MEXARG. 01
Los dos se miraban fijamente a los ojos, el deseo crudo y animal brillando entre ellos como una llama que amenazaba con quemarlos vivos. El mexicano tenía acorralado contra la pared al bicolor, que estaba completamente sonrojado, jadeante y con las piernas temblando de anticipación. El aire entre ellos se sentía espeso, cargado de puro sexo reprimido.
─── ¿Qué carajo intentas con esto, eh? ───le preguntó México, recorriéndolo de arriba abajo con una mirada hambrienta, deteniéndose sin vergüenza en cada curva obscena de su cuerpo.
Argentina traía puesto un short de jean tan jodidamente ajustado y corto que parecía pintado sobre su piel. La tela se hundía entre sus gruesos glúteos, marcando la hendidura de su culo de manera brutal, haciendo que sus nalgas redondas y jugosas se notaran como si estuvieran pidiendo a gritos que las manosearan, las azotaran y las abrieran. Arriba llevaba una remerita cropped blanca, tan corta que dejaba al descubierto todo su abdomen tonificado, el ombligo tentador y esas caderas anchas y suaves que se curvaban de forma pecaminosa hacia su cintura estrecha. Sus tetillas se marcaban ligeramente contra la tela fina, y el conjunto entero gritaba “fóllame ya”.
─── ¿Por qué intentaría algo? ───respondió Argentina con voz coqueta, ronroneante, mientras posaba una mano suave sobre el pecho duro de su novio, acariciándolo lentamente con las yemas de los dedos.
Amaba provocar a México de esta forma. Le encantaba ver cómo se le endurecía la polla bajo los pantalones cada vez que lo veía vestido como una puta barata, cómo le brillaban los ojos de celos y lujuria mezclados. Sabía perfectamente el efecto que causaba.
─── Sabes muy bien que no me gusta que los demás te vean así, como una zorra en celo ───gruñó México entre dientes, claramente celoso, con la voz baja y peligrosa.
El albiceleste había estado paseándose así toda la maldita mañana. Para llegar hasta la casa de su novio había tenido que caminar varias cuadras bajo el sol, con ese short que apenas le cubría la mitad del culo. Sabía que todos los tipos que se cruzaban lo miraban: algunos con envidia, otros con ganas de arrancarle la ropa y follárselo ahí mismo en la calle. Y eso, en lugar de avergonzarlo, lo ponía cachondo.
─── Deah, no seas tan celoso, mi amor… ───contestó Argentina soltando una risita traviesa, mordiéndose el labio inferior─. Sabes bien que vos sos el único al que quiero. Ellos solo me vieron con ropa… vos sos el único que me ve sin nada, el único que me abre las piernas y me mete la verga hasta el fondo.
México sonrió, divertido y excitado a partes iguales. Negó con la cabeza, pero no pudo evitar que su mano bajara hasta la cadera de Argentina, apretando la carne suave con fuerza.
─── Eres un puto provocador, ¿lo sabías? ───murmuró, inclinándose hasta que sus labios casi rozaban los del argentino─. Te encanta que te miren el culo, que se les pare la verga viéndote mover esas nalgas gordas mientras caminas.
Le agarró el mentón con firmeza y le dio un beso profundo, romántico al principio, pero rápidamente se volvió húmedo y sucio. Sus lenguas se enredaron con hambre, intercambiando saliva mientras México presionaba su cuerpo contra el de Argentina, dejándole sentir la dureza creciente de su polla gruesa contra el vientre.
─── Digas lo que digas ───continuó México cuando se separaron, con la respiración agitada─, sé muy bien que intentas provocarme con esas lindas curvas de puta. Pero esta vez no me voy a dejar llevar tan fácil por tu culazo y tus tetitas marcadas.
Sin embargo, mientras decía eso, su mano traicionera bajó más, agarrando un puñado generoso de la nalga derecha de Argentina y apretándola con fuerza, separándola ligeramente como si ya estuviera imaginando cómo la iba a abrir después. El argentino soltó un gemidito ahogado, sintiendo cómo su propio short se apretaba contra su agujero y su pija empezaba a hincharse.
México se alejó un paso, dejando de acorralarlo. Lo miró de pies a cabeza con una sonrisa arrogante, disfrutando del espectáculo: el short clavado entre las nalgas, la remera subida dejando ver la piel suave del abdomen, las piernas suaves y el bulto cada vez más evidente entre los muslos de Argentina.
─── Si no quieres quedarte ahí solo como un perrito en celo, mueve ese enorme y jugoso trasero y ven a la habitación ───dijo divertido, dándose la vuelta y caminando hacia su cuarto con paso lento, sabiendo que su novio lo seguiría como un cachorro desesperado.
Argentina se quedó un segundo paralizado. Su “provocación” no había funcionado como esperaba. México parecía demasiado controlado, demasiado tranquilo. ¿Acaso no iba a follarlo salvajemente contra la pared como otras veces? ¿No iba a arrancarle el short y meterle la verga gruesa hasta el fondo sin piedad? Sintió una mezcla de frustración y excitación enfermiza. Lo peor era que su culo ya palpitaba de necesidad, vacío y ansioso por ser llenado.
Pero no pensaba rendirse tan fácil.
Corrió detrás de México, sus nalgas rebotando obscenamente con cada paso dentro de ese short ridículamente pequeño. Cuando entró a la habitación, México ya estaba sentado en el borde de la cama, con las piernas abiertas y una expresión de superioridad en la cara.
─── ¿Y? ───preguntó Argentina, acercándose con paso seductor, moviendo las caderas de forma exagerada─. ¿De verdad no te provoca nada verme así? ¿No quieres agarrarme, bajarme el short y meterme los dedos en el culo hasta que grite?
México soltó una carcajada baja y oscura.
─── Claro que me provoca, mi puta favorita. Me tiene la verga dura como piedra desde que entraste por la puerta. Pero hoy quiero que seas tú quien me ruegue. Quiero verte arrastrarte, verte babear por mi verga.
Argentina se mordió el labio, sintiendo cómo su agujero se contraía solo de imaginarlo. Se acercó hasta quedar entre las piernas abiertas de su novio y lentamente se arrodilló, mirando hacia arriba con ojos brillantes de lujuria.
─── ¿Quieres que te ruegue? ───susurró, apoyando las manos en los muslos fuertes de México─. Bien… por favor, mi amor. Tengo el culo vacío desde ayer. Lo necesito lleno de tu verga gruesa, bien profundo, hasta que me revientes el intestino. Quiero que me folles como la zorra que soy, que me dejes el culo rojo de tanto azotarme y chorreando de tu leche caliente.
Mientras hablaba, sus manos subían por los muslos hasta llegar al bulto enorme que se marcaba en los pantalones de México. Lo acarició por encima de la tela, sintiendo cómo palpitaba y crecía bajo su palma.
México gruñó, agarrándole el pelo con fuerza.
─── Eso es, mi putita. Sigue hablando sucio. Dime exactamente qué quieres que te haga.
Argentina se lamió los labios, ya completamente entregado.
─── Quiero que me arranques este short de mierda, que me abras las nalgas con tus manos grandes y me escupas directo en el agujero. Quiero sentir tu lengua metiéndose dentro, lamiéndome por dentro hasta que me corra solo con eso. Después quiero que me metas dos, tres dedos, que me prepares bien abierto para tu verga monstruosa. Y cuando estés listo, quiero que me folles sin condón, sin piedad, clavándomela hasta los huevos una y otra vez mientras me llamas puta, zorra, tu hembra. Quiero que me llenes el culo de leche espesa, que me dejes chorreando, que me uses como tu juguete sexual personal.
México respiraba pesado, los ojos oscuros de puro deseo. Tiró del pelo de Argentina hacia atrás, obligándolo a mirarlo.
─── Levántate y date la vuelta. Muéstrame ese culazo que tanto me provocaste toda la mañana.
Argentina obedeció al instante, poniéndose de pie y girándose. Se bajó el short lentamente, dejando que la tela se deslizara por sus nalgas redondas y suaves hasta quedar completamente desnudo de la cintura para abajo. Su culo quedó expuesto: dos globos perfectos, blancos y suaves, con una hendidura profunda y un agujerito rosado y apretado que ya se contraía de anticipación. Su pija, semi-dura, colgaba entre sus piernas, goteando ya un hilo transparente de precum.
México se levantó, pegándose a su espalda. Una mano grande bajó y agarró todo el culo de Argentina de una sola vez, amasándolo con fuerza, separando las nalgas para exponer mejor el agujero.
─── Mira nada más… todo el día paseándote con este culito al aire, dejando que cualquiera se imagine follándotelo. Pero este culo es mío. Solo mío para romperlo.
Le dio una nalgada fuerte, el sonido resonando en la habitación. Argentina gimió alto, empujando el culo hacia atrás buscando más.
─── Sí… azótame más fuerte. Castígame por ser tan puta.
México no se hizo rogar. Le dio varias nalgadas seguidas, alternando entre ambas nalgas hasta que quedaron rojas y calientes. Después se arrodilló detrás de él, separó las nalgas con ambas manos y escupió directamente sobre el agujero fruncido. El escupitajo caliente se deslizó por la entrada, y México no perdió tiempo: hundió la lengua dentro sin aviso, lamiendo y penetrando el interior suave y caliente de Argentina.
─── ¡Ahhh! ¡Joder, sí! ───gritó Argentina, apoyándose en la cama con las manos, arqueando la espalda para ofrecer mejor su culo─. Méteme la lengua más adentro… lámeme como si quisieras comerme el culo entero.
México comía el culo con hambre voraz: lengüetazos largos, succionando, metiendo la lengua lo más profundo posible mientras sus manos seguían amasando y azotando las nalgas. Argentina gemía como una perra en celo, moviendo el culo contra la cara de su novio, completamente perdido en el placer.
Cuando México consideró que ya estaba suficientemente mojado y abierto, se incorporó, se bajó los pantalones y dejó que su polla gruesa y venosa saltara libre. Era grande, pesada, con la cabeza hinchada y ya brillando de precum. La frotó entre las nalgas de Argentina, deslizándola arriba y abajo por la hendidura, sin entrar todavía.
─── ¿Esto es lo que querías, verdad? ¿Mi verga abriéndote el culo?
─── Sí… por favor… métemela ya. No me hagas esperar más ───suplicó Argentina, empujando hacia atrás desesperado─. Quiero sentir cómo me partes en dos.
México agarró sus caderas con fuerza y empujó. La cabeza gruesa de su polla forzó la entrada apretada, abriéndose paso centímetro a centímetro hasta que los huevos chocaron contra las nalgas suaves de Argentina. Ambos soltaron un gemido gutural.
─── Tan apretado… siempre tan jodidamente apretado ───gruñó México, empezando a moverse con embestidas lentas pero profundas al principio, disfrutando de cómo el culo de su novio lo estrujaba.
Pronto aceleró el ritmo, follando con fuerza, el sonido de piel contra piel llenando la habitación junto con los gemidos obscenos de Argentina.
─── ¡Más fuerte! ¡Fóllame más duro! ───gritaba─. ¡Quiero que me destroces el culo! ¡Quiero que me dejes caminando raro por días!
México lo agarró del pelo, tirando su cabeza hacia atrás mientras lo penetraba sin piedad, cada embestida haciendo rebotar las nalgas de Argentina.
─── Eres mi puta personal. Mi argentino favorito para descargar toda mi leche. ¿Quieres que te llene? ¿Quieres que te deje el vientre hinchado de semen?
─── ¡Sí! ¡Lléname! ¡Córrete dentro! ───suplicó Argentina, masturbándose al mismo tiempo, su propia pija goteando sobre las sábanas.
Con un rugido animal, México dio unas últimas embestidas brutales y se enterró hasta el fondo, corriéndose con fuerza. Chorros calientes y espesos de semen inundaron el interior de Argentina, llenándolo hasta rebosar. El argentino también se corrió casi al mismo tiempo, manchando la cama con su leche mientras su agujero palpitaba alrededor de la verga que lo follaba.
México no salió inmediatamente. Se quedó dentro, moviéndose lentamente, empujando su semen más profundo.
─── Esto es lo que pasa cuando provocas a tu novio todo el día, mi zorra ───susurró contra su oído, mordiéndole el lóbulo─. Ahora vas a quedarte con el culo lleno de mi corrida el resto del día. Y esta noche… vamos a repetir, pero más fuerte.
Argentina solo pudo gemir, exhausto y completamente satisfecho, sintiendo cómo el semen caliente empezaba a escaparse alrededor de la polla todavía enterrada en él.
─── Sí… soy tu puta… siempre.
Y así, con el culo rojo, abierto y chorreando, Argentina supo que su provocación había funcionado mejor de lo que jamás imaginó.