Fuera del lienzo

Summary

El derecho a amar en libertad, fuera del lienzo de la fama.

Genre
Fantasy
Author
Danna
Status
Ongoing
Chapters
8
Rating
n/a
Age Rating
16+

11 A

Seúl, 11:00 AM.

El cielo se extendía como un lienzo preparado por un artista meticuloso; ni demasiado soleado, ni lo suficientemente nublado para apagar la luz. Era el tipo de clima que inyectaba una dosis de adrenalina creativa en Solène. Para ella, esa energía solo tenía un destino: el lienzo que la esperaba en su estudio.

—Mierda, ¿dónde dejé el caballete? —murmuró entre dientes.

Solène caminó con torpeza el caos de su estudio, tropezando con latas de pintura que rodaron con un estrépito metálico. Cuando finalmente lo divisó en un rincón, una chispa de triunfo brilló en sus ojos. Conectó su teléfono y, mientras los primeros acordes de Juicy de Doja Cat inundaban la habitación, comenzó su ritual. Se sentía imparable. Su pincel, un alma libre, saltaba de lo barroco a lo abstracto con una confianza ciega y a veces recreaba obras famosas con un toque personal.

Sin embargo, la inspiración es un hilo frágil. De pronto, el pincel se arrastró con un chirrido seco sobre la tela, Solène sacudió la lata con desesperación, pero el pigmento se había rendido.

—No puede ser que se me acabó justo ahora —bufó. Le dio una patada frustrada a la lata vacía, se despojó del mandil manchado y salió disparada hacia su tienda de arte favorita. No permitiría que la falta de amarillo arruinara su inspiración ella lo necesitaba y lo necesitaba ya.

Al cruzar la puerta de la tienda, Solène fue recibida por la calidez de siempre.

—¡Pintura amarilla! —exclamó con una risita ante la pregunta de la cajera, dirigiéndose al pasillo de siempre.

Allí estaba él.

Un chico alto, de espaldas, cuya presencia parecía absorber la luz del lugar.

Solène no le dio importancia; su mente estaba fija en el estante superior. Se puso de puntitas, estirando el brazo hasta que sus músculos se tensaron, pero el amarillo seguía fuera de su alcance.

—Te ayudo —una voz firme y profunda vibró a su espalda.

Solène se giró de inmediato, quedando a escasos centímetros de él. El corazón le dio un vuelco. Él le entregó la lata con una calma que ella no sentía.

—Es la amarilla, ¿no? —preguntó el extraño.

—Ah... sí —balbuceó ella, perdiéndose por un segundo en la simetría de su rostro. Había algo familiar en él, un recuerdo difuso que no lograba atrapar.

Él, por su parte, sintió el escrutinio de la chica. Estaba acostumbrado a las miradas, pero la de ella era diferente: no era de adoración, sino de genuina curiosidad artística. Se sintió extrañamente expuesto y dio un paso atrás, retirándose los lentes de sol.

—Lo siento —dijo él, tratando de justificar su actitud—. La luz últimamente me lastima la vista.

—Ah, no te preocupes, a mí también me suele pasar —respondió Solène con una risa nerviosa. Ella estaba descolocada; los chicos guapos siempre lograban desequilibrar su eje—. ¿Vienes seguido a comprar aquí?

—De hecho, es la primera vez —confesó con una media sonrisa. Se sentía inusualmente relajado en ese pasillo rodeado de óleos—. He escuchado que son de buena calidad. ¿Y tú?

—Yo vengo seguido. Hoy fue una compra de emergencia —explicó ella mientras caminaban hacia el mostrador.

Él la observaba de reojo. Le gustaba la naturalidad de su voz y cómo su coreano, aunque no fuera perfecto, tenía un encanto honesto. Pero la burbuja se rompió cuando un grupo de chicas a lo lejos empezó a susurrar.

Se tensó al instante, el miedo a ser descubierto lo tenía así. Se colocó los lentes de nuevo a toda prisa.

Solène, notando su cambio de humor, intentó suavizar el ambiente señalando la pequeña galería de la tienda a la cual lo invitó a pasar.

—¿Tú lo tomas como hobbie o es tu trabajo? —preguntó ella.

—Como hobbie —respondió él, admirando los cuadros—. Eso si mi trabajo me deja respirar.

—¿Eres más de lo moderno o lo abstracto?

—Creo que más de...

Antes de que él pudiera terminar, un flash violento estalló en el pasillo. El mundo real lo había encontrado. Él se encogió sobre sí mismo, sintiendo esa punzada de frustración que a veces le traía la fama.

—¿Estás bien? La luz fue muy fuerte, creo que fue la del techo —dijo Solène, genuinamente preocupada.

—Sí, sí... todo bien —mintió él, aunque su voz sonaba ansiosa.

Al llegar a la caja, el aire se volvió pesado. La cajera se quedó paralizada, mirándolo como si estuviera viendo a una deidad. Solène, ajena al caos mediático, decidió que no quería que él se fuera sin saber su nombre.

—Oye, ya hablamos de arte pero aún no sé tu nombre —dijo con timidez.

—Me llamo...

—¡RM! —interrumpió la cajera, entregándole la tarjeta con manos temblorosas.

Él se tensó como una cuerda de violín. Solène, procesando el nombre de dos letras, soltó una carcajada espontánea.

—¿RM? ¿Como Realismo Moderno? —preguntó, encontrándolo curioso.

Él la miró fijamente por un segundo. Ella era la primera persona en años que no reaccionaba a su nombre como todos los demás. Le pareció fascinante, pero un golpe en el cristal de la tienda lo obligó a reaccionar. Una multitud de chicas se amontonaba afuera.

—Adiós, un gusto —alcanzó a decir antes de salir casi corriendo hacia el auto que lo esperaba.

Solène se quedó allí, sosteniendo su pintura amarilla, mientras la cajera la miraba como si fuera de otro planeta.

—¿Quién es él y por qué todas lo miran tanto? Es atractivo pero... bueno, qué importa —comentó Solène, algo irritada.

—¿Vives aquí y no sabes quién es? —la cajera casi se ahoga—. ¡Es Kim Namjoon!

Solène se quedó mirando la puerta vacía. En su mente, era el chico alto que le había alcanzado la pintura amarilla y que compartía su amor por el arte.

Famoso o no, por un momento, solo habían sido dos personas hablando de pintura.

Salió de la tienda, sintiendo que el amarillo de su lata ahora tenía un matiz mucho más interesante.