Chapter 1
La noche fría cayó sobre las calles de Vargheim, empañando las ventanas de cada vivienda.
El viento se deslizaba entre los callejones, arrastrando consigo un silencio pesado, como si la ciudad contuviera el aliento.
Dentro de esas casas, la vida seguía…
En una de ellas, una joven de cabello lacio y rasgos finos —pero que imponían respeto— se encontraba preparando la cena.
Vestía el uniforme de general del ejército, perteneciente a la primera unidad, el “Grupo Alpha Uno”. Sus colores oscuros contrastaban con el ambiente cálido de la cabaña.
Pero sus ojos…
eran iguales a su uniforme.
Vacíos.
No había calma en ellos.
Nunca la hubo.
Y menos ahora que ocupaba el cargo de general primero.
El nombre de aquella mujer, tan hermosa como distante, era Gersemi.
Un nombre con un significado muy distinto a su realidad… uno que, de alguna forma, la atormentaba.
Continuó cocinando en silencio hasta que el sonido de caballos agitados rompió la calma del exterior.
No se sobresaltó.
Nunca lo hacía.
Aun así, dejó lo que estaba haciendo y salió.
Afuera la esperaban varios oficiales, aún montados, con la urgencia marcada en el rostro.
—General —dijo uno de ellos, inclinando ligeramente la cabeza—. Se la requiere en la casa del príncipe Harald. Es una misión urgente. La necesitamos ahora.
Gersemi no respondió de inmediato.
Tomó el papiro que le extendían y lo abrió con calma, como si el tiempo no pesara sobre ella.
Sus ojos recorrieron las líneas rápidamente.
Una misión de rescate.
Uno de los hombres del consejo había sido capturado por mercenarios.
Se preparó en silencio.
Tomó su espada y montó su caballo, inhalando hondo, obligándose a mantenerse serena pese a la urgencia en la voz del soldado.
Aproximadamente treinta minutos después, Gersemi llegó al castillo del príncipe.
Fue recibida con respeto… y con miedo.
Como siempre.
Cruzó los grandes portones sin detenerse, el eco de sus pasos marcando su presencia en los pasillos de piedra.
Cuando finalmente entró en los aposentos del príncipe, se arrodilló en señal de respeto.
—Hola, Gersemi.
La voz de Harald era cálida, casi fuera de lugar en medio de tanta tensión.
Se acercó a ella y le tendió la mano para ayudarla a levantarse.
Cuando quedaron a la misma altura, la miró con una sonrisa suave, como si por un instante no existieran rangos ni responsabilidades.
—Hola, Harald. Cuánto tiempo.
Gersemi respondió con la misma calma, aunque sus ojos no reflejaban lo mismo.
Entonces lo abrazó.
Un gesto simple.
Antiguo.
Familiar.
Pero viniendo de un general y un príncipe… se sentía más íntimo de lo que debería