Un día de esos

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A veces tenemos, un día de esos. Lo importante, es como vemos ese día. -Miguel Jiménez

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Un día de esos

Era un día de esos. Uno en el que el pizzero se levantaba en silencio, se miraba al espejo y se lamentaba por el simple hecho de estar despierto. Su reflejo gritaba el desespero de un alma que anhelaba no despertar; un día de cielo aguado, donde llovía más adentro que afuera.

De todos modos, era más importante el dinero, así que con abrigo puesto y una gran taza de café negro, se asomó a la puerta, tomó su paraguas y se detuvo un momento. El pizzero pensó: – ¿Y si hoy me quedo? – Se dio la vuelta, y mirando al techo, viendo el sin numero de hoyos que tenía, inmediatamente volvió a asomarse a la salida, pero esta vez si se retiró de aquel rancho feo, al que llamaba hogar A medio camino, hacia su trabajo, una señora le preguntó la hora, al buscar en sus bolsillos, descubrió un nuevo tormento: había olvidado su teléfono. Con cara de desprecio, apartó el paraguas y miró hacia el cielo, buscando consuelo, o tal vez una mano divina que le bajara su preciado aparato. Se disculpó con la señora, diciendo:

-Discúlpeme señora, con todo gusto le facilitaría la hora, pero por lo que veo, el destino quiso que hoy no tuviera conmigo mi teléfono.

Y siguió su camino, ahora mas decepcionado, pues aparte de haberse mojado, por el coche que le pasó al costado levantando el agua del asfalto, su teléfono olvidado y el día un poco nublado, ahora estaba frente a su establecimiento, pero al contrario de algo bueno, otra desgracia le había pasado, sus llaves se habían extraviado. Buscó entre los arbustos, esperando que su llave de repuesto estuviese en su lugar, y al parecer, sus plegarías se habían escuchado, y la suerte le comenzó a sonreír a nuestro querido pizzero desdichado.

Entró aliviado, encendió las luces y alistó el área. Se puso manos a la masa, estirando y moldeando el pan; allí ya no veía el cielo gris, sino la magia de su cocina y la satisfacción de cada cliente al probar sus delicias.

Entre tanto, terminó un pedido, y se acercó a entregarlo, pero se percató de a quién pertenecía la pizza, y ya sabía quién era, pero algo cambió al mirarla, la dama, la cual todos los días pedía la misma receta: Una pizza mediana, completa, pero sin cebolla porque era alérgica, que hoy algo más que su peculiar alergia marcaba su presencia. Era esa nube gris que llevaba encima, una tristeza, que al hombre se le hacía conocida: Un día de esos. El hombre se asoma, a completar la orden, y sin querer entrometerse se limita a solo entregar la pizza, de forma noble, queriendo preguntar, pero guardando sus palabras. Pero, al devolverse detrás del mostrador, vio como la expresión de la mujer cambiaba: Ya no era una cara de tristeza y melancolía, era más bien una cara de confort y alegría, y una sonrisa que con cada mordida se ensanchaba más.

Lo que el hombre no sabía, que los últimos pesos que le quedaban a la señora ahora estaban en la caja de la pizzería, pero aún así la señora sacó el momento, de sentarse calmada en el establecimiento a invertir su dinero en un momento para disfrutar. Y aunque el hombre, no sabía nada de esto, al ver el cambio en el semblante de la mujer, se detuvo a reflexionar sobre su propio día. Era un día de esos, pero ahora se sentía pleno. Estaba en el lugar que, además de sustento, le devolvía el aliento. Sin buscarlo, la felicidad había llegado en un momento inesperado, transformando una jornada fatal en una para recordar.

Terminó de limpiar el local acompañado de un jazz que nunca se había detenido a escuchar; al no tener su lista de reproducción habitual, la radio le reveló un género nuevo que comenzaba a gustarle. Ya en casa, después de un baño, se miró de nuevo al espejo: esta vez vio a un hombre feliz. Se tiró a la cama y, a través de los agujeros del techo de hojalata, miró el cielo. Recordó cómo empezó todo y cómo terminaba; aunque lejos de ser perfecto, había sido un buen día. Intentó alcanzar su teléfono, pero el clásico frío que hace luego de haber llovido, hizo que el hombre cayera vencido por el sueño.