Capítulo uno: ''Blackburn''
Italia, 2013
Acaricie su cintura depositando un beso en su omóplato, al sentir su cuerpo moverse acomode su cabello detrás de su oreja.
— Buen día.
— Buen día Lydia— Helena sé balanza encima de mí y tomó su móvil, me quedé helada mirando sus ojos— Perdón, es papá— Asentí recibiendo un beso en la nuca, ella se levantó contestando la llamada.
Tome mi móvil y fui al baño, abrí la ducha esperando que el agua se calentara mientras respondía los mensajes.
Adam: ¿Dónde están?
Lydia: No te lo diré aunque supliques.
Adam: Joder, Lydia necesito hablar con Helena
Lydia: Por algo no quiere hablarte.
Escribiendo...
Adam: Al menos dile que conteste mis malditos mensajes.
. . .
— ¿Por qué me cubres los ojos?
— Es una sorpresa— Quite mis manos de sus ojos, colocando el regalo encima de la mesa.
— No comprendo— Comento confundida.
— Me dijiste que se te había perdido tu medallón favorito y vi uno que me recordó a ti, ¿te gusta?
— Me gusta... es solo que no me esperaba este detalle— Susurro acariciando mi mentón— Gracias—
— No me agradezcas...
— Hoy te invito a dar un recorrido por el bosque, hay una laguna preciosa a unos kilómetros, hice un picnic, solo debes decir que si— Comento abrochándose el collar.
— Helena Cifuentes me está invitando a un pícnic— Rei apretando sus mejillas— Si quiero, me encantaría—
La caminata fue como tener una madre sobre protectora, ella cuidaba de que no me lastimara o tropezara. Subíamos una colina cuesta arriba, pero que a la vez iba cuesta abajo. Cada paso que dimos Helena me decía que había alrededor, fue divertido, por primera vez eras solo nosotras.
— Cuidado— Comento acariciando mis nudillos, subí entre las piedras e intenté no resbalar.
— Es hermoso— Musite mirando la laguna — Podría quedarme aquí horas —
— Eso dije la primera vez que estuve aquí— Recibí su mano y ambas bajamos cuesta abajo, al estar a pocos metros de la laguna, Helena extendió una manta en el suelo mientras observaba alrededor.
— Es un lugar precioso— Sus manos se colocaron en mi cintura depositando un beso en mi mejilla.
— Vamos a comer— Al sentir sus manos en mi abdomen sentí escalofríos.
— Adam...
— Le respondí los mensajes y le dejé claro que no quería que siguiera insistiendo— Asentí colocando mi mano encima de la suya.
— ¿Por qué discutieron?
— No importa, solo quiero que disfrutemos del lugar y...
— LENA— Esos gritos resonaron con fuerza, ella se alejó saludando a sus inoportunas visitas.
— Pensamos que vendrías con Adam— Chillo una de sus amigas.
Todos la saludaron, ignorando por completo mi presencia. Emilia y Jim eran novios, pero Emilia decidió enrollarse con Óscar, Jim se quedó solo, se cogió a Valerie que antes era novia de Óscar así que todos conviven como si no se hubieran follado uno al otro. Actualmente, Emilia y Jim están juntos, Óscar y Valerie se cogen de vez en cuando fingiendo que no pasa nada entre ellos, en verdad no entiendo como pueden ser sus amigos.
— La pequeña Lydia ya es toda una mujer— Comento Valerie con su voz insoportable.
— Vaya no me había fijado que estaba acá la pequeña excluida— Debo destacar que Jim siempre ha sido un imbécil.
— Sigues siendo un perfecto idiota.
— Y tu la misma chiquilla mal educada— Jugueteo Jim golpeando mi hombro.
— Iré a dar una vuelta, volveré más tarde— Me acerque a Helena y deposite un beso en su mejilla, creí que recibiría el mismo gesto, pero no fue así — Bien —
. . .
Helena Cifuentes
— Lydia
— Mju— Al ella voltearse me quite mi chaqueta y la coloque encima de sus hombros.
— No vayas muy lejos— Acaricie sus nudillos soltando su mano, cuando ella se alejó, todos me miraron esperando a que dijera o insinuara algo, pero al notar mi silencio prefirieron romper el hielo con algún tema estúpido.
Todos fuimos a casa, abrimos varias botellas de vino, nos sentamos en la sala contando historias, uno que otro chiste.
— ¿Invitaste a Lydia antes o después?— Pregunto Jim tomando de su copa.
— Posteriormente y si tienes algo que decirme sé directo.
— Cariño, no lo dice en mal plan— Valerie tomo mi mano con esa sonrisa relajada— Es solo que debes entender que las cosas se están tornando extrañas— La puerta se abrió de golpe y Lydia nos miró con mala cara.
— Al parecer la mala vibra abunda en este lugar.
— Jim, ya está bien por hoy— Le regañe levantándome de la silla— Va para todos— Me coloque enfrente de ella y acaricie su mejilla.
— ¿Qué te pasa?
— Nada— Respondió cortante intentando pasar por encima de mí.
— Lydia no me trates como una idiota, estuviste llorando— Intente tomar sus manos, pero me rechazo al instante.
— Debo ir a dormir.
— Bien— Me aparte de su camino y la vi irse sin decir ni una sola palabra.
— Sabes lo que te diremos— Comento Valerie sosteniendo su copa.
— Todos acá sabemos que a Lydia se le cae la baba por ti, mucho duro Adam en darse cuenta— Contesto Jim obvio— No debemos ser superdotados, solo hay que ver en la forma que te mira—
— Dejen de decir estupideces...
— Amiga, no te hagas la ciega, Lydia está enamorada de ti desde que vio en ti algo más que la novia de su hermano— Valeria se sirvió más vino observándome con el ceño fruncido— Es algo que hasta Adam noto o creíste que la decisión apresurada de enviar a Lydia a Londres fue porque quiere lo mejor para su hija—
— Joder, Valerie dijimos que no hablaríamos de eso— Le regaño Jim acariciando su cabello con fuerza.
— Así se hacen llamar mis amigos— Los miré notando como ambos desviaron la mirada.
— En mi defensa, no lo sabía— Se excusó Emilia levantando las manos.
— Yo tampoco— Musito Óscar— Siempre hemos sido tus amigos, sabes que si hubiéramos sabido eso, te lo diríamos, lo que sí es que estoy de acuerdo con Valerie. Lydia siempre ha estado enamorada de ti—
— Cierren la puerta antes de irse.
— Lena vas a enojarte por esto.
— Len...— Cerré la puerta de la habitación y me quite los zapatos, intente no hacer ruido pero fue inevitable. Me acosté en la cama cerrando los ojos, sus palabras estaban haciendo ecos en mi cabeza, hasta que no pude evitarlo más.
— Lydia...— Susurre acariciando su brazo.
— ¿Hm?
— ¿Estás enojada conmigo?
— No estoy enojada contigo— Balbuceo adormecida.
— Bien... iré a dormir a la otra habitación— Al levantarme de la cama sus manos me tomaron con fuerza.
— Perdón— Dijo avergonzada, suspire colocándome enfrente de ella, acaricie su mejilla haciendo que mirara mis ojos — No quería lastimarte — Musito mirando mis ojos.
— Perdóname tú a mí— Susurre acariciando sus labios.
— Me iré a Londres
— Lo sé — Musite dedicándole media sonrisa.
— No me dirás, que paso con Adam— Negué con la cabeza sin dejar de ver sus ojos, ella se inclinó hacia delante depositando un beso en mis labios, la empuje hacia atrás sosteniendo sus manos por encima de su cabeza, un beso encendió todo lo que creí inexistente, olvide por completo que al detenerme iba a estrellarme.
— ¿Puedo? — Susurre depositando pequeños besos en su cuello, ella colocó mi mano en su seno mordiendo sus labios, acaricie cada parte de su cuerpo, lamí cada extremidad y sentí como se humedecía con cada caricia.
Ella se entregó a mí en cuerpo y alma, cada caricia sutil que se desvanecía entre besos húmedos, esa paz al cerrar los ojos sintiendo sus labios estremecer mi piel. Solo un suspiro envuelto en éxtasis se transformó en un orgasmo, acaricie su muslo deslizando mis dedos en su clítoris.
— Hazlo— Susurro mordiendo sus labios, introduje mi dedo sin dejar de acariciar su clítoris, bese su cuello sintiendo como en cada movimiento sus uñas se clavaban en mi espalda, enrede mis manos en su cabello y bese sus labios, ella gimió mordiendo mis labios. Quite mis manos de su vagina colocándome encima de su cuerpo, el roce entre nuestros clítoris fue suficiente para hacerla llegar al clímax.
Su cuerpo se estremeció en cada movimiento. No solo ella tuvo la satisfacción de llegar al clímax, porque yo permití que nuestros líquidos no solo se unieran... me entregue a ella, así como ella lo hizo.
— Mi niña— Susurre depositando varios besos en su mejilla, seque su sudor y coloque su cabello detrás— ¿Estás bien?—
— Si — Contesto cubriendo su cuerpo— Eres mi primera vez— Confeso escondiéndose en mi cuello.
— Lo sé— Respondí acariciando su espalda.
— Soy una tonta...
— No lo eres cariño, solo eres honesta — Lydia se tumbó en la cama dándome la espalda— No te pongas así— La abracé besando su omoplato.
— Mi primera vez fue con la novia de mi hermano— Escupió de golpe acariciando mis nudillos.
— Solo estamos nosotras, no pienses en eso, ¿sí?— Ella asintió enlazando su mano a la mía.
— ¿Por qué no me rechazaste?
— No lo sé — Bese su cuello depositando varios besos en su omoplato, al poco tiempo ambas nos quedamos dormidas, cuando llego la mañana me fui pidiéndole a Jim que la llevaran a casa, estaba confundida y lo que había pasado fue un error, error que no debí permitir.
Una semana después.
— Estás muy extraña desde que volviste.
— Solo es el estrés de la universidad— Respondí subiendo mi pantalón.
— El estrés de la universidad hace que tenga que subir por la ventana porque no quieres ir a mi casa.
— Deja de imaginar cosas donde no...
— Le pregunté a Lydia y me dijo que te preguntara a ti— Me volteé mirando su rostro mientras abotonaba mi blusa— ¿Qué pasó en ese puto viaje?—
— No paso nada Adam, solo me di cuenta de que te amo y que deseo estar contigo— Bese sus labios acariciando su mejilla— Lydia me beso, pero no significo nada, estaba ebria y confundida. Se avergonzó por ello, quería que fuera honesta contigo, eso es todo - Mentí dedicándole una gran sonrisa.
— Debiste empezar por ahí amor— Rio acariciando mi cabello— Hoy iremos a llevarla al aeropuerto, ¿Quieres ir?—
— Debo estudiar con Val, le va mal en química, me pidió ayuda para su examen.
— Está bien amor.
— Le darías algo de mi parte— Desabroche mi collar y lo coloque en sus manos.
— ¿Esto y ya o quieres que le diga algo?
— Solo eso amor, ella entenderá — Bese su nuca tomando mis cosas— Te veré, mañana—
— Esta bien guapa.
. . .
Suspire mientras me escondía detrás de un señor, cuando vi que Adam bajo las escaleras, me acerque al pasamanos. Tomé mi móvil y abrí su chat.
Helena: Lamento, haber huido de esa forma.
Lydia: ¿Por qué no viniste?
Helena: Fue un error lo que paso, eres una gran chica pero yo estoy con Adam y lo que paso entre nosotras no cambiará eso.
Lydia: Entiendo.
Helena: Perdóname, pero lo mejor es que nos distanciemos hasta que puedas superar lo ocurrido.
Lydia: Debiste pensarlo antes de acostarte conmigo.
Me aparté del pasamanos viéndola por última vez, me aseguré de que Adam le entregara el medallón, el resto me daba igual, ya que nada borrara la culpa que sentía, ni siquiera el alcohol lo hizo. Me fue imposible sacarla de mis pensamientos, no pude borrar lo que ocurrió, podía aún sentir su aroma en mi piel.