos bastante molestos últimamente y, siendo sincero, ha empezado a interferir con mi trabajo y mis reuniones, doctor Park. – el alfa Kim confesó por fin — Así que supongo que mi amigo tiene razón.

—Por supuesto que la tengo —alegó Jimin, cruzándose de brazos—. Y porque valoro tu maldita vida mucho más de lo que tú mismo la valoras es que estoy metido aquí contigo.

—Solo deme algo fuerte para calmar la tos y así podré estar tranquilo para que Jimin deje de atormentarme —pidió Taehyung, apoyando los antebrazos sobre la mesa.

EL médico Park hojeó la carpeta con los resultados de los análisis clínicos que le habían practicado días atrás al empresario. Negó con la cabeza con una expresión que hizo tragar al alfa Kim.

—Con los exámenes que le solicitamos anteriormente, no creo que un simple jarabe o un supresor para la tos sea efectivo, señor Kim —explicó el médico con voz firme y una expresión seria —. Lo que usted necesita, de forma imperativa, es dejar el cigarrillo hoy mismo. Su índice tabáquico es alarmante y no nos ofrece un buen pronóstico a corto plazo. Me temo que las medidas tienen que ser drásticas.

Taehyung entornó la mirada, sintiendo la tensión subirle por el cuello por la expresión que el médico le dio al verlo a los ojos y por el tono de su voz en la última frase.

—¿A qué se refiere exactamente, doctor?

—A que los resultados de su espirometría muestran una disminución severa en la capacidad vital forzada y en el volumen espiratorio de su primer segundo, lo que indica un patrón obstructivo incipiente —detalló Hyungsik, mostrando las gráficas con la punta de su bolígrafo—. Además, los niveles de carboxihemoglobina en su gasometría arterial están disparados, y la radiografía de tórax revela un engrosamiento bronquial evidente. Debido a estos hallazgos debemos actuar de inmediato, especialmente porque usted mismo admitió que su consumo diario de cigarrillos ha aumentado de forma considerable durante la última semana.

—Estoy bajo un nivel de presión descomunal y trabajando en un proyecto gigante —se justificó el magnate, apretando la mandíbula—. Eso demanda mi atención, mi energía y mi tiempo de manera absoluta.

—Lo entiendo perfectamente, señor Kim —respondió Hyungsik con paciencia —. Pero si no cuida de su cuerpo ahora, me temo que no podrá ver concluidos esos proyectos sin terminar de destruir severamente su salud respiratoria.

Taehyung dejó salir un suspiro pesado, el peso de las palabras del médico cayó sobre sus hombros al mismo tiempo que la mirada de reproche de Jimin.

—¿Qué debo hacer, entonces? – Taehyung preguntó, temiendo el hecho de tener que abandonar el proyecto de su vida.

Hyungsik cerró la carpeta y se puso de pie, tomando el estetoscopio que colgaba de su cuello.

—Pasemos a la camilla, por favor. Realizaremos un examen físico para evaluar el estado actual de la ventilación en sus pulmones.

Taehyung se levantó del asiento, quitándose la gabardina para dejarla sobre el respaldo de la silla y desabotonándose la camisa de vestir hasta la mitad, dejando al descubierto su pecho. Caminó hacia la camilla que el médico le indicó y se sentó en el borde de la colchoneta.

El médico se acercó y colocó la campana de metal del estetoscopio sobre la piel tibia del torso del magnate. El contacto del frío metálico le hizo tensar los músculos a Taehyung, provocando que se erizara un poco.

—Inhale profundo por la boca... y mantenga el aire —ordenó Hyungsik.

Taehyung obedeció realizando la acción, pero a mitad de la aspiración un chasquido ahogado resonó en su garganta, desencadenando una tos seca y rasposa que le sacudió todo el torso, obligándolo a doblarse hacia adelante.

—Exhale despacio... —pidió el médico mientras desplazaba el instrumento por su espalda, escuchando los silbidos y ruidos agregados que delataban la inflamación de las vías respiratorias aéreas—. Hay un broncoespasmo evidente en las bases pulmonares, señor Kim. Si no suspendemos el tabaco hoy e iniciamos un esquema de nebulizaciones con broncodilatadores y esteroides inhalados, este cuadro va a derivar en una bronquitis crónica irreversible.

Hubo silencio un par de segundos después de que el médico siguiera hablando. El sonido que emanaba del pecho de Taehyung no era limpio como el de una persona sana, y lo que Hyungsik escuchó, no le gustó para nada.

—Parece que sus pulmones están gritando por ayuda—dijo Park, retirándose el estetoscopio con expresión seria—. Como ya dije, señor Kim, usted presenta una inflamación severa en las vías respiratorias. Técnicamente, estamos ante una bronquitis crónica incipiente. Si continúa fumando a este ritmo, la transición a una EPOC es totalmente inevitable, y ahí si que no habrá vuelta atrás. Lo más seguro es que su lobo no puede manifestar su aroma porque su sistema endocrino está priorizando la supervivencia básica sobre la señalización química de su casta.

Taehyung frunció el ceño, molesto por la vulnerabilidad que aquello implicaba.

—Tengo un contrato con el gobierno, doctor. — el alfa se quejó ante lo que el médico decía — Créame cuando le digo que no puedo simplemente “relajarme”.

—Estoy al tanto de las noticias, créame, pero si no lo hace, no estará vivo para ver ese avión despegar —replicó Hyungsik sin dejarse intimidar por el tono de voz del otro alfa—. Vamos a realizar otra espirometría de inmediato para medir su capacidad pulmonar de nuevo y una radiografía de tórax para descartar lesiones en el parénquima. También necesito una analítica de sangre completa para revisar sus niveles de cotinina, marcadores de inflamación y un perfil hormonal para ver si ha sufrido su conexión con su lobo y si esto puede interferir en sus ciclos de celo. Puede vestirse, por favor.

El médico volvió al escritorio y anotó las órdenes. Un par de minutos después alzó la mirada y miró fijamente al alfa.

—Le voy a recetar un inhalador de rescate para los ataques de tos y un tratamiento con corticoide inhalado para desinflamar los bronquios, pero escúcheme bien, esto es una advertencia muy clara. Su cuerpo está a tiempo de sanar, pero tiene que dejar el tabaco hoy mismo. — el alfa dijo con tono serio mientras le sostenía la mirada a Taehyung — Si no lo hace, su aroma no volverá jamás, porque sus pulmones y su lobo se estarán apagando por dentro. No podremos hacer nada después si deja pasar más tiempo.

Jimin puso una mano sobre el hombro de Taehyung, quien se quedó mirando un punto fijo en la pared, procesando si era real que se había enfermado de gravedad.

—Haremos los exámenes —confirmó Jimin por él—. Y yo me encargaré personalmente de que cumpla con su tratamiento.

—Por cierto, señor Kim, debo felicitarlo por su salud bucal. Sus dientes están en perfecto estado, blancos como si nunca hubiera tocado un vicio en toda su vida —dijo Hyungsik, cruzándose de brazos—. Pero me temo que sus vías respiratorias son otra historia. La inflamación es tan agresiva que sus bronquios parecen el escape de un camión viejo.

—Seguro sus bronquios deben parecer el escape de un camión viejo —soltó Jimin con una sonrisa burlona — Pero dientes blancos y sanos, al menos haces una maldita cosa bien

Taehyung, sin siquiera mirarlo, le alzó el dedo medio, y Jimin solo soltó una carcajada.

—¿Cuántos cigarros al día fuma? —preguntó Hyungsik, retomando la seriedad.

Taehyung se pasó la lengua por los dientes, haciendo memoria con fastidio.

—Uhm, creo que media cajetilla más o menos — Kim confesó, alzando la mano para frotarse el cuello por la tensión que había comenzado a sentir— Pero han habido días en los que me he fumado una cajetilla entera.

—¿Una cajetilla? —Jimin saltó del asiento, luciendo escandalizado—. ¿Qué eres, una chimenea andante? ¿O quieres ver si puedes desarrollar un cáncer antes de los cuarenta por puro deporte?

Taehyung le lanzó una mirada seria que habría hecho temblar a cualquiera que no fuera Park Jimin, pero el rubio estaba acostumbrado a su arrogancia y mal carácter. Se podría decir que era Jimin el que hacía sentir intimidado a Taehyung.

—Cierra la boca, Jimin. — el alfa se quejó — La presión que tengo por el proyecto del V-01 no se maneja mascando chicle y menos escuchando musiquita de moda como lo haces tú.

—Me importa un carajo tu amado V-01 si el creador termina en una caja recibiendo coronas de flores —intervino el omega con el ceño fruncido.

—Señor Kim, esto no es una sugerencia, es más una orden si le digo que debe cesar su consumo de inmediato. — el médico intervino de inmediato — Si no lo hace, su capacidad pulmonar va a colapsar antes de que ese avión toque la pista.

Taehyung soltó un bufido, revolviéndose el cabello con frustración.

—¿Y qué se supone que haga para lograrlo? No es como que pueda chasquear los dedos, dejar de hacerlo y ya. — replicó el alfa comenzando a desesperarse — Mi cerebro funciona así, necesito los cigarrillos para apaciguar un poco los nervios, y si los quito, mando a todo el mundo a la mierda en cinco minutos. Créame, doctor Park, podría golpear a cualquiera que se me ponga enfrente sin poder evitarlo.

—Precisamente por eso vamos a empezar un protocolo de choque —dijo Hyungsik, anotando de nuevo —. Primero, procederemos con parches de nicotina de dosis alta para evitar que le arranque la cabeza a sus empleados por la abstinencia. Segundo, nada de alcohol ni café cargado durante las próximas dos semanas; son disparadores, y si toma un espresso, va a querer un cigarro de inmediato, y lo más importante, debe tener higiene ambiental. Esto implica que debe tirar cada encendedor, cada cenicero y cada colilla de su casa y su oficina. Si lo huele aunque sea en lo más mínimo, va a recaer. Le voy a recetar ansiolíticos suaves para las crisis de ansiedad nocturnas, porque créame, las va a tener.

Taehyung escuchaba las recomendaciones con una mueca de asco. Para un hombre acostumbrado a dar órdenes, recibir instrucciones sobre qué hacer y cómo vivir, se sentía como una humillación.

— Va a ser un proceso largo y muy difícil, no se lo voy a negar, pero le aseguro que se lo va a agradecer a su amigo. — Hyungsik dijo, terminando de anotar las indicaciones para su medicación y tratamiento.

Luego de la consulta, Taehyung no iba a negar que estaba jodidamente preocupado. Sentía un peso en el pecho por el miedo real de que su cuerpo le estuviera fallando justo cuando estaba en la cima del éxito empresarial, pero su mente era un laberinto, y sabía que no podía detenerse a descansar.

Sabía que dejar de fumar sería un calvario; no recordaba la última vez que había pasado un día sin quemar al menos unos ocho o diez cigarrillos. La nicotina era el combustible de su genio, o eso quería obligarse a creer.

Cuando la limosina se detuvo frente a la residencia de los Min, Jimin se acomodó el abrigo, mirando a su amigo, que durante todo el viaje de regreso había permanecido en total silencio, salvo por los breves tosidos.

—Me encantaría que vinieras a cenar, pero ponte ropa limpia, ¿sí? – Jimin pidió tratando de buscar su mirada — Además, quiero que conozcas a Somi de una vez.

Taehyung suspiró, recostando la cabeza en el asiento.

—Te agradezco la amabilidad, Jimin, de verdad... pero en serio tengo miles de cosas que hacer. — el alfa respondió — El prototipo no se va a realizar solo.

Jimin frunció el ceño, porque su paciencia estaba agotándose, y decir eso, era porque estaba realmente molesto.

—Espero que tu testamento ya diga que le dejas todo a tu sobrina, porque si sigues con esa necedad de mierda, no vas a llegar a final de año y nunca vas a poder gastarte tus millones.

Taehyung chasqueó la lengua, irritado por el tono fatalista de su amigo.

—No seas dramático, no me voy a morir mañana.

—Vendrás a cenar con ropa limpia a las ocho, ¿okay? —insistió Jimin, ignorando su queja mientras abría la puerta—. Prepararé tu comida favorita. No acepto un “no” por respuesta, Kim. Nos vemos.

Taehyung vio al omega bajarse y despedirlo con la mano mientras el chofer ponía el auto en marcha. Se quedó solo en la inmensidad del asiento trasero, sintiendo cómo el cosquilleo en su garganta regresaba. Automáticamente, su mano buscó el bolsillo interior de su saco, rozando la cajetilla de cigarrillos. La apretó entre su mano, debatiéndose entre el consejo médico y la adicción que lo mantenía cuerdo, porque era la única manera que había encontrado de apaciguar un poco todo el peso sobre sus hombros.




Taehyung cruzó la entrada de su mansión con la mandíbula y los hombros tensos.

Al cerrar la puerta tras de sí, inhaló con fuerza, intentando encontrar ese rastro de decadencia y hedor a cigarrillo del que Jimin y sus amigos tanto hablaban, pero no sintió nada.

Para su olfato, el aire de su hogar era simplemente aire; no notaba la pátina de nicotina que, según sus amigos, se adhería a las molduras de las paredes, e incluso a las cortinas y cada rincón como un parásito invisible. Sus sentidos estaban tan saturados que se habían vuelto uno solo, y el olor ya estaba totalmente atenuado para sus sentidos.

Caminó hacia su estudio, su amado santuario donde el caos de su genialidad cobraba forma y sentido. Sin encender las luces, se sirvió un trago de whisky, luego caminó hasta la puerta de la pequeña terraza, donde al abrirla el aire fresco de la tarde lo recibió, pero no fue suficiente para calmar el rugido de la maldita ansiedad que se le trepaba por el pecho.

Sacó la cajetilla de su bolsillo, sintiendo la textura del cartón entre sus dedos. La miró con una sensación extraña de amor y odio.

—Esta va a ser la última... —susurró para si mismo mientras apretaba los labios —. No la voy a desperdiciar.

Llevó el primer cigarrillo a sus labios, y al encenderlo, el fulgor de la llama iluminó sus facciones endurecidas y sus ojos cansados por un breve segundo. Dio la primera calada, volviéndola profunda y desesperada, reteniendo el humo en sus pulmones inflamados como si se tratara del oxígeno que le faltaba. Al soltarlo, cerró los ojos y dejó escapar un suspiro que fue mitad alivio y mitad derrota.

Quizás Jimin tenía razón. Quizás el médico no mentía sobre el estado de su salud, pero ninguno de ellos cargaba con el peso de su mundo; ninguno sentía la mirada de los tiburones de la política sobre sus hombros, esperando el más mínimo error en el diseño del V-01 para devorarlo.

Su ego y su terco lobo, ese animal hambriento que lo había llevado a la cima, le gritaba que el poder absoluto estaba al alcance de su mano, y esa idea lo extasiaba, le provocaba una felicidad demasiado eléctrica que solo el tabaco lograba mantener bajo control.

Bebió el whisky de un solo trago, sintiendo el ardor del alcohol quemando su garganta ya irritada, volviéndose una sensación que extrañamente le devolvía algo de vida. Volvió a tomar una calada profunda de su cigarrillo, disfrutando del ligero mareo que le provocaba la nicotina golpeando su torrente sanguíneo. Era su forma de enfrentar el miedo, porque si su salud era el precio por tener el mundo a sus pies, estaba dispuesto a negociar.

Terminó el cigarrillo y lo aplastó en el cenicero de cristal de la terraza. El recipiente estaba desbordado por los días pasados donde pasó noches en vela, porque había una montaña de ceniza y filtros que el personal doméstico evitaba limpiar, sabiendo que el estudio de Kim Taehyung era territorio prohibido y sagrado, el lugar donde el aroma a tabaco era tan denso que casi se podía tocar y ver impregnado en las pareces y pinturas que decoraban el lugar.

Se dijo que sería el último, pero el vacío en su pecho regresó antes de que el humo terminara de disiparse. Sin pensarlo, puso otro cigarrillo entre sus labios, y luego otro y otro. Perdió la noción del tiempo dando caladas y bebiendo tragos, entregándose a la autodestrucción.

Cuando sus dedos rozaron la mitad de la caja vacía, apretó los labios con frustración, porque solo quedaban diez. Observó la colilla humeante que acababa de apagar y luego alzó su muñeca para consultar su Patek Philippe, donde las manecillas marcaban el límite de su tiempo siendo un completo miserable.

—Mierda... —el alfa masculló, sintiendo el sabor amargo y seco en su lengua—. Creo que puedo guardar los últimos para después.

El hombre se puso de pie, sintiéndose extrañamente pesado, con una rigidez que le recorría los músculos de la espalda y una terrible melancolía densa apretándole el pecho.

Sabía que su vida estaba a punto de pender de un hilo por su propia despreocupación, por la irresponsabilidad de haber castigado su cuerpo fumando casi una cajetilla a diario durante una década entera, pero en el fondo sentía que nadie tenía el derecho de juzgarlo. Después de las traiciones despiadadas que la vida le había asestado en el pasado, se había refugiado en el vicio del humo y el trabajo desmedido, en algo anestésico que no le pedía explicaciones ni cuentas que no debía rendir.

Taehyung sabía perfectamente que la forma en que actuaba era una mierda, pero no podía evitarlo. La soledad siempre le había parecido encantadora, un refugio seguro donde no había nadie fastidiándolo, juzgándolo o quitándole su valioso tiempo. O tal vez... solo se trataba de que jamás en su vida había logrado conectar con alguien que realmente lo entendiera, alguien capaz de ofrecerle aunque fuera una pequeña fracción de todo lo que él estaría dispuesto a entregar cuando amaba sin reservas.

En el fondo de su carácter implacable, Kim Taehyung tenía pánico a volver a mostrarse vulnerable ante otra persona, a abrir su corazón totalmente y entregarle a alguien más el poder absoluto de volver a hacerlo mierda.

Guardó la cajetilla en el bolsillo de su saco y entró de nuevo a su estudio. Tenía que ducharse, tenía que quitarse ese olor a “chimenea” antes de enfrentar a Jimin y a su perfecta familia, pero una parte de él ya estaba contando los minutos para volver a estar a solas con sus dos últimos cómplices de papel y filtro.




Jeon Jungkook soltó un suspiro de cansancio, pero pronto una sonrisa de satisfacción se dibujó en sus labios mientras dejaba el pincel de punta fina sobre la bandeja metálica.

El volumen bajo de una canción ambientaba su estudio, acompañado por el suave zumbido del humidificador, parecía celebrar el fin de una jornada agotadora. Frente a él, la fotografía de los padres de Park Jimin lucía impecable; después de horas de trabajo, había logrado rescatar la textura del papel original, devolviéndole esa calidez a las sombras que el tiempo se había encargado de marchitar, sin arrebatarle ni un ápice de ese aire nostálgico que la hacía valiosa e importante.

Del otro lado, la obra de arte de la familia Min descansaba en el caballete bajo la luz blanca de las lámparas. Era un óleo sobre lienzo que había llegado a sus manos y que había sufrido las consecuencias de la humedad y el descuido. Ahora, los colores que antes estaban asfixiados por un barniz oxidado y amarillento, volvían a brillar con intensidad bajo la nueva capa protectora.

Jungkook se estiró, sintiendo cómo sus vértebras crujían en una queja necesaria luego de horas en la misma posición.

Era un omega joven, que había logrado levantar su propio estudio de restauración meses después de graduarse gracias a la recomendación de un profesor que vio en sus manos una habilidad casi divina. Le iba bien, no podía negarlo; el pago por esos dos encargos de los Min sería lo suficientemente generoso como para darse un par de lujos que ya tenía anotados en su lista mental.

Se pasó una mano por el cabello, desordenando los mechones negros que se le pegaban a la frente por el sudor y la concentración. Sus dedos, largos y hábiles, conservaban rastros sutiles de pigmentos y el olor penetrante de los solventes. Cuando se quitó el delantal manchado, su camiseta blanca quedó al descubierto, ajustándose a la línea de su torso mientras caminaba hacia el ventanal del estudio.

Observó el jardín de su balcón, que ya se encontraba sumido en las sombras de la tarde, y una extraña inquietud le recorrió la espina dorsal.

Era una rara punzada en el pecho, como un presentimiento vacío que no lograba descifrar y al que tampoco quería prestarle mucha atención. Se llevó los dedos al cuello, rozando con suavidad su glándula de su olor.

—Qué extraño —susurró, cerrando la ventana para alejarse de esa sensación de soledad que empezaba a instalarse en su pecho.

Se dio una ducha rápida, dejando que el agua caliente borrara el cansancio y el olor a químico de su piel. Se puso ropa limpia, algo cómodo, y terminó sentado en el suelo de su sala de estar con un tazón de ramen instantáneo humeando frente a él.

Era viernes por la noche, y aunque afuera en Seúl todo gritaba fiesta, Jungkook no tenía ánimos para nada que no fuera la compañía de su programa de variedades favorito.

El omega deslizó el pulgar sobre la pantalla de su teléfono, releyendo los mensajes en el grupo de chat que compartía con sus amigos más cercanos, quienes lo invitaban insistentemente a salir a beber y bailar esa noche.

Dejó escapar un suspiro pequeño y reprimió las ganas de ceder. Tenía que ser sumamente cuidadoso y disciplinado con sus gastos; apenas unas semanas atrás se había permitido un salidas costosas y, aunque su trabajo como restaurador de arte le generaba ingresos bastante decentes para cubrir su comida, sus materiales de trabajo y darse uno que otro capricho, debía admitir que la renta de su departamento era exageradamente cara. Sin embargo, reconocía que era un precio justo a pagar a cambio de la estricta seguridad privada y la ubicación privilegiada del edificio.

Al ser un omega joven y soltero que vivía completamente solo, corría riesgos de acoso y vulnerabilidad que otros omegas comprometidos o protegidos por un alfa no enfrentaban en la vorágine de la ciudad.

Lo que verdaderamente necesitaba con urgencia, era un vehículo propio para poder transportarse sin depender de nadie, por lo que actualmente se encontraba en un régimen de ahorro estricto para juntar el enganche y comprarlo.

Aunque sus amigos se mostraron un poco molestos y decepcionados ante su negativa de salir esa noche, Jungkook sabía perfectamente que debía mantenerse firme en su decisión para alcanzar su meta. Al final del día, incluso ellos saldrían beneficiados, pues tendrían un auto disponible para movilizarse cómodamente cada vez que organizaran salidas grupales.

Tener un vehículo no solo le brindaría independencia, sino que le facilitaría enormemente su trabajo y le evitaría la amargura de seguir perdiendo clientes valiosos.

Dado que trabajaba principalmente realizando entregas directas o recibiendo piezas valiosas en su edificio, la falta de transporte propio le impedía trasladarse a los talleres o domicilios de coleccionistas adinerados, lo que ya le había costado la pérdida de un par de contratos sumamente importantes debido a la falta de tiempo y movilidad. Con la determinación ardiéndole en el pecho, Jungkook bloqueó el teléfono, dejó el aparato a su lado con la pantalla hacía abajo.

El omega no lograba entenderlo. Sabía que era admirado, sabía que su belleza no pasaba desapercibida; tenía un rostro precioso y una cintura que despertaba instintos feroces en todas las castas, pero hasta ahora, ningún alfa había estado a la altura.

No le debía nada a nadie; él mismo se costeaba su vida y sus caprichos. El último alfa con el que había aceptado salir fue un desastre bastante humillante, el tipo solo le compró solamente un café y pretendía que Jungkook le abriera las piernas en un sucio callejón, dentro de un auto que ni siquiera era un modelo reciente, al menos de unos cinco años.

El joven omega no era ingenuo, pero se negaba a entregar su virginidad a un tipo mediocre que no supiera apreciar el valor de lo que tenía enfrente, aún si eso le costaba burlas por ser un omega de veintiséis sin haber sido tocado por un alfa.

Sabía que allá afuera, en algún lugar de la ciudad o quizás del mundo, debía existir un alfa capaz de ponerse a sus pies. Alguien con el poder suficiente para darle todo lo que merecía, alguien que no buscara solo su cuerpo, sino que conectara con esa fiera que Jungkook guardaba bajo su aroma a vainilla.

Jeon Jungkook sabía que era bonito e inteligente, sabía que tenía a medio mundo detrás de él, pero mientras terminaba su ramen en el silencio de su sala, se dio cuenta de que prefería seguir solo antes que conformarse con alguien que no fuera capaz de volverse adicto a él.

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Good Writing

2

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Compelling Plot

1

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Great Character

2

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Strong Dialog

1

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author

Teteeee holi pa cuando actu de esta?? ya íbamos bien adelante 🥹❤️ alc pero q más da esta historia me gusta así q voy a esperar a ver pal cap 3 hasta que lleguemos a donde estábamos va, tqm tete toma agua ❤️❤️❤️

a month

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