Prólogo.
Taehyung se movió hasta el ascensor, empujando el pequeño cochecito de bebé hasta abarcar el diminuto espacio y cerrando las puertas detrás suyo. Soltó un suspiro cansado, necesitando llegar a su departamento lo más pronto posible o entraría en una crisis nerviosa, sintiendo cómo su lobo parecía rasguñar su interior y exigía protección.
Había sido perseguido por un par de hombres desde la clínica de fertilidad en el centro de la ciudad hasta su hogar, apenas siendo detenidos por el guardia del edificio que no les dio acceso al no ser residentes en la zona. Para Taehyung, no era ninguna novedad el ser atacado y juzgado por la sociedad, puesto que en Seúl no estaba bien visto recurrir a la inseminación artificial de donante, porque siendo una sociedad con millones de personas, ¿Por qué necesitarías ir a un banco de esperma y no tener a un alfa contigo como pareja? ¿Por qué mejor no buscabas a tu pareja destinada y procreaban juntos?
Para Taehyung, aquello nunca fue una opción viable, después de tener relaciones tan sosas —a palabras del mismo omega—, su interés por buscar una pareja potencial para iniciar con su propia familia fue desechada. No necesitaba más dramas en su vida cuando ya tenía una rutina compleja entre su trabajo y su familia, además de lidiar diariamente con vecinos molestos y las constantes interrogativas de familiares lejanos que ni siquiera reconocía sobre cuándo comenzar a engendrar. Si iba a formar una familia, solo necesitaba de él mismo, un donante y todo el apoyo de sus padres, así que si tenía esos tres puntos, ¿Por qué esperaría mas tiempo? Entrando recién a sus treinta años, consideraba que la vida era más que perfecta con su plan elaborado.
Salió del ascensor empujando sin ganas el cochecito, pero mostrando una sonrisa en cuanto observó cómo su cachorra dormía tranquilamente envuelta en su cobija, sin ser consciente del caos en la ciudad. Abrió la puerta de su hogar, dejando caer todas sus pertenencias en el recibidor y cargando a su bebé entre sus brazos, inhalando aquel aroma dulce y reconfortante que tanto necesitaba, siendo la única manera en que su lobo se calmaba al saber que estaban juntos y que nadie los separaría.
Seúl se estaba convirtiendo en una zona tóxica para él, y ahora que había sido perseguido por protestantes que estaban en contra de las clínicas de fertilidad de donantes, más que nunca comenzó a creer que necesitaba otra clase de aires, no solo para él, sino también para su bebé. Aunque Taehyung siempre había sido un omega muy independiente, no podía simplemente ponerse en riesgo y afrontar la situación con cara dura, no ahora que una pequeña persona dependía de él en su totalidad, ya no podía pensar solo por sí mismo, sino por su familia.
Así que con ese pensamiento, observó las cajas que había comenzado a adornar todo su departamento con sus pertenencias adentro, como si desde hace semanas ya sabía que aquello sucedería. Y en parte lo supo, porque solo necesitaba comprar aquellos boletos de avión con destino a Austin, Texas para iniciar una nueva vida. No había nada que lo atara a quedarse ahí, y sus padres habían prometido acompañarlo el tiempo que fuera necesario hasta que se sintiera cómodo en otro país, lejos de donde creció y dónde dejaba toda su vida atrás, solo llevándose consigo los recuerdos.
—Bien, cariño. Entonces tenemos un plan, ¿Qué te parecería ir a un lugar cálido, con lugares que apuesto que te encantarán? Podemos dar paseos en los parques, cosa que no podemos hacer aquí, pero sé que te gustarán. También podríamos ir a los lagos de la zona, tiene lugares turísticos muy accesibles que podríamos visitar tú y yo, y si quieren, también los abuelos nos pueden acompañar —tomando su computadora del sillón, tomó asiento y, maniobrando entre el aparato y su cachorra, consiguió seguirla arrullando contra su pecho mientras tecleaba en el portátil—. Creo que será la oportunidad perfecta para comenzar a vivir. Desgraciadamente aquí nos han limitado nuestras rutinas, y con el tiempo te cansarás de solo tus paseos a la clínica para los chequeos de cada mes, así que hagamos esto, ¿de acuerdo?
Teniendo en la mira los boletos de avión, bastó un solo click para sentenciar su destino. El vuelo ya estaba reservado, el cobro a su tarjeta se efectuó de manera correcta y solo necesitaba avisarle a sus padres, los cuales sabía que estaban más que listos para irse con él en ese mismo instante.
Cerrando la computadora, la dejó sobre la mesita de centro y se recostó, siguiendo acunando a la bebé lo mejor que podía para no interrumpir su sueño. Y mientras la veía descansar, tan pacíficamente y sin ninguna preocupación, volvió a confirmar que había sido la mejor decisión. No importaba recibir las miradas acusatorias, o los malos tratos de la sociedad por su elección, nada de ello cambiaría que tenía una hermosa bebé que era tan suya que le dolía el alma de todo el amor que sentía, y ahora el tener que irse del país solo le daba el conocimiento que haría hasta lo imposible por asegurar su bienestar.
Sin esperar las sorpresas que Texas le traería consigo.