Salmo I (Salmo de la fortaleza en la prueba)
¡Oh, Señor de la vida y de las naciones!
Creador omnipotente que habitas lo alto,
con tu palabra todo fue formado,
gracias por el suspiro y la brisa en mi rostro callado.
Glorioso es tu nombre en toda la tierra,
y al que no te conoce le aguarda tu dicha.
Te doy gracias, Señor, por mi vida,
y aunque me inquieta la maldad que se agita,
sé que tu voluntad y tu poder infinito
harán de este mundo un remanso bendito.
Solo te pido: sé guía en mis días sombríos,
pastor de mi alma en senderos perdidos;
con dominio y paciencia, con firme valor,
sé tú mi consejo en la noche y el dolor,
aunque lleguen los días, los meses o años de frío.
En tiempos de engaño y de voces impías,
de líderes crueles y lenguas vacías,
dame la fuerza de Sansón en la prueba,
la paciencia de Moisés que en ti persevera,
la sabiduría de Salomón que ilumina,
y el coraje de David frente a la ruina.
Derrama tu gloria, Señor, sobre mí,
y que tu mano sanadora esté aquí;
cure mis dudas, disipe el temor,
aun en los días colmados de sol,
cuando el alma también tiembla en lo mejor.