Ninja III: el tercer ninja

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Summary

Riley Araki pertenece a una organización criminal de ninjas que obra en las sombras dirigida por los Seis.

Genre
Action
Author
Valtur
Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
16+

Capítulo 1:El tercero

En una sala blanca y cuadrada de unos diecisiete metros cuadrados, esperaban veinte adolescentes en silencio, todos vestidos con el mismo uniforme demasiado parecido al de una prisión. 

Todos trataban de ser lo más inexpresivos posible, sin mostrar ningún ápice de debilidad, pero por dentro estaban a punto de colapsar.

La puerta de la sala cuadrada se abrió y entró una persona enmascarada. Era un ninja. Tenía un traje típico de ninja, una máscara, lentillas de color blanco que ocultaban sus iris y pupilas y una capucha con el número cuatro en romano. También tenía una katana en su espalda y otras armas en el cinturón.

—Vosotros habéis decidido presentaros aquí así que no hay vuelta atrás —dijo IV.

Riley miró a Ren, que estaba temblando aunque lo disimulaba bastante bien. Pocas veces había tenido tan cerca a uno de los Seis. Ese hombre podría matarlos a todos si así lo quisiera.

—Demostrar que valéis —abrió la puerta —. A ver cuantos quedáis cuando vuelva.

Ren miró con nerviosismo a Riley, pero en seguida IV salió y dio un portazo. Las luces se apagaron. Riley se encontró en completa oscuridad. Lo único que podía sentir eran las respiraciones de los otros chicos.

—¡Aaa!

Algo cayó plano contra el suelo.

—¡Joder! —exclamó Ren.

Comenzó el caos. Los gritos de aquellos chicos resonaron en la sala. Era un todos contra todos. No quedó nadie que no hubiera recibido o conectado un puño o patada. La sangre caliente salpicaba a los combatientes y a la blanca sala. La batalla en ese lugar oscuro no era entre personas, sino entre animales salvajes que luchaban por la supervivencia.

Los gritos disminuyeron a la vez que los golpes, la resistencia era nula y el dolor se intensificó. Las luces volvieron y IV volvía a estar dentro de la habitación blanca, que de blanca ya tenía poco.

El suelo estaba lleno de sangre y de los cuerpos de los chicos abatidos. Las paredes perdieron su pureza blanquecina y contaban ahora con manchas rojizas.

Riley, Ren y otros pocos quedaron en pie. Riley observó la escena y al ninja. Cuando dirigió su mirada a Ren, este estaba junto a la pared y había dejado caer sobre el suelo manchado al maltrecho joven al que sostenía del cuello de la camiseta. Su amigo de la infancia asintió, pero se le veía muy angustiado. De los veinte iniciales tan sólo quedaron cuatro chicos. Riley se sentía afortunado de haber sobrevivido junto a su amigo.

—Impresionante, dieciséis muertes en tan solo dos minutos —IV pateó un cadáver —. El cuatro es un buen número para la siguiente prueba. Os llevaré a un lugar un poco más limpio para que os den algo de comer.

Se hizo un silencio sepulcral. Siguieron a IV hacía afuera de la habitación. Riley notaba el calor de la sangre del suelo en sus pies descalzos y la que manchaba su camiseta gris. Sus puños estaban en carne viva y tenía varios hematomas en el cuerpo. Ren tenía la cara bastante peor que él, parecía que le hubieran estado moliendo a puñetazos hasta que pudo sobreponerse a su enemigo. Los otros dos estaban en estados parecidos, algunos peor que otros, pero como mínimo ellos seguían vivos.

Riley se convenció de que aquello merecía la pena, todo por salir de su miseria y avanzar, por dejar de ser un simple esclavo de la organización de los Seis. Era su único camino posible para ello. Tras la muerte del anterior III se había creado una oportunidad, la ocasión de ser uno de los Seis ninjas. En esa oportunidad, Riley y Ren al fin se sentían preparados, o al menos Riley, Ren siempre había tenido menos confianza y  era más inseguro y pesimista que él, aunque eran muy cercanos en habilidad.

Tras un largo pasillo, llegaron a un pequeño comedor. Había una mesa grande, lo más probable es que esperaran más supervivientes, y las luces parpadeaban levemente. Las paredes eran grises y se notaba que necesitaban una nueva mano de pintura. Se sentaron por órdenes de IV y esperaron la comida.

Riley analizó a sus dos rivales, que se encontraban frente a él, Kurt y Fixer. El primero era un depravado a ojos de Riley, pero nunca tuvo problemas con él y la verdad se le hacía muy guapo. Era bueno en el sigilo, pero no tanto en el combate. 

Fixer parecía afeminado, incluso algo atractivo, pero era un mentiroso que nunca había cumplido una promesa en su vida. Riley pensaba que era mejor que Kurt en combate, pero no lo tenía claro, solo sabía que su estilo de combate era algo peculiar.

Sabía que podría derrotarlos, pero puede que Ren sí que sufra más dificultades. En ese momento Riley los veía más como obstáculos en su camino que como posibles candidatos a tercer ninja.

La comida era completamente insípida. No daba ni un ápice de placer comerla, pero debían hacerlo si querían tener un mínimo de fuerzas para los retos que estaban por venir.

IV volvió e hizo un anuncio.

—Cómo quedáis solo cuatro haremos un pequeño torneo como prueba final. Dos rondas uno contra uno. A muerte. Quién quede vivo podrá quedarse con la vacante en los Seis.

El ninja abandonó de nuevo el comedor. El silencio total volvió. Ni tan solo Ren intentó hablar con Riley, solo se lanzaban miradas y algunos gestos. Kurt y Fixer estaban juntos, pero parecía que solo lo estaban por no sentirse solos. Nadie quería hablar con alguien a quien podría matar pronto.

Habiendo terminado de comer sus asquerosos platos, IV volvió por última vez.

—Hemos preparado unas habitaciones especiales para vosotros —dijo con sarcasmo.

Volvieron a seguirle por un pasillo. Riley sentía el frío suelo de cemento. Ahora que ya no tenía el subidón de adrenalina de la masacre se notaba muy adolorido y fatigado. No solo él, cualquiera de ellos podría desmoronarse en cualquier momento.

Al llegar a las “habitaciones”, Riley vio lo que se imaginaba. Eran varias celdas con un catre cada una, todo un lujo. IV cerró todas las puertas y los dejó ahí encerrados.

—Mañana será la última prueba. Los combates se elegirán al azar —desapareció en el pasillo.

Riley se tumbó en el catre. Sus manos temblaban y le dolían los nudillos y los brazos. Se quedó pensando en el día siguiente. Si quería poder ser de los Seis iba a tener que matar a Ren sí o sí, pero no sabía si sería capaz de hacerlo. Tampoco se decidía entre si era peor luchar contra Ren en la primera o última ronda. Al final, Riley se durmió en el incómodo catre de su celda, pensando en que uno de los dos estaba obligado a morir.