único
Jimin quería llorar otra vez, últimamente todo le estaba resultando mal. La monotonía y la melancolia lo abrazan, y lo carcomen hasta llegar a sus lúcidos huesos.
Quería saber el porqué de su mala suerte, los días ya no tenían aquel lindo tono azul, ahora solo mantenían ese tenue color grisáceo.
Jungkook siempre estaba allí, a pesar de la distancia. Miles de kilómetros lo separaban de aquel ser lleno de pureza. Cuando lo conoció, supo inmediatamente que caería a sus pies en un simple chasquido de dedos, y así fue.
Su primer beso fue con él. Su primera vez también lo fue, esa noche, sintió la verdadera definición de conexión, la unión de sus corazones y cuerpos, su corazón era embelesado en miel.
Pero su mundo se destrozó cuando Jimin espetó que tendría que irse por mucho tiempo a su ciudad natal.
¿Por qué el universo conspira siempre en su contra?
Los últimos días con Jungkook intentó no demostrar su tristeza. Pero era realmente algo inevitable, su pequeño va no estaría junto a él, va no podría llenarlo de besitos, ya no podría abrazarlo, ya no podría llenarlo de cursilerías, y lo más triste es que ya no podría ver los pequeños pucheros de su novio.
El último día que estuvo con su pequeño amado, lo abrazó tan fuerte que sus fuerzas decayeron, con un triste ademán plantó un último beso en los belfos de su novio.
Jungkook era el pilar de Jimin.
Jimin era luminiscencia. Jungkook era iridiscencia.
Pero lo que Jimin no sabía, era que él es mucho más que eso. Estaba dispuesto a más de lo que podía soportar. Pero él estaba cegado, fuera de la realidad.
Jimin hablaba con la luna y con sus acompañantes de ésta, las estrellas. Ellas eran testigos del amor que el muchacho sentía por aquel niño, cada día acrecentaba más y las estrellas parpadeaban de la emoción, el universo gritaba y la luna se unía con el sol.
Pero no todos los días eran buenos. Justamente como hoy.
De lo que podría llegar a cometer.
Jimin se dejó caer moribundo en su cama desordenada, se hizo bolita y lloró, lloró hasta que ya no pudiera más. Jungkook estaba lejos de él, ya no podría consolarlo como antes. Aplastó suavemente su almohada intentando acomodarse, pero sintió una inquietud. Dio vuelta la almohada y vio una nota arrugada.
Su semblante cambió a uno de confusión y comenzó a leer el único párrafo que contenía la nota.
“Estoy bastante cerca.”
¿Qué...?
El silencio fue roto por valijas cayéndose.
-Estoy aquí, Mimi.
Sus ojos se abrieron como platos y solo pensó en lanzarse sobre él.
-Jungkook de verdad estás aquí...
Dio un pequeño sorbo y observó su cara acendrada. Jungkook se limitó a dar ligeros besos por todo su rostro mientras las lágrimas adornaban el suyo. Con parsimonia Jimin acarició sus mejillas secando las gotas de agua que caían de éstas.
No necesitaban más que eso.
Porque Jungkook era su soporte.
Porque Jimin era la razón de su felicidad.
Ellos eran la incandescencia.