There's Beauty Outside Control | SasuNaru

Summary

Naruto recuerda la guerra. Recuerda a Sasuke. Recuerda cómo terminó todo. Lo que no entiende... es por qué despertó en una realidad en donde nada de eso existió. En un mundo sin ninjutsu, la verdadera misión de Naruto será sanar las sombras que aún persiguen a Sasuke y, sobre todo, enfrentarse a una verdad que el fragor del mundo Shinobi siempre le ocultó: su primer amigo y mayor rival es, y siempre ha sido, su primer y único amor.

Genre
Romance
Author
zess
Status
Ongoing
Chapters
3
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo Uno: El Valle del Fin

Sasuke desapareció frente a ellos, como si tuviera la absoluta certeza de que Naruto iría tras él. Y no se equivocaba.

—¡Sasuke! —exclamó Kakashi, en un último intento por conservar el aliento.

—Se lo prometí.

La voz de Naruto irrumpió con firmeza. Kakashi giró hacia él, preguntándose qué significaban aquellas palabras.

Pero al encontrarse con esos ojos azules, brillando con una determinación inquebrantable, lo entendió. Supo exactamente de qué promesa hablaba.

—Hace tiempo, le dije a Sakura... —empezó a explicar, pero el viento cargado de polvo, vestigio de la guerra, se llevó sus palabras—. Sensei... usted ya conoce mi camino ninja, ¿verdad?

Kakashi no respondió. No era necesario.

—Ya vuelvo.

Y con una última bocanada de aire, como si se preparara para sumergirse en algo inevitable, salió corriendo tras Sasuke.

Como lo había hecho desde el primer día.

Como lo haría siempre.

El aire le quemaba los pulmones mientras corría, cada inhalación más pesada que la anterior. Su cuerpo gritaba agotamiento, y aun así seguía avanzando, forzándose a mantener el ritmo.

Sabía que estaba al límite.

Que en cualquier momento su chakra se agotaría por completo.

Y cuando eso ocurriera...

Naruto apretó los dientes con fuerza.

No quería dañar a Sasuke.

Sólo quería que desistiera del odio, que dejara de hacerse daño a sí mismo y a los demás. Que regresara a Konoha... a su lado. Naruto corrió hasta que el sonido lejano del agua caer por la cascada llegó a sus oídos. Sasuke lo esperaba al otro lado, la fuerte ventisca sacudía sus ropas.

—Sabía que estarías aquí —dijo Naruto, una sonrisa se formó en su rostro—. Da nostalgia, ¿verdad, Sasuke?

No esperó por una respuesta.

—De la vez que peleamos en este lugar.

Incluso a la distancia, podía distinguir el Rinnegan... y esa sonrisa apenas insinuada en el rostro de Sasuke cuando habló:

—Y, al igual que entonces, volverás a perder aquí.

—Esta vez no voy a perder —replicó Naruto—. Y tampoco dejaré que te salgas con la tuya.

Sasuke se irguió ante sus palabras.

—No te dejaré ser Hokage. No tienes idea de lo que eso implica.

—Ya te lo dije. Busco una revolución —su mirada se endureció mientras el Sharingan se activaba—. Mi concepto de Hokage es completamente distinto al tuyo.

Naruto soltó una breve risa, casi nostálgica.

—En ese caso, te diré lo que me dijo tu hermano... Un Hokage no es quien es reconocido por su poder. Nos convertimos en Hokage cuando la gente nos reconoce como tal.

—Siempre lo supe —respondió Sasuke—. Incluso antes de escuchar las palabras de Itachi.

Su puño se tensó.

—Nuestras respuestas son distintas. Así que te lo dejaré claro antes de pelear... Te mostraré lo que significa ser Hokage.

Un nudo se formó en la garganta de Naruto. La angustia se extendió, devorándolo desde dentro. La forma en que el enojo se impregnaba en su voz, casi como si estuviera conteniéndose, le erizó la piel a Naruto.

No había palabra que pudiera cambiar la perspectiva de Sasuke, lo sabía bien, pero debía ganar tiempo.

El viento irrumpió entre ellos, cortando el silencio. Su corazón latía con fuerza en el pecho.

—La vida de Itachi me condujo hasta esta respuesta... —continuó Sasuke—. Proteger al País del Fuego... a Konoha. Por eso sacrificó a su familia, a su clan.

Su voz no tembló.

—Eso fue lo que comprendí. Pero... ¿qué son un país y una aldea? Nuestros predecesores dijeron que una aldea es un conjunto de familias que se unen para sobrevivir. Que lo hacen por la paz. Y aun así... Itachi cargó con esa paz él solo.

La ventisca rugió con más fuerza.

—Vivió en la oscuridad. Fue tratado como criminal, como traidor... cargó con todo ese odio por su cuenta... y aun así protegió a Konoha desde las sombras.

Sus ojos se afilaron.

—Itachi fue un verdadero Hokage.

Naruto contuvo su respiración.

—No es alguien que deba ser reconocido por los demás —concluyó Sasuke—. Sólo merece ese nombre quien es capaz de cargar con todo el odio... y seguir adelante.

Entonces lo entendió.

Para Sasuke, el error de Itachi había sido no decirle la verdad cuando aún podía hacerlo. No compartir con él —su único hermano— el peso de ese odio.

Pero Sasuke no era Itachi.

Y, aun así, creía ser capaz de cargar con el odio de todo el mundo por sí solo. No quería convertirse en Hokage... quería convertirse en el verdugo de todos. Una versión oscura del justiciero que cree que ayudará a expiar los pecados del mundo.

—¿De verdad crees que alguien estará de acuerdo contigo? —cuestionó Naruto.

Sasuke se encogió apenas de hombros.

—No me importa lo que ustedes piensen de mí —respondió con simpleza—. Cortaré cada lazo con el pasado.

La sangre hirvió en las venas de Naruto.

—¡Jamás podrás fingir que tu hermano nunca existió! —le gritó—. Todos los momentos que viviste con él... son lo que te convirtieron en quien eres hoy.

—Ya te dije que planeo comenzar de nuevo, y sólo lo haré cortando con los errores del pasado —Sasuke no se inmutó—. Empezando por ti.

No iba a permitirlo.

Naruto había aprendido de quienes vinieron antes que ellos: del odio, del perdón, del fracaso. Itachi le confió a Sasuke... le dijo que era el único que podía detenerlo.

—¡Estás loco si piensas que voy a permitirlo!

El viento se detuvo entre ellos.

Por un instante... nadie se movió.

Y entonces, ambos avanzaron al mismo tiempo.

Sus pies golpearon el agua casi en perfecta sincronía, salpicando el río mientras acortaban la distancia que los separaba.

Al encontrarse en el centro, sus antebrazos chocaron con fuerza, deteniendo el impulso del otro en seco. El impacto resonó seco y contundente.

Ninguno retrocedió.

Sus ojos se encontraron en cuestión de segundos, el ardiente azul de Naruto y los asesinos ojos de Sasuke oscurecidos por el Sharingan; respiraciones agitadas mezclándose en el aire frío.

Y entonces, comenzó.

Sasuke atacó primero.

Un golpe directo y rápido, sin titubeos. Naruto lo bloqueó por reflejo, girando el cuerpo para desviar el siguiente. Un puño, una patada, otro golpe—todos precisos, que no le dejaban espacio para respirar.

Naruto respondía a los ataques, pero se estaba conteniendo.

En la forma en que desviaba en lugar de contraatacar. En cómo elegía retroceder medio paso en lugar de avanzar.

Incluso Sasuke lo sabía, pero eso no lo detuvo.

Sus movimientos se volvieron más agresivos e insistentes, obligándolo a mantenerse a la defensiva. No le daba espacio, ni tiempo para pensar en el siguiente movimiento, apenas respondía por puro instinto.

No le daba opción.

Naruto apretó los dientes.

Sus manos intentaron separarse del combate, buscando formar sellos—

Pero Sasuke lo leyó.

Su mano se deslizó, atrapando la de Naruto en un movimiento preciso. Sus dedos se entrelazaron con los de él por una fracción de segundo.

Un golpe seco impactó en su rostro.

Naruto trastabilló.

Antes de que pudiera recuperarse, Sasuke volvió a enganchar su mano con la suya, repitiendo el movimiento, completando los sellos en conjunto.

Los ojos de Naruto se abrieron apenas.

Sasuke se impulsó hacia atrás en un salto limpio, tomando distancia, y entonces las llamas estallaron en su dirección, expandiéndose con violencia.

Naruto apenas logró reaccionar. Se lanzó hacia un lado, sintiendo el calor rozar su piel mientras la explosión devoraba el espacio donde había estado un segundo antes.

Rodó sobre el agua, incorporándose con dificultad.

Juntó los dedos.

Los clones aparecieron a su alrededor y se lanzaron al ataque sin dudar.

Sasuke ni siquiera se sintió amenazado.

Se movió entre ellos como si ya supiera exactamente dónde estarían. Bastaba con un giro y un golpe para que los clones desaparecieran en nubes de humo sin que él pareciera esforzarse.

Naruto intentó crear otra apertura.

Sus manos comenzaron a moverse, pero Sasuke ya estaba encima de él.

Un golpe al abdomen.

Otro al rostro.

No le daba espacio. No le permitía pensar.

Cada vez que Naruto intentaba unir las manos, Sasuke lo interrumpía, cortando el movimiento antes de que pudiera completarse.

Lo estaba presionando.

Encerrándolo.

Forzándolo a pelear en sus términos.

Naruto retrocedió, jadeando.

Sus brazos ardían por el impacto constante. Su cuerpo ya no respondía con la misma rapidez.

Pero Sasuke no iba a detenerse.

A diferencia de Naruto, quien peleaba en serio sin intención de matarlo, Sasuke peleaba para matar. No buscaba contenerse ni tampoco dudaba.

Apretó los dientes.

Un chakra comenzó a arder bajo su piel. El poder de las bestias con cola.

El Susanoo emergió a su alrededor, imponente, envolviéndolo en esa estructura colosal de chakra. El Rinnegan brilló con intensidad.

Y desapareció.

Naruto apenas tuvo tiempo de reaccionar.

Un impacto lo lanzó contra el agua, rompiendo la superficie con violencia. El golpe le arrancó el aire de los pulmones.

Sasuke reapareció sobre él, más rápido de lo que su cuerpo podía seguir.

—Si sigues así... vas a morir —escupió, su voz cargada de un desprecio contenido.

Naruto lo miró.

—Ya dije que no voy a matarte.

Volvió a incorporarse.

Y la pelea continuó.

Golpe tras golpe.

Chakra contra chakra.

Explosiones que sacudían el valle, agua elevándose en columnas, y rocas quebrándose bajo la presión de sus ataques.

El tiempo dejó de importar.

Sólo existían ellos dos.

Hasta que el chakra comenzó a agotarse.

Las respiraciones se volvieron pesadas e irregulares.

El Susanoo se desvaneció y el brillo del Rinnegan se apagó. Un agudo dolor se extendió por su ojo al intentar usar el Sharingan, había utilizado demasiado chakra.

Sasuke descendió, sus piernas apenas sosteniéndolo.

Naruto tampoco estaba mejor.

Pero seguía en pie.

Kurama rugió en su interior, reuniendo lo último que podía darle.

Y en ese instante, Sasuke lo tomó.

El chakra fue arrancado, absorbido por la fuerza del Rinnegan. Naruto lo sintió desaparecer de golpe, dejándolo vacío por un segundo que pareció eterno.

El relámpago volvió a encenderse.

Naruto reaccionó por puro instinto.

El ataque atravesó el espacio donde había estado un instante antes. Se impulsó con lo poco que le quedaba, girando el cuerpo.

Su pierna golpeó con fuerza.

Sasuke fue lanzado contra las rocas, el impacto resonando seco en el valle.

Por un segundo... sólo un segundo... hubo silencio.

Naruto jadeó, inclinándose apenas hacia adelante, intentando recuperar el aliento.

Pero entonces.

—Una...

El murmullo fue tajante.

—Y otra...

Naruto alzó la mirada.

—Y otra...

Sasuke golpeaba la roca con el puño con cada palabra que salía de su boca.

—Y otra... y otra vez...

La piedra comenzó a resquebrajarse bajo la repetición constante.

—¡Ríndete de una vez por todas...! —gruñó, apretando la mandíbula—. ¡Y déjate matar!

Naruto soltó un suspiro tembloroso.

Su cuerpo dolía.

Su chakra era casi inexistente.

Pero aun así...

—Eso es imposible.

Su voz fue baja, pero firme.

—Porque soy tu único...

Sasuke gruñó.

Esa respuesta.

Siempre esa maldita respuesta.

Naruto observó a Sasuke al otro lado del abismo que los separaba. Vio cómo cerraba los ojos con fuerza, su respiración entrecortada apenas audible sobre el rugido de la catarata. Pudo notar la tensión extrema en sus hombros antes de que, con un esfuerzo supremo de voluntad, los dejara descender lentamente.

Sasuke inhaló y exhaló, un ritual silencioso para contener algo mucho más grande y destructivo que él mismo. Cuando volvió a abrir los ojos, la calma gélida y aterradora que había logrado recuperar atravesó a Naruto como una estocada.

Entonces, el chillido desgarrador de mil pájaros volvió a rasgar el aire.

El relámpago púrpura y negro del Chidori se extendió por el brazo de Sasuke, envolviéndolo con una violencia que hacía vibrar el aire.

Naruto se plantó firme sobre la roca agrietada, ignorando el dolor de su propio cuerpo exhausto. Sabía, con una seguridad absoluta y dolorosa, que este era el final. No había más palabras que decir, sólo quedaba este último acto de desesperación y fe.

Te daré lo último que me queda de chakra...—la voz de Kurama resonó en su interior, inusualmente grave, desprovista de su habitual arrogancia—.Después de esto... caeré en un sueño profundo.

Naruto lo miró una última vez con una sonrisa.

Canalizó esa última pizca de energía pura y el Rasengan comenzó a girar en su palma. Esta vez, la esfera no sólo contenía chakra; tenía una densidad diferente, estaba cargada con el peso de cada maestro, cada amigo, cada pérdida y cada promesa que lo había llevado hasta ese Valle. Era su vida entera girando en su mano.

Sasuke se lanzó hacia adelante, como un destello de pura oscuridad y electricidad.Naruto corrió a su encuentro, impulsado por una luz inquebrantable.

El suelo tembló bajo la violencia de sus pasos y el aire mismo pareció tensarse hasta casi romperse bajo sus respiraciones erráticas. En ese último y eterno segundo, el mundo entero se redujo a la distancia decreciente entre ambos.

Hasta que ya no hubo distancia.

Y entonces... impactaron.

No hubo un estruendo inmediato, sino un destello blanco absoluto, una supernova que devoró la realidad misma. Una esfera de energía colosal estalló entre ambos, expandiéndose por todo el valle con una voracidad insaciable, borrando las estatuas, el agua y el cielo.

El brillo fue total. Cegador. Una nada blanca y silenciosa que parecía el fin de todas las cosas, hasta que—

BEEP. BEEP. BEEP.

El sonido, agudo y rítmico, perforó la nada con brutalidad.

Naruto abrió los ojos de golpe, su cuerpo arqueándose violentamente sobre un colchón.

—Sasuu... ke —jadeó, aspirando aire a borbotones como si acabara de emerger de las profundidades abismales del océano.

Los pulmones le ardían por el cambio súbito de presión. Un dolor agudo y fantasma le recorrió el cuerpo.

Se sentó de un tirón, ignorando el mareo, con las manos temblorosas aferrándose desesperadamente a su pecho en un intento inútil de calmar los latidos desbocados de su corazón, que martilleaba contra sus costillas como un animal enjaulado.

Cuando la frenética cadencia de su respiración comenzó a ceder ante una confusión paralizante, por fin pudo percatarse de su entorno.

¿En dónde carajo estaba?

La habitación era pequeña y se sentía extrañamente familiar, pero no era su apartamento desordenado en Konoha, ni tampoco una fría sala de hospital. No olía a ozono ni a sangre. A través de una ventana con persianas entraba la luz cálida y directa del sol de la mañana, y a lo lejos, en lugar del estruendo de la batalla o el canto de los pájaros del bosque, escuchó un extraño zumbido distante y rítmico, cuya descripción le era difícil pensar.

Su pecho bajaba y subía de forma erráticas, estaba jodidamente desorientado. No tenía idea de lo que estaba ocurriendo, o en dónde estaba.

Pero la puerta de la habitación se abrió de repente con mucha violencia, haciéndolo sobresaltar.

—Por el amor de Dios, Naruto —dijo esa voz perezosa—. Apaga tu alarma, es la tercera vez que suena. Y para que conste, ya vas tarde.

¿Tarde? ¿Tarde para qué?

Naruto se levantó de la cama, ignorando el entumecimiento de sus piernas.

—¡Shikamaru! —exclamó, acercándose—. ¡Estás vivo!

Su amigo arrugó la frente.

—¿Por qué no estaría vivo? —Shikamaru pasó a un lado suyo, haciéndose cargo de la caja que lo había despertado y de pronto se apagó.

—¿Cómo que por qué? —le respondió—. Tú estuviste ahí, casi morimos en la guerra.

Shikamaru le devolvió la mirada, lo miró como si estuviera loco.

—Naruto, me estás preocupando.

Algo andaba mal. Algo estaba muy mal.

Lo sentía en las entrañas.

Observó la habitación una vez más, sus ojos escanearon cada rincón. Naruto tragó duro.

—¿En dónde estamos? —preguntó, casi como si le faltara el aire—. ¿Qué día es?

Shikamaru metió sus manos en los bolsillos del pantalón, le daba esa mirada que reconocería sin importar qué.

Incluso la ropa que llevaba era diferente a la del Shikamaru que él conocía.

—Estamos en casa —su respuesta fue vaga—. Es lunes, y si sigues ahí parado, vas a llegar tarde a tu primer día de trabajo.

Él pasó a su lado y antes de cruzar el umbral de la puerta se giró una última vez para mirarlo.

—No sé qué tipo de pesadilla tuviste, pero... todo está bien, sólo date prisa.

Y con eso salió de ahí.

Se quedó parado enmedio de la habitación sin saber exactamente qué hacer. Tocó su rostro, se palmó el cuerpo y buscó el pulso de su corazón, su ritmo cardíaco empezó a aumentar cuando se acercó a la ventana de la habitación.

No estaba en Konoha. Esto ni siquiera era el País del Fuego, ¡ni ninguno otro!

¿Acaso no habían derrotado a Madara Uchiha? ¿Estaba atrapado en su genjutsu?

¿Todo esto era debido al Tsukuyomi Infinito?

Sintió la garganta seca.

Ding.

Un breve sonido sobre la mesita de noche llamó su atención, era la misma caja cuadrada que Shikamaru silenció antes de irse. Ahora se iluminaba y vibraba contra la madera. Cuando estuvo lo suficientemente cerca, la luz iluminó sus ojos y pudo ver que la superficie de la caja tenía símbolos, letras organizadas en líneas que cambiaban con cada parpadeo.

Naruto entrecerró los ojos, esforzándose por entender. Le tomó un instante reconocerlas, como si su mente tuviera que ajustarse a algo olvidado. Finalmente, leyó:

“Recordatorio: Hoy es tu primer día como policía del metro.”

El ceño se le frunció aún más.

¿Qué diablos era un metro?

La pantalla cambió apenas, y nuevas palabras aparecieron debajo.

“¡Tú puedes hacerlo!”

Hubo una breve pausa.

Y luego:

“P.D.: No llegues tarde.”

¡Otra vez con eso!

Naruto respiró hondo un par de veces antes de tomar una decisión. Si quería entender lo que estaba pasando y regresar a donde verdaderamente pertenecía, entonces tendría que tomar prestada esta vida por ahora.

El flujo de chakra que usualmente corría por sus venas había desaparecido, el poder de la Bestia de Nueve Colas no estaba en ninguna parte y eso significaba que Kurama no podría ayudarlo esta vez.

Tendría que hacerlo solo.