Galo's Inferno

All Rights Reserved ©

Summary

Desde tiempos inmemoriales, los Demonios han sido criaturas que van de la mano con lo maligno, pero... ¿Qué pasaría si un humano fuese pareja de uno? Bueno, esa es la historia de Galo, el chico que se enamoró de una Demonio y que junto a ella, vivió una aventura que, sin saberlo, se convertiría en su propio Infierno...

Status
Complete
Chapters
17
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo 1: Las penas de Galo

Acérquense, acérquense jóvenes y viejos, grandes y chicos, hombres y mujeres… Hoy, están aquí reunidos para escuchar la historia de un pobre chico, cuya maldición fue su propia decisión. Sin más que agregar, traigan sus botanas y dulces favoritos, porque esta historia es de Galo, el chico maldito.

Para comenzar, déjenme presentarles a la persona que acabo de mencionarles, Galo; Él, era un chico como cualquier otro, era educado, a veces un poco enérgico, y también algo despistado. Vivía con sus padres, pero pensaba en irse pronto, ya que hace nada había cumplido por fin los dieciocho años de edad, y siempre había sido uno de sus sueños vivir en su propia casa, y entrar a la universidad, cosa que, hasta el momento, le estaba saliendo a la perfección.

Todos los días estudiaba, ya fuera para una prueba, o tan solo para matar el tiempo. Eso era algo que sus padres siempre habían amado de él, y se lo hacían saber cada que lo veían en eso. Sin embargo, esta forma de ser, hizo de él una persona bastante… Solitaria; No tenía un mejor amigo, ni mucho menos una novia o algo parecido, pero, para él, eso estaba bien.

Ante este tipo de situaciones, como la soledad y las adversidades, siempre repetía la misma frase que aprendió hace bastantes años por uno de sus autores favoritos; “Acepta todo tal y como es”, de Miyamoto Musashi. Esto retrataba su paciencia, y la carencia de necesidad por obtener las cosas en el momento; Siempre tuvo presente la idea de que algún día llegarían.

Sin embargo, había cierto personaje que se apareció en su vida, que lo hizo caer poco a poco en las garras del amor… Su nombre, era Caterina.

Esa chica despertaba cierto sentimiento de pertenencia dentro del corazón del chico, era, por así decirlo, la única persona cercana que tenía en su escuela. Se conocieron hace años, prácticamente desde que eran unos niños; Fue un día en el que Galo estaba sentado debajo del único roble de la escuela, estaba leyendo, y allí fue cuando la vio por primera vez, con cabellos tan rubios como el oro, y unos ojos tan azules como el mar… Caterina era la viva imagen de Afrodita.

Sin embargo, la manera en que dio su primera interacción con Galo no fue necesariamente… “Romántica”, ya que fue con un pelotazo tan potente que lo hizo quedar con la cara roja:

-¡AUAUAUAU! ¡Mi carita quema! – Exclamó Galo, tocándose la cara con las manos.

-¡Ay, no, no, no, no! ¡Lo siento mucho! ¡No quería darte ese pelotazo! – Dijo Caterina, acercándose rápidamente para ayudar al chico maltratado.

-¡Me duele! P-Pero… Está bien, te perdonaré. –

Y, en cuanto la logró ver más de cerca, preocupada, e intentando ayudarlo, sintió como si cupido lo hubiera flechado directito en el corazón. Era una niña muy linda, y a su vez, muy atenta; Sin dudas, eso fue lo que lo dejó fascinado.

Con el tiempo, fueron hablando más y conociéndose mejor, pasaban las tardes juntos, y ambos fueron testigos del crecimiento del otro. Eran completamente inseparables, como dos hermanos que iban codo a codo por la vida; Pasaron por risas, momentos tristes, algunas peleas, y siempre por las reconciliaciones. Y sin importar que pasara, siempre volvían a hablarse…

Y ahora, en la actualidad, Galo tenía una imagen mucho más alta de sí mismo, una mentalidad más sólida, y sus sentimientos completamente claros. Así que, en una tarde como todas, mientras estaba sentado al lado de su ventana, pensó que, para el día de su graduación, debía encontrar a Caterina y decirle todo lo que sentía.

Pasaron unas semanas, y ese tan anhelado día había llegado; Recibió su diploma, y cumplió uno de los sueños que más había esperado durante toda su vida. Pero, no todo estaba hecho, ya que tenía clara la idea de lo que debía hacer a continuación; Buscar a Caterina. Así que, después de abrazar a sus padres y recibir sus felicitaciones, se adentró entre la multitud en busca de su “Amor Platónico”.

Pero… Lo que vio en ese preciso momento… Se sintió como una bala atravesando su débil corazón.

Al llegar al lugar, vio como Caterina, su mejor amiga, y Crush de toda su vida, estaba abrazada a un chico completamente desconocido, y para rematar, luego de esos terribles cinco segundos de coqueteo, se dieron un beso directo en los labios.

Tantos años de falsas ilusiones que él mismo se había hecho, se fueron por el caño en tan solo un par de segundos. No lo podía creer…

-Caterina… ¿¡Con un novio!? ¿¡Justo ahora, y sin haberme contado nada acerca de él!? ¡Esto debe ser una broma! ¿¡Por qué!? ¿¡Por qué él y yo NO!? – Pensó el pobre chico resentido.

Y tan rápido como llegó, se fue de ahí… Con los ojos llenos de lágrimas, y el corazón hecho pedazos.

Al llegar a casa, se encerró en su habitación, cerró con pestillo y se acostó con todas las malas ganas del mundo en su cama. Agarró su almohada y se la puso bruscamente en la cara, y entre lágrimas de desesperación y pena, se repetía la escena una y otra vez dentro de su cabeza:

-¡¿Por qué, Caterina, por qué?! ¡Yo juraba que teníamos algo especial! ¿¡Por qué justamente ahora tienes que traer a ese idiota para que me quite lo que me gané YO con los años!? Y peor aún… ¡Con tanta facilidad! – Dijo en su mente, totalmente taimado.

Pasaron los días, y la situación no mejoraba; El chico estaba deprimido, no quería comer, ni mucho menos salir. La única cosa que quería era un poco de paz mental, y eso era lo que menos se le daba, ya que, aunque sus padres intentaran llevarlo a un psicólogo o simplemente le dieran consejos, él hacía caso omiso y seguía firmemente en su miseria.

Los días se volvieron una semana, y la semana se volvió un mes. Galo ya había dejado de llorar, pero había dejado también con sus lágrimas a aquel chico enérgico y juguetón de su infancia. Ahora era un joven completamente distinto, uno que ya se había dado cuenta que el mundo no se detiene por nadie, y que sin importar que tan triste estuvieras, siempre tienes que salir adelante y perseguir tus sueños.

Su mentalidad no era lo único que había cambiado, sino que también su forma de ser y actuar; Ahora era mucho más tranquilo, callado, y centrado en sí mismo… ¡Hasta creía que las relaciones amorosas eran una pérdida de tiempo! ¡Qué irónico!

Los primeros en darse cuenta de esto, obviamente fueron sus padres, y sentían una mezcla entre la felicidad que les daba verlo superar su dolor, y pena porque su hijo había cambiado, aunque, te todos modos, siempre sería su hijo, y sin importar lo que pasara, siempre lo apoyarían en todo.

Había pasado ya un mes con una semana desde aquella trágica graduación, y Galo pensó que ya había gastado demasiado tiempo en cosas para nada productivas; Dijo que quería entrar a la universidad… ¡Y no tenía ni siquiera un solo billete en el bolsillo! Eso tenía que cambiar… Y, a pesar de que sus padres estaban dispuestos a pagarle los estudios, él se negó rotundamente y prefirió salir a buscar trabajo por su propia cuenta para costearse un departamento y el año universitario.

Salió no una, ni dos, ni tres semanas para encontrar trabajo, sino que salió por casi un todo mes para lograr ganar dinero. Y justo cuando se iba a rendir, lo encontró; Logró meterse a trabajar en un supermercado, como reponedor.

No era el mejor trabajo, ¡Pero sin dudas, con esfuerzo y dedicación, lograría su cometido algún día!

Luego de un tiempo, sus ahorros dieron para su primera inversión; Un pequeño departamento decente para arrendar. Este estaba situado en la Calle Graymore, cerca del centro de la ciudad, y tenía una arquitectura simple, moderna, y algo viejita, como la de los edificios de Italia, y con un color rojo, vivo y bonito.

Su dueño era un señor de edad, que amablemente le otorgó todos los servicios básicos de un departamento a Galo; Tenía un dormitorio bastante cómodo, un pequeño baño simple, una cocina mezclada con comedor, y un living bastante espacioso. Después de hacer las mudanzas y despedirse del casero con un firme apretón de manos, Galo decidió irse a acostar, tomó su celular, y chateó con su madre para avisarle de su llegada:

“Al fin llegué :b, el departamento está listo, y mañana iré a trabajar de nuevo… ¿Qué tal están allá?”.

Y su madre respondió:

“¿Qué quieres que te diga? Estamos orgullosos y contentos por ti, hijo. Ya eres todo un hombre, y eso me hace querer llorar de felicidad, ji, ji, ji :’)”.

Y a eso, él añadió:

“Jsjs, no hay por qué llorar… Ma, mira, ahora tengo que ir a dormir, pero si quieres, mañana hablamos otro rato”.

A lo que su mamá dijo:

“Está bien, hijito, mejor no te molesto más, ve a dormir, y que sepas que te queremos muchísimo, besitos”.

Y con ese último mensaje, Galo apagó su teléfono y se preparó para dormir por primera vez en una casa que no fuera la de sus padres; Era un sentimiento lindo, y a la vez, bastante triste, ya que todo era completamente nuevo para él, y también porque se había adelantado bastante a la mayoría de los de su edad; Ya era independiente, tenía un trabajo, ¡E incluso su propio departamento! Así que, esos sentimientos de alguien solitario, fueron opacados rápidamente por su notable éxito. Luego cerró sus ojos, y se puso a dormir, ya que mañana sería otro gran día para seguir adelante…

O bueno, eso es lo que hubiera pasado si esa noche no hubiera dado un giro tan brusco como el que dio.

Toc, toc, toc, la puerta empezó a sonar…

-¡Mm! ¿Quién será a estas horas de la noche? – Pensó Galo, levantándose y yendo directo a la sala principal.

Una vez allí, se dedicó a mirar por la mirilla de la puerta, sin embargo, esta acción no tuvo resultado, ya que cuando vio al exterior… No había nadie.

-Hm, que extraño. – Dijo en su mente.

Aquí, habían cabían dos probabilidades; Primero, pudo haber sido un niño pesado intentando jugarle una broma, y segundo, pudo haber sido solo su imaginación… Pero, trágicamente para él, ninguna de estas dos opciones era la correcta, ya que cuando se dio la vuelta para regresar a su habitación, ¡Quedó cara a cara con una extraña chica que estaba parada detrás de él!

-Vaya, vaya, con que tú eres Galo… Hm, eres más lindo en persona, ahora que te veo de cerquita. – Dijo la misteriosa fémina, sobándose la barbilla con una sonrisa de curiosidad.

Por el puro susto, el desesperado chico se puso histérico y puso su espalda pegada a la puerta, y allí, logró divisar mucho mejor la imagen de la chica; Parecía que tuviese su edad, mucho más concretamente por su desarrollo físico, también, vestía un llamativo suéter rojo con múltiples líneas negras, y a pesar de esa prenda abrigada, usaba una falda del mismo color de las líneas, unos tenis, un rudo collar punk, y tenía las uñas pintadas de negro. Sin embargo, lo que más resaltaba en ella no era su vestimenta, sino que lo que lo hacía en realidad era un curioso par de cuernos rojos que tenía en su cabeza.

Eran similares a los de un Demonio, pero eran bastante pequeños para serlo. Aunque, lo que delataba que sí lo eran, era la carencia de cualquier plástico que los sujetase… ¡Esa chica que Galo tenía en frente SÍ era un Demonio!

-¿¡Q-quién eres!? ¿¡Y cómo entraste a mi casa!? – Preguntó el pobre Galo, atemorizado.

La criatura Infernal inclinó su cabeza de forma juguetona, y después puso sus manos en su espalda:

-¡Lamento no haberme presentado! ¡A veces me olvido de los modales! ¡Je, je! Ejem… Mi nombre es Nix, y estoy aquí porque… ¡Vine por ti! – Respondió la Demonio, con aires de supervillana.

Y tal como cualquier mortal reaccionaría a tal declaración, Galo intentó gritar para que alguien viniera a ayudarlo. Pero como Nix supuso que Galo haría eso, le tapó la boca antes de que pudiera decir pío, y lo dejó calladito con un fuerte “Shhh”.

-¡No grites, tonto! Si lo intentas de nuevo, te arrastraré al Infierno y dejaré que Cerbero se encargue de ti, ¿Entendido? – Dijo Nix con un tono amenazante. A lo que Galo solo pudo responder con una temerosa asentida de cabeza.

Al verlo estar dispuesto a colaborar, la Demonio le soltó la boca; Galo recuperó el aliento y la volvió a mirar fijamente a la cara. Después, por mero aburrimiento, Nix se encaramó sobre la mesa del comedor y se sentó con las piernas cruzadas, puso las manos en sus rodillas, y se preparó para contarle con claridad sus intenciones al mortal:

-Ejem, bueno, querido Galo, como minutos atrás me preguntaste el por qué estoy aquí, te responderé de nuevo; Yo estoy aquí por ti, pero no para llevarme tu alma, no, no, no, es para hacer un trato contigo. –

-¿A q-qué te refieres con “Un trato”? – Preguntó el chico, tartamudeando por el miedo.

-Pues, a lo que me refiero es que yo te propondré un par de ideas y tú veras si las aceptas; Estas ideas tendrán unos cuantos… “Beneficios” que yo te daré, y tú también me darás unos a mí. – Aclaró Nix, sonriendo de forma inocente.

Al escuchar estas declaraciones, Galo logró tranquilizarse un poquito, tragó saliva, y se dignó a escuchar atentamente cada cosa que la Demonio tenía que decirle, ya fuera por curiosidad, o simplemente por miedo:

-Mira, te seré totalmente sincera; El trato es bastante simple, tú serás mi Poseído personal, y yo te otorgaré lo que sea que tú desees. – Dijo la Demonio, acomodando uno de sus mechones de pelo detrás de su oreja.

-Lo… ¿Que yo desee? – Preguntó el chico, con una notable curiosidad.

-Sí, lo que tú desees; Puedo darte dinero, puedo darte poder, e incluso puedo hacer que TODO el Infierno te proteja… O, puedo darte algo que tú desees más desde el fondo de tu corazón… Puedo ser tu novia, y si no te basta con eso, hasta puedo ser tu Súcubo. – Agregó Nix, con una sonrisa coqueta.

Y con esto, Galo se sonrojó. No esperaba encontrarse a alguien con semejantes “Disposiciones” esa noche, pero ahí en frente la tenía, una Demonio dispuesta a hacer de todo con tal de que él fuese “Su Poseído”. Esto último no le quedó muy claro, entonces supuso que preguntar no sería un riesgo:

-Em… Suena tentador, pero no me quedó del todo claro a lo que te refieres con “Tu Poseído”. –

-Oh, cierto, no te expliqué… ¡Que tonta soy! ¡Je, je! Bueno, pues lo que significa ser el Poseído de un Demonio es bastante simple; Serás mi marioneta… ¡Digo, digo! Mi herramienta, para recolectar almas con mayor facilidad, ¿Ahí si entendiste mejor? – Explicó la Demonio, moviendo sus piernas como una niñita.

-Hum… C-creo que, si entendí, a lo que te refieres es que matarás gente con mi cuerpo. – Dijo Galo, con la mente totalmente corroída por la idea de matar.

-¡Exact…! Espera, ¿Qué? ¡No, no! O bueno, a medias sí, pero no. Mira, te explico; Los Demonios no nos llevamos al Infierno a las personas inocentes, nos llevamos a los bastardos y a los embusteros que viven su día a día haciendo cositas malas. Sus almas son nutritivas, y también son las que merecen arder eternamente en el Averno. Eso quiere decir que si… Me dejas poseerte, no serías un monstruo, ¡Serías un héroe! –

En la mente de Galo había una lluvia de dudas, y, además, no podía entender nada de lo que estaba pasando, ¿Por qué justo ahora, cuando si vida estaba empezando a mejorar, tenía que pasarle algo de esta magnitud? ¡Era surrealista! Incluso a tal punto que llegó a creer que el mundo tenía algo en su contra, porque ya era la segunda vez que su vida estaba por dar un giro importante. Primero con lo de Caterina, ¡Y ahora esto! ¡Era el colmo!

-Oye, creo que no aceptaré el trato, prefiero seguir con mi vida. – Dijo Galo.

Entonces, a una velocidad inhumana, la Demonio se lanzó a sus pies y se le abrazó a las piernas, y casi llorando, le suplicó:

-¡Por favor, te lo ruego! ¡No quiero quedar como una floja e inservible hija para mi papá! ¡Fue él quien me ordenó venir a buscarte, y me importa demasiado hacerlo feliz como para desobedecerlo! –

Eso confundió mucho más al pobre chico, ¿Por qué le importaba tanto a esta criatura complacer a su padre? Y, aún más importante… ¡¿Por qué elegirlo a él en primer lugar!?

-A ver, a ver, empecemos de nuevo, ¿Quién es tu papá? ¿Y por qué te importa tanto cumplirle sus caprichos? Aparte… ¿¡Por qué tengo que ser yo específicamente tu Poseído!? ¿¡No podía ser alguien más!? – Exclamó Galo.

Y al escuchar esas preguntas, Nix se levantó tan rápido como pudo, y con una sonrisa orgullosa, y un tono avivado en la voz, decidió responderle al chico:

-¡Je, je, je! Para tu información, querido e ingenuo mortal, mi querido papito es nada más y nada menos que el mismísimo Diablo; Ustedes lo conocen como Satanás, Lucifer, o incluso Belcebú. Lo cual, es bastante acertado, ya que tiene esos tres nombres… Y en respuesta a tu otra pregunta, él decidió que tú debías ser mi Poseído porque hace un mes estabas en la miseria absoluta, y eso quería decir que serías un blanco más fácil… Pero parece que llegué un poquito muy tarde. –

Galo se quedó completamente sin palabras por todo lo que acababa de escuchar… ¡El papá de Nix era el mismo Diablo!

-¡AJUJUJU! ¡Santo Dios! ¿¡Acaso se puede tener más mala suerte!? – Pensó. - ¡E-espera un segundo! ¿¡Me estaban espiando!? –

-Eh, ¡Duh! ¡Obvio que sí! ¿Cómo crees que me sabría tu nombre sin haberte espiado antes? – Dijo Nix, con un tono irónico.

Atontado, Galo se agarró la cara con una mano; No entendía nada, ni mucho menos el cómo sería su vida a partir de ahora, porque, aunque hubiera dicho que no, Nix seguiría insistiendo, así que sí o sí tendría que aceptar su propuesta, o de lo contrario, hasta podría meterse Belcebú, ¡Y a ese sí que no lo quería ni ver!

-Escucha, la cosa empezó así: Un día como cualquiera, yo estaba acostada en mi cuarto sin hacer absolutamente nada, sin hacer daño a nadie, simplemente mirando el techo, y de la nada, llega mi papá y abre la puerta sin tocar, cosa que de por sí ya se me hizo rara, ya que él tiene más claro que nadie que me molesta que no toquen mi puerta. Pero bueno, después, soltó el típico suspiro de papá enojado y me dice: “Nix, estoy cansado de que seas una floja y no hagas nada productivo, así que, te guste o no, irás a la tierra de los mortales y empezarás por fin tu primera recolección de almas”. A lo que yo le dije: “Papá, ya te dije que no me interesa eso”, y él me responde: “Ya te lo dije, te guste o no, lo harás, porque estoy cansado de que en la Ciudad del Tártaro corran los rumores de que la hija del mismísimo Diablo es una buena para nada”. Y cuando escuché eso último… ¡Casi me da un patatús de lo emputada que estaba! ¿¡Cómo se les ocurre a unos simples Demonios inferiores hablar así de la mismísima princesa de los Infiernos!? Pensé. Y después me levanté y le dije a mi papá: “Dime que debo hacer”, y ahí fue cuando él me explicó que en la tierra había un humano que la estaba pasando mal, y que sería más fácil poseerlo, y que luego de eso volviera al Infierno con este cosito de aquí. – Explicó la Demonio, mostrando al final una especie de Talismán con una piedra carmesí y un hilito que lo hacía ser un colgante.

-Oh, ya entiendo; O sea que tú estás aquí solo porque te importa como hablan de ti. – Dijo Galo.

-¡Bingo! Así que… ¿Qué me dices, tontito? ¿Hacemos el trato? – Agregó Nix, estirando su mano.

Galo tenía un profundo sentimiento de tentación; Podría tener muchas cosas, aparte, de cierta forma, haría el bien, y tendría algo que nunca había tenido… ¡Una novia! Pero, también estaba lleno de malos pensamientos, ya que le daba mala espina estar haciendo un trato con una Demonio, y que todas esas posibles acciones que haría en el futuro, pudieran afectar su forma de vivir y poner en riesgo a sus seres queridos.

-¡Vamos! No me dejes con la manito estriada. – Dijo la Demonio.

Entonces, al chico le ganó el deseo, y aceptó el trato con un apretón de manos.

Nix sonrió al ver que su objetivo yacía cumplido, después sonrió, y con una leve carcajada se bajó de la mesa. Y sin aviso alguno, se acercó a Galo rápidamente y le robó un beso en los labios, luego se acercó a la puerta principal, y antes de salir, se despidió:

-¡Je, je! Eso fue un pequeño adelanto de tu pago, y si algo te puedo asegurar, es que no te vas a arrepentir de esto. Además, supongo que ahora somos novios… ¡Ju, ju, ju! Ten una linda noche, porque a partir de mañana, empieza nuestra verdadera aventura… ¡Adiosito! – Dijo la Demonio, y cerró la puerta tras de sí.

Galo estaba completamente atónito; ¡Había dado su primer beso! Y también… ¡Ahora tenía novia! Este sentimiento era algo de otro mundo, estaba entre emocionado y exaltado. Sin embargo, todo esto no le duró mucho, ya que se acordó que mañana tenía que ir a trabajar. Entonces, rápidamente se fue a su dormitorio y se tapó con sus sábanas, pero, por más que intentara dormir, no lo lograba, ya que su mente estaba llena de preguntas…

-¿Qué será lo que haremos mañana? ¿Será que le dirá a su papá sobre esto? – Pensó, ciegamente emocionado. – Espera un segundo… ¿¡Será que le dirá a su papá sobre esto!? – Dijo, completamente atemorizado.

Al parecer, a nuestro ingenuo protagonista, se le había olvidado el pequeñísimo detalle de que el papá de Nix era literalmente el Diablo, y cuando lo recordó, las cosas se tornaron totalmente distintas:

-¡Maldita sea! ¿¡En qué me metí ahora!? ¡Mi suegro es Lucifer! ¡AJIJIJIIII! ¡Soy un idiota! –

Y así estuvo hasta las tres o cuatro de la mañana, hasta que por fin logró sucumbir ante el sueño.

Mientras tanto, en otro lado de la ciudad, la joven y curiosa Nix se encontraba en una expedición. Como absolutamente todo lo que le rodeaba era completamente nuevo para ella, todo le sorprendía; Las luces de neón, las coloridas tiendas, y hasta los autos, ¡Todo era un mundo completamente nuevo!

No había visitado la Tierra hace mucho tiempo, prácticamente desde que era una bebé. En ese entonces, el pueblo francés hizo que decapitaran a Luis XVI en el año 1793 (Plena Revolución francesa). En fin, todo a su alrededor era magnífico, pero lo que más le llamó la atención fue una pequeña tienda de pasteles que estaba entre dos grandes edificios, la cual, tenía un curioso cartel de que decía “Abierto 24/7”.

Nix entró llena de ansias por conocer todo, y una ancianita, que era la dueña del lugar, la atendió con una enorme sonrisa de amabilidad:

-¡Hola, jovencita! Bienvenida a mi tienda, ¿Qué se le ofrece a estas altas horas de la noche? –

La Demonio, aún perdida en sus pensamientos, no respondió, así que la viejita preguntó de nuevo:

-Jovencita… ¿Está todo bien? –

-¡Ah! Eh, ejem… Saludos, mortal de avanzada edad, mi nombre es Nix, y vine aquí para probar de estos… “Postres” a tope de azúcar que hacen ustedes, los humanos. – Dijo Nix, con un dramático tono de superioridad en la voz.

-Nix, ¡Lindo nombre! ¿Estás probando tu disfraz de Halloween? Creo que es muy pronto para eso, quedan unas cuantas semanas aún… Y, dime, ¿Qué postre vas a querer? – Dijo la ancianita, poniéndose sus guantes para no ensuciarse con pastel.

Nix suspiró indignada por la primera pregunta, y después respondió la segunda:

-Esto no es un disfraz, soy la princesa del Infierno… ¡Hija de Belcebú y…! Bla, bla, bla… Ah, y quiero esta cosa de aquí. – Dijo la Demonio, apuntando un trozo de cheesecake a través de la vitrina.

-¡Ja! Ustedes lo jóvenes y sus ideas para disfraces… Ten, disfrútalo. – Dijo la viejita, entregándole el plato en las manos.

Entonces, ansiosa, pero de mala gana, la Demonio tomó el plato y se dirigió a la mesa más cercana del lugar, se sentó, y luego tomó su tenedor, pinchó un trocito de cheesecake y lo olfateó igual que un perrito, miró de reojo a la anciana, y se lo echó rápidamente a la boca.

Y lo que sintió en el preciso instante en que el pedazo tocó UNA de sus papilas gustativas, la hizo llorar a mares de la felicidad; Este sabor nuevo era tan… ¡Divino! ¡Y tan único! Que podría saborearlo durante toda su vida y jamás jamás se aburriría de él. Era tan suave… Tan precioso… Que se podría comparar con el sabor más dulce de las victorias. Después se echó otro, y otro, y otro, y otro, hasta que de la pura gozada que estaba viviendo, golpeó la mesa y se quedó mirando al techo mientras lloraba de alegría:

-Este sabor… Es tan… ¡SUBLIMEEEEE! –

-Uh… Usted está… ¿Llorando? – Preguntó la viejita.

-¡S-sí! Pero no estoy llorando de pena… ¡Estoy llorando de felicidad! ¡Este manjar es lo mejor que he probado en toda mi vida! Es tan perfecto… Tan… ¡Glorioso! ¡Que no podría compararlo con ninguna otra cosa solo por su divina existencia! – Respondió Nix, con la boca llena.

Y con esto, la ancianita se despreocupó, ya que pensaba que Nix estaba llorando por cosas malas, pero, al enterarse de su felicidad, quedó tan satisfecha como ella por su trabajo. Como toda repostera, su trabajo era causar felicidad con sus productos, y con esta Demonio, le había dado directo en el clavo.

-Q-quiero… *Snif, snif* Quiero llevarme otro pedazo. – Dijo la Demonio, aun llorando.

-¡Oh! Pero claro, jovencita, en seguida le traigo otro. – Dijo la ancianita, trayendo a los pocos segundos una cajita para guardar el cheesecake.

-¿Cuánto sería? – Preguntó Nix.

-Jovencita… Esta vez la casa invita. – Respondió la viejita, sonriendo amablemente.

-¿¡Qué!? ¡No, insisto! ¿Cuánto debo pagarle? –

-¡Dije que la casa invita, jovencita! Te dejo llevarlo gratis porque me sacaste varias sonrisas. Además, se nota que le tienes pasión a endulzar tu paladar… Entonces, te lo doy como un regalo. –

Nix tomó la caja muy en contra de su propia voluntad, ya que sentía que se estaba aprovechando de la amabilidad de la ancianita. Sin embargo, no se fue de ahí sin dejar nada, ya que antes de decir adiós, dejó un pequeño papelito sobre la mesa en la que comió, para que cuando la amable anciana fuese a limpiar, se llevara la grata sorpresa de que, dentro de ese sobre, había varios billetes. Y entonces, entre risas y la típica frase de los viejos que dicen “Ay, los jóvenes de hoy en día”, la anciana se quedó con una gran sonrisa en el rostro.

Mientras tanto, Nix se metió en unos callejones nada más salir de la pastelería; Hurgó en los bolsillos de su falda, y sacó el dichoso talismán que le dio su padre para volver al Infierno, lo activó, y con un brillante círculo de luces que la rodeó, fue teletransportada a su Castillo. Allí, su padre la estaba esperando sentado cómodamente en su trono, leyendo un libro, y bebiendo uno de los mejores cocteles del Infierno; La sangre humana mezclada con vino de calidad. Su hija se le acercó con una enorme sonrisa, y se preparó para darle las buenas nuevas:

-¡PAPITOOOO! ¡Adivina quién llegó! –

-¡Ah, pero si es mi querida y única hija, Nix! ¿Cómo te fue con tu Poseído, cariño? - Preguntó el Diablo.

Entonces, la Demonio se dio el tiempo de sentarse en su cómodo puff, y echarse un buen trozo de cheesecake a la boca antes de responder:

-Ñam, ñam… ¡Ah! Eh… ¡Pues, me fue muy bien! ¡Ya lo tengo a mi merced! Je, je... –

-¡Oh! ¡Eso es magnífico! Pronto, todo el Infierno te reconocerá como la heredera por derecho del trono. – Dijo Belcebú, aplaudiendo de forma refinada.

-¡Sí, sí! Y… Estaba pensando en que podría quedarme unos cuantos días en la Tierra para… Manipular mejor a Galo. – Agregó Nix.

La cara de su padre se mostró totalmente en contra de esa idea, sin mencionar que esta repentina decisión era completamente anormal para un Demonio. Así que, sin muchos rodeos, el Rey de los Demonios le preguntó:

-Y… ¿A qué se debe esta idea? –

-¡Ah! Pues, mi Poseído ya superó sus días malos y… Temo que eso… Eh, sea un problema para su adiestramiento. – Respondió la Demonio.

-Su… ¿Adiestramiento? Nix… Para poseer a un humano no debes adiestrarlo, debes apropiarte de él… ¿Se puede saber qué fue lo que hiciste? – Preguntó el Diablo, notablemente molesto.

-¿Que qué fue lo que hice? ¡Yo no he hecho nada! Es solo que… ¡Quiero jugar un rato con mi juguete nuevo! ¡Es todo! – Dijo Nix.

El Diablo se puso de pie, dejó su copa a un lado del trono, y guardó su libro en una repisa; Se le notaba como poco a poco estaba perdiendo la paciencia, ya que la idea de que Nix fuera sola a la Tierra por tanto tiempo le resultaba aterradora. Pero para no mostrarse blando, lo ocultaba con esa actitud malhumorada. Y ya después de soltar un largo suspiro de disgusto, se sentó de nuevo en su trono, y miró fijamente a Nix, la cual, echada como cualquier cosa sobre su puff, con la caja del cheesecake abierta sobre su pancita, y con una expresión completamente despreocupada.

-Nix… Te dejaré ir a la Tierra, ¡Pero necesito que me prometas que volverás sana y salva para el fin de semana! – Exclamó el Diablo.

-Ajá. – Respondió la Demonio.

-¡Prométemelo! –

-¡Está bien, está bien! ¡Te lo prometo! ¡Volveré sana y salva! Por el amor de Baphomet… No entiendo por qué te preocupan tanto los humanos. –

-¡No me preocupan los humanos! Me preocupas… Tú. – Admitió Belcebú, con una voz bajita y avergonzada.

Y al escuchar como su padre abrió su terrible corazón de Demonio, Nix se levantó rápidamente de su puff y se abrazó a su padre como un koala bebé:

-¡AWWW! ¡Eres un Diablito muy TIERNOOO! – Dijo Nix.

-¡Nix, basta! ¡No me refería a eso…! Oh, bueno… Sí. Pero más específicamente me refería a que me da miedo lo que TÚ puedas llegar a hacer ahí. –

-¡Ay, papá! ¡No soy una salvaje! Es obvio que sé que debo comportarme con los mortales. –

-Hm, más te vale que eso sea cierto… Porque si llegas a matar inocentes, ¡Dios nos castigará a todos! – Exclamó el Diablo, atemorizado.

-¡Papá! ¿¡Le tienes miedo a Dios!? – Preguntó la Demonio.

-¡Obvio que sí! Hace mucho tiempo, hicimos un pacto… O, mejor dicho, acepté una obligación, por su parte. – Admitió Lucifer.

-¡Oh! ¡Cuéntame, cuéntame! – Chilló Nix, saltando de un lado para otro.

-¡Bueno, bueno! ¡Pero relájate! Ejem… Lo que pasó hace, bastantes eras atrás, fue que Dios me expulsó de los Cielos. Luego, cuando intenté ir a la Tierra, su hijo, su querido, apuesto, y dulce hijo, fue quién me prohibió el paso al mundo mortal. Entonces, ni yo, ni tú, ni ningún otro Demonio tiene permitido estar ahí. Entonces, ¡Por eso no quiero que vayas! ¡Porque si vas y haces demasiado escándalo, los Ángeles te destruirán! Así que, por favor, Nix, te pido de corazón, que no hagas destrozos allá, ¿Está bien? –

-Mm, sí, está bien, ¿Quieres un poco de esta cosita exquisita que me regalaron? Lo llaman “Cheesecake”. – Dijo la Demonio, levantando con ambas manos la cajita con cheesecake.

Su padre la miró confundido, y decidió posponer su ofrenda:

-Luego, ahora leeré otro rato. – Dijo Belcebú, agarrando otro libro con sus poderes mentales.

-Está bien… ¡Huah! Ahora que lo pienso, me está dando mucho sueño… ¡Me iré a dormir un ratito! ¡Je, je! –

Y así como lo dijo, la Demonio se despidió de su padre y se fue a su cuarto, luego se acostó en su enorme cama de la realeza, y se puso a dormir con total tranquilidad.