Entre tú y mi futuro

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Summary

En un instituto donde las notas lo son todo, solo hay una forma de escapar: ganar. Nera lleva años siendo la mejor. La más constante. La que nunca falla. Porque para ella, la beca de excelencia no es un premio… es la única salida de una vida que se le queda demasiado pequeña. Pero este año no está sola en la cima. Luca siempre ha estado ahí. Cerca. Demasiado cerca. Con esa calma que desconcierta, con esa sonrisa que oculta más de lo que muestra… y con una determinación que nadie parece notar. Cuando el instituto anuncia que solo uno de ellos podrá ganar la beca, la competencia deja de ser silenciosa. Se convierte en una guerra. Entre miradas que pesan más que las palabras, verdades a medias y un pasado que ninguno quiere enfrentar, Nera tendrá que decidir hasta dónde está dispuesta a llegar para ganar. Porque perder no es una opción. Y confiar en él… tampoco debería serlo.

Genre
Romance
Author
NeraInk
Status
Ongoing
Chapters
10
Rating
n/a
Age Rating
18+

La Beca

El instituto siempre olía igual en septiembre.

A pintura reciente en las paredes, a libros nuevos aún sin abrir y a nervios mal disimulados en los pasillos. Pero ese año… había algo distinto. Algo más denso. Como si el aire supiera antes que los alumnos que las cosas iban a cambiar.

Nera lo notaba desde que cruzó la puerta principal.

No era solo su primer día de segundo de bachillerato. No era solo el curso más importante de su vida académica. Era otra cosa. Esa sensación constante de que estaba caminando sobre una cuerda floja, sin red debajo.

Se ajustó la mochila al hombro mientras avanzaba por el pasillo. A su alrededor, grupos de alumnos reían demasiado alto, como si el ruido pudiera esconderles los miedos. Ella no.

Ella caminaba en silencio con la cabeza algo inclinada y los pensamientos demasiado pesados.

—Eh, Nera —la llamó una voz detrás.

No necesitó girarse para saber quién era.

Luca.

Su voz siempre llegaba antes que él. Era demasiado distintiva, en ocasiones irritante, una mezcla entre un tono burlón y calmado a la vez.

—Llegas tarde otra vez —dijo él, alcanzándola con las manos en los bolsillos.

—No es tarde si todavía no ha empezado nada —respondió ella sin detenerse.

Luca sonrió de medio lado, esa sonrisa que parecía fácil, despreocupada… pero que Nera ya había aprendido a mirar con más cuidado del que él creía. Después de todo eran años los que habían compartido clase. Había algo en él que nunca encajaba del todo con su actitud.

Algo tensado debajo de la calma.

—Hoy anuncian lo de la beca —dijo él después de unos segundos.

Nera no respondió al instante.

Lo sabía.

Todo el instituto lo sabía.

La beca.

La oportunidad de salir de allí. De conseguir un futuro fuera de aquellas paredes que se sentían cada vez más pequeñas. Dinero, estudios, independencia. Un billete de salida para el mejor expediente del centro.

Y una presión imposible de ignorar.

—Sí —dijo finalmente ella—. Hoy es el día.

Luca la miró de reojo.

—No estás nerviosa.

No era una pregunta. Era una provocación.

—¿Y tú? —contraatacó ella no muy segura de que pretendía lograr.

Él soltó una risa breve.

—Yo no tengo ese problema.

Mentira.

Nera no supo por qué lo pensó tan claro. Pero lo hizo.

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El auditorio estaba lleno.

Demasiado lleno.

Los alumnos de bachillerato ocupaban las primeras filas, los de cursos inferiores atrás, y los profesores en los laterales, como vigilantes silenciosos. El murmullo era constante… hasta que las puertas se cerraron.

Silencio total.

Como si alguien hubiera apagado el mundo.

Nera sintió cómo ese silencio le apretaba el pecho.

Luca se sentó a su lado sin hacer ruido. Esta vez no habló.

Y eso, en él, era raro.

En el escenario, el director caminó hasta el atril. Ajustó el micrófono. Miró a todos durante unos segundos demasiado largos.

Demasiado calculados.

—Buenos días —dijo.

Su voz rebotó en las paredes del auditorio. Su sonrisa hipócrita se dejó entrever.

—Como cada año, este centro ofrece una única beca de excelencia académica.

Un carraspeo. Un ajuste de gafas. Una pausa.

Nera notó cómo sus msnos se cerraban sobre sus piernas.

—Solo el mejor estudiante del instituto obtendrá la plaza.

El silencio se volvió más pesado.

Como si ahora tuviera forma.

Como si aplastara.

Algunos alumnos bajaron la mirada. Otros miraron al frente con una seguridad fingida. Los profesores observaban. No a todos.

A los dos.

A los que siempre estaban ahí.

Nera,

y Luca.

Porque todos lo sabían.

La competencia nunca había sido oficial… pero existía.

El director continuó hablando de méritos, de esfuerzo, de futuro. Palabras que flotaban en el aire sin llegar a tocar a nadie realmente.

Nera dejó de escuchar durante unos segundos.

Solo respiraba, imaginando miles de hipotéticos escenarios, donde casualmente siempre su nerviosismo perdía ante la tranquilidad de él.

Y entonces:

—Las notas provisionales han sido calculadas —anunció el director.

El proyector detrás de él se encendió.

Pantalla blanca.

Un segundo de espera.

Y luego, los nombres.

RESULTADOS PROVISIONALES

1º — Nera 9.97

2º — Luca 9.73

La sala estalló en aplausos, aunque no había una diferencia muy notable, la mayoría ya sospechaba que Nera sería la ganadora, como siempre lo había sido, era una certeza que ni siquiera dudaban.

Pero dentro de Nera, algo le hacía seguir intranquila. Era muy poca la diferencia, apenas unas décimas, no tenía margen de error.

Un golpe seco la sacó de sus pensamientos.

Alivio.

Breve. Cortante. Inmediato.

Había ganado.

Por ahora.

Giró la cabeza instintivamente.

Luca miraba la pantalla.

No movía la cara.

No reaccionaba.

Pero sus manos… estaban tensas.

Apoyadas sobre sus rodillas, los dedos ligeramente clavados en la tela del pantalón.

Como si estuviera conteniéndose.

Como si algo dentro de él quisiera romperse, pero no pudiera.

Entonces él giró la cabeza hacia ella.

Y sonrió.

Esa sonrisa fácil.

Esa que engañaba a todos.

—Enhorabuena —dijo.

Nera lo estudió.

—No parece que te importe mucho —respondió ella.

Luca encogió un hombro.

—No es el final.

Silencio.

Porque tenía razón.

Lo sabían los dos.

Aquello no había terminado.

Solo había empezado.

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El director siguió hablando, pero Nera ya no escuchaba.

Su mente estaba en otra parte.

En su casa.

En el silencio tenso de las cenas donde nadie hablaba demasiado.

En las discusiones que no se cerraban del todo.

En las puertas que siempre estaban entreabiertas, pero nunca realmente abiertas.

Escapar.

Esa palabra apareció sin permiso.

Escapar de allí.

De todo.

Y la beca era eso.

La salida.

La salida a los gritos, a la presión de su familia, a sus desprecios, insultos, castigos, simplemente era la salida de la vida que la atormentaba.

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El auditorio empezó a vaciarse poco a poco.

Los alumnos hablaban en voz baja, algunos felicitaban a Nera, otros simplemente evitaban mirarla.

Luca se levantó primero.

Nera tardó un segundo más. Se ajustó el jérsei que llevaba impidiendo que se viera su abdomen.

Cuando salieron al pasillo, el ruido volvió de golpe.

Demasiado normal.

Demasiado cotidiano.

—Has estado cerca —dijo Nera mientras caminaban.

—Siempre estoy cerca —respondió él.

No había ego en su voz.

Nera lo miró de reojo.

—¿No te molesta perder?

Luca se encogió de hombros otra vez.

—No he perdido nada aún.

Se detuvieron frente a una ventana.

El patio del instituto estaba abajo.

Gente riendo.

Gente viviendo.

Gente que no pensaba en becas ni en futuros ni en guerras silenciosas.

El viento golpeó la ventana.

Y entonces él añadió, más bajo:

—Que gane el mejor.

Nera no respondió.

Pero dentro de ella, algo ya lo había entendido.

No era una competición.

Era una guerra.

Y acababa de empezar.

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