El final del para siempre
Tenía 19 años, ya estaba casada… y también divorciada.
Sí, suena absurdo.
A esa edad, yo todavía creía en el amor para toda la vida, en los finales felices y en que ser una buena mujer era suficiente para que un hombre se quedara.
Me equivoqué.
Mucho.
Recuerdo exactamente el momento en que todo cambió.
Una tarde cualquiera, tirada en el sofá de casa de mi mejor amiga Samantha, con el corazón roto y cuatro meses cargando el fracaso de un matrimonio que nunca debió existir.
Fue ahí cuando apareció esa película.
Una donde la protagonista tenía una lista de hombres… y una regla absurda: no más de 21 en toda su vida si quería ser “una buena mujer”.
Nos reímos.
Nos burlamos.
Pero algo dentro de mí hizo clic.
Porque mientras esa actriz buscaba a sus ex por curiosidad… yo apenas llevaba dos hombres en mi vida.
Dos.
Y uno de ellos ya era mi ex esposo.
—¿Te imaginas estar con tantos hombres? —preguntó Samantha entre risas.
—No… —respondí, pero no estaba siendo honesta.
Porque por primera vez… lo estaba considerando.
No como un juego.
No como una locura.
Sino como una decisión.
Esa misma noche entendí algo que nadie me había dicho antes:
Ser fiel, leal y entregarlo todo… no garantiza que te amen bien.
Así que hice algo que cambiaría mi vida por completo.
Decidí que no volvería a enamorarme siendo la misma mujer ingenua de antes.
Decidí que iba a conocer a los hombres.
A entenderlos.
A vivir.
Y que el próximo con el que me casara…
Sería el número 21.
Mi nombre es Paulina.
Tengo 28 años.
Y esta es la historia de todos los hombres que me rompieron… antes de aprender a elegirme a mí.