Dulce encuentro
Yuliana se deslizaba hacia la cafetería «Tres Torres» sobre su Vespa rosada, una mancha de color vibrante bajo el sol. Su cabello oscuro ondeaba libre, compitiendo con el amarillo de su cárdigan de margaritas. Tenía una vitalidad contagiosa que se reflejaba en sus ojos grandes y expresivos, siempre chispeantes de curiosidad, y una sonrisa traviesa que parecía invitar a todo el mundo a participar en su alegría. Aunque iba decidida a por un Red Velvet, la energía del día la empujaba a algo más: estaba lista para cualquier sorpresa.
Al llegar, divisó a una chica de piel clara y cabello oscuro recogido en un moño alto. Vestía un delicado vestido blanco con pequeñas flores, un cárdigan rosado y tenis blancos; sus lentes de ver le daban un aire intelectual y sereno. Bajo el marco de sus gafas, Patricia poseía unas facciones suaves y una mirada profunda que transmitía una calma casi magnética. La joven alimentaba a un pequeño gato manchado, una escena que a Yuliana le pareció tan tierna que decidió acercarse. Llevaba consigo una botella de agua y se la ofreció con una sonrisa.
—Ten, esto ayudará a calmar su sed —dijo Yuliana.
La chica alzó la mirada y le sonró con gratitud mientras tomaba la botella. Vertió un poco del líquido en una vasija para que el pequeño felino bebiera con calma.
—Gracias —respondió la joven al devolverle la botella. Yuliana se sentía radiante por haber ayudado.
—Mi nombre es Yuliana —se presentó finalmente.
—Yo soy Patricia —contestó ella, levantándose con el gatito en brazos.
—Voy a entrar a la cafetería, ¿vienes? —invitó Yuliana.
—Sí, de hecho estoy esperando a un amigo; quedamos en vernos aquí.
—Genial, si quieres entramos y lo esperamos juntas —sugirió Yuliana—. Así charlamos un poco y me haces compañía.
Patricia dudó un instante, pero terminó aceptando; Yuliana poseía un encanto especial al que era difícil resistirse. Ambas se acomodaron en una mesa junto al ventanal que daba a la calle; de esa forma, Patricia podría ver fácilmente cuando llegara su acompañante.
Se acercó a saludarlas Alicia Torres, una de las hijas de la dueña del café. Alicia, de facciones delicadas y barbilla afilada, lucía un moderno corte bob largo a capas con un degradado que iba del castaño cálido al rubio platino. Aunque por lo general atendía la caja, ver a una cara conocida la hizo dejar su puesto un momento.
—¿Cómo estás, Yuliana?
—De lo mejor. ¿Y tus hermanas?
—Anna está en la cocina preparando los pasteles —dijo Alicia señalando hacia atrás—. ¿Y Amalia? Estresada en su oficina, como siempre.
—Te presento a Patricia —dijo Yuliana sonriendo a su nueva amiga—. La conocí justo aquí fuera.
—Un gusto —respondió Alicia estrechando la mano de Patricia, quien sonrió tímidamente. Alicia les entregó el menú—. Bueno, después seguimos hablando, que ahora tengo que trabajar.
Tras revisar la carta, Yuliana decidió dejar el red velvet para otra ocasión y ambas acordaron pedir algo para compartir. Ordenaron dos capuchinos y una ración de pastel de tres leches que llegó al poco rato. Comenzaron a degustar en silencio, compartiendo miradas cómplices y sonrisas tranquilas. De pronto, una moto negra se estacionó frente al ventanal.
—Ese es Walter, mi amigo —dijo Patricia, sin apartar la vista de la ventana.