💢Jungkook🔥5||Kookmin||

Summary

Durante un tiempo pensé que podría ser diferente a mis hermanos, pero una jodida explosión cambió toda mi vida y me convertí en un Jeon más. El alcohol, las drogas y el dolor me ahogaron, pero la vida te da segundas oportunidades, al menos eso fue lo que creí. Casi podía ver esa puta luz al final del túnel de la que todos hablan, estaba seguro de que Jimin sería mi salvación, hasta que descubrí que me he enamorado del hermano de un hombre al que yo mismo asesiné. Solo me quedan dos opciones, dejarlo marchar o luchar por él a pesar de que lo nuestro está destinado al fracaso. Adaptación No copias ni adaptaciones Que la disfruten 😌💜

Status
Complete
Chapters
99
Rating
n/a
Age Rating
18+

PRÓLOGO

Pov Jimin.

Nunca me han gustado los chicos malos.

Entiendo que algunas personas se sientan atraídas por auténticos capullos con sonrisas rompecorazones y pintas de delincuentes, sin embargo, ese no es mi caso.

Tampoco es que tenga demasiada experiencia.

Mi momento más romántico fue en la escuela primaria, cuando Andrés Pardo me robó un beso y justo después salió corriendo a contarle a sus amigos que había sido yo quien lo había besado a él.

Patético, lo sé, pero estoy seguro de que en algún momento llegará ese hombre capaz de cumplir mis expectativas.

No pido tanto.

Amabilidad, educación, respeto y, si es posible, que sea rubio y con los ojos claros; ya sería lo más.

Cuando llegue el momento espero poder tener una relación como la de mis padres.

Ellos se amaron hasta el día en que fallecieron.

La forma en la que se trataban, con tanto amor y complicidad…

No necesitaban más que una mirada para entenderse.

Eran jodidamente felices juntos.

Cualquier problema debería aspirar a tener, como mínimo, algo parecido.

Cuando Rico Dorantes empezó a rondarme, supe de inmediato que estaba metido en un buen lío.

Moreno, ojos oscuros, pintas de malote…

No solo parece un delincuente, también lo es.

Después de los Urriaga, los Dorantes son los dueños y señores de Nogales, y justo tenía que fijarse en mí el menor de ellos.

Gus se culpa por meterme en esta situación.

Si no hubiese aceptado trabajar para él, jamás se habría acercado a mí, pero desde la muerte de nuestros padres el dinero escasea y entiendo que mi hermano mayor solo intentaba traer comida a la mesa y pagar las facturas.

No ha sido sencillo para ninguno de nosotros, no obstante, él asumió toda la responsabilidad y las cargas que conlleva ponerse al frente de la familia.

Lo hace lo mejor que es capaz y nadie debería culparlo por ello, ni siquiera él mismo.

Yo estoy convencido de que en algún momento Rico se cansará de insistir.

Solo tengo diecisiete años, soy demasiado joven para casarme, formar una familia y todas esas mierdas, aunque también es cierto que a los Dorantes nunca les ha importado la edad de las perdonas que se llevan a casa.

Se rumorea que la madre de Rico tenía solo trece años cuando la obligaron a casarse con su padre.

Tampoco es que sea un caso aislado.

A este lado de la frontera, la violencia de las bandas, el hambre y la muerte son algo con lo que estamos acostumbrados a lidiar.

Termino de recoger los platos del desayuno y echo un nuevo vistazo en dirección a la puerta de madera destartalada de nuestra pequeña casa.

Gus no llegó a dormir.

Lo más probable es que se haya quedado trabajando en la finca Urriaga, pero se me hace extraño que no avisara.

No es algo propio de él.

Estos últimos días está demasiado nervioso y alterado.

Suspiro, y la discusión que tuvimos ayer me viene a la mente.

›—Voy a hablar con el señor Jeon. Él puede sacaros del país.

—Gus, estás exagerando. —Resoplo y dejo caer el tenedor sobre el plato—. No creo que Rico se atreva a…

—Lo hará —me corta, y me mira con atención con sus ojos desiguales—. Conozco a ese pequeño bastardo. Cuando quiere algo no se detiene hasta conseguirlo, y se ha fijado en ti.

—¿Cuál es el plan? —pregunto, cruzándome de brazos y arqueando una ceja—. ¿Vas a pedirle un favor a Jeon Alex? Ese cabrón te lo cobrará con intereses.

—No hables mal —me regaña, con el dedo índice en alto—. Me importa un carajo lo que me cobre. Nacho y tú os marcháis al otro lado de la frontera, aunque tenga que vender mi jodida alma al diablo para lograrlo.

Pongo los ojos en blanco por su hipocresía.

Yo no puedo hablar mal, sin embargo, él maldice como un camionero.

—Sabes que te estás metiendo en la boca del lobo. Papá siempre decía que no nos acercáramos a los Jeon. Ya estás trabajando en su casa, y ahora también quieres deberle un favor. ¿No te das cuenta de que solo nos va a traer problemas?

—¡No! —exclama, alzando la voz—. El que no entiende nada eres tú. ¡Intento protegeros! Papá y mamá están muertos. Nadie va a venir a ayudarnos. Lo único que puedo hacer es alejaros de esta mierda de lugar antes de que tú o Nacho terminéis como ellos.

Me pongo en pie y tomo una respiración profunda mientras rodeo la mesa hasta llegar a su lado.

Pongo mi mano sobre su hombro y lo escucho bufar con fuerza.

—Deja de culparte por lo que ocurrió. Fue un accidente.

—No deberían haber estado en ese supermercado. Yo… —Se le corta la voz y le doy un pequeño apretón en el hombro.

—Estaban en el lugar y momento equivocados.

—Y por eso necesito que vosotros os marchéis. —Mi hermano se levanta y, tras girarse, enmarca mi rostro con ambas manos—. Debo poneros a salvo. No puedo vivir pensando que en cualquier momento alguien va a llamar a la puerta para decirme que estáis muertos. No podría soportarlo.

Asiento y dejo que me abrace.

Rodeo su cintura con mis brazos e inhalo el agradable y reconfortante aroma de su ropa.

A veces me desquicia con su sobreprotección, pero sé que lo hace porque nos quiere; yo lo adoro también.

Gus es y siempre será mi lugar seguro.‹

—¡Jimin! ¡Jimin!

Sacudo la cabeza y fijo la vista en Nacho, que me mira frunciendo el ceño.

—¿Qué pasa? ¿Por qué gritas?

—He estado llamándote un buen rato. Llegaré tarde al colegio.

Dejo escapar todo el aire de mis pulmones y le echo un vistazo al reloj de mi teléfono.

—Sí, vámonos ya. ¿Tienes la mochila? —Señala su espalda con el dedo pulgar—. Bien, ve saliendo, ahora te alcanzo.

Me muevo por la cocina y abro uno de los cajones mientras Nacho se dirige a la puerta.

Cojo mis llaves y cuando me giro encuentro a un hombre frente a mi hermano, es alto, de piel oscura y pelo corto.

Lo reconozco de verlo por el pueblo alguna vez.

Rai, el hombre de confianza de Jeon Alex.

—Eres Jimin, ¿verdad? —me pregunta.

Asiento y un nudo de angustia se instala en mi garganta.

«Algo le ha pasado a Gus».

—¿Dónde está mi hermano? —inquiero con un hilo de voz.

Rai mira de reojo a Nacho, que parece tan asustado como lo estoy yo.

«No puede estar pasando de nuevo. Primero papá y mamá y ahora Gustavo. ¡Tiene que ser una maldita broma!».

—¿Podemos hablar a solas? No creo que…

—¡¿Dónde diablos está Gus?! —grito, y siento mis mejillas humedecerse.

Rai exhala con fuerza y niega con la cabeza.

—Lo siento mucho. Anoche tuvimos un enfrentamiento con la Policía fronteriza y…

Rai sigue hablando, pero no soy capaz de entender nada de lo que dice.

Me tiemblan las piernas y el nudo de mi garganta se desplaza hacia el centro de mi pecho, se expande y me deja sin respiración.

«Gus está muerto. Mi hermano mayor se ha ido».