Capítulo 1
Empezó cerca de un rio, observando su reflejo mientras acariciaba su vientre aun plano por encima de la tela de su vestido bordado.
El tarareo de una canción saliendo de sus labios, la dulce melodía de un anhelo desconocido.
—Ameylin— la llamaron desde la distancia
Sus dos hermanas la esperaban, la menor alzando su mano en un saludo efusivo, la mayor con una sonrisa cálida y su mano sujeta a una pequeña niña a su lado. Alrededor del cuello de las hermanas brillaban a la luz del sol tres relicarios de obsidiana, el símbolo de su hermandad.
Ameylin sonrió, ella era feliz.
…
La visión de Ameylin se desenfoco por un momento mientras trataba de recuperar el equilibrio, el molesto zumbido en sus oídos le causaba dolor de cabeza
—¿Qué paso?— se pregunto
El olor a muerte asaltaba su nariz y su cuerpo inestable solo podía aferrarse a lo que ella supuso era un árbol quemado.
En el medio de la bruma un pensamiento asalto su mente
—¡Mis hermanas!, ¿Dónde están?, ¿Dónde esta mi esposo?, ¿Y mis cuñados?, ¿Dónde esta mi sobrina?
Rodeando con fuerza su vientre que ha comenzado a crecer, obliga a sus piernas a alzarse.
Tenia que encontrarlos.
Un sollozo incontrolable guio su camino a donde el olor a quemado era mas fuerte, con cada paso que daba las figuras arrodilladas en el medio de la destrucción se hacían mas visibles.
—Aquí están— pensó aliviada
Su sobrina, su hermana menor y …
Ameylin se detuvo de golpe
Su sobrina estaba sollozando, su cuerpo tembloroso se aferraba a …
Ameylin cayo de rodillas.
—No—susurro antes de que las lagrimas cayeran por sus ojos y el mundo se volviera oscuro.
…
—Los últimos meses de embarazo son los peores— pensó Ameylin desde donde yacía en su cómoda cama.
Los últimos meses pasaron como una bruma en sus pensamientos.
Su sobrina parece cada vez mas desconectada de su entorno, desapareciendo de vez en cuando, volviéndose mas largas y frecuentes con el pasar del tiempo. Su hermana menor se preocupaba por ella pero el luto y su naturaleza sensible le impedía llamarle la atención
Ameylin se sentía mal de dejar toda la responsabilidad a su pequeña hermana pero últimamente no se sentía con energía para nada.
Ese día en particular hacia frio y no quería mas que su esposo llegara a casa y se acostara a su lado. Pensó brevemente en calentar agua para hacer una infusión, pero solo llego a su cocina antes de desplomarse agotada en la silla mas cercana, estaba a punto de usar un hechizo sencillo para que se encargara de la tediosa tarea cuando la puerta de entrada se abrió de golpe y pasos apresurados se dirigieron a ella.
—¡Ameylin!
Frente a ella su hermana la veía con ojos brillosos por las lagrimas no derramadas. Ameylin sintió un escalofrió recorrer su espalda, no estaba segura de que fuera por el clima frio.
—Ameylin, lo siento mucho.
El mundo de Ameylin se oscureció un poco mas.
…
Ameylin dejo tres flores de Xelpasutchil en la superficie del manantial al que le gustaba ir para que se fueran con la corriente, uno para su hermana, uno para su cuñado y uno para su esposo; su bebé dormía plácidamente en su espalda, había nacido hace algunos días, pero Ameylin no quería esperar más para dejar sus ofrendas aunque aun se sentía débil.
Dos semanas después Ameylin estaba en el mismo río dejando cuatro flores de Xelpasutchil, su bebé ya no estaba en su espalda.
Ameylin roció con su sangre la cuarta flor y junto con una vela encendida recito un hechizo mientras la seguía, se dejo hundirse en el agua.
Cuando despertó llego a un gran árbol donde los bebés parecían alimentarse. Con lagrimas en los ojos dio un paso mas cerca de los bebés antes de que una enorme pantera negra se interpusiera en su paso y todo a su alrededor se oscureciera.
Ameylin se despertó enfrente de los reyes del Mictlan y pidió que le regresaran a su bebé.
Ambos reyes se miraron y dijeron que podría ver a su bebé una vez al año, pero Ameylin se negó, eso no era lo que ella quería.
—¿Qué es lo que quieres entonces?— preguntaron ambos
—Verla crecer, verla reír, verla hacer amigos
—Los muertos no pueden vivir— respondió la voz imponente del señor del Mictlan
—Déjame llevarla de vuelta— suplico Ameylin
—No— susurro la voz suave de la reina —No puedes llevarla de regreso, la congelaras en el tiempo, sin poder escapar, eso es mas cruel que la muerte.
Ameylin lloro desconsoladamente, pero su voz sonó determinada en su decisión.
—No me rendiré, me llevare a mi bebé
El señor del Mictal se levanto de su trono y alzando una mano dijo.
—Entonces sufrirás su destino, hasta que el cuerpo de tu bebé crezca, ría y haga amigos tu tiempo será congelado.
—Mientras tu alma no sea libre, el alma de tu bebé tampoco lo será— susurro la reina
…
Los años pasaron y no se volvió a saber de Amelyn. Un día cerca del rio una mujer mayor posaba con delicadeza seis flores en el agua cristalina, 2 para sus hermanas, dos para sus cuñados, una para su sobrina y finalmente una para su propio esposo. Sus ojos que una vez brillaban por la juventud ahora se oscurecían con el velo de la edad miraban con tristeza el deslizar de las flores.
Al otro lado del rio sin dejarse ver una figura alta y joven, ataviada con un vestido elegante, también veía las flores acercarse, se inclino y tomo entre sus manos pálidas la ultima que se acercaba.
—Hola— susurro muy lentamente mientras partículas doradas se arremolinaban alrededor de la flor.
Dejo que el cálido sentimiento la inundara antes de continuar.
—Te llevare al inicio del rio Chiconahuapan , después de ahí debes de continuar tu viaje solo.
Había susurrado las mismas palabras a muchas otras almas a través de los años pero dolía más decirlas a una alma conocida.
Sus ojos que eran como cuencas vacías con el iris como el de una calavera vieron por ultima vez a la mujer solitaria en la orilla del rio y tragándose el sentimiento de culpa dio la vuelta y se perdió junto al silbido del viento.
Los tres relicarios alrededor del cuello de la anciana, nunca volvieron a brillar como antes.