🗡️Bound By Temptation💴4||Kookmin||

Summary

Park Jimin ha estado enamorado de Jungkook desde el primer momento en que lo vio. Después de que sus hermanas fueran casadas por razones tácticas, espera que se le permita elegir un marido para sí, pero cuando su padre lo promete a un hombre con más del doble de su edad esa esperanza queda aplastada. Ningún ruego podrá hacerle cambiar de opinión. Jungkook siempre ha ignorado el coqueteo de Jimin. Su edad y estatus la hacían estar fuera de límites, pero incluso alguien tan obediente como él solo tiene cierto control. Desearlo cuando se supone que debe casarse con otro hombre podría significar una guerra entre Nueva York y la Organización de Chicago, y Jungkook siempre ha puesto a la Cosa Nostra primero. Jimin sospecha que sus hermanas y Jungkook arriesgarían todo por él, pero ¿su felicidad vale tanto? ¿Es el amor digno de una guerra entre la Cosa Nostra y la Organización? Adaptación No copias ni adaptaciones Que la disfruten 😌💜

Status
Complete
Chapters
21
Rating
n/a
Age Rating
18+

PRÓLOGO

Pov Jimin.

Sabía que estaba mal.

Si alguien lo descubría, si mi padre lo descubría, nunca me dejaría salir otra vez de Chicago.

Ni siquiera me dejaría salir de nuevo de la casa.

Era absolutamente incorrecto e inapropiado para un jóven.

La gente seguía hablando mal de Gianna después de todo ese tiempo.

Se aprovecharían de la oportunidad de encontrar una víctima nueva, ¿y qué sería mejor que atrapar a otro hermano Park en el acto?

Y en el fondo, sabía que era exactamente como Gianna cuando se trataba de resistir la tentación.

Simplemente no podía.

La puerta de Jungkook no estaba cerrada.

Me deslicé en su habitación de puntillas, aguantando la respiración.

No estaba ahí pero podía escuchar el agua corriendo en el baño adjunto.

Me arrastré en esa dirección.

La puerta estaba entreabierta.

Miré a través de la abertura.

En los últimos días había aprendido que Jungkook era una criatura de hábitos, así que lo encontré bajo la ducha como esperaba.

Pero desde mi punto de vista no podía ver mucho.

Abrí la puerta y entré.

Me quedé sin aliento al verlo.

Me daba la espalda y era una vista gloriosa.

Los músculos de sus hombros y espalda se flexionaban mientras lavaba su cabello castaño.

Naturalmente, mis ojos se sumergieron más abajo a su trasero perfectamente moldeado.

Nunca había visto a un hombre así, pero no podía imaginar que alguien se pudiera comparar a Jungkook.

Comenzó a girarse.

Debí haberme ido entonces.

Pero me quedé mirando asombrado hacia su cuerpo.

¿Estaba excitado?

Se tensó cuando me vio.

Sus ojos capturaron mi mirada antes de deslizarse por mi pijama.

Y entonces encontré la respuesta a mi pregunta.

En realidad, no había estado excitado antes.

Oh, demonios.

Mis mejillas se calentaron a medida que lo veía ponerse más duro.

Era todo lo que podía hacer para no cruzar la distancia entre nosotros y tocarlo.

Jungkook abrió la puerta de la ducha sin ninguna prisa y envolvió una toalla alrededor de su cintura.

Entonces salió.

La esencia de su picante gel de ducha se metió en mi nariz.

Avanzó hacia mí lentamente.

—Sabes —dijo con una voz extraña—. Si alguien nos encuentra así, podrían hacerse la idea equivocada. Una idea que podría costarme la vida y a ti tu reputación.

Aún seguía sin poder moverme.

Era de piedra, pero mis entrañas parecían arder, parecían licuarse en ardiente lava roja.

No podía mirar a otro lado.

No quería.

Mis ojos permanecieron clavados en el borde de la toalla, en la deliciosa V de sus caderas.

Mi mano se movió, por voluntad propia, alcanzando el pecho de Jungkook, necesitando sentir su piel bajo las puntas de mis dedos.

Jungkook atrapó mi muñeca antes de poder tocarlo, su agarre casi doloroso.

Mi mirada se alzó de golpe, medio avergonzado y medio sorprendido.

Lo que vi en el rostro de Jungkook me hizo estremecer.

Se inclinó hacia delante, acercándose cada vez más.

Mis ojos se cerraron lentamente, pero el beso que quería nunca llegó.

En su lugar escuché el crujido de la puerta.

Miré a Jungkook.

Solo había abierto la puerta del baño ampliamente.

Por eso se había acercado, no para besarme.

La vergüenza me invadió.

¿Cómo pude pensar que estaba interesado en mí?

—Tienes que irte —murmuró mientras se enderezaba.

Sus dedos seguían enrollados alrededor de mi muñeca.

—Entonces, suéltame.

Lo hizo al instante y dio un paso atrás.

Me quedé donde estaba.

Quería tocarlo, quería que me tocara.

Maldijo y luego estaba sobre mí, una mano acunando mi nuca, la otra en mi cadera.

Casi podía saborear sus labios tan cerca.

Su toque me hizo sentir más vivo que nunca.

—Vete —dijo con voz áspera—. Vete antes de que rompa mi juramento.

Fue mitad plegaria, mitad orden.