𝑪𝒂𝒑𝒊𝒕𝒖𝒍𝒐 ú𝒏𝒊𝒄𝒐
ETIQUETAS: Dinámicas íncubo/ Súcubo. Capitulo único/ One shot. Celos. Violencia. Sęx0. Ągręsión. Temas religiosos.
AUTOR (A):FancySun
ADVERTENCIA DE CONTENIDO: +18 BakuDeku.
SIMBOLOS IMPORTANTES: Flashbacks: CURSIVAS
¿QUÉ ES...?Un íncubo es un demonio en forma masculina que busca tener relaciones sexuales con mujeres dormidas; el espíritu correspondiente en forma femenina se llama súcubo.

Han pasado tantos siglos desde que lo echaron del paraíso, aunque para él ese periodo se siente como el pasar de pocos días, en el mundo humano pasaron milenios.
Era una noche lluviosa en aquella ciudad de Tokio, donde no se observaban las estrellas, ni la hermosa luna que en esos momentos estaba llena.
En lo alto de un edificio se encontraba Izuku, un súcubo del infierno perteneciente a las filas de Lilith, la mano derecha de Satanás y su concubina favorita, apreciando a través de una ventana la recámara ya oscura de un matrimonio.
—Tengo que hacerlo hoy... —pensó decidido Izuku.
Extendiendo sus amplias y negras alas de demonio, emprendió el vuelo hacia aquella habitación; la ventana estaba cerrada, pero como diablesco no le era ningún problema, porque solamente atravesaba la pared.
Al estar ya dentro de la habitación, Izuku fijó su mirada hacia el centro de la misma donde estaba una gran cama, con el matrimonio ya dormido.
Caminando hacia la cama pudo observar sobre la mesa de noche fotografías de la pareja mostrando momentos de su aparente boda y lo que quizás era su luna de miel.
Izuku pasó una de sus uñas largas por el cristal de la foto con una extraña mirada de anhelo. —Matrimonio...
Aquella palabra le traía recuerdos de sus días cuando aún era un ángel y estaba a las órdenes del arcángel Rafael, que era proclamado como el protector de las parejas.
Él solamente era un querubín, un ángel aprendiz de bajo rango que junto a sus hermanos y hermanas se preparaban para cuando Dios llegase a crear a la humanidad.
Sin embargo, Luzbel nunca estuvo de acuerdo que a la humanidad se le negase el conocimiento y el libre albedrío, por lo que, insatisfecho por la decisión de Dios, reunió a los ángeles que estaban a su servicio junto a unos cuantos más que decidieran seguirle para rebelarse ante Dios.
Fue ahí que antes de la creación de todas las cosas vivientes en la tierra, se dio aquella gran batalla donde Luzbel y sus tropas se enfrentaron a Miguel, el mayor de los 7 arcángeles quien dirigió su ejército, representando la voluntad de Dios.
Izuku no era un ángel guerrero, pues el arte de la guerra era confinado solamente a las filas de Miguel, sus habilidades solo eran basadas en el arte sanador y muy poca maestría en el arco y flechas. Aun así, Izuku creía firmemente en el pensar de Luzbel concediéndole su apoyo durante la guerra. Una guerra que a pesar del derrame de sangre y pérdida de inmensurables almas, dictó un vencedor final otorgándole a Miguel una victoria sobre Luzbel. Quien junto a sus seguidores fueron arrojados a las profundidades de la tierra en su más oscuro centro, a lo que llamaron infierno.
Los recuerdos de Izuku al despertar en ese lugar tras el exilio eran confusos, pero incluso un moribundo podía sentir la inmensa diferencia entre ambos lugares.
Sus ropajes eran oscuros, colores que él jamás hubiera usado en el paraíso, su aureola dorada ya no rodeaba su cabeza, había sido reemplazada por unos cuernos puntiagudos; sentía alivio al saber que tenía sus alas, aunque estas ya no eran blancas sino más bien negras, su emplumado frondoso y belleza seguían ahí y con ello se sentía a gusto.
Estos cambios se les otorgaron a muchos otros ángeles, ninguno tenía aureolas y sus alas ya no tenían plumas blancas, estas habían sido reemplazadas por una tersa piel cual alas de un murciélago; además algunos tenían otras características, como patas de cabra, colas puntiagudas, sus pieles se volvieron muy oscuras, o tenían colmillos.
Desde aquel momento Luzbel se volvió rencoroso, deseoso de un juicio nuevo para todos en el infierno, dejando enterrado su pasado junto al nombre que Dios le había otorgado, para ahora adoptar el de Satanás.
El lugar en el que estaban no era el paraíso, es más, ni siquiera era la tierra, era un sitio oscuro y en donde no daba la luz del sol o de la luna; se podría decir que era un lugar “olvidado de la mano de Dios”.
Dejando de lado aquellos recuerdos, Izuku fijó su mirada en el hombre e inmediatamente supo que se llamaba Mitsuro y, lo mejor de todo, tenía solo 2 años de matrimonio con su mujer.
—Creo que este será fácil, al fin y al cabo no tiene mucho de casado —pensó.
Alzó su mano izquierda contra él y con unos leves movimientos de sus dedos, comenzó a fomentar en Mitsuro un sueño con él; Izuku tenía que lograr que en esta ocasión, lograse verlo.
Como un súcubo debía seducir a los hombres, algo que como hombre le resultaba realmente difícil. Izuku era una rareza entre los súcubos puesto que estos solo eran conformados por mujeres, más sin embargo él no lo era. Por mucho tiempo le costó aceptar que él solo podría tener sęx0 con hombres, aunque al final terminó aceptando que le atraía más una p0llą que un par de tetąs.
Izuku tenía como trabajo tomar la energía vital del humano para así poder matarlos durante su sueño y condenarlos al infierno, específicamente hablando al círculo de la Lüjurią, donde iban a ser torturados por lujuriosos o al círculo de la Traición, donde Satanás personalmente castigaba a todos los traidores.
Además, también los hacía ęyącu.ląr su semen, cosa que era de vital importancia para Lilith, que lo necesitaba para engendrar más hijos.
Mitsuro comenzó a removerse en la cama musitando cosas.
—¡Bien! Ya te tengo... —pensó victorioso Izuku.
En el sueño del hombre, él solo se veía acostado en medio de la oscuridad sobre una cama con sábanas rojas y una cabecera hecha de barrotes dorados.
—¿Eh? ¿Dónde estoy? —murmuró el joven confundido al verse en aquel lugar y desnudo, siendo solo cubierto por la sábana roja desde la cintura para abajo.
—Perfecto... —dijo Izuku con una media sonrisa, mientras veía removerse y sudar a Mitsuro dormido.
Ahora el joven diablo cerraba sus ojos mientras se proyectaba dentro del sueño del hombre; al ingresar Izuku pasó a transformarse, pero solamente se quitó sus alas y sus cuernos para aparentar ser un humano; un humano increíblemente bello y sensual, fuera de este mundo.
Conservando su túnica negra de hombros despejados y los costados de las piernas descubiertos desde los muslos hasta el final de ella.
Izuku empezó a caminar provocativamente hacia la cama que él había creado, como todo un cazador hacia su presa.
—Mitsuro... —dijo Izuku en una voz suave y atrayente, cual sirena.
—¿Eh? —el joven respingó al escuchar su nombre. —¿Quién es?
—Aquí estoy Mitsuro...
El joven miró a todos lados, hasta que pudo vislumbrar una figura aproximándose hacia él por su lado derecho.
—No te asustes Mitsuro... —su voz era melosa y dulce al oído. —He venido a amarte... y a que me ames...
Al observar mejor aquella figura, Mitsuro se sonrojó al reconocer a aquella belleza de voz armoniosa.
—Oh... —Mitsuro había quedado embelesado ante tal criatura, quedándose sin palabras.
—¿Te comió la lengua el gato?
—N-No... es solo que te ves preciosa, querida... —sus ojos estaban desorbitados.
—Siempre lo estaré para ti... —a Izuku le molestaba que en ocasiones lo confundieran con una mujer, pero no objetaría si al final se lo c0gíąn, por ello siempre ignoraba los términos femeninos dirigidos a él; acercándose lentamente comenzando a subirse a la cama con la intención de sentarse a horcajadas sobre Mitsuro. —Ahora no pienses en más, y déjate llevar...
—Sí... Suki-chan...
—¿Qué? —carraspeó Izuku al escuchar el nombre.
—Mi hermosa Suki-chan... siempre agradeceré a Dios por haberte conocido, esposa mía... —fue lo que susurraba el hombre mientras esperaba el beso de su esposa.
Fue ahí cuando Izuku se dio cuenta de que otra vez le había pasado... lo veían con la forma de otra persona, una que ellos amaban, y no como él mismo.
La mente de Mitsuro lo había transformado con el físico de su esposa. —¡No! ¡Esto no puede estar pasando otra vez! —con aquel pensamiento se rompió la concentración de Izuku ocasionando que el trance del sueño húmedo se rompería, haciendo despertar a un adormilado Mitsuro quien se giró para poder abrazar muy melosamente a su esposa mientras le repartía besos por la cara.
—Mmm... Mitsu-Kun ¿Qué haces? —reía un poco la mujer mientras comenzaba a despertar.
—Nada Suki-chan... solamente estoy dándote amor.
—Ayy... no tienes remedio... —sonriente la mujer se volteó, empezó a darle dulces besos en los labios a su esposo. —Te amo...
—Y yo a ti...
Así la pareja empezó a besarse y a decirse palabras románticas, llenas de amor y promesas. Al verse en fracaso, la frustración de Izuku se acrecentó y hecha una furia salió para irse nuevamente a la parte más alta del edificio, maldiciendo una y otra vez a todos los jodidos humanos.
Llegando a la azotea Izuku pudo apreciar el cielo, como si en cualquier momento se fueran a disipar las nubes y de ellas bajase alguno de sus hermanos mayores del paraíso. Pero él sabía que eso no iba a pasar, él no volvería a ese lugar donde no existen las preocupaciones, bueno, al menos que ocurriera el apocalipsis o cualquier cosa muy mala como para requerir de los ángeles.
A quién engañaba, le importaba una mierda si regresaba o no, él se sentía satisfecho con su rol actual, le encantan las p0lląs, solo está esperando poder tener una que piense en él y no en una mujęr.zuelą. —¡Demonios! ¿Por qué siempre me pasa esto?
Desde que fueron arrojados al infierno, Izuku se volvió algo así como el protegido o casi hijo predilecto de Satanás, ya que desde que se unió a su ejército en la batalla celestial, le trató con preferencia y se comportó de una forma muy especial y sobreprotectora con él, casi como si fuese un padre a su hijo.
Al principio pensaba que quizás Satanás iba a tomarlo como su concubino, pues aunque fuera hombre su belleza era demasiado sexy, incluso superior a la de muchas súcubos, pero aquello se esfumó en cuanto presentó a Lilith como su mano derecha. Aunque a pesar de ello Satanás nunca lo dejó de lado, al contrario, Lilith lo acogió para que fuese uno de sus súcubos, otorgándole sus poderes y dones que todo Lilim debe poseer.
Los Lilim eran todos los íncubos y súcubos del infierno, demonios del sęx0 y la lujuria pertenecientes al ejército especial de Lilith que, además de ser su líder, era su madre, ya que ella los había concebido o al menos a casi todos; existían excepciones como él.
Dios la castigó por haber abandonado el Edén matando a 100 de sus hijos por día, ocasionando la furia de Lilith quien mata o devora a todo bebé recién nacido que no esté bautizado o protegido.
Por eso mismo, todas las súcubos debían meterse con hombres humanos mientras dormían para arrebatarles su energía vital, junto con la eyaculación que les producían estos hombres, para que así Lilith pudiera tomar ese semen y engendrar más hijos.
Lilith era muy buena con él también, lo trataba como a un hijo, casi como una princesita a pesar de que ella no lo parió; todo el infierno considera a Izuku como una Lilim a pesar de que en realidad es un ángel caído y hombre.
Es considerado el súcubo más hermoso y deseable del círculo de la lüjurią, solo siendo superado por Lilith. Muchos demonios han tratado de tomarlo a la fuerza pero nadie lo ha podido tocar debido a que por una u otra razón siempre logra impedirlo.
—¿Hay algo malo en mí? ¿Será acaso porque no nací como demonio, sino que me transformé? —Izuku seguía dándole vueltas al asunto.
Desde que se volvió un súcubo, Izuku sabía que su deber era corromper las almas mortales con lujuria, pero hasta el día de hoy, a pesar de los siglos, nunca lo ha conseguido. No ha podido corromper a nadie a tal punto de merecer el infierno y, para colmo, tampoco ha podido meterse con un humano.
¡Sí, así es! Izuku, un súcubo, seguía siendo virgen; aún conservaba su pureza y él ansiaba ya c0gęr con alguien, y debía de hacerlo antes del Black Sabbath, la gran fiesta del infierno, conocida como la 0rgíą de los demonios. Este sería su primer Black Sabbath.
Tanto Satanás como Lilith son los encargados de permitir el acceso o denegarlo y a Izuku se lo han prohibido porque su alma y ser aún son jóvenes para aquella celebración; pero que si lograba f0rnicąr con algún humano como era la tradición en los súcubos antes de la celebración, lo dejarían participar como a todas sus hermanas y hermanos. Es más, ni siquiera lo dejaban observar la celebración, se la pasaba ese día encerrado en sus aposentos.
Y desde entonces Izuku ha hecho todo lo posible por perder su virginidad con cualquier humano, desde los casados hasta los solteros, jóvenes y viejos, ricos o pobres, pero no ha conseguido nada. Él mismo se ha preguntado, incluso a sus líderes, si no había algo malo en él, pero siempre le dicen lo mismo.
Lilith siempre hablándole de forma tan maternal y cariñosa.
—Mi precioso niño, no hay nada malo en ti, tú eres tan deseable y hermoso como cualquier otra de mis hijas, con una simple visión tuya un alma ya quedaría corrompida para ir a este círculo.
—¿Entonces por qué no...?
—Shh... —lo calló Lilith suavemente, poniendo sus dos dedos en los labios de Izuku. —No pienses en eso, solo esfuérzate un poco y ya verás como nos traerás muchas almas en el futuro.
En cuanto a Satanás, le dice casi lo mismo.
—Pequeño mío, deja de tener aquellas ideas en tu cabecita. —Satanás le acariciaba sus suaves cabellos verdes en una señal paternal. —Desde que estábamos en el paraíso me di cuenta de inmediato que tú no estabas hecho para la guerra, sino para cosas más delicadas, incluso más mortales que la batalla misma...
—¿Pero no sería mejor si estuviese con Mefistófeles o con Bafomet? Puede que ahí sí sea de ayuda —insistió el súcubo.
—No Izuku, tú estás hecho para el amor y no para la guerra —fue lo único que le respondió. —Ahora vete, pequeño, y deja de pensar así.
—Sí, padre... —se fue Izuku cabizbajo de la presencia de su líder.
A veces Izuku llamaba de forma cariñosa a Satanás y a Lilith como “padre” o “madre” y a ellos no les molestaba; de hecho lo preferían más a que él los llamase por sus nombres propios.
Con aquellos pensamientos Izuku hizo un pentagrama y entró en él para volver al infierno.
Ya en el infierno, Izuku voló hasta el círculo de la Lüjurią, su hogar donde siempre soplaban fuertes vientos que simbolizaban la pasión desmedida y también donde siempre rugían los violentos truenos del deseo sin fin.
El centro de aquel círculo era una enorme torre de dudosa forma que al entrar todo ahí era muy elegante y bello, adornado en colores oscuros y con detalles en oro y plata; siempre se oían las dulces y suaves voces de las súcubos gimięnd0, o solamente hablando de sus proezas en cuanto a cuántas almas han corrompido.
Todas las súcubos eran bellas y deseables, pero eso era comparable con su maldad y hambre voraz por la energía vital.
En cambio, a los íncubos eran a los que Izuku casi no veía, pero él sabía que eran los hombres más apuestos del mundo que al igual que sus hermanas las súcubos, eran letales. Ellos eran los encargados de corromper a las almas de las mujeres y hacerlas caer en su juego, sin importar si están o no casadas. Algo que se supone que debió de hacer él, pero terminó siendo súcubo.
Los íncubos también eran los hermanos de Izuku, pero a ellos casi no los veía ya que normalmente las almas que llegaban al círculo son de los hombres y no tanto de las mujeres.
—Hola Izuku —dijo una súcubo mientras lo saludaba con su mano, estando acostada sobre una de las estatuas con forma de serpiente.
—Bienvenido, hermanito —dijo otra súcubo.
—Hola, chicas —Izuku las saludó sonriendo y con el mismo cariño de siempre, pues era el único chico súcubo que había existido, por lo tanto era privilegiado al vivir con muchas mujeres; aunque para otros hubiera sido un paraíso el vivir con bellezas por todo el lugar, él no se sentía atraído por ninguna; según la ideología humana era h0m0sęxuąl, le encantaban las p0lląs.
Izuku siguió su camino hasta la sala principal donde estaba Lilith viendo, a través de su gran espejo mágico con decoraciones en forma de serpientes de oro y plata, lo que ocurría en el mundo humano.
—Oh... mi preciosa avecilla, sé bienvenido —Lilith se volteó para verlo y recibirlo con un abrazo.
—Gracias, madre —también la abrazó.
—¿Por qué esa cara, Zuzu?
—Lo mismo de siempre —se alejó un poco. —No logré corromper a un alma.
—Oh, no te pongas así, mi niño. —lo abrazó por los hombros para reconfortarle. —Encontrarás ya a otro humano que sea lo suficientemente idiota para caer en tus garras y en tus encantos.
—Pero ya ha sido demasiado —dejaba salir Izuku su frustración. —Desde hace milenios que me he vuelto un súcubo, y tengo deseos madre... tengo deseos de ser tomado, no me importa si toman mi pureza de forma dulce o salvaje solo quiero... —pero no pudo terminar la frase, en cambio solo dio un golpe al aire haciendo que en la pared de piedra se le creara un cráter.
—Te entiendo —Lilith tomó su mano y la acunó entre las suyas para ponerla sobre su pecho. —Tu cęl0 está por llegar, has llegado ya a la madurez tanto en tu cuerpo como en tu alma, ya estás listo para el sęx0.
—¡Pero estoy listo desde que me uní a ti! —gritó desesperado.
—No tienes que levantar la voz —levantó su dedo índice en señal de regaño.
—Perdón, pero ya quiero estar en el Black Sabbath con mis hermanas y contigo... —casi sonaba a un ruego.
—Tienes deseos de participar en nuestra fiesta sagrada, y es comprensible, mi niño. —acarició su mejilla con su dedo índice. —Pero sabes muy bien la condición que tu padre y yo te dimos... debes perder tu pureza para así tener derecho a la celebración.
—Lo sé, pero siempre que trato de hacerlo... los humanos me terminan viendo con la forma y la voz de mujeres y no a como yo soy... —decía Izuku mientras apoyaba más su mejilla contra el dedo de Lilith para sentir mejor su caricia. —Y con eso tú sabes que se rompe el embrujo y por lo tanto es un fallo... soy el único súcubo que ha fallado, y mis otras hermanas no.
—No seas tonto, algunas de tus hermanas también han fallado —le hace ver.
—Sí, pero porque los humanos que ellas escogen tienen muy arraigada su fe cristiana o bien porque de la nada aparecen sus ángeles guardianes para defenderlos —le aclara Izuku. —Nunca es porque el mismo humano te echa de su mente.
Lilith, al ver la situación y también al estar contando ya los días del Black Sabbath, una media sonrisa se formó en su rostro al también estar tomando registro sobre algo en especial.
—Bien Izuku, hablaré con tu padre para ver qué podemos hacer en la celebración de este año... —dijo con complicidad. —De ser posible, puede que incluso dejemos que observes nada más.
—Por favor, te lo pido madre... estoy desesperado —abrazó a Lilith en señal de súplica que fue correspondida.
—No te preocupes, te avisaré cuando ya tenga la respuesta —le aseguró. —Ahora, vete a descansar.
Izuku solamente asintió y se fue a sus aposentos para descansar, dejando a Lilith sola, aunque no tan sola al parecer.
—Ya has escuchado a tu pequeño, madre... tiene deseos de estar con un hombre —hablaba una voz grave que salía de su escondite.
—Lo sé, hijo mío, pero hasta que Luzbel no lo apruebe, seguirás teniendo en control a tu lüjurią —le advirtió. —Ese fue nuestro trato.
—¡Keh! Maldito viejo, que sigue haciéndome esperar...
—Y seguirás esperando el tiempo que sea necesario. —con aquello último Lilith se dispuso a ir al círculo de la Traición para ir a verlo.
Así aquel ser se quedó a solas en la habitación de su madre, pero persiguiendo al objeto de su deseo.
En sus góticos aposentos, Izuku encendió incienso y se acostó en su amplia cama para pensar en lo sucedido.
—Por favor, que mi padre acceda —rogaba mentalmente.
Si no podía f0rnicąr, al menos quería ver la celebración de cerca; siempre se la pasaba escuchando las historias de sus hermanas en los Sabbaths sobre todo lo que hacían y lo que les hacían.
El tan solo recordarlo hacía encender su cuerpo, que cerró sus ojos y comenzó a apretar sus pęz0nęs sintiendo su suavidad.
—¡Ah!...
Mientras seguía masajeando sus pęz0nęs, se quitó sus pantalones, dejando al descubierto sus muslos para poder dirigir su mano hacia su ęręcci0n.
Comenzó a acariciarla de arriba abajo, comenzando lento para luego ir aumentando el vaivén.
—Mmm... —apretó aún más fuerte su pęz0n con ambos dedos en busca de aún más satisfacción. —¡Ah!...
Retiró los dedos de su pęnę para ahora metérselos a la boca y mojarlos y así llevarlos a su trąsęr0 para acariciarse antes de meterlos en su entrada ąnąl.
Izuku se encontraba tan sumergido en el inmenso plącęr que no se daba cuenta del ęxcitąntę espectáculo que estaba protagonizando para el intruso de mirada carmesí que observaba con tanto deseo en primera fila, desde la nula privacidad que otorgaba la ventana.
—¡Ah!... —comenzaba a sudar el súcubo.
Poco a poco comenzaba a ingresar sus dedos previamente mojados a su ąn0, dándose placer; mientras su otra mano se centraba en darle atención a ambos pęz0nęs, pellizcándolos de vez en cuando.
Primero fue lento a la hora de meter sus dedos, para aumentar la velocidad y sus gęmid0s.
—¡Ah! —empezó a gęmïr más fuerte.
En cuanto al extraño visitante, también comenzó a sudar y era evidente la gran ęręcci0n que tenía bajo su taparrabo rojo; metió su mano que tenía unas filosas garras bajo la ropa, tomó su ya endurecido miembr0 viril para empezar ahora a mover su mano de arriba abajo dándose placer y buscando su liberación.
—¡Carajo! —pensó mientras trataba de no gęmir, mordiéndose los labios con sus colmillos.
—¡Mmm! ¡Ah! —Izuku seguía estimulándose; ya iba a terminar.
Movió sus caderas para llegar aún más rápido, hasta que al final llegó a su 0rgąsm0.
—¡Ah! —gritó de placer arqueándose en la cama.
Izuku cayó desplomado, sudoroso y ya complacido; los dedos que tenía en su parte trasera los sacó totalmente húmedos para luego llevarlos a su abdomen y recorrerlo tomando un poco de su sęmęn para llevarlos a su boca y probar su dulce liberación.
—Mmm... —exclamó al probarse.
Y al extraño visitante le faltaba ya poco para llegar también a su liberación; movía ahora frenéticamente su mano, logrando así correrse y derramar su semilla en su mano.
Solo un gruñido de placer acompañado de un pequeño jadeo, que solo lo echó todo a perder.
—¿Eh? —Izuku abrió de golpe los ojos al escuchar ese ruido. —¡¿Quién anda ahí?! —se levantó de inmediato de la cama, dirigiendo su mirada a la ventana.
—¡Mierda! —pensó molesto al verse descubierto el desconocido. —¡Tsk!
—He dicho... —con aquel grito, Izuku invocó su arco y flechas negras con detalles satánicos y apuntó a la ventana. —¡Que me respondas!
Disparó una flecha envuelta en peligrosas llamas negras con destellos verdes que impactó con el marco de la ventana, que explotó dejando un ardiente y peligroso fuego; Izuku se bajó de la cama y, sin bajar el arco, se acercó buscando al “intruso”.
Quedaron escombros en la habitación y la explosión se escuchó en la torre; fue solo cuestión de tiempo para que las otras súcubos fueran a la recámara de su hermano.
—¡Izuku!
—¿Qué pasó?
—¿Quién fue el pobre b4stärdo al que carbonizaste?
—No lo sé... —fue lo único que dijo.
Izuku se asomó por la ventana para ver al intruso, o bien su cadáver llameante en el suelo, pero no encontró nada.
—El hijo de pvt4 se escapó... —susurró desapareciendo su arco.
—Pobrecito, ojalá y no lo hayas quemado, hermanito —dijo una de las súcubos con cara de oveja a medio morir; todas las presentes la vieron de sorprendidas por lo que dijo. —¿Qué?
—¿Por qué te da lástima? —pregunta Izuku.
—Desde aquí puedo oler y sentir su presencia... se excitó solamente al verte y, aparte... no es un demonio cualquiera, sino uno de alto rango y especial.
Las súcubos empezaron a cotillear sobre quién sería aquel demonio de alto rango que desea a Izuku y el propio súcubo también se lo pregunta.
—Si llegué a lastimarlo, entonces sabré quién es cuando lo vea... —pensó el peliverde.
Mientras tanto, en el frío círculo infernal de la Traición, estaban Lilith y Satanás conversando sobre Izuku.
—¿Así que ya es hora, Lilith? —dice Satanás.
—Sí, el cęl0 de Izuku está por llegar y si no me equivoco, cosa que nunca ocurre, llegará justo en el Black Sabbath —dice Lilith con cierto aire de emoción. —Ay... mi pequeño ya es todo un hombrecito grande y, como tal, ya es hora de que alguien lo complazca.
—¡Como yo!
Los dos líderes voltearon sus rostros hacia el dueño de aquella voz y en sus rostros se formó una sonrisa un tanto maliciosa.
—Al fin llegaste —dijo Satanás.
—¡Oh, Katsuki! Me alegra que estés aquí —dijo Lilith encantada.
Katsuki, ese era el nombre del intruso que como todo un fisgón veía a Izuku mąsturbąrsę; él era un íncubo para ser más exactos, era el primogénito de Lilith por lo tanto el segundo al mando en el círculo infernal de la Lüjurią.
Era el pecado de la lüjurią vuelto carne y hueso, todo lo que él representaba era el sęx0, deseo y pasión, junto con la obvia advertencia de que te irás al infierno por tan solo tener fantasías con él.
Katsuki era alto, fuerte, apuesto, de cabellera puntiaguda y rubia, teniendo un tono más cenizo; poseía colmillos largos de los cuales además de causar miedo causan unas enormes ganas de gritar “¡Muérdeme!”
Sus ojos eran afilados, de iris rojizas cual rubí, lo que le daba un aire fiero aunque muy atrayente; su rostro perfilado, de piel blanca, representación de la masculinidad pura.
Tenía garras afiladas en sus manos, 2 arneses que cruzaban sus hombros, un collar de cuentas rojas, símbolo que lo identifica y lo diferencia de sus hermanos y hermanas como su líder e hijo mayor de Lilith; sus muñecas y tobillos estaban envueltos en unas vendas negras y vestía solamente un taparrabo rojo que no dejaba nada a la imaginación y que ya muchas féminas sabían cómo era lo que había “ahí” debajo.
—Hijo mío ¿Qué te ha ocurrido? —pregunta Lilith viendo su pecho. —Estás herido.
Justo en el centro del pecho de Katsuki había una horrible y muy reciente quemadura que le estaba molestando mucho al íncubo. Aquella herida fue lo que Izuku le logró hacer con su flecha ígnea hace unos momentos cuando escapó.
El fuego negro de la flecha debió seguir ardiendo hasta haberle consumido por completo el pecho a Katsuki, pero al no ser un demonio cualquiera logró quitarse la flecha y extinguir el fuego; aun así la herida ya estaba hecha y las heridas hechas por ese fuego no se curan rápido.
—¡Keh! No me pasó nada, no deben preocuparse —respondió Katsuki mientras Lilith lo checaba.
—Déjame adivinar... ¿Izuku casi te descubre? —Satanás se lo decía en tono de burla.
—Con razón esta herida me es muy familiar... Izuku te arrojó una flecha ígnea ¿Verdad? —Katsuki solamente le gruñó en una manera de decirle “cállate”. —Tomaré eso como un “Sí“.
—Dejémonos de tonterías y respóndanme ya... —dijo impaciente el íncubo. —¿Al fin será mío?
—Siempre eres tan impaciente, ya te he dicho Katsuki que Izuku será tuyo cuando hayas cumplido con el trato y cuando yo lo diga —le respondió Satanás.
—¡No me vengas con esas mierdas, Luzbel! —le gritó Katsuki encolerizado. —¡He cumplido con mi parte del trato, ahora te toca a ti!
Pero justo antes de que se diera cuenta, Katsuki ya estaba acorralado en una pared con el tridente de Satanás en su cuello, atrapándolo; el rubio sostenía el tridente tratando de quitárselo, gruñendo ante la presencia de Satanás.
—Sabes muy bien, Katsuki, que a nadie le permito llamarme así —lo amenó Satanás con una voz tétrica; una de las leyes del infierno es que nadie podía llamarlo por su nombre de ángel, salvo Lilith, Izuku y otros demonios de su más completa confianza. —Además yo no he dicho que no has cumplido con el trato y, por otro lado, cumpliré con tu petición.
Desde hace milenios Satanás y Katsuki habían hecho un pacto de sangre, el cual consistía en que Izuku se le sería entregado a Katsuki para ser su primer amante, el hombre que tomaría toda su pureza y lo transformase en un verdadero súcubo, a cambio de que él le trajera a Satanás un total de 70,000,000 de almas humanas corrompidas por su propia mano.
Por eso en cada aquelarre de brujas, en cada sesión de ouija, o en cada noche cuando las mujeres dormían, él hacía hasta lo imposible por corromperlas hasta el límite; incluso había veces en que tomaba a 2 mujeres al mismo tiempo, todo para tener su premio... Izuku.
—Pues ya va siendo hora de que cumplas —le respondió. —Te he traído todas las almas que me exigiste, he sido tu ęsclavo por milenios ¿No crees qué ya es hora de que pagues?
—¿Tanto deseas a mi pequeño conejito verde?
—Más de lo que crees —le respondió con una sonrisa arrogante. —Con decirte que a todas esas mujeres que me c0gíą me las imaginaba con el rostro de Izuku.
—Mi querido Luzbel, al parecer mi hijo va en serio —dijo Lilith poniéndose detrás de el íncubo. —Porque tú solo quieres ser el primero en su cama ¿No es así?
—Sí, ese privilegio no se lo daré a nadie —dijo el rubio sin dejar de soltar el tridente. —Ya lo que él haga después no me importa, solo quiero tener el honor de ser su primer hombre.
Tanto Satanás como Lilith sonrieron en complicidad como si estuviesen planeando algo al escuchar las palabras de Katsuki; ahora de un tirón Satanás quitó su tridente liberando al íncubo.
—Bien, tienes razón Katsuki, ya va siendo hora de que cumpla mi parte —le responde el rey de los demonios. —Y por eso quiero que te prepares para el Black Sabbath, porque ahí te lo daré, en “el Altar de Piedra”.
—¿El Altar de Piedra? ¿Tu lugar de honor para f0rnicąr? No me hagas reír —dijo Katsuki sin poder creerlo. —Ese lugar es sagrado y sólo tú junto con la rąmęrą a la que vas a c0gęrtę pueden usarlo.
—Así es, pero solo por este año les daré el honor a Izuku y a ti de usarlo, considéralo un extra y una especie de compensación por haberme tardado tanto en concedértelo —le indicó. —Espero que lo uses bien y que tu lüjurią esté al nivel digno que necesita el altar.
—Izuku y yo seremos el centro de la ceremonia, obviamente estaremos a la altura, imbécil —respondió confiado. —Además, por primera vez un súcubo perderá su pureza en el Black Sabbath, eso será muy deleitable de ver. Es algo jamás visto en nuestra historia.
—Anhelamos ver eso hijo, pero una última cosa... Por favor, haz que Izuku no pueda pararse en una semana —se lo pidió Lilith dándole un beso en la mejilla.
—¡Tsk!... como si tuvieses que pedírmelo, madre.
Con esto último Katsuki se fue del lugar esperando ansioso al Black Sabbath para, por fin, tomar a Izuku como lo había deseado desde hace milenios.
Ya estando solos nuevamente, Satanás y Lilith retomaron su conversación.
—Eres una maldita pęrrą ¿Lo sabías Lilith? —dijo Satanás rondando por su costado; ella solo le guiñó el ojo. —Mira que no decirle a tu propio hijo lo que le va a pasar si toma a Izuku.
—Bueno, eso se lo merece por llamarle “rąmęrą” a su madre —dijo Lilith en un tono macabramente divertido. —Y también se lo merece por andar tras mi pequeño conejito como pęrr0 en cęl0.
—Tanto tú como yo queríamos seguir manteniendo a Izuku puro, pero tampoco lo podemos tener en una jaula de oro —tomó la falda del vestido de Lilith y comenzó a levantarla.
—Sí, lo sé... verlo me recuerda a mis días en el Edén —Lilith sonaba nostálgica mientras movía su mano hacia atrás y acariciaba la erección de Satanás que ya se encontraba pegada a ella.
—Y a mí, a mis días en el paraíso —él también sonaba nostálgica mientras disfrutaba de las caricias de su concubina favorita. —¿También te recuerda a tu vida de casada con Adán?
—¡Claro que no! Jamás vuelvas a decir que me recuerda a ese bąstąrd0 de mierda machista —dijo molesta hablando de su exesposo.
Satanás soltó una gran carcajada, siempre le gustaba hacerla enojar recordándole a Adán; retomaron ambos las caricias para que, como siempre, terminaran teniendo sęx0.
Pasó el tiempo y el Black Sabbath al fin llegó; todos los demonios de todos los círculos se reunieron al círculo de la Lüjurią para celebrar su ceremonia anual.
En la tierra, los satanistas y las brujas también festejaban el Black Sabbath en lugares recónditos o bien en regiones donde, según cuentan las leyendas, Satanás ha pisado o bien los demonios. Ante aquella fuerte fe y grandes blasfemias que hacen los humanos, algunos demonios deciden dejar el infierno y pasar mejor la ceremonia con las humanas, ya sea ellos mismos en su forma corpórea o bien poseyendo a alguno de los hombres; sirve que de paso traen nuevas almas al infierno.
La torre de la Lüjurią ya se encontraba vacía, salvo por Izuku que estaba en su habitación viendo por la ventana ya reparada cómo sus hermanas se iban a f0rnicąr con los demonios.
—Será como todos los años... —pensó frustrado el peliverde.
Pero en eso, Izuku escuchó el aleteo de unas alas y pudo ver a lo lejos que alguien se aproximaba a sus aposentos; era Lilith.
—Ya estoy aquí, mi niño —dijo Lilith campante mientras retraía sus alas con plumas negras.
—¿Qué haces aquí, Lilith? —Izuku estaba confundido.
—Izuku, esa no es la manera de hablarle a tu madre —Lilith fingía enfado. —Estoy aquí porque vine a llevarte a tu primer Black Sabbath y a los brazos de tu primer amante.
Ante aquellas palabras, los ojos de Izuku se iluminaron; al fin lo que tanto anhelaba se iba a cumplir.
—¿Hablas en serio, madre? —Izuku estaba emocionado y absorto.
—Claro que sí, tú sabes que yo jamás te he mentido, mi conejito —le respondió acariciándole sus alas. —Hablé con tu padre y él accedió a que ya estuvieras en el Black Sabbath aun si no has perdido tu pureza... pero con la condición de que te entregues al demonio que elegimos para ti en el Sabbath.
—No me importa a quién hayan elegido, así que está bien —la felicidad era palpable en la voz de Izuku.
—Además también debes saber, querido, que serás el primer súcubo en perder su pureza en el Black Sabbath y, por sobre todo, lo harás en “el Altar de Piedra” —le contó, haciendo que Izuku se sorprendiese.
—¿El Altar de Piedra? Pero ese lugar...
—Lo sé, este año Satanás no va a participar, Zuzu —le empieza a explicar. —Sé muy bien que él y la mujer con la que f0rnicą son los únicos que pueden estar ahí, pero solo por este año les dejó su lugar sagrado a ti y al demonio con el que te acostarás...
—Así que espero que sueltes toda tu energía vital y que des un buen espectáculo, porque ustedes 2 serán el centro de la ceremonia y también porque por primera vez se verá la pérdida de la pureza demoníaca a manos de otro demonio. No me decepciones, mi niño.
—Claro que no... —ahora un brillo travieso se vio en los ojos de Izuku.
—Bueno, ahora debemos prepararte —dijo Lilith.
Lilith traía consigo la ropa que Izuku usaría en la celebración, era atrevida y muy provocativa; consistía solamente en un taparrabo negro que le cubría lo de adelante y lo de atrás siendo sostenido por delicadas cadenas negras, dejando al descubierto sus muslos y caderas; un top negro strapless que se ataba en el centro de su pecho con una cinta roja. La madre de los Lilim peinó debidamente el cabello de Izuku y le dio masajes para prepararlo.
—Bien, ya estás listo —Lilith admiraba su obra en Izuku. —Ahora ven, es hora.
—Sí.
Ambos extendieron sus alas y emprendieron el vuelo al Altar de Piedra.
Mientras sobrevolaban, Izuku podía ver al fin el Black Sabbath y podía distinguir a algunas de sus hermanas.
Unas ya estaban f0rnicąnd0 con un macho cabrío, otras con las almas de satanistas que solo por aquel día no iban a sufrir sino a disfrutar, incluso otras eran tomadas por 2 hombres a la vez y otras más disfrutaban con brujas o con ellas mismas en el incęst0.
Así era como se imaginaba la celebración y ya quería llegar al Altar de Piedra para unirse a partir de ahora a todos los Black Sabbaths del futuro.
Tras unos momentos más, ambos ya podían ver “el Altar de Piedra” que estaba en la cima del monte más alto del círculo de la Lujuria.
—Llegamos —dijo Lilith ya en el suelo.
El Altar de Piedra le hacía honor a su nombre porque era una enorme lápida de piedra tipo mesa en forma pentagonal con símbolos demoníacos y siendo rodeada por 13 enormes pilares también hechos de piedra con los mismos grabados demoníacos; los pilares tenían cuencos donde eran para que se encendiesen con fuego, pero no con un fuego cualquiera sino con el fuego generado de la cópula de entre los demonios. Si el sęx0 entre ambos demonios fue realmente bueno, perfecto, lleno de pasión, lüjurią, anhelo y con una total blasfemia a lo santo, aquellos cuencos se encenderán dando por finalizado el Black Sabbath y llenando de energía al infierno.
Esa era la primera vez que Izuku estaba en ese sagrado lugar, ya que solamente lo había visto de lejos; todos los demonios tenían prohibido acercarse, solo Satanás podía usar el altar.
—Ahora tendrás que esperar aquí, Izuku —le decía Lilith mientras le acariciaba el cabello. —Él no tardará en venir.
—Sí.
—¿Nervioso?
—Emocionado —dijo Izuku con una media sonrisa.
—No tienes idea de por cuánto tiempo él ha esperado por este día —le susurra en el oído.
—¿Eh? ¿De qué hablas? —dice Izuku confundido.
—Cuando él llegue lo entenderás —le dio un leve beso en su mejilla.
Con aquel último beso que prometía mucho, Lilith se fue volando del altar dejando solo y confundido a Izuku con sus palabras.
Quedándose solo, Izuku se fue al altar subiéndose en él, esperó de rodillas a que llegara su futuro amante del Sabbath mientras jugaba con sus dedos.
Mientras tanto, en las faldas del monte, Katsuki comenzaba a subir las escaleras que lo llevarían al Altar de Piedra.
Algunos demonios lo veían con admiración y otros con envidia al ser el merecedor de la pureza de Izuku y de usar el Altar de Piedra.
Hasta había súcubos y diablesas que le pedían f0rnicąr con ellas antes de llegar al altar, pero Katsuki las ignoraba, solo las mandaba a la mierda y él seguía su camino. En aquel momento no había ninguna otra persona que desease más que a Izuku.
Mientras iba sudiendo, el olor del súcubo se iba haciendo cada vez más penetrante y, por lo tanto, su excitación aumentaba más.
Al ya estar en la cumbre pudo ver su tan ansiado fruto prohibido; ahí estaba Izuku sentado sobre el Altar de Piedra dándole la espalda mientras jugaba con sus dedos un poco nervioso.
—Ya entró en cël0 —pensó el demonio.
Comenzó a caminar tratando de no hacer ruido, pero su andar era presuroso y, por lo tanto, hacía ruido; justo en el último momento cuando el peliverde iba a voltearse, Katsuki lo abrazó por detrás.
—Ah...
—¿Esperaste mucho? —preguntó Katsuki. —Tranquilo que no voy a comerte... al menos no todavía.
—¿Quién eres? —Izuku volteó para verle la cara. —No te conozco.
La energía que desprendía aquel demonio de cabellos rubios era muy atrayente e irresistible para Izuku; jamás había conocido a un demonio que desprendiese tanta libido y por lo que sentía era una libido contenida desde hace siglos.
—Muy pronto me conocerás. —Katsuki empezó a mover sus manos por los muslos de Izuku. —Eres tan suave.
—Aún no me has respondido —insistió en su pregunta, pero no se quejó de esas caricias.
—Qué ofensa que no sepas quién soy —fingió el rubio que le dolía. —Soy Katsuki, el hijo mayor de Lilith y, por lo tanto, líder de los Lilim.
Aquella revelación dejó perplejo a Izuku, lo estaba manoseando el primogénito de todos los Lilim; él había escuchado muchas historias sobre el rubio, pero no sabía cuál de todas esas eran reales.
Una de ellas era que como Lilith era la concubina favorita de Satanás, Katsuki era su hijo, pero ni Lilith ni Satanás lo han afirmado o desmentido; otra es de que en realidad Katsuki fue quien recibió a Satanás y todo su ejército cuando perdieron la batalla contra el paraíso y fueron desterrados; las historias que parecen más verídicas, pero que la misma Lilith ha desmentido; Lilith abandonó a Adán y el Jardín de Edén para entregarse a los demonios del Mar Rojo, ella ya estaba embarazada de Adán pero Lilith siempre negó que él fuese el padre de Katsuki; otra parecida es igual sobre el abandono de Lilith, con la diferencia de que Katsuki era un niño pequeño y tenía apariencia humana, pero al entrar al Mar Rojo fue ahí que adquirió todas sus características de demonio.
Otra es de que en realidad Katsuki es el mismísimo Caín, pero que cuando por fin murió su alma obviamente se fue al infierno y adquirió todos esos rasgos de demonio.
Y la última es de que cuando Lilith se entregó a los demonios tras su abandono, fue ahí cuando se embarazó de Katsuki; así que no se podría saber bien quién es el padre o cuál es su origen.
Esta era la primera vez que Izuku lo veía, aunque siempre había escuchado que era un demonio de élite y un buen amante.
—Así que es a ti a quien eligieron —murmuró el súcubo. —Espero que sepas usar bien esas garritas tuyas.
—Créeme que las sé usar —dijo mientras deshacía con ellas las cadenas que sostenían el taparrabo de Izuku. —Las sé usar mejor que tus dedos en ti.
Con eso último rompió las cadenitas y volteó sin prisa a Izuku para dejarlo acostado sobre el altar boca arriba, desnudo de la cintura para abajo, mientras que Katsuki lo tomaba de las rodillas para abrirle las piernas de golpe y verlo con una sonrisa de placer y malicia; ahora él estaba totalmente expuesto a ese demonio.
—¿Que él sabe usar mejor sus dedos en mí que yo con los míos? —Izuku no dejaba de pensar en las últimas palabras del íncubo.
Ahora que ambos se veían de frente, Izuku puso atención en una parte muy en especial del cuerpo de Katsuki; en su musculoso y bien tonificado cuerpo él tenía una herida fea y en carne viva de una quemadura, pero no una cualquiera, sino una hecha con una flecha ígnea llena del fuego verde del infierno.
—Esa herida... —ahí fue cuando en Izuku todas las piezas del rompecabezas de sus pensamientos se unían. —Tú... ¡Eres tú el fisgón que me espiaba la otra vez! —dijo molesto.
—Ups... sor-pre-sa... —Katsuki lo decía como un niño pequeño al que le habían descubierto su travesura, sin importarle menos la molestia de Izuku, bajó su rostro hasta ponerlo cerca de la intímid4d de Izuku, llevó su erección a la boca para lamerlo con voracidad, haciendo que el pobre chico debajo de él no pudiese reaccionar más que para arquearse de placer sin mayores protestas, colocando ambas manos sobre la cabeza del rubio, tomando sus cabellos entre sus dedos y presionando, intentando darle a entender a Katsuki que no se detuviera.
—¡Ah! —Izuku no podía parar de gęmir.
Katsuki le apretaba los muslos firmemente manteniéndolos quietos en su lugar para evitar que escapara o se retorciera mucho dificultando su trabajo. Katsuki levantó la vista observando a Izuku sumergido en el placer, arañando su espalda sin una pizca de consideración hacia esa parte de su cuerpo que estaba siendo desgarrada por las uñas filosas de Izuku; aunque siendo sinceros a Katsuki le prendía aún más observar a Izuku tan excitado.
Poder disfrutar, saborear y moldear el cuerpo del súcubo después de milenios le era un festín asombroso para Katsuki. Ahora más que nunca podía dar rienda suelta a todo el libido que tenía contenido, porque a pesar de todas las mujeres que se ha cogido y que obviamente también con las que se ha corrido, nunca pudo bajar su libido y lujuria; todo dentro de él seguía igual, hubo momentos donde Katsuki consideraba más al sexo como un castigo que como una bendición. Para él todos estos milenios fueron una situación de abstinencia, y aquello no era bueno.
El íncubo dejó por un momento sus atenciones en el pęn3 del súcubo para ahora arrancarse con sus colmillos las uñas de sus manos e intentar alisarlas para no lastimar a Izuku con lo que tenía pensado hacer.
—No sabes cuánto tiempo he esperado por esto —dijo antes de separar las nalgas de Izuku e introducir sus dedos índice y medio en su entrada.
—¡¡Aaaahh!!... —el fuerte gemido que Izuku liberó debió de haber sido escuchado incluso en el mismo cielo.
—Mmm... estás tan apretadito...
—C-Cállate y no pares —decía Izuku aguantándose los gemidos.
Katsuki rio un poco para seguir dándole placer poniendo ahora su otra mano en el miembro de su bello súcubo, dándole suaves masajes en círculos y teniendo cuidado de no lastimarlo con su garra.
Él veía como buen espectador el rostro de Izuku que demostraba todo el placer que sentía; a veces levantaba un poco los dedos presionando su punto G para ver su reacción.
—Es tan... agresivo y malvado... —pensaba Izuku al sentir cómo movía sus dedos. —Pero se siente tan bien... tan placentero. —podía escuchar la pequeña risa arrogante de Katsuki. —Maldito cabrón.
—¿Te gusta qué lo haga? —le pregunta haciendo ese movimiento con los dedos una y otra vez.
—¡Ah!
—Yo creo que sí.
Katsuki siguió moviendo sus dedos para ahora quitar su mano de la erección del súcubo y llevarla poco a poco por su cuerpo hasta llegar a su pecho. Cubrió uno de sus pezones con su mano, tomando entre sus dedos uno de ellos, apreciando lo pequeño que era y su tono rosado.
—Son perfectos —mencionó Katsuki refiriéndose a sus pezones.
Le daba masajes y de vez en cuando apretaba de más sus pezones, también le daba mimos al otro pezón y, en cuanto a Izuku, él con sus muslos abrazó a Katsuki para dejarlo sin escapatoria.
—Me siento... tan... —Izuku ni siquiera podía formular sus frases por el placer que estaba recibiendo mientras sentía cómo iba a llegar pronto al orgasmo.
—Ya estás a punto de llegar... —dijo Katsuki viéndolo de soslayo.
Pero justo cuando Izuku iba a correrse, Katsuki se detiene y saca lentamente los dedos de su interior. Algo que sin duda no le gustó para nada al súcubo.
—¡¿Por qué te detienes?! —pregunta Izuku confundido y molesto.
—No me di cuenta que estabas por llegar ¿Querías que siguiera? —le pregunta arrogante. —Bueno... es porque no quiero hacerte llegar al éxtasis con esto —señala sus dedos. —Sino con esto —dice mientras sobaba su ya notable erección por encima de la tela.
Al verlo, Izuku volvió a excitarse y no pudo evitar morderse los labios y poner una mirada traviesa al imaginarse “eso” en su interior.
—¿Y qué estás esperando? ¿O es que acaso empiezas a pensar que “eso” no es suficientemente bueno para satisfacerme?
—Qué bueno que no te intimide mi pęne, porque tú y él van a tener una larga relación esta noche. Espero que lo quieras tanto como él te desea en este momento —dijo siguiéndole la corriente.
Se subió encima de Izuku para después tomar con ambas manos su top negro, el cual ya se encontraba colgando, y terminar de romperlo con salvajismo, dejando totalmente desnudo a su platillo principal; aquello causaba una risa traviesa en Izuku. —Alguien está desesperado.
—No sabes cuánto —le respondió el rubio.
Se irguió y con sus garras se deshizo de su taparrabo, quedando igual de desnudo que Izuku; el cual al ver al fin toda la masculinidad de Katsuki no pudo evitar lamerse los labios. Con una de sus manos acarició el pecho de Katsuki para así bajar lentamente pasando por sus abdominales y así llegar a su miembro erecto.
—¿Tanto así te pongo? —dijo Izuku pasando su uña negra por la base del pene con delicadeza.
—Desde hace milenios.
Finalmente Izuku tomó el miembro con su mano por completo, y es que en realidad sus dedos no podían tocarse; comenzó a mover su mano de arriba hacia abajo con lentitud sintiendo lo duro y caliente que estaba.
—Es tan grande y duro... —Izuku susurró sin dejar de verlo, ocasionando un gruñido de satisfacción por parte de Katsuki.
—Jugaste conmigo, así que yo también tengo derecho a jugar contigo —dijo ahora llevando su otra mano para jugar esta vez con el ęscrot0.
Aquello era mucho para el demonio, no quería correrse sobre el menor aunque la idea le atraía, pero en realidad quería llenarlo totalmente de sí mismo; si Izuku seguía así no iba a poder empezar la verdadera diversión.
Viendo la expresión de placer en su rostro, a Izuku le apetecía tanto lamer su miembro para regresarle un poco del placer que él le había dado, pero justo cuando iba a hacerlo Katsuki lo detuvo.
—¡Espera! —dijo en un grito ahogado.
—¿Eh?
—No hagas eso... —le dice mientras quitaba la mano de Izuku de su miembro. —No quiero correrme en tus manos y mucho menos cuando aún no hemos empezado.
Izuku estaba hipnotizado por todo lo vivido en estos últimos minutos; solo asintió y dejó que él le quitara la mano; después Katsuki se bajó del altar e Izuku sólo lo siguió.
Estando en el suelo Katsuki tomó a Izuku por la cintura, se vieron durante unos momentos para después besarse apasionadamente.
El demonio comenzó a caminar hacia el altar mientras seguía besándolo y, cuando toparon con el borde del mismo, Katsuki terminó el beso de forma abrupta para después voltear sin delicadeza a Izuku y obligarlo a apoyarse con ambas manos sobre el altar; con aquella acción solamente salía una risa traviesa del súcubo.
El rubio lo tomó por las caderas firmemente, haciendo incluso levantarlas un poco; Katsuki tomó su miembro y empezó a frotarlo de arriba abajo en la entrada del súcubo.
—Chúpalos —ordenó Katsuki con sus dedos sobre la boca de Izuku, quien no se negó en lo absoluto. Katsuki los dirigió a la entrada del contrario y lubricarla con la saliva.
—¿Querías ya estar con un hombre, no? —le pregunta viendo cómo Izuku lo miraba por encima del hombro esperando expectante a que ya la hiciera suyo. —Pues solo yo haré realidad ese deseo tuyo.
—Entonces cállate y ya hazlo...
—¿Hacer qué? —a Katsuki le encantaba jugar con el súcubo, algo que lo excitaba aún más que el cuerpo de Izuku era que le rogara que lo cogiera.
—¡Quiero que me tomes, por una mierda ya hazlo! —le gritó desesperado Izuku, casi molestándose por la lentitud del otro.
—Tus deseos... son órdenes para mí. —y tras decirle aquellas palabras entró en Izuku de un solo golpe tomando su pureza sin delicadeza.
—¡Aahh! —salió un gemido mezclado entre placer y dolor de los labios de Izuku.
Ambos se unieron en una mezcla de placer y dolor; los 2 sentían dolor porque el agujero de Izuku era tan estrecho que a Katsuki le dolía ligeramente como este le apretaba, pero para Izuku el dolor era mayor, aunque era satisfactorio, no dejaba de lado el hecho de que el bruto había entrada tan rápido con su trozo de carne, para nada pequeño.
El sudor empezó a formarse en ambas frentes y el calor de sus cuerpos empezaba a subir.
—Carajo... —musitó Katsuki acariciando la suave espalda del súcubo.
Aun sosteniéndolo firmemente, Katsuki comenzó a embestirlo sin importar si Izuku ya se había acostumbrado a su intromisión; estaba siendo un total egoísta.
Los gemidos de Izuku eran sonoros y cálidos, incluso a veces se mordía los labios, pero nunca se quejó o le pidió que se detuviera; su cuerpo necesitaba acostumbrarse, pero él lo quería todo de ya.
Así que la molestia que sentía la hizo a un lado, ya se quitaría en cuestión de minutos.
—¡Ah! Ka-suki...
—Izuku... —gruñó Katsuki ante la encantadora sensación que estaba teniendo.
En aquel Altar de Piedra los únicos sonidos que se escuchaban eran los gemidos de ambos demonios y el choque de ambas carnes al unirse.
Todos los demonios de abajo empezaron a oír y a oler todo lo que acontecía en el Altar de Piedra; ellos sabían ahora que no era su Rey el que estaba ahí, sino otro demonio y, aparte, estaba con un súcubo que olía a virginidad.
El olor de aquellas feromonas era irresistible, ocasionando que todos los demonios, súcubos, íncubos e incluso aquellos que podían volar comenzaran a ir al monte. Para poder al menos tener la mejor visión de lo que sucedía, o tal vez un poco de acción también.
Sin embargo, cuando empezaron a acercarse algo los detuvo y no solo en la tierra, sino también en el aire.
—¡¿Qué mierdas es esto?! —gritó un demonio enfurecido al tocar el aire.
—¡No podemos pasar! —dijo una súcubo que arañaba el aire; igual como uñas en el cristal.
Los demonios voladores con sus lanzas o tridentes picaban el aire con tal de perforarlo, pero era inútil; lo que ocurría es que alrededor del monte donde estaba el Altar de Piedra había una barrera protectora que al tocarla tenía apariencia de cristal y aquello era lo que les impedía el paso a los demonios tanto en la tierra como en el aire. Y por si fuera poco, tampoco podían ver nada, es como si no hubiese nadie en ese lugar, pero obviamente aquello era mentira.
Porque dentro de esa enorme burbuja se encontraban dos seres perdidos en el placer. A Katsuki y a Izuku no les importaba si ya los veían o escuchaban, solo estaban concentrados en ellos mismos.
Katsuki deseaba poder entrar aun más dentro de Izuku, si es que eso es posible; Katsuki recostó por completo a Izuku en el altar haciendo que su pecho toque la fría piedra para después él levantar su pie derecho, ponerlo en el borde del altar y seguirlo embistiendo con fuerza; solo que ahora con aquella posición podía entrar en el peliverde mucho más.
—¡¡Katsuki!! —gritó Izuku; el nombrado se inclinó un poco y, tomándolo del cabello al peliverde sin mucha delicadeza, lo jaló hacia él.
—S-Sí... ¡Ese soy yo! —le dijo entre dientes, haciéndole ver lo mucho que estaba disfrutando. —Y que se te quede grabado en todo tu cuerpo y mente que yo fui el primero que hizo que te volvieras un verdadero súcubo... —con una de sus manos tomó uno de los pezones de Izuku. —No importa con cuántos demonios te llegues a revolcar, o a cuantos humanos seduzcas para después devorarles el alma... con ninguno de ellos llegarás a sentir lo que ahora estás sintiendo conmigo, ninguno de ellos podrá llenarte de nuevo después de que mi verga te deje bien abierto.
Izuku solo podía excitarse aún más tras lo dicho por Katsuki, pero a este se le olvidaba que él también era orgulloso hasta la médula.
—Pues a ti también... ¡Ah!... te dejaré algo claro... —intentaba terminar sus frases, pero le era imposible con tanta bestialidad por parte del miembro de Katsuki; tuvo que soltarse un poco del agarre de Katsuki para tomarlo por el collar y jalarlo más cerca de su rostro, que tenía una media sonrisa. —No importa a cuántas brujas, diablesas, hombres o rameras te cojas... ninguna te va a dar el honor y el regalo que yo te estoy dando y mucho menos sentirás con ellas lo que sientas conmigo ahora.
Las miradas de ambos chocaron, como si en aquel momento pudiesen ver el alma del otro, si es que aún tenían alma, claro está; se sonrieron y volvieron a besarse vorazmente.
Cortaron el beso y ahora Katsuki salió de su interior para voltear a Izuku y sentarlo en el altar; tomándole la parte inferior de las rodillas, donde estas se doblan, le separó las piernas para volver a embestirlo.
Pero ahora esta vez el súcubo se le adelantó, porque Izuku tomó su miembro de la base y lo acercó a su entrada para que Katsuki solo tuviese que entrar. Esta vez lo hizo suave y sin prisas para sentir todo el suave interior de Izuku y que él pudiese sentir cada vena de su pęne y cada centímetro de toda su envergadura, que se hiciera un mapa mental de toda su vęrgâ.
—Aahh... —Izuku, a pesar de estar sentado en el altar, se sostenía con ambos antebrazos para no estar totalmente acostado.
—Podría verte así hasta el fin de los tiempos. —la voz le cambiaba por el obvio y placentero esfuerzo que está haciendo.
—Terminarás cansando... —Izuku se burlaba.
—¡Keh! Valdrá totalmente la pena...
Sin terminar de embestirlo, Katsuki bajó hasta él para besarlo otra vez y, en esta ocasión, bajaba por su cuello para darle besos y algunas mordidas que dejaban marcas rojas en su piel, una clara señal de su rastro en el cuerpo de Izuku, marcaba su ahora territorio.
Mientras él seguía besándolo, Izuku abrazó a Katsuki con las piernas y, poco a poco, también lo abrazó con ambas manos pasándoselas por su cuello; de modo que estaba enganchado a él y ahora era su único sostén para no estar acostado boca arriba en el altar.
Y justo cuando Katsuki empezaba a hacer las embestidas más fuertes, las uñas de Izuku rasguñaron la espalda del íncubo dejando marcas rojas a su paso e incluso algunas tenían pequeñas gotas de sangre.
—¡Aagghh! Jodido bastardo —se quejó Katsuki ante el dolor repentino. Izuku solo le sonrió pícaramente y besando suavemente su cuello.
—¿Qué sucede? —fingió inocencia. —¿Te dolió?
—¿Bromeas? Me encantó —después lo besó.
Siguió embistiéndolo y nuevamente bajaba por su cuello para ahora besar, lamer y devorar sus pezones, aunque a veces mordía de más; ante eso Izuku solo gemía y le rasguñaba de nueva cuenta la espalda.
Aquella unión era casi espiritual porque Katsuki jamás se había sentido tan lleno y tan deseoso de devorar un alma como hasta ahora; quería comer su alma, pero al mismo tiempo no quería; anhelaba poder tener más momentos como ese.
Mientras tanto, lejos de la festividad del Black Sabbath.
—¿Puedes sentirlo, no? —pregunta Satanás mientras veía todo el Sabbath desde la Torre de la Lujuria.
—Sí... está a punto de terminar —Lilith estaba a su lado. —Esos 2 acaban de firmar su sentencia... aun sigo preocupada por Izuku, no sabemos si les hemos arruinado la existencia o... si le he hecho un favor...
—Eso ya quedará a su jurisdicción, mi querida Lilith —le dijo Satanás. —Pero en fin, fue bueno que pusieras esa barrera protectora en ellos.
—Necesitan privacidad, no quiero que la primera vez de mi conejito sea con un montón de mirones viendo cómo pierde la virginidad —hablaba ella con una protección maternal.
Ya no tenían razón del tiempo o de su alrededor, solo se tenían ellos mismos y ahora Katsuki lo hacía suyo en contra de uno de los pilares mientras sostenía sus piernas.
—¡Aahh! —gimió fuerte Izuku mientras se abrazaba al cuello de Katsuki.
—¡Tsk! Mmm... —hacía el íncubo las embestidas más rápidas.
Solo unas cuantas embestidas más y ambos encontraron su liberación; sus gemidos eran tan fuertes que todos ahí abajo los podían escuchar.
Katsuki derramó todo su ser en Izuku, incluso lo embistió suavemente un poco más para estar más tiempo unido a él.
Los muslos le temblaban a Izuku y, de no ser porque Katsuki lo sostenía, él ya se hubiese caído al suelo; ambos se miraron fijamente, la mirada esmeralda con la mirada carmesí. Izuku le acarició el rostro, limpiando un poco el sudor de su rostro para después besarlo con pasión.
Aun sosteniéndolo, Katsuki caminó hasta el Altar de Piedra y lo acostó sobre este para después acostarse a un lado de él.
—Eso fue... Ah... —Izuku estaba totalmente saciado.
—Yo podría decir lo mismo —Katsuki le respondió. Sin embargo, en ese momento comenzó a sentirse extraño, como si un fuego se apretara a su garganta; Izuku pudo ver cómo una cuerda de fuego negro se enredaba en el cuello de Katsuki para después extenderse hasta la mano de él. Aquello era totalmente inesperado para ambos.
—¡¿Qué pasa?! —decía Izuku mientras trataba de ahuyentar ese fuego negro; estaba asustado sobre lo que le estuviese pasando a Katsuki.
—¡Agh! Esto... ¡quema! —gritaba Katsuki mientras tomaba aquel fuego negro y trataba de quitárselo, sin mucho éxito.
Después de un rato el fuego negro desapareció y solo dejó un collar con picos y una cadena que paró en la mano de Izuku.
—¿Qué mierdas es esto? —exclamó molesto al ver la cadena y el collar. —¿Lo hiciste tú?
—No sé qué es, yo no lo hice —Izuku, al ver que Katsuki trataba de quitarse el collar, intentó ayudarle, pero sin éxito. —Es demasiado fuerte.
Katsuki, con todas sus fuerzas, tomó el collar y trató de romperlo, pero al tratar de poner más fuerza el collar se puso al rojo vivo y lo quemó.
—¡Ah! —gritó de dolor. —Esta maldita mierda me quemó las manos ¿Qué demonios es esto?
—¿Acaso será...? ¡No, no puede ser! —Izuku caía en cuenta sobre lo que podría ser.
—¿Qué no puede ser? Habla, maldita sea.
—Será posible que esto sea... ¿la Unión Infernal? —dijo tomando la cadena con ambas manos.
—¿Unión Infernal? ¿De qué carajos hablas?
—Lilith nos ha contado a algunos de nosotros que, a pesar de que un demonio puede tener sexo con cualquiera, también puede llegar el momento en que... un demonio quede ligado a una persona por siempre —el rostro de Katsuki mostraba que no le entendía. —Ella le llamó Unión Infernal y, según nos contó, que esto pasa cuando el demonio se une de forma espiritual con la persona con la que tiene sexo, pero que también esa persona debe ser virgen para que así la Unión se selle con su sangre de pureza... una vez hecho ya no hay marcha atrás... El demonio por más que desee a otras o a otros, y por más que quiera liberarse del lazo, este es irrompible... le va a pertenecer a esa persona por siempre.
—¿Me estás tocando los cojones? ¿Estás diciéndome que te perteneceré? —Katsuki aún estaba que no lo creía. —Solo quería ser tu primer macho, no ser tu eterno amante.
—Lo mismo podría decir.
—¿Entonces por qué no te revolcaste con un humano antes? —Katsuki fingía confusión ya que sabía que fueron Lilith y Satanás los que impedían que él se entregara a alguien; por algo ponían aquellas ilusiones en esos humanos y hacían que los otros demonios huyeran de él.
—¿Y tú crees que no lo intenté? —le respondió. —No sabes por cuántos años traté de hacerlo, pero al fin los humanos solo veían a mujeres y no a mí... y tú sabes que esa es la manera de liberarse de nuestro embrujo.
Ambos se quedaron en silencio durante un rato y ambos llegaron a la conclusión de que quizás, y solamente quizás... todo eso fue preparado por Lilith y Satanás: unirlos por toda la eternidad. Pero no estaban del todo seguros, así que solamente quedaron así.
—¿Y bien? —pregunta Katsuki acercándose a él.
—¿Bien, qué?
—¿Quieres seguir aquí o... nos vamos a la Torre? —él ya no hablaba de forma molesta sino más calmado. Algo que sin duda relajó el corazón de Izuku.
—Eso depende...
—¿De qué? —aquello lo confundió.
Izuku lo jaló de la cadena hasta acercarlo a su rostro y ponerle un suave beso en su nariz.
—¿Tus aposentos o los míos? —le sonrió.
—Da igual —lo tomó de la cintura para pegarlo a su cuerpo. —Mientras pueda tenerte en una cama y estando entre tus piernas no me importa el lugar.
—Creo que... concuerdo contigo.
Después de ese momento, Katsuki e Izuku se pasaron muchas noches entregándose el uno al otro; ya sea en los aposentos de Izuku o en los del rubio, ambos intercambiaban besos y caricias.
Katsuki ya se había hecho a la idea de pasar toda la eternidad con Izuku y, al parecer, ya no le molestaba sino al contrario, anhelaba encadenarlo a él también. En cuanto a Izuku, a él también le gustaba que el íncubo fuese suyo por siempre y la idea de ser un verdadero súcubo ya se le fue de la mente; él era un súcubo en toda regla no importaba si se revolcaba con varios o con un solo hombre.
Pero un problema les avecinaba: como ambos eran Lilim, debían de cumplir con su deber de corromper las almas humanas con lujuria, pero su vínculo les impedía estar con otros, a lo que Lilith les dio la solución.
Podían corromper las almas si ellos tenían sexo cerca de los humanos; su energía demoníaca y sexual sería tan fuerte que haría que cualquier alma, por muy asexual o religiosa que fuese, no podrá resistirse a ese encanto.
Y así fue como Katsuki e Izuku comenzaron a corromper almas con el simple hecho de fornicar cerca de ellos; desde entonces ya han traído varias almas al infierno.
No importaba si eran almas fieles a sus parejas o religiones, estas al final cedían y caían en sus garras; de todas las almas a las que habían corrompido, las que ellos consideraban como su “trofeo” eran las almas de un sacerdote católico de nombre Shoto y una monja recién consagrada de nombre Momo.
La pareja había hecho la apuesta de que podrían corromper a alguien de aquel convento sin tener que fornicar cerca de ellos y el premio iba a ser que el primero en hacer que el alma humana se corrompa sería el ganador, podría hacerle lo que quisiera al perdedor cuando volvieran a hacer el amor.
Ambos usaron sus auras demoníacas para hacerlos caer, pero no funcionaba, aunque sí lograron hacer que el sacerdote y la monja sintiesen atracción y deseo por el otro. Al final lograron corromper las almas de esos dos y, por consiguiente, tuvieron sexo, pero lo que los tomó de sorpresa fue que lo hiciesen dentro de la iglesia.
Jamás supieron quién terminó rindiéndose primero, si Momo o Shoto o al revés, así que ambos decidieron que fuese un empate y se repartieron la oportunidad de hacer lo que quisieran con el otro.
Aunque lograron su objetivo, un efecto colateral fue que Shoto y Momo, además de ser excomulgados de la iglesia, terminaron enamorándose y viviendo en pareja; pero eso les importaba un rábano a Katsuki y a Izuku.
Ambos nunca tenían suficiente del otro y siempre se necesitaban el uno al otro, se podría decir que literalmente eran un matrimonio; y en cuanto al amor, bueno, también podría decirse que están enamorados. Aunque jamás se hayan dicho “te amo”, “te quiero” o cualquier otra de aquellas frases que usan los humanos para expresar ese sentimiento, ellos se expresan su amor a base de actos.
Pero no sólo con sexo se demostraban el tipo de amor que se tenían, sino también con los besos, o cuando uno pedía algo el otro se lo daba solo para verlo complacido, sin importar qué fuera.
Izuku y Katsuki demostraban ese amor aún más cuando ignoraban las insinuaciones de otros por solamente tener en la mente a su pareja.
—¿Entonces es definitivo, Lilith? —pregunta Satanás mientras acariciaba el muslo desnudo de Lilith tras haber tenido sexo.
—Sí, ya lo decidí —le responde mientras jugaba con su cabello, estando ambos acostados en el lecho de Satanás. —Les dejaré a esos 2 el control del círculo infernal de la Lujuria, serán los líderes.
—¿Por qué el retiro? ¿Ya te sientes vieja? —se burlaba de ella.
—No... es sólo que debo hacerme cargo de cosas más importantes, por ejemplo, matar a los bebés no bautizados y prepararnos para el Apocalipsis.
—Tienes razón, creo que es sabia tu decisión de darles tu lugar a ellos —le dio una leve nalgada.
—Además es normal que le dé ese lugar a mi hijo, al fin y al cabo ya es un verdadero hombre. Se lo merece.
—¡Alabado sea Dios! —dijo Satanás totalmente en tono de burla.
—Y sé que también Izuku hará una buena labor como mi sucesor —decía ella mientras se aguantaba la risa.
Lilith confiaba plenamente en que sus pequeños harían una buena labor como regentes de la Lujuria y que así como no los decepcionaron en el Black Sabbath, tampoco los iban a decepcionar en aquel ámbito.
—¿Y piensas decírselos?
—No. ¿Y tú? —dijo sonriente.
—Tampoco.
—¿Entonces por qué preguntas?
—Para ver tu reacción solamente...
—Bueno, no voy a negarte que antes sí pensaba hacerlo, pero ahora viéndolos tan enamorados... Ah... —suspiró como si fuera una adolescente soñadora. —Descarté esa idea, no voy a fastidiarlos.
—¿En verdad crees qué estén enamorados? Sería el primer caso de demonios enamorados.
—¿Y por qué no? ¿Es qué no te es suficiente como ellos se tratan? —le hacía ver lo evidente desde que se volvieron amantes en el Black Sabbath. —Porque créeme que con todo lo que han hecho y vivido hasta ahora es señal suficiente para decir que se aman... porque si eso no es amor, querido mío, entonces no sé lo que es... ¿O tú sabes esa respuesta? —le pregunta pícara levantándose de la cama.
—Ponme a prueba, no por algo dicen que sabe más el diablo por viejo que por diablo.
—¿Y tú qué opinas? ¿Qué crees que en verdad dos demonios puedan enamorarse el uno del otro? ¿O es solo un impulso?
—Siempre se podrá amar y disfrutar, así sea en el cielo, en la tierra o en el infierno, y si es con el demonio correcto, se volverá un paraíso...
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Srta_Nirvana_ ✓








