EL BUEN SAMARITANO

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Summary

Malik Jovanović, tiene cuarenta y cuatro años, es un hombre solitario, extraño, de esos que infunden miedo cuando se le quedan mirando; no obstante, las apariencias engañan… Malik es un reconocido altruista de la ciudad de Subotica, sin duda un hombre respetado y querido por todos los pobladores, hasta le tienen un apodo gracias a su buen corazón y generosidad: “El Samaritano de Subotica”. Un rumor recorre las calles y susurra que Malik es un monstruo sin alma, otro rumor se pasea a los cuatro vientos musitando que es un nacionalista, quizá el último nacionalista de su raza y que hará lo que sea necesario por salvar a su gente. Cuentos que no son cuentos lo invita a adentrarse en la fosa mental de un hombre indescifrable al que usted podrá juzgar como monstruo o salvador. Nota del autor: TERRORIFICA, INJUSTA, DRAMATICA. UNA NUEVA TENDENCIA DEL HORROR CONTEMPORANEO.

Genre
Horror
Author
Yonhatan07
Status
Complete
Chapters
3
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo 1. EL ÁNGEL.

SERBIA/ SEPTIEMBRE 20/20

Se encontraba en la soledad de su viejo despacho, visiblemente deteriorado por el paso del tiempo… mantenía las piernas cruzadas, sentado sobre un sillón roído de acolchado color rojo; con sus dedos sucios pasaba las páginas de un libro de hojas ajadas y amarillentas, se detuvo para leer la célebre frase de Maquiavelo: “El fin justifica los medios”, en un ejemplar desgastado de “El Príncipe”, que había tomado de la biblioteca de su fallecido padre.

Cerró de golpe el ejemplar de pasta dura que ya se había leído unas cinco veces y pensó de nuevo en el significado de la emblemática frase; entendía que: “cuando el objetivo final es importante, cualquier medio para lograrlo es válido”. MalikJovanović, tiene cuarenta y cuatro años, es un hombre solitario, extraño, de esos que infunden miedo cuando se le quedan mirando; no obstante las apariencias engañan... Malik es un reconocido altruista de la ciudad de Subotica, al norte de Serbia. No cabe duda que es un hombre respetado y querido por todos los pobladores, hasta le tienen un apodo que se ha ganado gracias a su buen corazón y generosidad: “El Samaritano de Subotica”.

Los ojos azules del buen Samaritano oponían resistencia al sueño, pero comenzó a adormecerse en zigzag hasta que los parpados terminaron por rendirse. El mentón de Malik se clavó sobre su pecho domado por un intenso letargo.

Un sonido lejano agobiaba su mente…

El sonido se hacía más fuerte…

Malik se vio cuando era niño, vestido de pantalón corto y de saco sastre. Hacia rebotar una pelota contra el piso empedrado de una calle cerrada decorada con tres contenedores de basura... hojas de periódicos regados por el piso, envolturas de comida, y un gato con el pelaje mojado que hurgaba comida al interior de uno de los contenedores... de pronto, un lamento aterrador lo hizo girarse, el gato salió despavorido y con gran habilidad escaló hasta un tejado... el sonido se hizo más fuerte... el niño apretó los puños y dejó la pelota para seguir el chillido.

El niño ingresó en la carnicería y caminó por la bodega en busca de ese lamento que molestaba sus oídos. Le sorprendió no ver a su padre salando la carne, como siempre, así que comenzó a llamarlo, pero su padre no le respondió.

El niño se adentró con cierta vacilación... examinó la bodega mirando para todos lados, pero no vio nada extraño, aparte de sacos de sal, y un par de refrigeradores anticuados atestados de carne.

Se detuvo en medio del salón cuando el chillido quemó sus oídos con más intensidad, así que el niño los tapó con sus pequeñas manos, pero el lamento no cesaba, por el contrario se hacía más agudo.

Malik hundía con fuerza sus palmas en las orejas y se puso en cuclillas sin resistirse a la perturbación que los lamentos provocaban en él; de pronto, vio una puerta falsa camuflada sobre el piso, una puerta grande por donde fácilmente cabría una vaca…

El pequeño Malik quiso abrir la puerta, pero se detuvo porque pensó que estaría muy pesada para él… sin embargo, en su primer intento pudo abrir ambas puertas, no estaban tan pesadas después de todo.

Las portezuelas sobresalían del suelo dando paso a una boca que enseñaba una dentadura de escaleras que conducían a una oscuridad perturbadora.

El chillido se hizo más claro, cómo una súplica.

El niño se armó de valor, sin dejar de sentir opresión en su pequeño pecho que se inflaba y se hundía a ritmo veloz. Cerró los ojos, apretó los puños y descendió el primer escalón hacia el mundo prohibido de la cripta que ocultaba su padre.

Sus ojos se abrieron de par en par al descubrir un salón más inmenso que la carnicería de la superficie, era como un laberinto gigante, trazado con recovecos y pasadizos tan largos hasta donde el ojo alcanzaba a ver.

El niño tomó el camino del pasillo más extenso y con el primer paso las luces se encendieron gradualmente.

Ese chillido retumbaba más fuerte allí abajo.

La luz se encendía por tramos con su avanzar.

El sonido provenía de algún lugar en el interior de aquel laberinto subterráneo, y Malik quería descubrirlo.

De repente atravesó una puerta y se halló en medio de oscuridad y corrientes de frío, en ese salón la luz no se encendió al ritmo de sus pasos, y sin saberlo estaba rodeado de reses colgadas en canaletas, bandejas con trozos de carne y canecas rebosantes de vísceras. El frío del cuarto oscuro le hizo frotarse las manos… allí no estaba su padre, y cuando se chocó con la primera res que se cruzó en su camino echó carrera para salir del cuarto aterrorizado… las reses colgadas le golpeaban sin proponérselo en su desespero por hallar la salida. Malik trastabilló y cayó, pero pronto se puso de pie purado encontró una puerta en la parte de atrás…

—¡Gloria a Dios! —dijo, y salió… pero al entrar al siguiente salón tuvo que entrecerrar los ojos por la intensa luz condensada en ese pequeño espacio...

Su padre estaba allí, con la espalda vuelta hacia él; su llegada había pasado inadvertida.

Los quejidos provenían de un cochinillo que su padre sujetaba entre las rodillas cubiertas por un delantal de cuero. Había llegado justo en el momento en el que descendía el pesado mazo que tenía sostenido en la mano y cuando chocó contra la cabeza del lechón se oyó un repugnante golpe seco, y el chillido cesó.

Su padre dejó el mazo a un lado sobre una mesa de herramientas puestas en orden según el tamaño… el viejo sacó un cuchillo de hoja delgada de un bolsillo del delantal y lo pasó rápidamente por el cuello y la nuca del animal.

Los chorros de sangre cayeron en los adoquines y el desagüe hasta que finalmente cesaron.

En ese momento, su padre se percató de su presencia, agrandó los ojos y dejó caer el cochinillo al suelo. Apurado se limpió las manos ensangrentadas sobre el cuero del delantal y le puso las manos en los hombros a Malik, le dio la vuelta para que no viera al agonizante cochinillo y lo acompañó de vuelta al cuarto frío, no quiso encender las luces para que no viera la mortandad de reses colgadas.

Salieron del cuarto frío, colgó el delantal manchado de sangre en la puerta de la despensa. Malik estaba hecho un mar de lágrimas… el padre le miró fijamente y le habló, suave y paciente, sobre la triste necesidad de utilizar la violencia en esta vida para sobrevivir.

—¡Mirame, Malik! —le dijo el padre.

De pronto, Malik abrió los ojos de par en par y despertó de ese horrible sueño, estaba sudoroso con la garganta seca… pero bien sabía que no era un sueño, mas sí un recuerdo tan descompuesto que había vivido con su padre que le costaba creerlo, así que desde entonces decidió ocultarlo en su memoria.

Se levantó del viejo sillón, caminó hasta la biblioteca y ubicó el libro. Se alisó el cabello frente a un espejo clavado en la agrietada pared y se quedó mirando su imagen sin pestañear.

Lleva varias noches sin dormir. Las ojeras ya se le marcaban como las de un mapache. Se quedó ensimismado en un silencio profundo sin apartar su mirada de sus mismos ojos en el espejo… enredó su dedo índice en un cadejo de su cabellera y comenzó a jugar con el rulo sin apartar la mirada del espejo, reía y ponía cara de serio, de nuevo reía y ponía cara de serio, sacaba la lengua, fruncía el ceño, inflaba los cachetes, sacaba la lengua… y así permaneció por un rato hasta que el timbre de la carnicería le hizo volver en sí.

Debía atender a un cliente, o quizá se trata de un vagabundo en busca de un pedazo de carne para pasar el hambre.

Apartó la mirada del espejo y caminó por un pasillo estrecho bajo la mirada vigilante de su abuelo y de su padre, inmortalizados en dos grandes cuadros de tres metros de alto, fijos a una pared de ladrillos sin revocar. Malik les sostuvo la mirada a sus ancestros y caminó hasta la cava en busca de un trozo de carne.

Pese a ser el dueño de una de las carnicerías más prestigiosas de Subotica, pareciera que su carnicería se había quedado congelada en el tiempo, allí todo era antiguo: las estanterías, la cava, el anuncio, el teléfono, los cuchillos, el hacha.

Malik conservaba el negocio tal y como su abuelo se lo dejó a su padre, y como su padre se lo heredó a él. Hurgaba dentro de la cava en busca de un buen pedazo de carne para ofrecer al inquieto visitante que llama al timbre con insistencia desde la recepción.

El carnicero se puso el delantal de malla metálica, el mismo que usó su abuelo cuando apenas era un joven y comenzó con el negocio familiar «Los de malla metálica son mejores porque la sangre les sale fácil» le repetía su abuelo en su mente.

Malik sonrió ante el visitante, un hombre calvo y gordo, de tez enrojecida y rostro preocupado…

—¡Samaritano! ¡Samaritano! ¡Estoy buscando al Samaritano! — su acento era albanes.

Malik se encrespó un cadejo de cabello en el dedo índice y levantó las cejas...

— ¡Ese soy yo!

El hombre gordo agrandó los ojos y pareció recuperar la esperanza. Señaló a su esposa y a sus dos hijos que le esperaban fuera del local, apostados en frente, con sus rostros marchitos y hambrientos.

— ¡Gente decir que usted poder ayudar a albaneses!

El bueno de Malik comprendió que el mal que agobia a aquel hombre de rostro marchito era el hambre. No le gustaba humillar a las personas haciéndoles suplicar por un pedazo de carne para alimentar a su familia, no, nada de eso, Malik es un hombre consciente al que le gusta ayudar a cuanto desafortunado toca a su puerta. La misión de su abuelo, de su padre y de él, es calmar el hambre de los refugiados de Subotica, y siempre la casa de los Jovanović lo ha venido cumpliendo desde hace más de tres generaciones.

El bueno de Malik pesó tres kilos de carne, y se dispuso a rebanarlos con un afilado cuchillo en delgadas tajadas sobre la plancha de loza para picar, cuando terminó dejó el cuchillo a un lado y empacó la carne en una bolsa que le entregó al viajero.

— ¡Gracias! ¡Gracias! ¡Gracias! — Recitaba el gordo enseñando desde la distancia la bolsa a su esposa e hijos, — ¡Es usted un ángel, Señor!

Malik, le hizo una venia, — ¡Siempre a la orden, forastero!

El hombre se fue feliz junto a su familia quienes apurados se perdieron calle abajo.

El covid-19, ha cambiado la vida de todos en el planeta. El desempleo y el hambre llegaron para reinar junto al caos que generó el virus iolencia, miedo, desigualdad social.

«Debo ayudar a todos» pensó Malik «Mi abuelo lo hizo, mi padre lo hizo, yo no seré la excepción» enredó su dedo índice en un cadejo de su enmarañado cabello y comenzó a desenrollarlo, su mirada se quedó congelada, pero su mente estaba en otro sitio... en un recuerdo, en un pensamiento que no le permitía ni siquiera parpadear.

El reloj en la pared marca las siete de la noche, ya era hora de cerrar la carnicería. Malik volvió en sí, meneó la cabeza de un lado para el otro, se despojó del delantal de malla metálica y de los guantes de cuero negro, pero en ese momento una escultural rubia ingresó abruptamente al local suplicando por ayuda.

— ¡Calma mujer! Calma, — le atajó Malik.

Lucía alterada, apresurada, nerviosa... se podía apreciar el horror en su rostro.

— ¡¿E…Es usted?! ¡¿Usted es el Samaritano?!

La chica se notaba exhausta, parecía que hubiese participado en una maratón.

— Por favor, ayúdeme, necesito refugio y alimento por unos días.

La mujer ocultó la mirada y luego levantó el rostro para clavar sus ojos miel sobre el bueno de Malik…

— Provengo de Kosovo, el ejército me persigue.

Sus ojos se aguaron y resopló con voz temblorosa…

— Asesinaron a mi esposo, a mi madre, y yo…

La mujer hizo una pausa para recobrar el aliento, tragó en seco y apretó los dientes para no llorar…

—Debo cruzar hacia Hungría donde me esperan mis dos pequeños hijos refugiados en un convento de hermanas de la caridad.

Malik, se quedó mirándola.

La visión de la mujer se nubló debido a las lágrimas que no pudo contener, y desesperada hundió su rostro en las palmas de sus manos.

— ¡Se lo ruego, señor!

Malik, le sirvió un vaso de agua y la mujer lo bebió de tajo, estaba sedienta.

El buen samaritano esbozó una sonrisilla y le acarició el rostro con sus dedos salpicados de sangre seca, — No os preocupéis, no la dejaré sola, aquí cuenta con una cama tibia, además de las tres comidas diarias hasta que pueda organizar sus cosas. Solo le pondré una regla.

La mujer escuchaba sin interrumpirle.

— Nadie debe saber que se oculta en mi casona. Nadie debe saber que tocó la puerta del Samaritano. Verá mujer, el gobierno no me molesta debido a que mis respetables ancestros mantuvieron un bajo perfil ngañaron al gobierno acerca de nuestro verdadero propósito que no es otro que el de ayudar a refugiados como usted. Piensan que solo tengo un equeña carnicería en el centro que ayuda únicamente a los habitantes de Subotica.

La mujer se tumbó a los pies del hombre y le besó las manos sin importarle que las tuviera manchadas de sangre de animal, lo único que quería era demostrar su agradecimiento.

— Es usted un buen samaritano. — Fregó sus lágrimas con el dorso de sus dedos y añadió, — más que un buen samaritano es un ángel, un ángel de Dios.

Él le ayudó a ponerse en pie, y como si la conociera de toda la vida le dio un abrazo cálido...

— Todo va a estar bien, — le susurró acunándola en su pecho.

La chica cerró los ojos y asintió…

— Misha, es mi nombre.

— Malik, es el mío.