Primer encuentro
El clima se sentía fresco, de ese modo que invita al silencio. Estaba sentada en las escaleras, con el libro de Kant abierto entre mis manos, cuando de repente escuché una puerta abrirse.
Levanté apenas la vista.
Era una chica de cabello corto, ojos claros y más o menos de mi altura. La reconocí enseguida: era la chica de la facultad de Ingeniería, la que solía ver riendo con sus amigas cerca de la cafetería.
—Eh... hola —me dijo con una sonrisa suave, pasándose una toalla por el cuello. Su respiración aún parecía agitada, como si acabara de terminar un partido.
—Hola —respondí sin apartar la mirada de las páginas.
—¿Qué haces aquí?
—Leyendo. Es cómodo este lugar, y no hay tanto ruido.
—¿Aquí? ¿En unas escaleras duras y frías? ¿Al lado de la cancha de baloncesto?
—Sí —contesté seca, aunque en el fondo me hizo gracia su tono incrédulo.
—Okey... no critico —dijo, alzando las manos como si se rindiera.
Hubo un breve silencio. Solo se oían las pelotas rebotando en la cancha y el canto lejano de un pájaro.
—Oh, me llamo Emma, por cierto.
—Jenna —dije alzando un poco la mirada. Nuestros ojos se cruzaron apenas un segundo, pero fue suficiente para notar que los suyos brillaban, como si todo le causara curiosidad.
—¿Y qué estás leyendo?
—Crítica de la razón pura, de Immanuel Kant.
—Ohhh, ni idea de qué libro es. ¿De qué trata?
—Es un estudio sobre cómo y hasta dónde puede conocer el ser humano. Sostiene que el conocimiento surge de la unión entre la experiencia y las estructuras de la mente. Dice que solo podemos conocer los fenómenos, no las cosas en sí mismas, por lo que la razón debe reconocer sus propios límites.
—Ohhh... no entendí nada.
—Básicamente, trata de cómo el ser humano conoce el mundo y cuáles son los límites de ese conocimiento.
—Ahhh, ya. Ahora sí te entiendo mejor. Una pregunta: ¿eres de primer año? Porque nunca te había visto en la facultad.
—Es porque no soy de esta facultad.
—¿Ah, no? ¿Entonces de qué facultad eres?
—Filosofía. Y soy de tercero.
—Claro, debí suponerlo por el libro que estás leyendo —dijo sonriendo.
—De tercero... Interesante, yo soy de segundo.
—Lo sé.
—¿Cómo sabes eso?
—Eres bastante famosa en la universidad. No importa en qué facultad preguntes, de seguro te conocen.
—Ah, no sabía eso... jajaja.
—¡EMMAAA, VEN RÁPIDO A JUGAR! —gritó una voz desde la cancha.
Ella me miró por un instante, dudando entre quedarse o irse.
—Uy, tengo que irme, pero fue un placer conocerte, Jenna.
Y se marchó, corriendo con esa energía que llenaba el aire.
Me quedé observando el lugar por un momento, escuchando cómo el eco de su voz se perdía entre los rebotes de la pelota.
Luego, volví a mi libro.
Y el silencio volvió conmigo, aunque ya no sonaba exactamente igual.
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