The Flip Side || Tae Kook by Merlín at Inkitt
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The Flip Side || TaeKook

Summary

En una ciudad donde el manto de la rectitud es tan delgado como frágil, sus habitantes se empeñan en proyectar la imagen perfecta: la familia correcta, la felicidad obligatoria, la apariencia impecable. Pero cuando el omega Jeon Jungkook recibió los papeles del divorcio, porque el alfa que tenía por esposo había escogido a su amante, todo lo que creía seguro comienza a desmoronarse. Lo que nadie imagina es que su caída lo empujará hacia un amor que suponía ser prohibido al posar sus ojos en el alfa que representó a su exesposo durante el divorcio... Y además su mejor amigo: el abogado Kim Taehyung. Porque todas las monedas tienen dos caras, y esta ciudad -aparentemente ejemplar- esconde secretos tan oscuros como el deseo carnal que se niega a morir. 🐁OneShot Omegaverse - Taehyung Alfa - Jungkook Omega Diseño de portada: @SrtaGekko. Sos lo mejorcito que ha llegado a mi vida (๑˃̵ᴗ˂̵) Remake: @_namja. Te adoro con mi alma♥️ Prohibida cualquier copia, adaptación o tomar este trabajo como inspiración para crear algo aparte.

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1
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18+

Único

“Es agotador, la mentira me carcome, mi lobo rasga mis entrañas en reclamo de no permitirnos estar con quien en verdad amamos, a quien reconocemos como nuestra pareja destinada desde que sentimos el latir de nuestros corazones en sintonía y conexión aquella tarde.

¿Por qué permití que todo escalara tan lejos? Pero no me siento culpable, haber engañado a mi esposo para encontrar al amor de mi vida puede que haya sido un descaro... Pero jamás un error.”


Jueves, cinco de la tarde hora local, ciudad Crystal Snow.

El sol se inclina ante las lejanas colinas, cediendo el protagonismo del cielo a la madre luna. Los oficinistas y trabajadores ambulantes se preparan para regresar al abrigo de sus hogares, reencontrarse con sus familias y compartir momentos de calidad con los suyos.

En esta ciudad, mantener a las familias felices es una prioridad, calles ordenadas y resplandecientes, edificaciones modernas y perfectamente estructuradas, su gente parece feliz y cómoda, en un ambiente amplio, agradable y amistoso.

Era de ensueño, el lugar donde todos quisieran vivir y la vida perfecta que cualquiera quisiera llevar; tan organizada que incluso podría incomodar a aquellos ojos que requieren un poco de desastre en sus vidas para sentir que funcionan mejor. Pero el desastre no tenía cabida en este sitio. Todo era sonrisa por donde se viera, niños jugando feliz en un parque bajo el cuidado de sus muy sonrientes padres, parejas tomadas de la mano o familias completas compartiendo un picnic en armonía.

Las prioridades eran claras en Crystal Snow: la familia es primero, punto.

Pero no todos han sabido organizar las prioridades en su vida.

A las afueras de Crystal Snow, sobre una autopista constantemente transitada, se alza un famoso y reconocido hotel, contrastando un poco con la vida metropolitana del centro de la ciudad: el icónico Echo. Era sencillo pero cómodo, de color rojo en sus paredes y ventanas polarizadas que, de todos modos, desde su interior conservaba cortinas que obstruían el paso visual al interior de las numerosas habitaciones que la componen.

Pero entonces, ¿qué lo hace tan especial? Porque cualquier hotel cuenta con las mismas características que Echo. Sin embargo, éste es el favorito de sus clientes porque no tiene edificaciones cerca, hay un amplio sendero que puede ser recorrido a partir de la parte trasera del hotel, una piscina en un costado con uso privado es lo suficientemente amplia para tener secciones restringidas donde omegas o alfas pueden pasar su celo ya sea resguardados -si quieren estar solos-, o con una infinita privacidad si van acompañados. Era perfecto.

Estaba lista para recibir a sus clientes; viajeros de paso, huéspedes que se dedicaran al turismo en la zona o simplemente parejas que ocultan a sus amores clandestinos de ojos inoportunos, de aquellos que no son capaces de comprender que esa manera de amar también era válida. No era más que la atracción principal de quienes pasaban por enfrente.

¿Incluso si se construye el placer por encima del dolor ajeno?

Las monedas siempre tienen dos caras, las personas también... Y Kim Mingyu no era la excepción.


El alfa, Kim Mingyu, era un hombre devoto a su hogar, de treinta y siete años, alto y fornido, captando las miradas de quienes consiguen verlo si transita en algún lugar. Era un hijo ejemplar y uno de los graduados más honrados de su generación. Hacía tres años que un omega de aroma dulce como los duraznos había captado su atención y se casaron rápidamente, empujados ante la impulsividad de sus deseos superficiales sin detenerse a escuchar si era eso lo que sus corazones dictaban hacer.

Jeon Jungkook era su esposo, un precioso omega con veintiocho años, de piel blanquecina, ojos café claro y cabello rubio, corto y deslumbrante. Lo que el omega tenía de hermoso también lo poseía en inteligencia, era perfecto, el ideal para saciar su apetito sexual y puede que en un futuro desee convertirlo en el padre de sus cachorros y portador de su marca de unión.

Aunque parecían haber iniciado su relación muy bien la rutina cayó en su vida de pareja muy rápido, aunque, a ojos de Jungkook, le era más fácil organizar así su día a día y dedicarlo para su hogar, su pareja, su imagen vanidosa -la cual requería de los mejores cuidados para verse siempre pulcro-, y al trabajo como ejecutivo en línea que poseía. De esa manera todo estaba alineado, no había nada faltante ni sobrante.

Parecía armonioso, perfecto... Pero ojalá el alfa pudiera haber sido honesto en su carta de presentación.

Mingyu no estaba en celo, tampoco le gustaba hacer senderismo, los químicos que echaban en las piscinas hacía picar su piel, por lo que prefiere el agua natural del mar. Entonces, ¿qué hacía utilizando una habitación del famoso hotel Echo, aquel de estructura particular con paredes pintadas de rojo y en compañía de una omega que, claramente, no era su flamante esposo?

Porque estaba ahí, embistiendo con fuerza y descaro a la mujer que se sacudía debajo de su robusto cuerpo, haciéndola gritar de gozo mientras él jadeaba cada que ella ensartaba a propósito sus uñas en la espalda. El aroma a café envolviendo por completo a las hortensias.

Apoyado de sus rodillas, sobre el ya sudado y manchado colchón, se dedicó en brindarle el mayor placer a una aparente desconocida, a una intrusa que se metió entre su matrimonio y a quien, por supuesto, él le dio entrada para iniciar con un secreto prohibido ante los ojos de la sociedad que les rodea.


Mingyu trabajaba en un bufete de abogados de alto prestigio, en donde dos alfas y un omega eran los socios y propietarios de tal lugar. Fue ahí cuando uno de los jefes llevó al omega que robó la atención de todos, no solo por su exuberante belleza sino también por su desempeño y profesionalismo, alguien que les ayudaría en el área administrativa y organizar mejor el funcionamiento del bufete para su prosperidad.

Jungkook fungió como un secretario del jefe principal y encargado de organizar a los demás administradores para evitar la sobrecarga de trabajo y distribuir las labores que les permitiera alcanzar la equidad de quehaceres. Era la clave que los llevaría a posicionarse como lo mejor en servicios legales de la ciudad, tratando de hacerle competencia a otro bufete que tenía en sus filas a otro alfa en particular con un poder e influencia prácticamente insuperable.

Cuando Jungkook y Mingyu se vieron por primera vez en aquel trabajo la atracción física de ambos fue mutua e instantánea. No esperaron mucho para que las pláticas de oficina se convirtieran de pronto en salidas que desde la primera vez terminaban con Jungkook montando al alfa en la parte trasera de su auto cuando iban a un mirador por las noches.

A todo eso le siguió meses después una propuesta de matrimonio que Jungkook no podía rechazar, pues el magnetismo que lo empujaba a pertenecer a ese alfa era más fuerte que él mismo, un deseo desbordante, indudable e inmenso.

Iniciaron bien; una boda que no fue sencilla pero tampoco tan extravagante, llevándose a cabo seguido de la ansiada luna de miel por parte de ambos. Eso era lo que más esperaron, unirse carnalmente y consumar miles de veces más la conexión de sus carnes, elevar su libido y llevarse de viaje en medio de las estrellas. Jungkook esperaba recibir cuantos nudos le fueran posible en una noche y también una marca en su cuello porque pese a que el deseo le ganaba más que a sus sentimientos, anhelaba formar una familia y lucir la marca de unión que lo revelaba como un omega comprometido a lo suyos. Pero dicha marca nunca llegó.

¿La razón? Kang Jihee.

Mingyu conoció a Jihee cuando éste se encontraba en los preparativos de su propia boda. Se podría pensar que la chica se atravesó en sus ojos y lo conquistó con las curvas de su cuerpo, con una mini falda o con insinuaciones indecorosas que prenderían a cualquier alfa -degenerado- que se le cruce enfrente. Pero la realidad era aún más descabellada porque Jihee solo estaba haciendo su trabajo, la hermosa omega con rostro de porcelana, cabello largo y alaciado le sonrió con amabilidad, procurando prestar atención a las flores que el alfa quería encargar para su ceremonia de bodas.

Esa sonrisa fue suficiente para que él cayera enamorado de verdad, con la revolución de insectos batallando en su interior y un lobo que, por primera vez, no buscaba copular como desquiciado con alguien, sino conocerla a profundidad. No obstante, las circunstancias lo confundieron, ya no tenía tiempo para averiguar si su atracción por la fémina era real o no, y en medio de su compromiso tomó la decisión más cobarde de todas y llevar a cabo los planes de su casamiento sin aparentes contratiempos, mintiendo con descaro desde la primera vez ante la madre luna.

Todo ello lo empujó a los acontecimientos de su luna de miel, donde la vida sexual de ambos fue muy activa porque estaba utilizando a Jungkook nada más para tratar de borrar de su mente a la hermosa y amable omega que lo había atendido en los días que llevó organizar su boda. Y todo fue en vano, porque entre más quiso empujar sus pensamientos, estos más lo orillaban a romper su promesa, enterrar sus votos y fallarle a quien tenía a su lado, por lo que recién terminadas sus vacaciones como pareja, lo primero que el alfa hizo fue visitar la floristería, con la banal excusa de querer regalarle un ramo a su esposo.

Transcurrieron así muchas visitas, ramos de flores encargados para supuestamente contentar a un omega en su hogar, pero estos siempre terminaban colocados en la entrada del negocio y Jihee los recogía al finalizar su jornada, pareciéndole curiosa la manera de actuar de aquel particular alfa.

La constante asistencia del alfa llamaba su atención y se abstuvo por un tiempo de hacer preguntas, limitándose enteramente a realizar su trabajo y preparar el ramo que éste llegaba a solicitar sin falta cada cierto tiempo.

Pero un día la curiosidad pudo más y Jihee tomó coraje para solventar sus dudas, no quedando conforme con ver el extraño actuar de ese hombre.

—No me malinterprete —captó la atención del alfa apenas habló mientras ella terminaba de organizar el pedido—. Me gusta tener clientes fieles en mi negocio, pero ¿por qué siento que este es el único local que visita siempre y actúa tan raro conmigo?

—Tus arreglos tienen un aroma único —respondió rápido y sin titubear, ganándose una expresión sorpresiva por parte de la omega—. No importa cuál pida, siempre es el perfume de las hortensias impregnadas en todas ellas lo que les da un toque único.

Jihee no dijo nada, bajó su cabeza al momento que un fuerte sonrojo se apoderó de sus mejillas, limitándose de forma tímida a extender el ramo de crisantemos rojos que ya tenía listo para su entrega.

—Es mi aroma —dijo aún dominada por la vergüenza—. Escogí este trabajo porque puedo liberar mi aroma sin ningún inconveniente y le dan eso, el toque especial que usted menciona. Espero no haber incomodado a su esposo con ninguno de los ramos que le he dado.

Ella fingió no saber que esos arreglos siempre quedaban afuera del local. Mingyu por su parte, sonrió enternecido por sus palabras y extendió de vuelta el ramo de crisantemos.

—Los crisantemos rojos son los elegidos para expresar amor y deseo.

—¿Qué dice? —recordó ella con pánico al ver que el alfa insistía en que ella tomara el ramo como un obsequio—. No es lo que yo creo, ¿verdad? Usted está casado.

—Lo estoy, sí. Y suena descarado... Pero espero que lo puedas entender algún día.

A partir de ese día, la idea atormentó a Jihee por mucho tiempo, se sentía fatal por creer que estaba burlándose de alguien inocente y que pertenece a su misma casta, de faltarle el respeto a un omega que no merecía nada de lo que Mingyu y ella comenzaron a hacer escondidos en aquel hotel de paredes rojas todos los jueves y viernes a partir de las cinco de la tarde durante tres años, pero cuando en una ocasión el celo de ambos coincidió, una marca de unión fue inevitable.

Por tres años han tenido que verse de modo incógnito, producto de la cobardía de un alfa que no supo ponerle punto final a un matrimonio que nació de la lujuria -pero matrimonio, a fin de cuentas-.

Por tres años Jungkook escuchó a Mingyu hablando por teléfono en el despacho de su casa y encargar ramos de flores con detalles específicos y bien cuidados, pero ningún ramo llegó nunca a sus manos.


—Creo que ya es tiempo de que acabes con tu matrimonio —habló Jihee, recostada en el pecho desnudo del alfa y contorneando con un índice figuras imaginarias encima de su piel—. Llevamos tres años viéndonos en el mismo lugar, hasta el recepcionista nos conoce y se me cae la cara de pena con eso.

—Trataré de hacerlo pronto —habló impasible—. Tenme paciencia, por favor.

—La tengo —Jihee levantó su rostro para encarar a Mingyu con un semblante molesto—. He sido paciente tres años, pero no solo no le has contado que tienes algo conmigo, sino que tampoco has terminado lo que sea que tengan. Ya ni siquiera comparten habitación porque tu ropa le dio alergia, Min, mi aroma lo debe tener asqueado y él pretende no darse cuenta para no dejarte. Sabes lo dura que será la sociedad si todos se enteran de lo nuestro antes que él.

Mingyu analizó sus palabras y dejó escapar un suspiro cansino, observando a Jihee y, de paso, la marca que adornaba en su cuello. Sentía en ocasiones a su lobo rabiar por no pasar el tiempo debido con quien él ya había reconocido como su omega, otorgándole incesantes dolores en las noches que dormían separados y malestares internos que ninguna medicina conseguía mermar.

—Dijiste que tu mejor amigo también es abogado como tú, una eminencia —Jihee interrumpió sus pensamientos al inclinarse a tomar el teléfono del alfa—. Has dicho eso, que es muy bueno en su trabajo. Llámale y dile que te ayude a resolver esto.

—Me gusta asistir a Taehyung en algunos casos, ¿sabes? No a darle los míos, y menos si es un caso literalmente sobre mí.

Pese a lo último declarado Jihee no cambió su postura y se mantuvo con el celular alzado para que el alfa lo tomara y sintiéndose satisfecha cuando este puso sus ojos en blanco y lo tomó para hacer la llamada.

Buscó el número de Kim Taehyung, su mejor amigo de la carrera, con su misma edad y porte, pero un alfa que, al contrario de él, si era dedicado y respetuoso con su pareja.

¿Diga? —la voz ronca y casi saliendo en un gruñido fue lo primero que escuchó Mingyu.

—¿Interrumpí tu siesta?

Y la de mi omega. Lo acabas de despertar con tu llamada y la última vez que nos vimos te dije que está en espera de mi cachorro. Más vale que sea importante.

—Lo siento —Mingyu tragó grueso e inhaló aire para continuar—. Necesito tu ayuda... En calidad de abogado, no de amigos.

¿Te metiste a problemas apenas te juntaste con los Lee?

—No, no, nada de eso. Más bien, necesito que me ayudes a tramitar mi divorcio con mi omega.

Hubo silencio en la línea por algunos segundos que se sintieron eternos. De pronto un suspiro pesado se escuchó por parte de Taehyung y Mingyu creyó que recibiría un sermón de su parte.

Taehyung estaba enterado de su relación extramarital pero el alfa se mantenía lejos de cualquier drama que involucrara ese asunto, pues no quería ser partícipe de esa redes de mentiras o cómplice de la caída de un matrimonio.

Min, ¿haces esto por tu amante?

—No importa ahora, Tae —Mingyu se incorporó de la cama, apartando sus cobijas para quedar sentado al borde, tallando su rostro con su mano libre—. Mira, yo sé que la familia importa-

Y mucho, Min —interrumpió Taehyung—. Se nos ha educado en esta ciudad para tener presente en nuestras vidas que debemos servir a nuestra familia. El objetivo es que nuestros omegas algún día nos honren creando un nido donde podamos refugiarnos con ellos y conectar a nuestro lobos en un “por siempre”. No puedes dejar a tu omega así, menos por una amante ocasional.

—No amo a Jungkook, Tae. Todo lo que has mencionado es lo que deseo, pero con Jihee, de quien sí me enamoré y mi lobo aceptó como su compañera, así que tampoco es una amante y mucho menos ocasional. Mi conexión con Jungkook fue... Carne... Y ya. No había nada más que sexo, te lo he dicho.

Sí, pero creí que algún día cambiarías de parecer y tomarías en cuenta que tu esposo es un ser humano con sentimientos —Taehyung dejó escapar otro suspiro antes de seguir hablando—. Iré redactando los papeles. Al menos hazle saber a tu omega lo que piensas hacer y no lo tomes desprevenido con los documentos en mano, ¿sí? Ya mucha humillación le haces pasar dejándolo en casa y creyendo que estás trabajando.

—Gracias, Tae y... Gracias por apoyarme y no juzgarme.

Que no esté de acuerdo con tus cochinadas no significa que te dejaré solo. Pero la próxima manda un maldito mensaje. Literalmente esta conversación cabía muy bien por escrito y no tenía que despertar a mi omega por esto.

—Lo siento —rio apenado mientras rascaba su frente—. salúdalo de mi parte, por favor, y espero que estén bien.

Cuando Mingyu colgó la llamada un chillido de felicidad por parte de su omega no se hizo esperar, consiguiendo que él sonriera apenado pero contento también de verla de buen humor.

—Era así de fácil, ¿lo ves? —Jihee se lanzó a la espalda de Mingyu para abrazarlo con felicidad.

Por fin podrían tener la libertad que ansiaba, el poder llevar con orgullo y sin inhibición alguna la marca que su alfa le había hecho hace tiempo ya y por la que su lobo aullaba adolorido por dentro cuando no tenía a su compañero cerca por tantos días.

Por fin, el dolor acabaría y empezarían un nuevo capítulo creado en los cimientos de la ignorancia de terceros.


Kim Taehyung ha sido el mejor amigo de Mingyu desde la universidad. Eran un dúo imparable cuando se trataba de presentar casos y trabajos, habiendo así conseguido ambos graduarse con los más grandes honores en la facultad de Derecho.

Creció con una familia de clase media-alta y claro, con los mismos valores con los que crecían todos en la pintoresca ciudad de Crystal Snow, dándole su debido respeto a las personas en su casa y su lugar en el corazón.

Por eso, no es de esperar que Taehyung aborreciera y viera con malos ojos las acciones que su mejor amigo estaba cometiendo en pro de faltarle el respeto a su pareja. Era inaceptable, un asco y una vergüenza para quienes lo sabían, pero él poco o nada podía hacer por un omega a quien solamente había conocido el día que contrajo matrimonio con Mingyu. Así que prefirió seguir su propio rumbo y continuó con su vida tratando de ignorar las acciones inmorales de otros.

Él no era así, se prometió nunca ser ni la cuarta parte del poco alfa que estaba siendo su mejor amigo, él si cuidara a la pareja que llegara a su vida y no le fallaría de ese modo. Se prometió convertir a su futuro omega en su propio templo, en su vida entera y su misma perdición si era posible.

Luego de que Taehyung colgó aquella llamada dejó su teléfono nuevamente en la mesita a su lado y volvió a recostarse, retiró las lagañas de sus ojos con sus dedos y estiró su cuerpo con pereza. No era mentira que habían interrumpido su siesta junto a su omega.

—Escuché todo —susurró el somnoliento omega a su lado, quien risueño y con lentitud extendió una mano para dar débiles caricias en el torso desnudo del alfa—. ¿Al final tu amigo si escogió a su amante?

—Eso parece —habló Taehyung en un tono bajo y gentil, acariciando la piel descubierta del cuerpo que estaba a su disposición y que recién había tomado unas horas atrás—. Lo veía venir y algo me decía que iba a tomar esa decisión más pronto que tarde.

—¿Tú llevarás el caso?

—Mhm —afirmó con un sonido apenas audible—. Tengo qué. Para eso me habló, a fin de cuentas, así que... Iré a la oficina para alistar los papeles y espero que al menos escuche mi consejo y lo hablen antes de solo presentar la demanda como si nada.

Taehyung dejó un corto beso en la frente de su omega cuando hizo el amago de levantarse y caminar a la oficina de su casa, pero se llevó una sorpresa cuando fue detenido gentilmente de su muñeca.

—Tú no harías nunca algo así, ¿verdad? —abrió sus ojos y encaró al alfa, el miedo instalado en su mirada era palpable—. ¿No seguirías los pasos de tu amigo para burlarte así de alguien? Es horrible solo pensar en todo el tiempo que sostuvo una mentira de ese nivel.

—Nunca —aseguró Taehyung mientras se regresaba a dejar otro beso en sus labios—. Jamás cometería una atrocidad así y menos a ti. Tú y mi galletita de té son mi única prioridad en esta vida.

Con una promesa que resguardaba dos corazones que latían de amor gracias a él, se acercó nuevamente a besar y acariciar el aún plano vientre de su omega. Se sentía orgulloso y seguro, firme de sus palabras y decidido en darle lo mejor a su creciente familia.

Pero las circunstancias a veces empujan a las mentes más poderosas a flaquear de vez en cuando, dejando de lado su lealtad y enterrando en el lodo promesas sin cumplir y palabras que el viento arrastra sin piedad hasta perderse en la nada.

Todas las monedas tienen dos caras, las personas también... Y Kim Taehyung no era la excepción.


Los sábados a las ocho de la mañana Kim Mingyu llegaba puntual a su hogar, podría parecer extraño para cualquier otra pareja ver a su esposo luego de perderse dos días completos sumergido en el “trabajo”, pero claro, Jungkook jamás iba a sospechar nada malo de su alfa. Él también trabajó en ese ambiente jurídico, en el mismo bufete donde conoció a Mingyu –aunque en el área administrativa–, pero le tocó ver muchas veces cómo su jefe en aquel entonces permanecía días y noches enteras junto a algunos asistentes sin salir de la oficina para resolver los casos más gordos.

La profesión de un abogado es demandante y agotadora, lo sabe, por eso no le fue problema recibir con una enorme sonrisa a su esposo y abrazarlo con felicidad al verlo llegar.

—¡Amor mío! —se tiró sobre él para besar repetidas veces su mejilla—. Qué bueno verte, ¿mucho trabajo estos días?

—S-sí —declaró nervioso, sosteniendo la cintura del omega con uno de sus brazos para alejarlo poco a poco—. Ya sabes... Eso... El caso que llevamos mi compañero y yo de la industria de alimentos es muy pesado.

—Puedo imaginar que sí, trabajas mucho, amor —Jungkook acunó sus mejillas y le regaló una mirada suave de comprensión—. Pero estoy muy orgulloso de ti, de tu esfuerzo y por dar lo mejor. Lo bueno es que ya estás aquí y puedo consentirte con un buen desayuno. Ven, lo acabo de preparar.

Mingyu lo iba a interrumpir, pero Jungkook jaló con entusiasmo de él y lo guio al comedor, mostrándole todo lo que se esmeró en preparar para él. Ahí es cuando recordaba por qué odiaba los sábados por las mañanas, Jungkook siempre lo recibía con esa ilusión y esa felicidad que le impedía ponerle un punto final a la mentira que estaba viviendo a su lado.

A pesar de la distancia que surgió en su intimidad, Jungkook siempre lo trató bien y fue atento en su recibimiento. Le sonreía al verle y parecía contento, pero ya todo estaba hablado, no había marcha atrás. El día anterior se había encontrado en un punto céntrico con Taehyung, quien le proporcionó los documentos de divorcio y explicándole que podían terminar su unión por la paz en mediación, sin necesidad de ir a los tribunales. Claro, eso si el precioso omega que ahora se encuentra sirviendo con entusiasmo la comida estaba de acuerdo con las condiciones de separación.

—Jungkook —habló bajo, con un nudo en la garganta, pero lo suficientemente audible para ser escuchado—. Deja eso, cariño, quiero hablarte de algo serio ahora, por favor.

Jungkook abrió levemente su boca y alzó sus cejas extrañado por la interrupción. Dejó lo que hacía y limpió sus manos con un paño de cocina que tenía cerca para tomar asiento frente al alfa e inclinarse levemente para atenderle.

—Luces muy serio, ¿Es algo grave? —preguntó al ver a Mingyu con un semblante de nerviosismo en sus actos—. No me digas que has enfermado, por favor. ¿Estás bien de salud?

—No, no, no te preocupes por mi salud, me conservo fuerte aún —se adelantó a aclarar, viendo a Jungkook suspirar de alivio al saber que su salud no estaba siendo comprometida—. Es, más bien... Sobre nosotros.

—¿Nosotros? —ladeó su cabeza confundido, pero de pronto comenzó a jugar con sus manos ansioso, no le estaba gustando el rumbo de la plática—. ¿Q-qué podría ser sobre nosotros?

Nuevamente, Mingyu no tuvo el coraje de hablar y sabe que le había prometido a Taehyung hacer las cosas lo más suave posible pero su cobardía le superó, así que se limitó a extraer de su portafolios los documentos y entregárselos a Jungkook para que los revisara.

El omega se extrañó de tener esos papeles en la mesa, pero no se privó de revisarlos inmediatamente, perdiendo el aliento al ver el encabezado en grande, en negritas y subrayado, y sintiéndose aún peor a medida que avanzaba línea por línea.

—¿Te quieres divorciar de mí? —preguntó en un doloroso y leve susurro, incapaz de ver al alfa a los ojos—. ¿Acaso fui un mal omega?

—No, nada de eso —Mingyu se levantó de su sitio, preocupado, arrodillado al lado de Jungkook que permanecía sentado en su silla y no queriendo verlo al rostro. Tomó una de sus manos y la beso con apuro—. Eres un omega excelente. Eres hermoso, inteligente e implacable, ningún alfa podría jamás estar a tu altura. El problema no has sido tú, sino yo. Yo te fallé.

Jungkook no dijo nada, tampoco volteó a verlo en ningún momento, se mantuvo quieto por instantes que parecían eternos y Mingyu incluso retuvo su propia respiración sin darse cuenta, a espera de alguna reacción del contrario.

—Haces esto porque hay alguien más, ¿cierto? —Jungkook finalmente giró hacia Mingyu, con un rostro que el mismo no supo discernir si se trataba de enojo, decepción, tristeza... O todo junto—. No hay otra explicación, si te soy honesto. Y si lo pienso mejor, has “trabajado” muy duro todos estos años, lo suficiente como para desatender tu hogar y a mí. ¿O debería decir que todos estos años te follaste muy duro a tu amante?

—No, Jungkook, deja que te explique —intentó defenderse, pero fue interrumpido por el omega, quien abruptamente se levantó de su silla, consiguiendo que él hiciera lo mismo—. Koo-

—No me llames así —aseveró, demostrando finalmente su rabia—. Atrévete a negar en mi cara que tienes amante. Anda.

—No es una amante —finalmente confesó con descaro, pero también pena al hablar—. Mi lobo y yo la reconocemos como nuestra pareja y... Ha sido una relación estable en todos estos años. No quería ser así de crudo y directo, pero debía hablar con la verdad.

—No me digas —rio con ironía—. Pues, muchas gracias por ser honesto tanto tiempo después.

—No seas severo conmigo, por favor —suplicó con sus ojos a punto de desbordar en lágrimas—. Quiero que terminemos todo por la paz.

—No puedo tener consideración por quien no la tuvo conmigo —inevitablemente Jungkook dejó escapar sus lágrimas por decepción y miedo a todo lo que escucha—. Tú mismo acabas de decir que soy implacable y eso involucra mi ira también, deberías saberlo por conocerme todos estos años, pero veo que importó más revolcarse con otras personas. Ahora siento asco de pensar que antes compartíamos la misma cama cuando también te ibas con la otra persona.

—Tú tampoco te diste tiempo de conocerme —frunció el ceño ante sus palabras—. Lo único que querías conmigo era follar y ya, mi pene es lo que siempre buscaste de mí.

—Sí, bueno, después de un matrimonio tan decadente creí que era lo único bueno que tenías por ofrecer —se alzó de hombros, de pronto luciendo indiferente y limpiando la salinidad que salió antes de sus ojos—. Pero me doy cuenta de que ni para eso te sirvió al final.

—¡No te atrevas a insultarme de ese modo!

—¿Cuándo nos veremos en mediación? —Jungkook lo ignoró por completo al pasar por su lado y dirigirse a un mueble cercano en donde encontraría una pluma con la que firmar la demanda—. Si tienes tanta prisa en traer a tu amante a vivir aquí pues nos haré un favor a todos ahora.

—Ahí pone que la próxima semana —soltó mordaz y con un pesado suspiro, sintiéndose de pronto lo amargo de su aroma a café en el ambiente, fuerte e incómodo.

—Y me imagino que tú ya tienes abogado y yo debo buscar uno, aparentemente soy el último en enterarse de todo, ¿no?

—Mi mejor amigo me va a representar —aclaró Mingyu, viendo al omega fruncir el ceño confundido—. Kim Taehyung será mi abogado, pero tranquilo, si tú no consigues uno en estos días el estado te lo asignará y puedo ayudarte con mis contactos si te supone un problema.

—Que lo digas así me hace sentir como un criminal a quien le están leyendo sus derechos. El infiel polla inquieta fuiste tú, no yo, así que conoce tu lugar —dio media vuelta para encerrarse en su habitación, no estando dispuesto a seguir escuchando al alfa—. Y que no se te olvide que los contactos en el poder judicial los conseguiste gracias a mí, yo conozco ese ambiente mejor que tú a pesar de tu carrera.

Mingyu iba a replicar tales comentarios, pero el portazo que tiró Jungkook al haberse retirado del comedor se lo impidió, dejándolo con la palabra en la boca. Trató inhalar aire en busca de paciencia, mientras tiraba de su propio cabello, enloquecido por la discusión, pero todo lo que consiguió fue aspirar sus propias feromonas, agrias y fuertes, esparcidas en cada rincón.

Estaba hecho, no había marcha atrás y ahora le tocaría afrontar la consecuencia que traerían sus actos.

Dentro de la habitación Jungkook consiguió estar tranquilo, haciendo ejercicios de respiración para controlar su estado de ánimo y no sucumbir a la rabia y el asco que le daba seguir conviviendo con ese alfa. Resultó ser un traidor y, encima de todo, un descarado, falto de valores morales, carente de responsabilidad afectiva y empatía.

Sabía que ese día llegaría pues, a pesar de lo distante del alfa en esos años y las patéticas excusas de carga laboral, mantuvo presente que había un tercero en discordia en su relación y aunque al principio lo negó para sí mismo y fingía creer que no era así, encarar la realidad era ya otra cosa distinta.

Pero no había tiempo para lamentos ni llantos, tampoco es que quisiera llorar a mares porque a eso se dedicó días enteros cuando sus sospechas iniciaron. Tomó su celular y comenzó a hacer llamadas para resolver su situación.

No quería nada de Mingyu, podía quedarse con la casa y todo lo que hay dentro si así lo desea. Afortunadamente nunca le hizo falta ni depende 100% de él, así que no le será problema empezar casi de cero.

Pero sí que había algo que quería de Mingyu, un pequeño pero importante detalle, y hace un momento se lo recordó en medio de su discusión y lo obtendrá una vez hayan firmado los acuerdos. De un modo u otro será así, y su lobo aúlla contento y con malicia a la idea que cruzó en su mente al imaginarlo.

Todas las monedas tienen dos caras, las personas también... Y Jeon Jungkook tampoco era la excepción.


La semana transcurrió sin percances. Como era de esperarse, Mingyu tomó las pocas cosas que pudo y se fue de la casa que compartía con Jungkook, incluso si éste le hizo de conocimiento que podía quedarse con ella y él largarse lejos de ahí, pero el alfa prefirió dejarle “un techo” al omega. Por supuesto, Jungkook se ofendió terriblemente con sus palabras y lo obligó a tocar el tema en mediación de vender la propiedad y es lo que justo se discutirá ese día.

El sol brillaba con fuerza en Crystal Snow, pero para mitigar el calor tenían las corrientes de aire fresco a su favor, anunciando la proximidad del otoño en el sitio.

En los tribunales se podían encontrar primero los salones de audiencias y por último las salas de mediación y resolución del conflictos en un recinto, muy apartadas de las demás.

Kim Mingyu estaba de pie en la entrada, esperando ver a “su futuro exesposo”, quién estaba con al menos quince minutos de retraso. Sintió un frío calar en sus huesos ante la vaga idea de creer que no se presentaría y arruinaría todo el proceso, haciéndolo más largo y tedioso, alejándole más de poder formalizar con Jihee.

—¿No podías ser más descarado y tenías que traer a tu amante?

Mingyu dio un brinco en su lugar, exaltado por la voz grave de su amigo a sus espaldas. Al girar miró a Taehyung con su traje formal, el clásico que utilizaba cuando debía presentarse en esas instalaciones, su cabello oscuro muy bien peinado y sin ningún mechón fuera de su lugar, además de las gafas de lectura que debía portar en ese sitio.

Debía admitir que el aura que emanaba su amigo a veces intimidaba; luciendo como un alfa fuerte, imperturbable e imponente y aunque eran de la misma estatura había un algo que hacía ver a Taehyung más grande que él y único. Justo como en ese momento que se encuentra con una mano en su bolsillo y la otra tirando una moneda al aire con total desinterés.

Kim Taehyung era reverenciado por sus propios colegas siempre que le veían, su sola presencia o nombrarlo en un lugar era motivo para acaparar la atención, probablemente mucho se deba a su aroma inusual pero imposible de ignorar.

El aroma a solstice del alfa no era ofensivo, los matices de bergamota con cedro bañado por el sol y un sutil toque de té negro estaban ahí, no gritaba por su presencia, pero vaya que marcaba cualquier sitio que atravesara y atraía casi de manera involuntaria a los y las omegas que estuvieran cerca.

Su fama no se alimentaba precisamente por ser un abogado que jamás perdía sus casos porque –como todo en la vida– también tenía sus días buenos y muy pocos eran malos. Pero ha destacado por el alto conocimiento en materia que posee, por asesorar incluso a sus compañeros y, en casos como el de ahora, representarlos y ver por sus intereses. Era un alfa demasiado inteligente para la gran mayoría.

—Se quedará en el auto —aclaró Mingyu luego de tranquilizar sus nervios.

—Eso es aberrante hasta para ti —Taehyung reaccionó con una mueca de asco—. Desde aquí se puede sentir el aroma seco de las hortensias.

—Ten más respeto —encaró con la mandíbula apretada—. No puedes hablar despectivamente de mi omega.

—Puedo hacerlo si tu amante altera a tu omega y me arruinan el caso —dejó de jugar con su moneda y su mirada se afiló con seriedad, imponiéndose ante el otro alfa y consiguiendo que éste bajara la cabeza—. No te confundas, Mingyu, con tu “futuro exesposo” habrás hecho y deshecho cuanto quieras, pero no vas a tirar por la borda mi trabajo.

—No puedo llevarla lejos, deberá esperar en donde le pedí —susurró apenado.

Taehyung estaba por responder, pero cuando sintió el aroma de dos omegas aproximándose. Volteó a su derecha y cruzó miradas con uno de ellos, sintiendo su garganta cerrarse y prontamente salivar ante la divinidad que se caminaba en dirección a ambo. El omega de cabellos rubios, ojos café claro y ropa elegante no pasó por alto la mirada que le dedicó el abogado, pero prefirió no ser imprudente, aunque el alfa también le parecía sumamente atractivo debía antes priorizar su separación y enfocarse en el juego principal.

Pese a querer parecer imperturbable, por dentro comenzó a sentirse como loco, de pronto su lobo luchaba por estar más cerca de ese omega, lo quería con él, tenerlo para él y poseerlo en ese instante, pero no sería posible. Deberá cometer el enorme pecado de verlo ahí y sin ponerle ni un dedo encima.

Tenía una imagen que mantener y un deber que cumplir, promesas que no se deben romper y códigos que guardar, tratará de mantenerse al margen lo más que su instinto y su propio raciocinio se lo permitan.

—Controle a su abogado, licenciado Kim, parece un San Bernardo con toda la baba que está dejando caer tan irrespetuosamente.

Y por supuesto, no podía faltar el abogado que vería porque los intereses de Jungkook sean respetados en la mediación, el mismo que ahora se encuentra viendo a Taehyung con cara de poco amigos al comprender que devoró con la mirada a su cliente.

El omega Min Yoongi no era alguien de subestimar, sino de tener cuidado. Su casta nunca fue impedimento para darse a respetar en el mundo de las leyes y, aunque muchos dicen que va detrás de la carrera de prestigio que posee el abogado Kim, muchos otros -incluyendo al alfa mencionado- saben que Yoongi nunca va detrás de ningún alfa, que es capaz de dominar un caso y torcerlo a su favor las veces que él quiera.

Cuando Taehyung lo tuvo en su campo de visión no pudo evitar esbozar una sonrisa ladeada porque sabe que, si alguien puede ponerlo en aprietos durante un encuentro legal, ese era Yoongi y el caso ahora podría salir muy bien o terriblemente mal.

—Taehyung no es así, estábamos ansiosos porque aparecieran de una vez —defendió Mingyu al responder el comentario sarcástico de Yoongi—. Mejor entremos y resolvamos todo, tengo algo de prisa.

Yoongi rodó sus ojos y no se molestó en darle respuesta a su colega, por lo que decidió seguir avanzando y dejarlos atrás.

Jungkook se mantuvo solo unos cuantos segundos más cruzando miradas con ambos alfas, analizándolos y sintiendo a su lobo en alerta en todo momento, sobre todo porque el aroma a hortensias estaba muy atenuado no solo en la ropa de su futuro exesposo, sino también en el aire, intuyendo que ha llevado a la omega consigo y debe estar cerca.

Cínico.

No le dio mayor importancia y siguió caminando a pasos elegantes, bajo la atenta mirada de ambos alfas. Pero mientras uno de ellos lo veía con cierto rencor, el otro sintió mera curiosidad, tenía preguntas que solo ese omega podía responderle y espera alcanzarlo luego de todo el embrollo para que abordarlo.

—Buen día a todos —saludó el mediador con una sonrisa amable, un alfa de alrededor de cuarenta y cinco años e igual de elegante que todos los presentes. Recibió a las cuatro personas que entraban e indicándoles que tomaran asientos en sus respectivas mesas, teniéndose así ambas parejas frente a frente.

Mientras el mediador hacía lectura protocolaria del caso, Taehyung no se privó de observar con cierto descaro al omega de cabello rubio, lo estaba arrastrando al pecado, a la insensatez y lo prohibido. De pronto se sentía torpemente atraído y manipulado por él.

Pero el omega no fue indiferente, sintió la pesada mirada del alfa sobre sí mismo y giró a verle, sorprendido en sus adentros de que éste, a pesar de ser descubierto, no bajó ni desvió la mirada, sosteniéndola sin descaro y relamiendo sus labios al ser correspondido.

Taehyung vio a Jungkook pestañear con discreción para él y regalarle una leve sonrisa ladeada mientras lo observa de arriba abajo, tratando de cuidar las apariencias ante todos los presentes.

Ninguno lo sabía, pero tanto alfa como omega hicieron uso de toda su fuerza de voluntad para mantener sus feromonas a raya porque ya el alfa poseía su fuerte aroma de solstice y no era nada discreto, dejarse llevar por su instinto habría colocado a todos en una situación extraña.

Cayó tan profundo por ese omega apenas lo vio, que ya debía discutir a nivel interno con su parte animal para controlarse y no hacer alguna estupidez frente a todos y colocarlos en problemas.

—Iniciaremos esta mediación, con el objetivo de verificar que las partes están de acuerdo con la repartición de bienes —dijo como última parte el mediador, consiguiendo la atención de los presentes—. Abogado Kim, por favor brinde la información del caso.

Taehyung asintió en acuerdo con el alfa. Tamborileó sus dedos antes de tomar la palabra, un leve gesto de nerviosismo mínimo, pues no debería haber mayor conflicto en la sala más que exponer la venta de una propiedad, pero le genera incomodidad la presencia del abogado Min con ellos, quien le observa imperturbable, esperando no decir algo que le altere y los obligue a hacer el proceso más largo.

—Para que conste en acta: mi representado, el alfa y licenciado Kim Mingyu y la otra parte, omega y licenciado Jeon Jungkook, han iniciado este proceso de divorcio por mutuo acuerdo. No existen hijos menores, mayores o a espera por parte ambos —Taehyung tuvo que contener con todas sus fuerzas la carcajada que quiso salir de su garganta ante el siguiente enunciado del acta que estaba citando, sobre todo por conservar su imagen profesional y no delatar a su amigo— Tampoco se declaró la presencia de terceros en discordia por ninguna de las partes. Solo resta formalizar la venta de la única propiedad compartida y establecer las condiciones para ello.

El mediador asintió y giró hacia el abogado contrario.

—¿Confirma esta información junto con su cliente, señor Min?

Yoongi levantó brevemente la mirada de sus documentos y asintió.

—La confirmo en su totalidad.

No era para nada extraño que Jungkook le pidiera a Mingyu no delatar la presencia de su amante como una de las principales causas de su separación, pues en Crystal Snow las apariencias y las familias suelen ser importantes. Declarar que Mingyu dejó en vergüenza a su omega sería arrastrar la imagen social de Jungkook y las burlas irían más hacia él por “no saber cómo aplacar a su alfa”. Y, por supuesto, Mingyu estuvo de acuerdo.

—Muy bien —el mediador aclaró su garganta y extendió sus manos en señal de darle el turno a los abogados para exponer—. Podemos continuar entonces.

—Como ya consta en el borrador que está en su poder —empezó Yoongi, inclinándose levemente para colocar sus manos entrelazadas sobre su mesa, cuando Taehyung también le dio señal de ser el primero en hablar—. Mi cliente accede a la venta inmediata de la propiedad compartida que aún les pertenece a ambos. Lo único que solicita es que se incluya un plazo de doce meses para su ejecución. No desea quedarse atado a una situación indefinida.

Taehyung asintió despacio, casi cortés y atento a sus palabras, como si agradeciera la exposición.

—Y, sin embargo —intervino el abogado Kim—. Imponer un plazo tan estricto, cuando no existe urgencia objetiva en ambas partes, podría ser contraproducente. El mercado fluctúa. Forzar una venta en condiciones desfavorables puede implicar pérdidas innecesarias... y abrir la puerta a futuras impugnaciones.

—No hay urgencia para su cliente, claro —continuó Yoongi con su mirada afilada pero atento—. El señor Kim Mingyu no ha ocultado que posee otras propiedades. Pero para el mío, se trata de cerrar un capítulo con claridad. La estabilidad emocional también es un interés legítimo que suele ser dejado de lado, pero no en este caso.

—Por supuesto —asintió el alfa estando de acuerdo—. Aunque jurídicamente no basta con desear pasar página; hay que garantizar que dicha página se cierre bien escrita. Mi cliente no se opone a vender, si es lo que insinúa, abogado Min. Lo que no aceptará es hacerlo bajo condiciones que puedan interpretarse como coacción indirecta.

—No hay coacción si hay opción —puntualizó Yoongi—. Propongo entonces que revisen la situación cada dos años. Si en ese tiempo no logran vender la propiedad ni acordar un precio justo, que se busque un comprador de forma privada. Y para evitar abusos, ninguna de las dos partes podrá aceptar una oferta por debajo del valor real de la casa.

Taehyung vio a cualquier punto de la habitación analizando la declaración, haciendo sonar la moneda en su mano levemente. El sonido era casi imperceptible, pero marcaba ritmo a sus pensamientos.

—Eso coloca a ambas partes en una posición simétrica... Al menos en el papel. —informó Taehyung—. Pero insisto: no podemos fingir que tienen el mismo margen de maniobra. Si el mercado no es favorable dentro de ese plazo, uno de los dos asumirá una pérdida que no le corresponde solo por querer cerrar rápido.

—¿Y qué propone entonces? —replicó Yoongi con un deje de fastidio—. ¿Que uno espere indefinidamente a que el otro decida que es buen momento para soltar la cuerda? No hablamos de casas de papel. Es ladrillo y escritura.

—Justamente por eso —aclaró Taehyung con suavidad—. Si vamos a encuadrarlo como simple activo patrimonial, entonces debe tratarse como tal: sin forzar el momento de la venta, y con garantías para ambos.

Hubo un segundo de silencio. El mediador los observaba con atención, sin interrumpir.

Yoongi no dijo nada, en espera de que el alfa continuara lo que diría, al verlo sostener una conversación con Mingyu en voz baja. Finalmente, Taehyung acomodó los papeles en sus manos e irguió su postura para continuar.

—Accedemos a los términos establecidos... Pero con una condición —habló Taehyung con firmeza y viendo al abogado Min directamente—. Si aparece una oferta para comprar la casa, mi cliente quiere tener la posibilidad de igualarla antes de que se la vendan a otra persona. No porque quiera quedársela ahora, sino por precaución. Porque puede hacerlo, y prefiere tener esa opción.

La frase quedó flotando, suave, pero con peso. Yoongi lo entendió perfectamente, volteó hacia Jungkook para recibir su aprobación y éste asintió despacio.

—Aceptado... Con otra condición —dijo Yoongi con una leve sonrisa al ver que el alfa se había tensado—. Si decide ejercer esa opción, no puede demorarse más de treinta días en dar una respuesta clara.

Taehyung asintió, apenas un gesto, pero devolviéndole tranquilidad al ver que la situación no se salió de sus manos.

—Treinta días. No más.

El mediador levantó la vista.

—Entonces... ¿Tenemos acuerdo?

Ambos abogados guardaron silencio un instante. Luego, al unísono, respondieron:

—Lo tenemos.

El mediador dio la señal para iniciar con la firma de acuerdos una vez fueran redactados.

Mingyu y Jungkook permanecieron ajenos a la pequeña y elegante disputa que sostuvieron los abogados, quienes velaron en todo momento por llegar a un acuerdo que no afectara a ninguna parte. Los veían con admiración y respeto. Aunque Mingyu también era abogado, si es verdad que tanto Yoongi como Taehyung están muchos peldaños por encima de él.

Estaban en presencia de las dos eminencias del país en el derecho civil, ninguno dio su brazo a torcer y ninguno tuvo necesidad de insinuar insultos o faltas de respeto. Definitivamente profesionales.


Fuera de la sala de mediación, Jungkook se adelantó junto a su abogado para darle las gracias con una reverencia, más que satisfecho con su buen servicio y buena disposición. Yoongi le regaló una sonrisa y reverenció a los elogios, acordando llamar cuando tuviera novedades del caso.

Jungkook le entregó a Yoongi un sobre de manila con documentos que servirían para el caso, este agradeció y decidió marcharse para no tener que cruzar palabras con ninguno de sus colegas ante la poca simpatía que tenía por Taehyung y la nula gracia que le causaba tener a Mingyu cerca.

El omega largó un suspiro profundo, sintiendo cómo el enorme peso de su separación poco a poco se aliviana y tantea la libertad que ha anhelado desde que se enteró de las faltas que ha cometido Mingyu con él.

Pero como si el destino quisiera burlarse de su suerte, apenas pensó en las acciones del alfa pudo percibir el aroma a café aproximándose y no se equivocó cuando Mingyu se posó a su lado, provocando que él rodara los ojos con fastidio.

—Tu omega te espera por ahí —habló sin voltear a verlo—. Tú y yo ya no tenemos nada de qué hablar.

—Ya me iré, no te apures —respondió Mingyu con tranquilidad y alzando sus manos en son de paz—. Solamente quiero que sepas que... Siempre podrás contar conmigo, si algún día necesitas ayuda.

—Me alegra saberlo —sonrió con amargura—. Porque tú conmigo no, al menos no a partir de hoy.

Mingyu suspiró y sin ánimos de querer iniciar alguna disputa innecesaria con Jungkook se retiró, caminando a su auto y en donde su omega le había esperado con paciencia.

Jungkook se cruzó de brazos, apreciando a la lejanía cómo el auto de su ex se iba perdiendo de su campo visual, no sintiendo nada en lo absoluto y tampoco arrepentido de ponerle un final a esa situación.

De pronto, el leve sonido de una moneda siendo manipulada por unos dedos ágiles lo hizo tomar consciencia de su entorno. Su lobo, ansioso, parecía mover la cola de emoción ante la presencia del solstice en el aire.

—¿Era necesario llegar al extremo de traer al abogado Min, señor Jeon? —preguntó el alfa con amabilidad al ponerse de pie a su lado, viendo en la misma dirección que el omega.

—Sabía que, si alguien le podía hacer frente a usted, abogado Kim, era otro de los abogados más fuertes del país y nadie mejor que Min Yoongi para esa misión.

Taehyung asintió, haciendo una mueca en sus labios estando de acuerdo con aquella respuesta y tampoco con ánimos de entrar en otro tipo de conflictos con el omega.

—¿Tiene en qué regresar a casa? —habló Taehyung con calma.

—No realmente, esperaba que alguien pudiera llevarme.

Taehyung volteó a verlo, con ese instinto primitivo de querer abalanzarse hacia él y tenerlo consigo, protegerlo, cuidarlo, alejarlo de esos ambientes desagradables por los cuales no le parece que el omega deba atravesar.

—Puedo llevarlo yo sí gusta, le invito a tomar un trago conmigo antes.

—El alcohol no me gusta —Jungkook finalmente puso atención al alfa a su lado, sintiendo como sus ojos brillaban al verlo. Tan guapo, imponente, el alfa que todos desean estaba ahí con él.

—Entonces lo invito a una cafetería que me encanta —sonrió Taehyung con diversión al ver al omega embobado—. ¿Le parece bien?

Jungkook asintió sin eliminar la sonrisa de su rostro, viendo como el alfa continuó arrojando la moneda al aire, pero antes de que esta llegara a la mano de Taehyung, Jungkook se adelantó y la tomó en el trayecto.

—¿Cara o cruz? —preguntó al mismo tiempo que se reía, viendo al alfa con una mirada atónita por su movimiento.

—¿Perdona?

—Dijiste que saliendo de aquí íbamos a decidir con una moneda quién le pondría el nombre a nuestra galletita de té.

Al escuchar aquello y ver a Jungkook llevar su mano a su vientre, sonrió conmovido. Claro, había olvidado que antes de llegar a la audiencia, y separar sus caminos por una cita médica a la que Jungkook debió asistir, Taehyung le había dicho de aquella apuesta para contentarlo y jugar un rato con él.

—Cruz.

Jungkook posó la moneda en su brazo para revelar el resultado: Cara.

—Me toca a mí nombrar a nuestro cachorro —celebró con risas de burla para el alfa.

Taehyung negó divertido, no perdiendo detalle de su precioso omega, quien cargaba al cachorro que habían procreado con tanto amor y cariño hace poco más de dos meses atrás.

De pronto recordó que había un detalle que estaba dejando atrás y también debía deshacerse de ello.

—Supongo que esto ya no nos hará falta —mencionó el alfa al extraer de su maletín una demanda de divorcio que había sido redactada en vano.

Jungkook ya había planeado separarse de Mingyu hace tiempo, incluso quería provocarlo al hacer que Taehyung fuera su representante legal, el mismo alfa con quien lleva saliendo en secreto hace un año atrás y el padre del cachorro que carga en su vientre.

—Se nos adelantó —se alzó de hombros y tomó los papeles para romperlos y arrojarlos a la basura—. No fue así como planeamos todo, pero salió bien, no me quejo.

Taehyung asintió estando de acuerdo y atrayendo al omega con un brazo para rodear su cintura y sostenerlo más cerca de él.

—¿Cómo está nuestra galletita de té? —preguntó al ocultar su rostro en la glándula de olor de Jungkook, donde el dulce aroma a duraznos se intensificaba—. Perdóname por no haber podido acompañarte, pero el mediador me necesitaba desde temprano aquí. ¿Hay novedades?

—No te preocupes, alfa, es tu deber cumplir con el trabajo —ronroneó gustoso al sentir la nariz ajena cosquilleando en su cuello, abrazándolo desde sus hombros y cerrando sus ojos al dejarse llevar por la paz que le transmitía tenerlo cerca—. Nuestro cachorro está desarrollándose muy bien. Seguro será fuerte e inteligente como su padre alfa.

—Su padre omega es aún más inteligente y precioso. Una belleza completamente admirable en todos los sentidos —Taehyung lo encaró, revelando uno de sus ojos café y el otro verde, su lobo y él estaban presentes para contemplar a su omega y disfrutar de su compañía sin interrupciones—. Vamos a comer algo para que siga así de fuerte y crezca como una manzanita. Luego iremos a casa a descansar en nuestro nido.

Jungkook se acercó a los labios de Taehyung para besarlo, demostrando todo el amor y la gratitud que siente por él. Sintiéndose dichoso en los brazos del alfa correcto, a quien amó desde el instante que cruzaron palabras y sabe que Taehyung no es ajeno al sentimiento, pues muchas veces le ha demostrado lo que un verdadero alfa si es capaz de hacer por su familia, por quienes ama.


Hace poco más de un año atrás, en una cafetería con decorativos minimalistas y sobrios, ubicada en el centro de Crystal Snow, se encontraba un alfa tomando un trago en soledad, disfrutando de su paz y calma personal luego de una jornada laboral tan pesada y rodeado de muchas personas, tantos olores en un día conseguían aturdirlo y querer escapar un rato de la gente que lo buscaba para resolver sus dudas o problemas. Tanta asfixia laboral de todos modos no fue impedimento para que él y sus colegas del bufete salieran puntuales y se dirigieran a sus casas a descansar.

Taehyung solía ser así, una persona solitaria que disfruta más de su propia compañía que de perder el tiempo escuchando a otros hablando de cosas que, en su mayoría, casi no le interesan. Pero ese jueves a las seis de la tarde, no creyó que aquel pensamiento cambiara de manera abrupta apenas finalizara su trago y reposara su vaso en la superficie de madera, prestando su atención inevitablemente a la persona que se encuentra también en otra mesa frente a la suya.

Un omega de cabello rubio y suéter celeste hizo la misma acción que él, colocando en la mesa la pequeña taza de té a la que recientemente le dio un sorbo. Jungkook miró al alfa con curiosidad y fue la analítica mirada del omega la que llamó la atención de Taehyung -obviando la belleza que poseía el mismo omega-, pero de pronto, reconoció esos brillantes ojos que había visto nada más en una ocasión, el día que ese omega había contraído matrimonio con su mejor amigo.

Lo pensó por un momento, pensando si era correcto aproximarse y saludar, pues era imposible fingir que no lo vio cuando sus miradas aún permanecían conectadas.

—¿Es usted Jeon Jungkook, el esposo de Kim Mingyu? —preguntó el alfa para romper el silencio y relajando sus facciones ante los que parecían no querer abandonar su cuerpo.

Jungkook no dijo nada, se limitó en asentir despacio, atónito de tenerlo enfrente y siguiendo al alfa con atención cuando lo vio levantarse de su mesa con calma y naturalidad, acomodando su ropa elegante e intuye que recién finalizó su jornada de trabajo. Mas bien lo sabe, conoce el ambiente y comportamiento de los abogados.

—¿Le importa si lo acompaño? —preguntó señalando la silla vacía frente a Jungkook y viendo a éste estar de acuerdo con tomar el lugar, pero aún sin decir nada. Taehyung de pronto se sintió incómodo por el silencio del otro, sin embargo, ya se había movido y no iba a quedar en ridículo cometiendo una acción y luego irse como si nada. Optó por sonreír con calma e iniciar alguna plática—. Lamento si le he confundido, pero soy Kim Taehyung, el mejor amigo de Kim Mingyu, su alfa. ¿En dónde está él? ¿Vino con usted?

—Se supone que justo ahora está en una reunión... Contigo.

Taehyung bajó su sonrisa paulatinamente luego del susurro del omega, ahora comprendiendo por qué éste parecía haber entrado en estado de shock al verle ahí. No tiene un buen presentimiento y lejos de sentirse ofendido porque su mejor amigo utilizó su nombre para alguna mentira que no augura nada favorable, más le preocupa el ver a Jungkook aún sin accionar.

Era normal que Jungkook si conociera a Taehyung por las fotos que tenía Mingyu de ellos en la universidad, ubicaba al alfa, sabía quién era y lo confirmó aún más luego de que se presentara.

Los ojos de Jungkook se vieron inundados de pronto en lágrimas, comprendiendo que al final sus sospechas de hace tiempo eran ciertas. Puede que no obtuviera la respuesta directa, pero una simple mentira descubierta bastó para comprenderlo. Su esposo lo estaba engañando sobre sus salidas tardías los jueves y viernes y no es tonto, sabe que las excusas de “reuniones de larga duración” y “casos complejos que no se resuelven en un día” se deben a que está frecuentando a alguien más. Simplemente se negaba en aceptarlo y no lo investigó... Porque sabía que iba a encontrar respuestas.

Taehyung se puso alerta apenas vio como el omega se iba a quebrar emocionalmente. Jungkook se levantó abruptamente con la intención de salir del lugar y Taehyung lo imitó, acaparando la atención de la gente a su alrededor y siguiéndolo para no dejarlo solo en un estado tan vulnerable.

Estando fuera del local, Jungkook inhaló aire y entonces rompió en llanto, mientras cubría su rostro ante la vergüenza de exponerse así en público, no siendo inevitable sentir como la herida de la traición había sido profunda. De pronto, sintió cómo alguien lo acurrucaba en un abrazo que trataba de consolarlo, escuchando el siseo de esa voz profunda que le hacía saber que estaba todo bien, que no estaría solo al menos en ese instante.

Sorpresivamente, y contrario a lo que Jungkook esperó, su lobo no rechazó el contacto, pero cómo lo iba hacer, ni siquiera había una marca que lo uniera a su supuesto alfa y su lobo hace mucho que rechazaba el contacto de este.

Esta vez se dejó arrullar por las feromonas que soltaba Taehyung en busca de apaciguar su decaimiento, disipando tanto en su interior como en el ambiente las notas agridulces que despedía su cuerpo ante la decepción que se llevó, producto de las conclusiones que tuvo que alcanzar apenas la presencia de ese alfa se hizo presente.

Logró tranquilizarse muy rápido, acompasando su respiración y abriendo sus ojos despacio, se separó del abrazo apenas, solo para ver la cara del alfa y sonriendo pequeño al ver que tenía un ojo café y otro verde.

—¿Por qué tú y tu lobo están a la vez? —preguntó en un débil susurro, observándolo mientras se sostenía del pecho del alfa.

—Es un acuerdo mutuo —dijo sin despegar la mirada de esos ojos tan hermosos que no merecían estar llorando por culpa de nadie—. Cuando él quiera ayudar se va a manifestar, pero debo estar yo presente, con plena consciencia de sus actos y él de los míos.

—Tienes un aroma peculiar —observó como Taehyung se ruborizó y ambos ojos eran cafés ahora, había logrado cohibir al lobo del alfa y se escondió por el comentario—. Es fuerte... Pero suave a la vez. Me gusta.

—En algún momento creí que te iba a incomodar, liberé el aroma sin pensarlo antes. Disculpa.

Jungkook sorbió su nariz, negando despacio y haciéndole comprender que no debía disculparse por apoyarlo, comprendió sus palabras y volvió a acercarse al alfa para hacerle saber que no era una incomodidad en lo absoluto. Reposó su cabeza en el hombro de éste al no tener mucha diferencia de altura mientras él reforzaba el agarre y acariciaba su espalda para consolarle.

Creyó que fue la vulnerabilidad de verse solo en una situación así, de la herida que provoca enterarse del engaño de una persona que suponía estar a tu lado toda la vida porque así lo había prometido ante la ley y la diosa luna. Creyó que estaba dejándose dominar por sus emociones y que estaba cometiendo un error.

Pero cuando el amor llega no avisa, simplemente se instala en tu interior y no hay marcha atrás. Mucho menos cuando el lobo el omega se encandiló ante la presencia del alfa desde ese primer instante.

Los meses pasaron y con ello la interacción de ambos incrementaba cada vez más. Porque mientras Mingyu trabajaba arduamente los jueves y viernes –cometiendo adulterio–, Jungkook tenía citas con Taehyung, se dejaba consentir por el alfa cuando éste se empeñaba en reparar un corazón que él no rompió, de complacerlo y ser un soporte para él.

¿Qué hacía Taehyung, el alfa más reconocido en el ámbito legal y de prestigio laboral, buscando en la joyería un collar de diamantes que creyó harían juego con un par de ojos claros que podrían lucirlo magníficamente? Había empezado en ser la compañía del omega, un amigo en quién pudiera apoyarse para superar la falta del alfa que le traicionó, sin darse cuenta de que poco a poco, con sus actos y palabras, se estaba ganando también el corazón del omega y cambiando el simbolismo de sus encuentros.

Ya no eran el despecho y un soporte quienes se veían a los ojos en cada cita, sino personas naturales. Mismas que estaban dispuestas a desbordar sus más puros y genuinos sentimientos entre ellos.

Un caricia inocente en la mejilla por parte del omega y un beso robado una noche por parte del alfa mientras compartían la cena en un restaurante fue el inicio de todo, y ninguno se había arrepentido de ello, desencadenando así el enamoramiento, el deseo y la pasión entre dos almas que se habían encontrado en el momento incorrecto, pero en los corazones adecuados.

Taehyung muchas veces insistió en que Jungkook no estaba engañando a Mingyu, adjudicándose ese cargo de consciencia solo para él y mostrándole que estaba fallando en su amistad. Quería que Jungkook se sacara la idea de que le había quedado mal a alguien que desde mucho antes ya le había faltado el respeto a él no solo como su pareja sino también como persona.

Le aclaró que si no encaraba a Mingyu para resolver su situación nunca fue por falta de valor, porque de eso tenía de sobra para defenderlo, pero estaba evitando que el asunto no se saliera de control actuando impulsivamente para acarrearle problemas a Jungkook. Pero de ser el caso y todo saliera a la luz, sería él quien se arreglaría de frente con Mingyu, sin necesidad de meter al omega en ninguna situación que pusiera en riesgo su reputación de manera innecesaria.

Le tomó un tiempo aceptar sus palabras, pero era imposible no caer encandilado en ese alfa, porque fue con él que Jungkook conoció el amor y sus diferentes etapas, desde la idealización hasta el aterrizaje a la realidad, sentir en carne propia que él estaba más allá de su propia imaginación.

Taehyung no era un alfa que prometía y luego actuaba, no. Era ese tipo de hombre que prefería dar las sorpresas sin antes mencionar nada, de llenarlo de detalles y demostrarle lo que era un verdadero cortejo. Porque sí, a él no le importó que un papel aún tuviera preso a su omega en cuanto a su estado civil, lo iba a enamorar aún más -si es que más era posible- y cuidar de él como su lobo le exige y cómo se lo repite a sí mismo. Porque Jungkook lo valía, era ese todo que tanto quiso y no dejaría ir fácilmente.

Jungkook a veces siente que hizo mal en la manera que llevó su relación con el alfa porque tal vez antes debió ponerle fin al chiste de matrimonio que tenía y probablemente ese sea el error que se irá recriminando toda la vida. Pero en aquel entonces pensó que, si a Mingyu no le iba a importar, mucho menos a él. Estaba bien así, lo único que le interesaba era Taehyung y el hermoso sentimiento que había despertado en él.

Dejando así que transcurriera un año.

Uno de los días que solían verse coincidió con el celo del alfa. Jungkook jamás había experimentado nada similar al sexo que le dio Taehyung esos días y los que le siguieron, cuando todo inició con un susurro del alfa en su oído:

“Tú no deberías dormir solo, déjame llevarte a casa y tenerte conmigo hasta que no quede más que el collar de diamantes en tu cuerpo”.

El acuerdo que Taehyung tenía con su lobo –de ambos poder estar presentes una misma vez– también lo involucraba en sus ciclos de celo.

Jungkook ese día no solo recibió el dominio y la rudeza del alfa para penetrarle tan salvajemente como ocurrió, de anudarlo de forma tan concurrida que le hizo perder la cuenta de estos, de hacerlo sudar y lubricar tanto que el lobo parecía haberse vuelto adicto al elixir que era cada vez más dulce, escurriendo de sus piernas ante sus provocaciones y lamerlo por completo hasta limpiarlo, tomando todo de él para reclamarlo como suyo.

Taehyung como tal hacía el contraste de cuidarlo en el acto, besar cada tramo de su piel con cariño, acariciar sus curvas al apreciar cada músculo del omega con sus dedos, maravillado de la perfección que tenía con él, dándole la espalda con su rostro pegado al colchón de su cama y recibiéndolo tan bien desde esa posición con su trasero apenas alzado para él y rebotando con cada embiste, consiguiendo que el cuerpo de Jungkook se encontrara con el suyo cada vez que entraba en él, mientras sostenía su peso con sus manos colocadas en los costados del omega.

—A-alfa —gimió con necesidad y su voz siendo casi amortiguada por tener su boca pegada al colchón, pero el alfa había comenzado a dar en su punto dulce—. S-sigue ahí, no te detengas.

El cosquilleo en sus colmillos se presentó otra vez, mientras empujaba con fuerza y el omega gemía de puro placer hasta dejar sus ojos en blanco de vez en cuando.

Quería marcarlo, proclamarlo como suyo, traerlo a vivir con él y formar a su propia familia; su pequeña manada, sentirse orgulloso de tener aquello por lo que todos en esa maldita ciudad anhelan y él no había encontrado al compañero ideal para hacerlo. Jungkook era el indicado, lo sabe, porque de lo contrario no se habría enamorado de él tan rápido, mandando al carajo su lealtad y amistad de años.

Taehyung supo que el omega había terminado una vez más cuando le envolvió la estrechez de su entrada más acentuada de lo normal y el exceso de lubricante a medida que seguía entrando y saliendo. Siseó levemente por lo excitante que le resultaba ver al omega sobre estimulado por su causa, acompañándolo también en el clímax y sintiendo su miembro crecer para formar otro nudo en su interior, depositando en él una vez más toda su esperma con la esperanza de tener al cachorro que su lobo tanto llora por tener.

Jadeante de cansancio acomodó despacio el cuerpo de un Jungkook que aún permanecía algo fuera de sí por tratar de regular su respiración con calma, lo recostó completamente sin salir de él, dejando un beso en su hombro desnudo y colocándolo de lado para abrazarlo desde su espalda mientras el nudo bajaba.

—Ya no quiero que nos sigamos viendo así —habló Jungkook minutos después y en voz baja cuando Taehyung hizo un sonido cerca de su oído en señal de escucharle—. Llevamos un año siendo pareja de esta manera y mi lobo me tortura cada vez que nos separamos. Me duele en el pecho y tampoco me sigue pareciendo justo para ti... Para ambos. Además, quiero portar tu marca pronto.

Ante la última palabra del omega, Taehyung abrió sus ojos con interés y atención a sus palabras.

—Respecto a mi marca sabes que la tendrás cuando desees, pero también cuando sea prudente. Sobre lo demás que te inquieta, nunca te presionaré a tomar ninguna decisión que tú no te sientas listo de ejecutar —habló Taehyung acariciando el abdomen desnudo del omega y dejando un camino de besos desde su hombro hasta su cuello—. Seré lo que tú quieras, mi omega precioso. Puedo ser tu amante, tu novio... Tu alfa. Lo que tu elijas está bien para mí, incluso si ya no quieres seguirme viendo lo aceptaré si es lo que deseas.

—No, no digas tonterías —resopló el omega seguido de un puchero de pura molestia—. Dejar de verte nunca será una opción para mí, sabes que te amo demasiado.

—Y yo te amo a ti, mi tesoro.

Cuando sintieron que el nudo bajó, Taehyung retiró su miembro despacio, escuchando al omega jadear bajito por su acción.

Jungkook prefirió darse la vuelta y encarar al alfa, colocando su mano en su mejilla y acariciándole con suavidad.

—¿Qué te preocupa entonces? —insistió Taehyung, viéndolo con amor y dejándose hacer del cariño que le era otorgado.

—¿En serio estarías dispuesto a ser cualquiera de las cosas que me dijiste? —susurró

—Mhm~

—Y... ¿Qué tal si te quiero como el padre del cachorro que estamos esperando?

Taehyung se congeló apenas aquellas palabras salieron de los labios de su omega, abriendo sus ojos sorprendido, pero inmediatamente emocionado porque sabe que escuchó bien las palabras del omega que ahora sonríe feliz en sus brazos ante su respuesta positiva. Van a tener un cachorro, el anhelo que tanto ha llevado consigo por fin haciéndose realidad.

Y él no iba a ser un alfa desgraciado y dudar de su omega, jamás. Sabe que es verdad cuando Jungkook dice que el bebé es suyo. Pues, aunque tiene su palabra y le cree totalmente, también está la versión discreta de Mingyu, contándole de manera ocasional que la vida sexual con su esposo había muerto, incluyendo además que el omega se había cambiado de habitación por “supuestas alergias” que nacieron de pronto a la ropa que utilizaba el alfa.

La excusa era tonta, claro, pero Mingyu tampoco es que tuviera interés en sospechar que su esposo dijo aquello porque, desde que comenzó a frecuentar a Taehyung, su aroma le parecía molesto y de todos modos su mente era abarcada en totalidad por el pensamiento de la omega con quien se encontraba.

Jungkook y Mingyu habían pasado a ser dos personas que vivían en un mismo techo, que se llevaban bien y sabían que tenían cosas que hablar, pero no lo hacían –principalmente Mingyu–.

Y a partir de ese día, cuando se dio a conocer el estado de embarazo en Jungkook, fue el mismo omega quien le pidió a su alfa tramitar el divorcio antes de que fuera notorio tanto en su aroma como en su cuerpo y lo último que quería era escuchar sermones descarados e innecesarios por parte de un alfa que actuaría herido o humillado por su engaño.

Pero Mingyu se adelantó en terminar con todo.

Aquella vez, cuando Taehyung dormía plácidamente junto a Jungkook, en el nido que éste había hecho para ambos, recibió la llamada de su amigo, comunicando que, por fin, luego de tantas mentiras y cobardía de su parte, se divorciaría del omega.

La pareja no celebró y tampoco fue indiferente al mensaje. Los planes solo cambiarían su estilo de ejecución mas no el resultado.

Jungkook acordó con su alfa que iría a casa para recibir los papeles y escuchar las excusas que Mingyu le daría, verificando si pudiese al menos tener el valor de seguir el consejo de Taehyung y hablar con él antes de dar los documentos. Pero no fue así y cuando le escuchó defender a su amante no pudo evitar sentir asco y pavor. Asco de ver cuán descarada podía ser una persona para hablar de la manera en la que él lo hizo y pavor de creer que algún día recibirá su castigo por no confesar tampoco la aventura que ha tenido con Taehyung.

Le teme al karma y es consciente que su relación con Taehyung nació de una verdad oculta, de un sentimiento verdadero que no debía ser escondido y que su misma indiferencia al matrimonio que tenía activo lo empujó a acostumbrarse y creer que lo que hacían era normal.

¿Pero de verdad era justo ser castigado desde su posición?

No se construye una relación sobre la base del dolor de otra persona. ¿Pero de qué dolor se iba a preocupar Jungkook a ese punto? El lobo de Mingyu estaba perdidamente enamorado de otra omega, y su propio lobo amaba con locura desmedida a Taehyung, siendo correspondido por el mismo.

Todo ello le empujó a querer terminar su matrimonio sin conflictos y no tener que lidiar con nada de Mingyu de por medio. Aunque Yoongi le propuso apelar por una pensión por los daños que su infidelidad le provocaron, Jungkook prefirió fingir ante la ley que no había un tercero. No iba a pisar la cola de Mingyu sabiendo que él también tenía una que le podían pisar, era contraproducente, ser investigado y descubierto podía dañar su reputación social, pero sobre todo la reputación y credibilidad laboral de su alfa y no quiso arrastrar en el problema a Taehyung –no más de lo que ya estaban–.


Han pasado casi dos años desde que Jungkook y Mingyu finalmente firmaron los papeles del divorcio, aquellos que acabaron con el suplicio del omega y, a partir de ese momento, cada uno hizo su vida sin volver a cruzar sus caminos, como si nunca hubiesen existido el uno para el otro.

Mingyu se fue a vivir con Jihee y vivieron en paz por un tiempo, pero la frustración en el lobo de Mingyu incrementaba cuando en todo ese tiempo insistió y luchó por querer tener un cachorro para asentarse en una familia, pero éste terminó por resentirse y rechazar a su omega cuando descubrieron que ella padecía una condición que no le iba a permitir gestar un bebé nunca.

A partir de ahí la relación se había fracturado por completo y la historia se repitió para él: conviviendo en un mismo techo con una conocida que apenas y veía porque prefería estar fuera de casa el mayor tiempo posible.

Por si fuera poco, el bufete de abogados donde trabajó prescindió de sus servicios y tuvo que cambiarse a litigar por su cuenta. Todo se le venía abajo y tampoco contaba con el apoyo de nadie porque, sin previo aviso, Taehyung también había desaparecido del mapa y perdió contacto con él.

Fue así por un tiempo hasta que un día, cuando se encontraba en su rutina de ejercicios y trotaba en el centro de la ciudad, vio a través del ventanal de una cafetería a un muy sonriente Taehyung, aquel que se supone era su mejor amigo, cargando a un bebé en sus brazos con las mismas facciones del alfa e incluso los mismos lunares en el rostro. El pequeño jugaba con la nariz de su papá mientras ambos reían por ello, pero a su lado también estaba un omega que Mingyu conocía muy bien.

Jungkook ya se había casado formalmente con Taehyung, además de también portar su marca como tanto anheló. Recibieron a su bebé meses atrás, con mucha felicidad y amor, un pequeño varón que llegó para alegrar sus corazones y llenarlos de dicha y esperando el día que cumpla la edad para revelar la casta a la que pertenece. Pero nada dispuestos en perder el tiempo, el omega giró en dirección desde donde Mingyu los observaba confundido, revelando así un apenas visible pero notorio abultamiento en el vientre de Jungkook. Esperaban a su segundo cachorro.

Mingyu se alteró y sin pensarlo entró al local, en busca de exigir una explicación a lo que presenciaba.

—Ya se me hacía raro que desaparecieras de pronto —habló Mingyu en voz alta y furioso—. ¿Con que te habías perdido de todos lados para meterte con mi omega?

—Él no es tu omega y nunca lo fue —Taehyung lo encaró, sintiéndose molesto por el aroma fuerte del alfa cerca de su familia. Entregó el bebé a Jungkook, quien lo observó atónito ante la repentina irrupción que hizo y retrocedió unos pasos para resguardarse a espaldas de su alfa—. Y ten respeto por todos los comensales en este local, no es educado ni propio de una persona con estudios entrar como un salvaje a perturbar la paz.

—Respeto y una mierda, Taehyung —dijo mordaz—. ¡Te metiste con mi exesposo! ¿Qué clase de amigo hace eso?

—No lo sé —se alzó de hombros despreocupado—. Pero te aseguro que no lo hace el mismo tipo de alfa que engaña a su omega durante tres años tan descaradamente.

—Pues opino que eso no es excusa.

—Y me importa una mierda lo que opines, por si no lo has notado —la voz de Taehyung se iba volviendo más grave aún si lo último dicho fue en un susurro. De pronto su lobo se hizo presente también en la disputa—. Aléjate de mí omega y deja de ver a mi cachorro o lo vas a lamentar. No soy tan razonable si tengo que defender a mi familia.

—¿D-desde cuándo están juntos? —inquirió al borde de las lágrimas—. Eras mi amigo, Taehyung. Te quise como a un hermano. ¿Por qué me hiciste esto?

—Por lo mismo que me dijiste cuando una vez te pregunté si te parecía correcto serle infiel a tu esposo —Taehyung lo tomó de su camiseta y lo aproximó a su rostro—. “En el corazón no se manda, las cosas simplemente se dan y no tienes control de lo que él te dicta hacer”.

—T-Taehyung.

—Y para que veas que soy muy honesto y no soy ningún cobarde como tú, te lo diré: ni siquiera había asomo alguno de la demanda de divorcio cuando lo comencé a cortejar —Taehyung hizo que Mingyu lo encarara, consiguiendo que el lobo de éste entrara en sumisión ante su mirada—. ¿Te genera algún conflicto que haya sido así? Porque no tengo problemas en resolverlo. Y si te debo arrancar la garganta con mis propios colmillos para que comprendas que no fuiste ni eres lo suficientemente alfa, entonces lo haré. Así que habla.

Mingyu no resistió más y dejó salir sus lágrimas, herido por la manera en la que descubrió todo lo que sus mentiras provocaron.

No fue capaz de responderle de vuelta al alfa, su lobo tampoco tuvo valor de defenderlo al sentir el aura tan pesada que tenía el de Taehyung, por lo que permitió que éste lo soltara bruscamente y se resignara en salir de ese sitio con su dignidad pisoteada y cubriendo su rostro por el leve llanto que le dominó. Tampoco tuvo intención alguna de ver una última vez a Jungkook porque la amenaza fue clara y su alfa no jugaba cuando se trataba de defenderlo.

Taehyung tuvo lo que ellos tanto hablaron en la universidad, lo que aspiraban a ser en un futuro, lo consiguió y Mingyu se dio cuenta muy tarde de lo que perdió pero que, de todos modos, nunca iba a ser para él.


Cinco años después, Jungkook, Taehyung y sus dos hijos dejaron Crystal Snow una tarde de otoño, el omega esperaba ya al quinto miembro de la familia y ambos acordaron que no era el lugar en donde querían verlos crecer y formarse. Una ciudad que te pinta el modelo de mantener familias felices y contentas no podía ser un sitio ideal si en la entrada de éste estaba el hotel Echo, de paredes rojas, con fachada de recibir a cualquier tipo de viajero, cuando más bien era el nido de todos los alfas que engañaban a sus familias.

Y mientras Taehyung conducía en su auto junto a su omega, ambos completamente distraídos en las pláticas de sus hijos y riendo por su ocurrencias no notaron que, al pasar por aquel hotel, el auto de Mingyu estaba ahí estacionado... Posiblemente conociendo al nuevo amor de su vida.

Todas las monedas tienen dos caras, las personas también. No obstante, puedes cambiar todas las monedas si quieres cambiar su valor, pero algunas personas seguirán siendo iguales y puede que algunas no valgan nada.


“Es agotador, la mentira me carcome, mi lobo rasga mis entrañas en reclamo de no permitirnos estar con quien en verdad amamos, a quien reconocemos como nuestra pareja destinada desde que sentimos el latir de nuestros corazones en sintonía y conexión aquella tarde.

¿Por qué permití que todo escalara tan lejos? Pero no me siento culpable, haber engañado a mi esposo para encontrar al amor de mi vida puede que haya sido un descaro... Pero jamás un error.”

—Jeon Jungkook, durante su llamada telefónica con Min Yoongi, el día que le pidió representarlo en su divorcio.

Fin.

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Strong Dialog

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View 4 previous comments…
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Amooo el mote de Galletita de té

3 months
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Siempre leerte será un deleite.

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Ahora sí puedo dormir. Ahorita me sueño con una escena de extras de estos bellos taekook y los nenes.

3 months

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