Capitulo 1
La fiesta de Taehyung
La música sonaba fuerte en la mansión de Taehyung. Era su cumpleaños y la casa estaba llena de gente bailando. Luces rojas y moradas iluminaban todo. El aire olía a alcohol, perfume y sudor.
Jimin se sentía nervioso. Era un omega pequeño, con cuerpo suave y curvas que no podía esconder. Llevaba una camisa de seda negra, medio abierta. Se veía la piel de su pecho y el olor dulce de sus feromonas flotaba a su alrededor.
—Jiminie, bebe —gritó Taehyung por encima de la música. Le pasó un vaso de whisky con hielo—. ¡Es mi cumpleaños! Relájate un poco. Nadie te va a morder… a menos que tú quieras.
Jimin sonrió y tomó un sorbo. El líquido quemó un poco en su garganta. Pero de pronto, un olor nuevo lo golpeó con fuerza.
Era un olor fuerte. Oscuro. Como madera quemada mezclada con algo caro y peligroso. Como dinero y deseo puro.
Se dio la vuelta y lo vio.
Era alto, con hombros anchos. Llevaba un traje negro que se veía muy elegante, demasiado para una fiesta normal. Su cabello negro estaba peinado hacia atrás. Tenía la mandíbula marcada y unos ojos oscuros que lo miraban como si ya lo conociera por dentro.
El desconocido levantó su vaso en silencio, como si brindara solo con él, y sonrió de medio lado.
Jimin sintió un calor subir por su estómago. No estaba en celo todavía. O eso creía. Pero su cuerpo reaccionó igual. Sus piernas temblaron un poco.
El alfa se acercó sin pedir permiso. Su voz era grave y ronca, casi como un gruñido bajo:
—¿Quieres bailar, pequeño omega?
Jimin no dijo nada. Solo dejó que la mano grande del alfa se apoyara en su cintura baja, justo encima de su trasero. El alfa lo pegó contra su cuerpo. Jimin sintió algo duro presionando contra su abdomen. Ya estaba excitado.
Diez minutos después, estaban en una de las habitaciones de invitados del segundo piso. La puerta apenas se cerró cuando el alfa lo empujó contra la pared con cuidado pero con fuerza.
—Dios… hueles increíble —gruñó el alfa. Mordió suavemente su cuello mientras le quitaba la camisa. Los botones saltaron por todos lados—. Tan dulce… y ya estás mojado.
Jimin jadeó. Dos dedos gruesos del alfa se deslizaron entre sus nalgas. Estaba empapado. Su entrada palpitaba y soltaba lubricante caliente que bajaba por sus muslos.
—Por favor… —suplicó Jimin con voz temblorosa.
El alfa no esperó más. Lo levantó como si Jimin no pesara nada. Le abrió las piernas y lo penetró de una sola vez, profundo y fuerte.
Jimin gritó de placer. Era enorme. Grueso, caliente y venoso. Cada centímetro lo abría más y lo llenaba por completo.
—Tan apretado… tan perfecto para mí —susurró el alfa contra su boca. Lo follaba contra la pared con embestidas rápidas y brutales—. Voy a llenarte tanto que no podrás caminar derecho.
Jimin solo podía gemir y clavar las uñas en la espalda del alfa, debajo de la camisa. Cada golpe tocaba justo su punto más sensible. El sonido húmedo de sus cuerpos chocando llenaba la habitación.
El alfa lo llevó a la cama. Le levantó las piernas hasta sus hombros y entró más profundo. Sus bolas pesadas golpeaban contra el trasero de Jimin con cada movimiento.
—Dime que quieres mi nudo, omega —gruñó.
—¡Sí! ¡Por favor, núdame! —gritó Jimin.
El alfa rugió de placer. Su nudo empezó a hincharse dentro de Jimin. Lo estiraba al límite y presionaba exactamente donde más placer sentía. Jimin se corrió sin tocarse. Chorros blancos salieron de su miembro mientras su vientre se hinchaba un poco por la cantidad de semen caliente que el alfa soltaba dentro.
El nudo los mantuvo unidos casi veinte minutos. Latía y bombeaba más y más. Jimin se sentía lleno, caliente y completamente saciado.
Cuando por fin el nudo bajó, el alfa se retiró despacio. Un río espeso de semen blanco salió de la entrada roja e hinchada de Jimin. El alfa metió dos dedos y lo empujó de nuevo hacia adentro.
—Quédate con eso dentro… Me gusta imaginarte lleno de mí.
Jimin solo pudo gemir, exhausto y feliz. El alfa se vistió en silencio y salió de la habitación sin decir su nombre.
TRES MESES DESPUÉS
Jimin estaba sentado en el baño de su departamento. Miraba la prueba de embarazo con las manos temblando.
Dos líneas rosadas.
Estaba embarazado.
De un desconocido de una sola noche.
Su corazón latía muy rápido. ¿Cómo iba a explicarle esto a su mamá? ¿Cómo iba a criar a un bebé solo?
Justo en ese momento, su madre lo llamó desde la sala.
—¡Jimin-ah! ¡Ven un momento! Quiero presentarte a alguien muy importante.
Jimin respiró profundo. Se lavó la cara con agua fría. Se puso una sudadera holgada para esconder la pequeña curva que ya se notaba en su vientre. Bajó las escaleras con las piernas débiles.
Y ahí estaba.
El mismo alfa.
De pie al lado de su madre. Tenía una mano en la cintura de ella de forma posesiva. Llevaba un traje gris oscuro, un reloj caro y esa misma sonrisa educada.
—Jimin, cariño —dijo su mamá, muy feliz—. Te presento a Jeon Jungkook. Mi novio. Es el CEO de Jeon Enterprises, uno de los hombres más importantes de Seúl y Japón. Jungkook, este es mi hijo, Park Jimin.
Jungkook extendió la mano como si nada hubiera pasado. Sus ojos oscuros brillaron con reconocimiento… y con algo mucho más intenso y oscuro.
—Encantado de conocerte, Jimin —dijo con esa voz grave que Jimin todavía escuchaba en sus sueños—. He oído mucho sobre ti.
Cuando sus dedos se tocaron, el olor a sándalo y dominio golpeó a Jimin otra vez. Su vientre se contrajo suavemente.
Jimin se puso pálido. El mundo le dio vueltas.
Jungkook sonrió despacio, solo para él, y murmuró tan bajito que solo Jimin pudo oírlo:
—Parece que vamos a tener mucho de qué hablar…








