Capitulo 1
Capitulo 1
—Tararita-ta-ta-ta ita ita i-ta-i— Tarareaba la pequeña mientras posicionaba su muñeca en la guillotina, sosteniendo con su manita el hilo que mantenía la cuchilla en alto. —Y tu castigo por traicionar... será morir.— La pequeña soltó una risa aguda, rozando el sadismo por la diversión que se revelaba en sus ojos al ver la cabeza de la muñeca despegarse del cuerpo por la hoja afilada de la guillotina.
Tras otra risita, tomo con su mano derecha la cabeza de la muñeca. —Eres muy bonita Kikiko... Lástima que fueras una mala amiga para Mayu...— Su tono parecía empapado de una perversión perturbadora para una niña de 8 años aparentemente cuerda. Giro su cabeza para ver a otra muñeca. —Mayu, mira, Kikiko ya no será una mala amiga... deberías agradecérmelo— Soltó la cabeza de la otra muñeca para tomar a “Mayu” y comenzar a quitarle la ropa... como a todas sus otras muñecas.
En medio de su juego, la puerta de su habitación se abrió sin previo aviso.—¿Quién anda ahí?.— Yumei giro su cabeza hacia la puerta, viendo a cuatro hombres entrar, entre ellos a su padre. —¡Ah! ¡Papá!— La niña reacciono con emoción, levantándose para ir a abrazar a su padre, quien le puso una mano en la cabeza para detenerla.
—Ran, Rindou, empaquen sus cosas.— Ordeno Manjiro sin detenerse a ver los juguetes con los que ella estaba divirtiéndose, ignorando la muñeca degollada y las otras tantas desnudas o con miembros separados del cuerpo.
Yumei retrocedió dos pasos con una mueca de molestia y confusión. —Papá... que pasa?— Pregunto en voz baja, siendo ignorada por Manjiro. —¿Por qué estas cubierto de sangre?— Insistió, estirando sus manitas con la intención de abrazarlo. La mano de un hombre la detuvo, agarrando el hombro de la pequeña con firmeza.
—Alto ahí pequeña.— El agarre de Sanzu en el hombro de Yumei se afianzo con firmeza. —Vamos a llevarte a un lugar más seguro...—
Yumei giro su cabeza para verlo fijamente con desagrado y asco. —Mh...— aparto la mano del hombre con un manotazo. —No me toques perro rastrero.— Inclino la cabeza hacia el peli rosado con un evidente rechazo hacia el, le parecía el más vil de los hombres de su padre.
—Que brava...— Respondió con su característica sonrisa sádica. —Y yo que estaba siendo amable...— Sus ojos brillaban con una diversión perversa. —Te pareces mucho a....——
Sanzu.— Le corto Manjiro antes de que terminara la frase. —Solo llévatela.—El peli rosado obedeció sin vacilar, tomando la muñeca de la niña con más fuerza, prácticamente arrastrándola con el.
—¡No!, ¡suéltame perro inútil!— Yumei forcojeo bajo el agarre de Sanzu, mismo que le dio una bofetada a la mejilla. El impacto del golpe resonó como un chasquido y el ardor en la mejilla de Yumei se reflejo en la rojez que adopto su pómulo golpeado

La joven despertó abruptamente de aquel sueño sobre el pasado con el corazón desenfrenado y la mente confusa. —Que demonios..?— Murmuro para si misma, entreabriendo los ojos con dificultad para acoplarse a la luz que se filtraba por la ventana de su habitación. —Tengo dos semanas soñando con mi infancia...— Su tono era algo ronco por la larga siesta, frotándose los ojos en un intento de alejar el sueño. Estiro los brazos hacia arriba y las piernas hacia abajo en la cama y dejando ir un bostezo matutino.

La campana escolar sonó con firmeza anunciando el fin de la segunda hora clase, los estudiantes salían de sus salones con dirección a su siguiente clase abarrotando los pasillos escolares por unos instantes hasta llegar a sus aulas determinadas u otras partes del campus.
—Yumeii, vamos es solo una clase no pasara nada si nos la saltamos.— Insistió Hana mientras abrazaba el brazo de Yumei, jalando a su amiga hacia el patio trasero, donde estarían solas por la hora. —Por favoor, No puedo ir sola a una cita doble...—
—No Hana, te dije que no me dejan salir con chicos.— Respondió Yumei al mismo tiempo que guardaba sus libros y mochila en el casillero. —Además, tenemos clase de Sociales en quince minutos.—
—¡Exacto!, La clase más aburrida de todas, vamos, solo esta vez.— Su mirada suplicaba apoyo en tanto sus brazos la rodeaban por completo.
—No.— El tono serio de Yumei dejaba claro que no tenía planeado dejarse convencer fácilmente.
Hana se quedó en silencio unos segundos antes de sacar su último As bajo la manga; el soborno. —Te comprare tres onigiris.—
Una breve risita salió de Yumei al escuchar la propuesta de su amiga. —Inténtalo otra vez.—
—Y... podemos ir a comer ramen mañana...—
—Trato, ¿Como tienes planeado salir de aquí?— Cuestiona la pelinegra mientras observaba las instalaciones escolares, edificios de uno o dos pisos con paredes exteriores semi blancas y algunas de color gris, el campus era tamaño medio con instalaciones algo viejas.
—Podemos salir por la puerta trasera, el guardia casi siempre esta dormido.— Propuso Hana inclinando la cabeza en dirección al portón escolar.
—¿Estas segura que esta “cita doble” vale la pena el esfuerzo? —
—Totalmente.— Contesto con una convicción tan fuerte como la de quien dice que el cielo es azul. —El chico es un bombón, estoy segura de que su amigo te va a gustar, ¡debe ser tan guapo como el!— Sus ojos casi formaban corazones al hablar de ese “bombón”.
Yumei miro a su amiga en silencio, con una ceja alzada y la sospecha de que su compañera no le estaba contando algo.
—Ven!— Susurro Hana tomando la mano de su amiga y jalando de esta para avanzar al portón.
Impulsada por el agarre la y determinación de su amiga los pies de Yumei colaboraron con pasos cuidadosos al seguir a Hana. En el portón escolar, donde el guardia dormía cruzado de brazos y con la gorra sobre el rostro, la gran puerta escolar se encontraba semi abierta, con el espacio justo para el ingreso de los autos de maestros, más que suficiente para el escape de dos alumnas.
Ambas chicas caminaron con pasos casi tan discretos como los de un felino, pasando del estacionamiento escolar a las calles de Taito en cuestión de minutos.
—Pensé que iba ser mas complicado que solo... cruzar.— Balbuceo la pelinegra al mismo tiempo que se alejaban de la institución educativa, era la primera vez que se escapaba de clases, e imaginaba que seria mas complicado que solo andar con cuidado de no despertar al guardia. Las calles eran limpias, con algunos puestos de comida, tiendas de conveniencia pequeñas y luces que alumbraban en la oscuridad de la noche. —Y, ¿Piensas ir a esa cita con uniforme?— Levanto la cabeza para ver el atardecer que se asomaba por los edificios.
—Claro que no!, tenemos que cambiarnos.— Señalo su bolso como argumento; ese bolso grande que solo usaba cuando escondía algo.
—Dios... eres increíble— Su tono estaba empapado de una resignación que revelaba años de ver a Hana sorprenderla con sus locuras. —¿Acaso también traes un cambio de zapatos?— Arqueo la ceja con duda, curiosa de que tendría dentro de ese bolso.
Una sonrisa burlona se asomo por el rostro de Hana al escuchar la resignación en su mejor amiga. —Si, creo que somos la misma talla.— Su sarcasmo era evidente en la sonrisa cómplice que portaba en ese instante.
Yumei resoplo con una mezcla de cansancio e incredulidad, llevando sus dedos índice y pulgar al puente de la nariz masajeando suavemente. —Y, se puede saber genio del siglo, ¿dónde demonios vamos a cambiarnos?—
—En los baños del restaurante, ¿no es obvio?— Recalco Hana como algo obvio.
—Dios que humillante...— La vergüenza en el tono de Yumei era tan notoria como ver el color de una rosa roja. La mano de Hana tomo la de Yumei y la jalo consigo dentro de un restaurante específico de comida occidental, caminando con rapidez hasta llegar a los baños y encerrase ambas en un cubículo.
—¡Oye! ¿¡Estas loca!?— Reclamo la pelinegra con pena por las acciones de la castaña.
—Me considero una persona muy cuerda.— Respondió Hana a la vez que cerraba la puerta del cubículo, dejando su bolso encima de la taza del baño.
—Te traje un vestido, espero te guste.— El tono mordaz, casi melodioso de Hana hizo a Yumei fruncir levemente el ceño, pero aun así tomo la prenda.
La pelinegra le dio la espalda a su amiga y comenzó a desvestirse, no era la primera vez que se cambiaban de ropa en el mismo lugar, aunque el cubículo de baño era demasiado pequeño para ser considerado cómodo. En unos minutos, ambas estaban fuera de los uniformes escolares, Yumei con un bonito vestido azul marino con escote de corazón y tirantes gruesos, solo lo suficientemente largo para cubrir bien su tarsero, Hana con una falda corta de color blanco y una blusa ajustada y de escote recto en color morado. La risita de Hana y las quejas de Yumei se escuchaban como ecos leves en los baños.
Tras salir del cubículo Yumei se observó de la cabeza a la cintura en los espejos de los lavamanos, el vestido era hermoso, incluso no era algo que se pondría seguido si le gustaba. —Bueno, al menos tienes un buen gusto.— Admitió en voz baja, pasando la punta de sus dedos por encima de su clavícula, rozando esta con la yema de los dedos con lentitud. —Se siente extraño usar algo como esto...— Murmuro en voz baja con algo de pena.
—Te queda hermoso.— Afirmo Hana con más delicadeza que antes al bromear. Pintando sus labios con un gloss rosado claro con suaves destellos brillantes. —Si te gusta puedes quedártelo, ¿quieres?— Le extendió el gloss con una dulce sonrisa. Hana podía ser la persona más irritante y ocurrente que Yumei conociera, pero también la única que sabia que siempre estaría ahí para ella.Una pequeña sonrisa se acentuó en el rostro de Yumei al escuchar el alago de su amiga, coloreando sus mejillas de un tenue rosado de forma involuntaria.
—Gracias...Florecilla de campo.— Extendió su mano y tomo el gloss que esta le ofrecía, abriéndolo y pasando con cuidado la esponjilla de este sobre sus labios.








